Corría el año 2006, Colo-Colo se proclamó campeón del Torneo de Apertura y una de sus figuras, Claudio Bravo, fue traspasado a la Real Sociedad de España. En su reemplazo, Blanco y Negro contrató a Sebastián Cejas, experimentado portero que venía de varios años en el fútbol italiano.

En Chile, Terremoto se mantuvo hasta mediados del 2007, yéndose del club con dos títulos, una final de Copa Sudamericana y como parte de uno de los planteles más recordados en la historia del club.

A 20 años de su llegada, Cejas sigue recordando con cariño su paso por Colo-Colo, mientras dedica su vida a la dirección técnica en Tercera División y a la actividad agropecuaria en sus campos en Santa Fe.

La nueva vida de Sebastián Cejas

-¿Qué es de Sebastián Cejas, en qué estás en este momento?

-Hoy estoy como entrenador. Estoy trabajando en Douglas Haig, un club de Tercera División del fútbol profesional acá en Argentina. Estamos terminando la fase de grupos para ver si clasificamos a la zona campeonato. Ya ahora en agosto va a ser un año que estoy acá. Yo me largué a dirigir en el año 2022. Fui ayudante de campo en Vélez, y después me largué a dirigir.

-Por lo que he visto, han tenido buenos resultados, sobre todo en este 2026.

-En tema de números, sí. La verdad es que a nosotros nos tocó llegar el año pasado en agosto. El club estaba en una situación complicada deportivamente, pero pudimos llegar a la semifinal para poder ascender al Nacional B (la Segunda División del fútbol argentino) y terminamos quedando afuera. Con muy poco trabajo logramos que eso nos sirviera para hacer una base para este año, poder ser competitivos y tener aspiraciones mejores. Este año el equipo empezó muy bien, ahora estamos saliendo de una rachita negativa a nivel de resultados —no de rendimiento, sino de resultados— pero seguimos encaminados. Estamos primeros en la zona, así que estamos a un punto de clasificar a la zona campeonato. Quedan dos fechas por jugar... estamos bien, digamos. No tranquilos, porque es fútbol, pero estamos bien.

-¿Cómo se te ha dado esta división? Pregunto porque no es tu primer equipo ahí. Ya sumaste experiencia en Ramón Santamarina y Sportivo Las Parejas.

-La Tercera División del fútbol argentino es muy federal. Nosotros le llamamos “federal” a cuando todos los equipos son de todo el país. El país se divide en cuatro zonas y se juega una zona de grupos. Después se pasa a una zona campeonato, que son los primeros cinco de cada zona, se empiezan a cruzar y después salen los que ascienden. Es un campeonato muy federal, profesional y muy competitivo. Es una división donde la segunda se nutre mucho de esta categoría en los mercados de pases. Y ahí estamos navegando en este torneo que es lindo, largo y muy competitivo, que empieza en marzo y termina allá por diciembre si llegamos a la zona final.

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El exportero de Colo-Colo ahora se dedica a la dirección técnica y la actividad agropecuaria. Foto: Sebastián Cejas en Instagram.
Sebastián Cejas El exportero de Colo-Colo ahora se dedica a la dirección técnica y la actividad agropecuaria. Foto: Sebastián Cejas en Instagram.

-¿Qué dificultades tiene si lo comparamos con la Primera División?

-Para nosotros los entrenadores es muy interesante, porque tiene una idiosincrasia completamente diferente a lo que es la Primera División. Entonces, te da un aprendizaje de poder resolver situaciones inmediatas con pocos recursos. Más allá de su modelo o idea de juego, uno tiene que ir adaptándose a situaciones que a veces no están contempladas, y eso te forma y te da mucha experiencia. Tiene mucho que ver el manejo de los grupos; nosotros hablamos de personas-jugadores, y la idiosincrasia de los jugadores en esta división no es la misma que la de jugadores de Primera. Hay todo un entorno rodeando al jugador con mucha dificultad. Entonces estamos muy encima de eso. Uno no se ocupa solamente de lo futbolístico acá; uno tiene que ser un gestor de un montón de cosas: futbolísticas, emocionales, familiares, grupales e individuales. Eso te da un aprendizaje muy importante para seguir formándote y seguir siendo mejor persona y mejor entrenador.

-¿Cuál es su objetivo para este 2026?

-Si nosotros clasificamos ahora, de cuatro zonas que había en todo el país pasan a ser dos zonas. Y de esas dos zonas clasifican los cinco primeros de cada una y se juega un mata a mata para ver quién asciende. Además, salir entre los primeros cinco te da la posibilidad de clasificar a la Copa Argentina del año que viene.

-Se juegan cosas muy importantes en un torneo muy competitivo...

