En el último tiempo, Universidad Católica ha contado con una serie de referentes en el club: Alfonso Parot, Germán Lanaro, José Pedro Fuenzalida, Fernando Zampedri, entre otros. Todos en una época sumamente ganadora de la UC, pero hay uno que lo logró cuando la sequía de títulos dijo presente: Tomás Costa.
El volante argentino llegó con 25 años a San Carlos de Apoquindo, con la misión de reemplazar a un Milován Mirosevic que partió al Columbus Crew. Parecía difícil, pero lo logró con creces, ganándose el cariño de todos en la precordillera e ingresando en un listado de jugadores importantes entre 2011 y 2016.
El oriundo de Oliveros conversó con En Cancha y desclasificó todo lo que vivió durante ese periodo en el cuadro cruzado. Pero no solo rememoró el pasado, sino que también se refirió al momento actual del club, el que lo tiene bastante ilusionado con lo realizado en la Copa Libertadores.

La ilusión de Tomás Costa con Universidad Católica
Costa ha mirado con atención la participación de la UC en el certamen continental, llegando a creer que, si siguen con este rendimiento, es muy probable que lleguen bastante lejos. Más aún si está encendido Fernando Zampedri, a quien considera clave para el equipo de Daniel Garnero.
-Me gustaría preguntarte, ¿sigues la actualidad de Universidad Católica? ¿Cómo ha sido tu relación con el club luego de irte?
-Sí, lo sigo cuando puedo. En este último tiempo, con la obra de mi club deportivo, estuve bastante agitado y no pude ver mucho, pero sí vi la Copa Libertadores. Sigo a Católica y al fútbol chileno en general. Cada vez que tengo la posibilidad de ponerme al día, me levanto a la mañana, busco en la computadora y trato de actualizarme, haciendo hincapié, obviamente, en Católica. Siempre los recuerdo con mucho cariño y como algo muy lindo de lo que me tocó vivir. Quizás no puedo sentarme a dar un análisis profundo de la actualidad del equipo en este preciso momento, pero sí los sigo de cerca.
- ¿Y qué sensación te da esta Católica? Te lo pregunto porque es un equipo que hace mucho no se metía en octavos de final y que ha sido muy efectivo en Copa Libertadores.
-La veo con posibilidades. Yo noto que la competencia está muy pareja; sacando a tres o cuatro equipos, sobre todo brasileños, el resto es muy parejo. Respecto a lo que decías de la efectividad, teniendo a Fernando Zampedri es como contar siempre con el as de espadas y con la posibilidad latente de hacer un gol en cualquier momento.

-Se nota que Daniel Garnero pudo impregnar un estilo propio en esta Universidad Católica, tiene una identidad clara.
-Ahora que lo miro más desde el lado técnico, siempre trato de buscarle una identidad al equipo. No sé si volver al tiempo atrás, pero vos veías cómo jugaba la Católica de Mario Salas o la de Juan Antonio Pizzi y tenían una identidad muy marcada. Veo posibilidades de que continúen en la Libertadores por esto mismo que te digo, aunque los cruces nunca son fáciles. Depende mucho del sorteo y del momento puntual de cada club, porque al jugarse a lo largo de todo el año las realidades van variando; a veces te cruzas con un rival en fase de grupos que parece accesible y en octavos o cuartos de final es durísimo. Pero ojalá sigan avanzando, deseando de corazón que les vaya bien porque para el fútbol chileno es muy importante volver a tener presencia firme en competencias internacionales.
-Ahora viene Estudiantes de La Plata, que vive un presente bastante irregular, ¿cómo ves esa llave?
-Estudiantes es el típico equipo argentino que se hace muy fuerte de local y tiene una esencia de juego como club extremadamente marcada. Si bien hoy en día quizás no se nota tanta diferencia entre jugar de local o de visitante como era antes en la Copa Libertadores, Católica va a tener sus chances, no tengo dudas.
-Con un Zampedri encendido, Católica es capaz de cualquier cosa...
-Seguro. Cuando tienes jugadores con una referencia tan marcada como la de Fernando, sabes que en cualquier momento el equipo te puede hacer un gol, incluso sin estar jugando bien o sin tener el dominio del partido.
-Sobre Estudiantes, acá en Chile se habla mucho de que una de sus principales debilidades el semestre pasado era la defensa, ¿lo ves así?
-No sé si me puedo sentar a analizar punto por punto el momento de Estudiantes hoy, pero son equipos muy duros donde la parte defensiva históricamente ha sido un estandarte de la institución. Habrá que ver cómo se reordenan con el recambio de la pretemporada y el mercado de pases. Por eso es muy difícil analizar la Copa Libertadores con tanta anticipación: en un mes de receso te cambian la ecuación completa de un plantel con los jugadores que llegan y los que se van.

