
Son varios los jugadores extranjeros que pasaron por el fútbol chileno y se hicieron un nombre. Algunos a punta de títulos, otros con goles, también otros con liderazgos y, por qué no, con representación. Uno de ellos fue Tomás Costa, quien llegó a los 25 años al antiguo San Carlos de Apoquindo para ser la pieza crucial en el engranaje de Universidad Católica.
Seis años estuvo con la UC, en los cuales su carácter lo llevó a ser considerado como uno de los referentes. Fue en 2016 que dejó el club y continuó jugando por los siguientes cuatro años, confirmando su retiro de las canchas en 2020, tras su paso por Alianza Lima.
Desde entonces, ha incursionado por diversas facetas, tanto dentro del fútbol como fuera de este. En conversación con En Cancha, el exvolante se refirió a su nueva vida, en la que su club de pádel y fútbol en Rosario tienen total protagonismo, mientras duerme el deseo de ser ayudante técnico.

De ser jugador a un ayudante técnico “atípico”
Lo último, debido a que se dedicó al cargo de ayudante de campo de Cristián Kily González en Unión de Santa Fe entre 2023 y 2025. Una experiencia que consideró hermosa, pero que una vez que finalizó, decidió dejar en stand by para dedicarse a su familia y a sus proyectos.
-Hace bastante tiempo no se sabe de ti en Chile. Lo último que se habló fue que eras ayudante técnico en Argentina, ¿Cuál es la actualidad de Tomás Costa?
-Sí, estuve con Cristián Kily González en Unión de Santa Fe hace dos años. Él es un gran amigo y me invitó a sumarme a ese proyecto. La verdad es que me gustó mucho. En ese momento me había agarrado estudiando gestión deportiva; yo venía de Portugal, de hacer un curso al que el club me había invitado porque me interesaba mucho esa área, y de repente él me propone ser parte de su cuerpo técnico, algo que yo no tenía contemplado.
-Un cambio un tanto brusco pasar de algo más administrativo, como lo es la gestión deportiva, a ser ayudante de campo, ¿no?
-El presidente de Unión me dio la posibilidad de realizar las dos actividades: trabajar en el cuerpo técnico como un ayudante de campo tradicional y, a la vez, ocuparme un poco de la gestión del plantel. La verdad es que me encantó. Fueron casi dos años muy lindos donde conseguimos los objetivos planteados y le agarré el gusto a esto de ser ayudante de campo. Cuando terminó la etapa en Unión, decidí volver al pueblo donde está mi familia para quedarme allá. Después de eso, el Kily asumió en Platense, pero yo preferí quedarme en el pueblo porque empecé un proyecto personal de un club deportivo. Ya lo estoy terminando y ahora estoy abocado cien por ciento a eso.

-Y en ese sentido, ya que me decías que te picó el bichito de ser técnico o ayudante de campo, ¿te gustaría retornar pronto a esa actividad o prefieres dar un giro definitivo hacia la gestión deportiva?
-Lo de ser ayudante a futuro sí me gustaría, porque cumple un poco con eso que nos falta cuando dejamos de jugar: la adrenalina de preparar un partido, de convivir con los jugadores y trabajar en el campo de juego. Eso lo disfrutaba mucho. Sin embargo, hoy en día voy muy en el día a día. Actualmente estoy enfocado en este proyecto personal, que es un club con canchas de pádel, gimnasio y fútbol. Estoy en mi lugar, con mi familia, acompañando a mis hijos en su crecimiento y no proyecto más allá de eso. Hasta que el club sea independiente y se gestione solo, me voy a quedar acá; después veré cuál es la realidad del Kily, qué proyectos tiene y hacia dónde se encamina el tema.
-Claro, una nueva faceta con este club que te permite estar mucho más cerca de la familia, algo que con la vida de futbolista muchas veces se complica, ¿no?
-Sí, los futbolistas a veces nos ponemos un poco egoístas en ese sentido, porque nuestra vida gira siempre en torno al fútbol —que es donde nos sentimos seguros y cómodos— sin tomar dimensión de lo que significa para la familia tener que acompañar y estar siempre al pie del cañón. Los nenes ya entran en una edad donde tienen sus amigos y no es fácil decirles que nos tenemos que mudar, con todo lo que implican los traslados y los cambios de colegio.
-El retiro, en cierta parte, te da aquello que cuesta cuando estás en activo: dedicarte a la familia casi en un 100%.
-Claro, porque uno empieza a priorizar lo familiar y la estabilidad, dejando de lado esa rutina del fútbol que te obliga a estar viajando, mudándote o viviendo afuera. Más allá de que es lo nuestro, lo disfrutamos un montón y tiene un aporte económico importante, hay cosas que son más valiosas y de las que recién tomas dimensión cuando te das el espacio y el tiempo para pensarlo.
-Es una vida bastante nómada que obliga a adaptarse a distintas culturas, pero sobre todo, a cambiar la rutina por completo de la familia.
-Claro, tiene eso. Por eso te decía que uno no se da cuenta mientras está en el ambiente porque lo hace casi en modo automático. Recién cuando sales un poco, vuelves a tu lugar y te reincorporas a la dinámica familiar, te preguntas si es tan normal lo que hacíamos o si les hacía bien a ellos. También llega un punto en que la familia te dice: “Bueno, nosotros te acompañamos hasta acá, ahora hay que esperar y optar por otras cosas”. Son momentos y decisiones que te llevan a otro tipo de conclusiones, más allá de que uno esté entretenido y tenga trabajo.