-Muy competitivo, sí, es muy difícil. Sólo son dos cupos para ascender. Es una locura.

-A mediano y largo plazo, ¿cuál es tu objetivo como DT, sueñas con el paso a un grande?

-Mis aspiraciones son simples. Soy una persona a la que le gusta formarse continuamente y tener siempre la posibilidad de dirigir en lugares donde me sienta con la posibilidad de llevar adelante mi modelo de juego, donde haya empatía con el club, donde coincidamos en los objetivos futbolísticos e institucionales, y que el club me brinde las herramientas para hacerlo. Hoy me enfoco en eso. Me apasiona mucho el día a día.

-Dejaste el fútbol como jugador, pero sigues eternamente ligado al deporte...

-Encontré en la dirección técnica algo que me estaba faltando después de dejar de jugar al fútbol, que es lo que más me acerca a esa vida. Entendí que me gusta mucho el liderazgo, la docencia y la gestión. Mientras tenga la posibilidad de trabajar en eso, mejor. No importa la división ni el país; solo importan las condiciones en las que lo pueda hacer. Trato de ser feliz con lo que me gusta. El fútbol es muy resultadista y cada vez se vuelca más a la parte comercial, por eso yo me enfoco en vivir el día a día.

-¿Qué significa el fútbol para ti?

-Juego al fútbol desde muy chiquito. Empecé a los 5 o 6 años, y a los 13 me fui de mi pueblo natal (Gualeguay) a Rosario, a Newell’s Old Boys, para emprender mi carrera de futbolista. Tuve mucha suerte y desde los 13 años vivo de esto. El fútbol me formó como persona, me dio una familia, me dio la posibilidad de invertir en otras cuestiones, me hizo conocer otras culturas y relacionarme con gente de todo el mundo.

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El exportero argentino reveló que rechazó seguir en Europa para llegar a Colo-Colo. Foto: Aton.
Sebastián Cejas El exportero argentino reveló que rechazó seguir en Europa para llegar a Colo-Colo. Foto: Aton.

-Se escucha como que siguen estando esas mariposas en el estómago al salir a una cancha.

-Sí, siguen estando. Las volví a encontrar con la dirección técnica. Pero claro, es un trabajo muy difícil y sufrido. Tiene mucho de soledad y de narcisismo, porque trabajas toda la semana armando el plan de partido, le das a los jugadores las herramientas que consideras necesarias, pero el domingo ya no depende de ti, depende de ellos. Ahí sientes una soledad impotente al no poder ayudar desde afuera.

-Más allá de la pelotita, ¿tienes alguna segunda ocupación, algún tipo de inversión?

-Tengo inversiones paralelas, y mi segunda actividad —como la llamo yo— es la agropecuaria y ganadera. Pero es algo que no me llena; lo llevo en paralelo. En cambio, en el fútbol pasé por ser manager en Newell’s, ayudante de campo, entrenador de arqueros, y en mis últimos años en Vélez me di cuenta de que ya estaba preparado para largarme solo. Me gustaba tomar decisiones, armar algo personal bajo un modelo propio, y es lo que más me llena.

-¿Cuándo se dio la posibilidad de incursionar en este rubro?

-Cuando me hice profesional, empecé a pensar qué iba a hacer el día que dejara de jugar. Uno siempre se acerca a lo que entiende o a lo familiar. Mi papá fue agropecuario toda su vida, yo viví en el campo e iba a una escuela rural. Cuando pude juntar un dinero importante, compré mi primer campo en el año 2000 como inversión. Me volqué a la ganadería porque me gustaba la genética y las cruzas de sangre. Obviamente, como yo estaba de lleno en el fútbol, mi papá se ocupó de eso durante muchísimos años. Es algo para lo que también me preparé; si no fuera entrenador, sería mi principal actividad. Pero, como te digo, me gusta pero no me llena, porque no tiene la adrenalina de la competencia que tuve toda mi vida. En el campo no tenés esa adrenalina. Obviamente yo no vivo en el campo, el encargado es quien tiene laburo todos los días. Yo no sirvo para ser encargado, sirvo para ser dueño nomás, gracias a Dios (risas). Los tengo en el norte de la provincia de Santa Fe. Y el primer campo lo compré en 2001, justo cuando pasé a Italia.

- ¿En algún momento supiste que esto sería tu sustento de vida?

-Tuve la suerte de contar con una contención familiar que siempre me formó en no malgastar. Me enseñaron a “vivir ligero de equipaje”, con la tranquilidad de que el día de mañana no dependeré de nadie, sino de mí mismo. Fui educado así y se lo agradezco a mi familia. Hoy estoy tranquilo. Vivimos en un país muy complicado, donde no le podés errar más de una vez, porque si le errás, se te termina todo. Así que somos bastante conservadores en ese sentido.

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