-Claro, de pronóstico reservado.
-Es muy difícil. Quizás te toca Corinthians, te vas de vacaciones y, al volver, ficharon a cuatro refuerzos que transforman por completo al equipo respecto al semestre anterior. Y eso pasa con todos. A Rosario Central, que es lo más cercano que tengo por ser hincha, le pasó lo mismo: tuvo un recambio importante y debe afrontar la Libertadores a pocas semanas de que cierre el libro de pases con probables incorporaciones a última hora.
-Más incierto, imposible. Pero se ve un buen camino para Católica bajo tu punto de vista, ¿o me equivoco?
-En el sorteo te diría que pudo haber tocado algo mucho peor, sin dudas. Por lo mismo, creo que tienen que ir quemando etapas y ganar confianza, ya que con eso podrán pasar por sobre los rivales más complicados.
-Tomás, tú te fuiste de Universidad Católica en 2015. ¿En algún momento estuvo la posibilidad de volver al club? ¿Conversaron, te ofreciste o hubo algún acercamiento?
-No, nunca estuvo la intención ni de mi parte ni del lado de Católica. En mi carrera me pasó algo similar con Central: lo sentí como etapas cumplidas y lo tomé de esa manera. Me quedé con los mejores recuerdos. Volví a Chile después de unos cinco años, fui una mañana a San Carlos de Apoquindo a saludar y no regresé más. Conservo un recuerdo hermoso y gente que quiero un montón y considero amiga, pero nunca existió la posibilidad concreta de volver ni insistí para que se diera.
-¿Por qué decidiste no forzar esa opción en un lugar donde te sentiste tan cómodo?
-Principalmente por autocrítica. Uno tiene que analizar con sinceridad qué le puede dar al club en esta etapa de su carrera y qué necesita la institución en ese momento, considerando además que Católica tuvo una etapa sumamente exitosa después de nuestro paso. Había que ser sincero; no se trataba de un tema económico, porque en ese momento de mi carrera no pensaba en el dinero, sino en que no veía una posibilidad clara de volver ni sentía que tuviera mucho más para aportarles.

-Es un gesto de mucha autocrítica. A muchos les debe sorprender escucharlo, porque siempre mantuviste un nivel bastante regular hacia arriba...
-Es que después de Católica fui a Peñarol, y tras salir de ahí ya habían pasado un par de años. Miraba la actualidad del equipo, quién jugaba en mi posición y lo que buscaba el club, y no quería forzar una situación que no correspondía. Tampoco quería comprometer a la dirigencia a darme un espacio por compromiso si después no iba a estar cómodo o si no tenía el nivel para responder. Tuve una serie de lesiones en la rodilla que tiempo después me obligaron a retirarme. Con todo lo que viví y conocí en Católica me quedé con el corazón lleno, así que no hacía falta nada más.
-El cariño siempre va a estar...
-Sí, totalmente. Hasta el día de hoy me encuentro con chilenos cuando viajo y me encanta conversar con ellos. Por eso quiero que mis hijos conozcan Chile; fue un lugar muy especial donde vive gente con la que mantengo contacto hasta hoy como si nos hubiésemos visto ayer.
-Generaste un vínculo muy bonito con nuestro país.
-Muchísimo. Le tengo un gran cariño a muchas personas. Por ejemplo al Poncho Parot, con quien compartí después en Rosario Central cuando vino para acá; siento que es mi amigo y quiero ir a visitarlo. Quiero pasar unos días allá para que los nenes, sobre todo el mayor, que es muy futbolero, vean dónde jugué y viví.
-¿Cuál fue el momento que más te marcó en Universidad Católica, tanto en lo futbolístico como en lo personal?
-Cuando llegué a Católica, no tenía el fútbol chileno en mi radar, nunca lo había considerado. Tras recibir el llamado de Juan Antonio Pizzi diciéndome que me iba a gustar la propuesta —justo cuando venía de una lesión fea por haberme infiltrado en un desgarro de aductor y necesitaba un tiempo para recuperarme—, viajar y conocer Santiago me sorprendió gratamente. Me encantó la ciudad, el club y su gente. Jamás me arrepentí de esa decisión. De hecho, cuando terminó ese primer semestre y tuve que volver a Argentina, supe inmediatamente que era solo cuestión de tiempo para regresar a Chile.