-¿Y cómo ha sido este nuevo proyecto tuyo del club de pádel y fútbol? ¿Cómo lo has llevado adelante? ¿Ha dado sus frutos?
-Tiene un porcentaje de un montón de cosas nuevas que yo no conocía, empezando por el hecho de ser dueño de un lugar y administrarlo a mi manera. La idea surgió porque sentía que en el pueblo hacía falta un espacio así, con un bar grande que sirviera como punto de encuentro y que tuviera canchas de pádel, que hoy en día es un furor y la gente lo juega mucho. Con una familia amiga empezamos a diseñarlo; el proyecto se fue haciendo cada vez más grande y al final terminó siendo un lugar espectacular, pero al que hay que prestarle mucha atención y administrarlo para un caudal de gente muy grande. A mí me encanta, estoy aprendiendo un montón de cosas que nunca antes había hecho y lo disfruto bastante.
-Me imagino que a veces tiene un poco más de estrés que el fútbol, ¿o me equivoco?
-Lo tiene, porque en el fútbol uno habla con gente que maneja su mismo idioma. Aquí he tenido que aprender a negociar con marcas de ropa, hablar con empleados y un montón de cosas que no estaban en mi radar cotidiano. Las tareas que no sé manejar las delego, y las que puedo aprender las hago yo mismo, corriendo el riesgo de equivocarme, pero sacándolas adelante.
-Como sea, pero hay que sacarla adelante a toda costa...
-Sí, dentro de todo es algo normal. Es un proyecto que tiene su propia dinámica y va funcionando bien. De golpe me toca armar un gimnasio y ver cómo funciona, conocer a la gente que juega al fútbol y al pádel, o coordinar a los empleados del bar; son todas cosas que voy aprendiendo y muchas de ellas las gestiono directamente desde mi casa.
-¿Y te ha gustado esta nueva vida a nivel personal? Te lo pregunto porque, más allá de que pueda haber un poco de estrés, quizás hay menos estructura o exigencia de la que tiene el futbolista profesional en cuanto a la dieta y la rutina. ¿Te ha gustado estar lejos del fútbol profesional?
-Me gusta mucho. Siempre fui muy particular en mi vida personal; incluso en mi etapa de jugador tenía muchos amigos fuera del fútbol, jugaba al pádel y convivía mucho con ellos, no me encerraba únicamente en el ambiente deportivo. Obviamente, sí mantenía un parámetro de cuidado personal que respetaba a rajatabla para poder rendir y jugar, pero mi vida no cambió radicalmente desde que dejé la actividad. Sigo disfrutando de las mismas cosas. Al volver a mi pueblo natal, tengo la oportunidad de ir a pescar y juntarme con mis amigos de toda la vida. Eso lo disfruto un montón, incluso quizás más ahora que cuando jugaba de forma profesional.
“Siempre me ha gustado priorizar la parte humana”
-Ahora es un poco más “fácil” lograr un día de relajo...
-Sí, tiene que ver con eso. Se extrañan cosas y es verdad que se deja de generar esa adrenalina típica que te da el fútbol, pero la verdad es que no sufrí en absoluto el retiro y no me costó volver a una rutina normal de vida.
-Y en ese sentido, Tomás, volviendo a tu experiencia como ayudante técnico, ¿qué fue lo que más te gustó de esa faceta? Me imagino que volver a sentir la adrenalina dentro del campo de juego debe ser algo fantástico para un futbolero.
-Lo que más me gustó es que fui un ayudante de campo bastante atípico, porque tenía una cercanía muy grande con el jugador. Muchas veces me sentía parte del plantel; disfrutaba de volver a tomar mates en una habitación, de jugar al ping-pong o a las cartas con ellos. Los viajes y las pretemporadas me hicieron revivir sensaciones que pensé que no volvería a experimentar. En la parte táctica le fui agarrando el gusto a planificar un partido y analizar al rival, tareas que nunca imaginé que haría y que terminaron agradándome, pero lo que más disfruté, sin duda, fue la convivencia diaria dentro de un grupo de fútbol.
-Te sentías como el jugador número doce...
-Sí, tal cual. A veces me decía a mí mismo que debía tomar cierta distancia porque ellos eran los futbolistas y yo parte del cuerpo técnico, pero nunca tuve ningún problema. Conocí a chicos maravillosos, con costumbres muy diferentes a las de nuestra generación, lo que me ayudó a comprender mejor la adolescencia actual y lo que implica para un joven dar sus primeros pasos en el profesionalismo. Siempre me ha gustado priorizar la parte humana y entender situaciones que a veces son difíciles de descifrar desde la postura rígida de un cuerpo técnico.
-Muchas veces hace falta alguien que te aporte esa claridad desde la experiencia y la vivencia, y me parece que tú eras la persona indicada...
-El objetivo tampoco era ponerme en el lugar de decir “esto me pasó a mí”, sino entender la situación de cada chico, acompañarlo y mostrarle cómo debe tomarse esta carrera. Después, cada uno elige cómo llevarla adelante a medida que crece. En ese sentido, el Kily González también es una persona espectacular, muy carismático y cercano al jugador, por lo que hacíamos el combo perfecto para los chicos.
-Y, considerando que ahora estás enfocado en tu proyecto personal, una vez que este se consolide en el tiempo, ¿te gustaría volver a ser ayudante técnico o no quieres experimentar esa situación a fondo todavía?
-Me gustaría. Hoy priorizo que los nenes (sus hijos) crezcan un poco en un entorno estable para no tener que cambiarles la vida con mudanzas. De todos modos, evaluaría muy bien el lugar. Hace poco tuve la posibilidad de sumarme al proyecto de un técnico que me invitó a un país sudamericano; hablé con él y luego, cuando decidió partir a Europa, me renovó la invitación. La verdad es que no tenía contemplado un cambio tan grande en mi vida en ese momento, pero cuando llegue el día en que me desligue de mis obligaciones actuales, analizaré qué es lo mejor y lo conversaré con mi mujer, que es quien finalmente termina aceptando o no el retorno a la rutina del fútbol.