-Me imagino que no tener un destino en el radar dificulta la decisión al momento de fichar.
-Claro. Yo estaba en Europa; venía de terminar un préstamo en Rumania y tenía que retornar a Portugal. Existía la posibilidad de ir al fútbol mexicano porque el entrenador me conocía e insistía bastante, pero al saber que mi tiempo de recuperación no coincidía con los plazos de México, empecé a mirar a Católica y al fútbol chileno con más atención. Hasta ese momento no teníamos mucha transmisión del torneo chileno en Argentina y casi no tenía registro del medio.
-¿Y qué tal la sorpresa con el fútbol chileno? Decías anteriormente que se vivía esa época donde todos querían replicar lo de Bielsa. ¿Se notó esa intensidad cuando llegaste?
-Totalmente. Como comentaba, el rumbo estaba muy marcado y los clubes entraron en esa dinámica de que, si potenciaban a sus futbolistas, la selección se convertía en una opción real y esa vitrina permitía venderlos al extranjero. El crecimiento de los jugadores que pasaron por Marcelo Bielsa era muy notorio, lo que volvió a la liga sumamente competitiva. Había una gran camada de futbolistas en Universidad de Chile, en Colo-Colo y en Católica. Era un torneo bien jugado donde competíamos de verdad a nivel internacional, disputando palmo a palmo instancias como cuartos de final de Copa Libertadores. Eso te motivaba a seguir.
-¿Qué crees que tuvo Universidad Católica para marcarte tanto y convertirse en tu segunda casa?
-El tiempo que estuve allá fue clave para sentirlo como un hogar. Estábamos muy cómodos y nuestras familias también, porque viajaban seguido a visitarnos. Eso te otorga una estabilidad que te permite disfrutar del lugar, algo que en Europa no me había pasado por la exigencia y la dinámica diaria. Además, Católica es un club sumamente armonioso, lleno de buena gente y con reglas claras que se respetan a rajatabla. Fue un combo perfecto de sentirme cómodo y querido. Los argentinos solemos ser muy apegados a nuestro país, pero cuando nos tratan bien y nos sentimos a gusto, nos cuesta mucho desprendernos de esos lugares.
-Además, Chile es un país tranquilo para la vida familiar...
-Claro. Más allá de la cercanía con Argentina, vivir en Santiago es hermoso. Viajaba a jugar con la tranquilidad de saber que mi familia estaba cómoda y segura, algo que no tiene precio. Así te dedicas únicamente a entrenar y jugar.

“Católica necesitaba un estadio a la altura de su grandeza”
-En 2012 tuvieron una campaña muy destacada en Copa Sudamericana, llegando a semifinales. ¿Cómo viviste esa competencia en la que quizás no había tanta expectativa inicial por ciertos pasajes de irregularidad?
-Ese equipo se fue construyendo y convenciendo a medida que avanzaba la competición. Nos dimos cuenta de que éramos un rival muy fuerte de local, sobre todo después de la serie con Independiente. Luego enfrentamos a un rival durísimo como San Pablo. Nosotros jamás pensamos que no podríamos avanzar, lo peleamos a muerte, pero la realidad era que ellos tenían un plantel repleto de figuras internacionales. La otra llave de semifinales había sido bastante más accesible.
-Pensando en esa otra llave entre Tigre y Millonarios, ¿sentiste en ese momento que si avanzaban a la final podían haber sido campeones?
-Hubiera sido una final sumamente pareja. Llegamos a esa semifinal siendo un equipo muy sólido y con virtudes muy marcadas. No era un San Pablo normal; estaba repleto de estrellas, con un arquero fuera de serie, y aun así les dimos pelea de locales. Si llegábamos a la final, creo que podríamos haber ganado la copa.
-¿Te quedó la espina clavada por no haber podido levantar un título con Católica?
-Sí. Viéndolo con el tiempo, cualquier título con Católica habría sido el broche de oro, porque cuando estás en un lugar donde te tratan con tanto cariño y lo sientes como propio, solo te falta consagrarte para cerrar el círculo. Muchas veces pensé lo que me hubiera gustado salir campeón allá. No se dio, pero gané cosas mucho más valiosas que un trofeo.
-Se da la coincidencia de que, tras tu partida, Católica entra en un período muy exitoso, ganando múltiples títulos consecutivos. Me imagino que hubo sentimientos encontrados.
-Totalmente. El día que Católica sale campeón con Mario Salas, al día siguiente yo salí campeón con Peñarol. Fue una sensación extraña: estaba feliz por mi logro en Uruguay, pero a la vez pensaba lo que habría dado por celebrar en Chile seis meses antes. Sentía que el club se lo merecía de corazón, desde los utileros y el cuerpo médico hasta referentes como Cristián Álvarez, Christopher Toselli o Milovan Mirosevic, que llevaban años buscándolo. Años después me encontré con Mario Salas y lo felicité. La conclusión final es que no me tocó salir campeón, pero en Chile gané cosas humanas que fueron mucho más positivas que un campeonato.

-Estuvieron muy cerca de lograrlo en varios torneos, como la final de 2011 contra Universidad de Chile, que hasta hoy es muy recordada. ¿Cómo recuerdas ese partido que parecía controlado y terminó escapándose?
-Cuando repaso ese partido, pienso que éramos muy merecedores del título por la campaña que veníamos haciendo desde el año anterior con Juan Antonio Pizzi. Fue un resultado atípico para una final; no es común que te expulsen a un jugador en el primer tiempo de un clásico. A la “U” le tocó despegar en ese momento con una camada tremenda y consolidarse durante años como referente del fútbol chileno. Durante mucho tiempo me sentí culpable por la expulsión y me costó asimilarlo, pero a esta altura trato de no darle vueltas. No solo te juegas un partido, te juegas el cariño de la gente y el esfuerzo de los trabajadores del club. Conseguir el campeonato hace que todo valga la pena, pero cuando no se da, hay que aprender a rescatar lo positivo para no caer en un extremismo exitista.
-Después de eso lograron meterse en semifinales de Sudamericana al año siguiente. Nada mal...
-Exacto. Esos años donde se pasó mal sirvieron para forjar la personalidad de un grupo de futbolistas que creció en la adversidad. Posteriormente, Católica entra en una racha ganadora con esos mismos jugadores como referentes principales del plantel. Esa es la lectura que me gusta hacer sobre lo que ocurrió.
-Durante tu paso por Católica, ¿qué director técnico te marcó o te entregó herramientas clave para tu carrera?
-Estuve seis meses con Juan Antonio Pizzi. Siendo yo hincha de Rosario Central, compartir con él —un histórico del club— fue impactante al principio. Me sorprendió enormemente su metodología de trabajo, su cuerpo técnico y la claridad con la que leía los partidos. Por otro lado, conviví tres años con Martín Lasarte, de quien extraje el máximo aprendizaje posible. Es una persona sumamente honesta, sincera y cercana. Con el tiempo, incluso estando más grande o jugando en otros clubes como Peñarol mientras él estaba en Nacional, lo llamaba para consultar cómo gestionar diversas situaciones y siempre me respondió con la mejor predisposición. Dejó una marca muy positiva en mi carrera por su calidad humana y su estilo de trabajo.
-Se nota que construyeron una relación muy estrecha con Lasarte.
-Sí. Él estaba solo en Santiago y yo también, así que nos dábamos el tiempo para charlar de la vida fuera del ámbito futbolístico. Me sorprendió para bien en todo sentido.

-Respecto a la infraestructura del club, ¿qué opinas del nuevo estadio Claro Arena que construyó Universidad Católica?
-Increíble. Lo vi por imágenes y conversé con algunos chicos que ya lo conocieron y me dijeron que es espectacular. Católica necesitaba una renovación así y un estadio a la altura de la grandeza del club. Me alegra mucho su inauguración. Recibí la invitación de Milovan Mirosevic para asistir, pero por temas de distancia entre el pueblo y los viajes no pude estar presente. Definitivamente voy a ir a conocerlo cuando viaje a Chile con mi familia; es una parada obligatoria.
-¿Cuánto potencia a un plantel contar con un estadio moderno y con la gente tan encima?
-Potencia muchísimo porque es un recinto mucho más acogedor. Luego dependerá del equipo de turno saber utilizar a favor esa presión que ejerce el público de local. Me pone sumamente contento ver a Católica disputar sus partidos en un estadio de ese nivel, porque se lo merecían sin dudas.