-Porque tu familia ya se está acostumbrando a tenerte ahí de forma constante, y pasar nuevamente a la rutina del fútbol profesional debe ser complicado para ellos.
-Es muy difícil por los nenes. Nosotros, más allá de que nos hayamos asentado y proyectemos vivir en un lugar, estamos acostumbrados a armar valijas, ir a una ciudad nueva, instalarnos en un departamento y empezar de cero. El tema es que los nenes ya tienen un vínculo muy estrecho con sus abuelos, sus amigos del colegio y sus actividades deportivas; no sé qué tan sano sea para ellos un cambio de vida tan rotundo.
-¿Y cómo ves la diferencia entre ser ayudante técnico y director técnico principal? ¿Te gustaría experimentar el rol de DT jefe o prefieres mantener esa faceta de ayudante, actuando como un puente directo entre el entrenador y los jugadores?
-Me gusta mucho más la faceta de ayudante. Creo que el director técnico principal está expuesto a una presión y una visibilidad gigantescas con las que no sé si me sentiría tan cómodo. Quizás con el paso del tiempo cambie de opinión y me dé cuenta de que juzgué antes de tiempo la actividad, pero si lo pienso hoy, prefiero el rol secundario de ayudante de campo. Me resulta más cómodo poder convivir de cerca con los chicos, tomar decisiones y compartirlas con el entrenador.
-Y pensando a futuro, una vez que termine tu proyecto en el pueblo, ¿te gustaría retornar al fútbol chileno? Acá se vio que hubo una conexión muy linda entre Tomás Costa y la gente en Chile. ¿Te gustaría volver en esta nueva etapa?
-Sí, siempre conversamos sobre Chile. Para mí es un lugar espectacular; incluso en su momento barajamos la opción de quedarnos a vivir allá porque nos gustaba mucho y mi mujer estaba muy cómoda. De hecho, ahora estamos planeando un viaje de vacaciones para que los nenes conozcan, porque siempre les hablamos de Chile, del tiempo que vivimos allá y de la gente que conocimos. El fútbol chileno lo tengo muy presente y sigo la liga de cerca. Como cuerpo técnico, nos gusta mucho trabajar en el desarrollo de los jugadores jóvenes y apostar por ellos en sus primeras etapas, y me da la sensación de que Chile está precisamente en un momento propicio para volver a formar futbolistas y trabajarlo a fondo. Pero uno nunca sabe; esto es tan dinámico que a veces planificas una cosa, ganas cuatro o cinco partidos y te aparece una oferta de otro lugar que te cambia los planes por completo.

-Pero en primera instancia, las puertas están abiertas para un retorno a Chile...
-Sí, aunque no sé si estarán abiertas las oportunidades en los clubes en el momento en que yo esté disponible. Actualmente no tengo mayor contacto con la gente que administra las instituciones allá. Conozco personas, pero no estoy en el día a día. Seguramente, cuando vuelva a trabajar y me reincorpore formalmente al ambiente, podré empezar a tejer redes y ver qué opciones surgen, pero hoy en día lo veo lejano.
-Se tienen que ir dando las cosas poquito a poco.
-Exacto. En realidad, cuando vuelves a estar dentro del círculo, es más fácil retomar el contacto con la gente del medio, especialmente habiendo trabajado en la gestión deportiva. Pero todo depende de los momentos de los clubes; no es algo lineal que puedas planificar con total certeza.







