
Van pasando los años, jugadores y también dirigentes, pero el hincha de Colo-Colo todavía recuerda con mucho cariño al mítico plantel de Claudio Borghi que se proclamó tetracampeón, llegó a una final de Copa Sudamericana, le ganó un título en la final al archirrival y fue elegido el mejor equipo del mundo en 2006.
20 años han pasado desde aquel plantel que cautivó al fútbol chileno, pero historias, anécdotas y pormenores siguen dándose a conocer.
Por eso, En Cancha conversó con Sebastián Cejas, exportero argentino apodado Terremoto, quien llegó a Macul desde la Fiorentina como reemplazo de Claudio Bravo, y que en poco tiempo logró dejar una importante huella en nuestro país.
Sebastián Cejas y su paso por Colo-Colo
- 20 años han pasado desde tu llegada a Colo-Colo, ¿cómo recuerdas esos momentos vividos en Chile?
Ya ha pasado mucho tiempo y es increíble porque parece que fue ayer y yo tengo mucha nostalgia. Colo-Colo fue uno de los años más importantes de mi vida futbolística y de mi vida en general también. Fui con una mano atrás y otra adelante, sin saber lo que me esperaba. Y después me encontré en un lugar donde disfruté al máximo. Yo toda la vida voy a estar agradecido del chileno, del hincha de Colo-Colo y del club, porque me dio uno de los mejores años de mi vida. Fui muy feliz ahí, pero muy feliz.
- Me llama la atención que, habiendo jugado tantos años en Italia, con experiencias europeas, Colo-Colo te haya marcado tanto en tan poco tiempo...
Me sentí muy valorado como persona, porque respetaron mucho mi trabajo. Me sentí jugador de verdad y esas son cosas que nunca se olvidan. Soy agradecido y ojalá algún día pueda, de alguna manera, devolver todo eso que me dio tu país, que me dio Colo-Colo y el fútbol chileno. Ojalá en algún momento tenga la posibilidad de volver. Siempre lo recuerdo, obviamente, con mucho cariño.


- ¿Cómo se gestó tu llegada a Colo-Colo? Se había ido Claudio Bravo y tú llevabas varios años jugando en Europa...
Esto nunca lo dije, pero vuelvo de Italia por un problema familiar, tenía a un pariente en un mal estado de salud y tenía que regresar sí o sí. Tenía todo arreglado para irme al Real Valladolid a jugar a España, pero me llama Claudio Borghi y me convence de ir a Chile. Obviamente que conocía a Colo-Colo por el fútbol, pero no tenía ni idea del país ni de a dónde iba a ir. Lo decidí, obviamente, primero porque me convenció Claudio y segundo porque me quedaba más cerca, por si seguía teniendo otros problemas con la familia, que todavía no había terminado ese proceso. De última, me tomaba un avión y en tres horas estaba en Argentina. Y si me iba a Europa, eso se me hacía más difícil todo. Por eso me fui a Colo-Colo, y ya después me encontré con un grupo de personas y con un club que me acogió de una manera extraordinaria, de la cual voy a estar agradecido toda mi vida.
- ¿Tú conocías personalmente a Claudio Borghi previamente o sólo por su carrera como futbolista?
Lo conocía como lo conocía cualquier fanático del fútbol, pero nunca había hablado con él. No, no, jamás.
- Al convivir con él y conocerlo en la intimidad de un plantel, ¿qué opinión te hiciste de Claudio?
Me encontré con una persona maravillosa, la verdad. Un futbolero de cepa, como le decimos nosotros. De mucho código, muy simple, de una sabiduría y experiencia admirable de aprender, digamos. Es una persona que, más allá de que hemos hablado poco, porque nos hemos encontrado pocas veces, he compartido una que otra cena o almuerzo en Chile con su familia. Es más, la última vez que fui a la despedida del Mati (Fernández), me encontré a su hija en un shopping de Santiago, y es una persona que yo recuerdo con muchísimo cariño, que les tengo muchísimo afecto y respeto. Ahora veo que aparece en un programa de televisión o de Youtube. Lo sé porque lo sigo. Me pone contento verlo bien, que esté siempre activo y que pueda hablar de fútbol, porque es una persona muy sabia a la que quiero mucho.
- Te tocó ser parte de ese mítico Colo-Colo de Claudio Borghi, el primer tetracampeón del fútbol chileno. Si vas nombre por nombre, era un verdadero equipazo. ¿Qué recuerdas de ese plantel?
Calidad de jugadores había de sobra. Después, el tiempo se encargó de ir demostrando todo eso. Me llamaba mucho la atención en ese momento la madurez y la frescura de jugadores como Alexis Sánchez o Arturo Vidal, que eran jovencitos y afrontaban situaciones muy importantes, como jugar en un equipo grande, disputar Copa Sudamericana o Copa Libertadores, jugar momentos importantes con el equipo siempre de protagonistas. Ya eran chicos que estaban marcados. Matías (Fernández) por ahí era un poquito más grande, pero también, Humberto (Suazo), Miguel Riffo, que es un amigo, por ahí el con el que más hablo. Alguien que con toda su dificultad, su historia de vida, con ese problema que tuvo físico y que siempre lo supo llevar adelante con una grandeza y una humildad increíble. Kalule (Rodrigo Meléndez), que ya era de más experiencia; Arturo Sanhueza, que hoy lo veo dirigir y me pone muy contento que esté, lo mismo con Chupete. Me encontré con muchos de ellos cuando fui a la despedida del fútbol de Matías Fernández. Ahí pasé un momento muy lindo, hace mucho que no los veía y como con (Álvaro) Ormeño que compartimos en Colo-Colo y después en Gimnasia y Esgrima La Plata. Ese plantel tiene una gente maravillosa.
- Han pasado los años, pero percibo que sigue cierto tipo de relación o afecto con esos ex compañeros...
He tenido la posibilidad de volver, no cotidianamente, pero sí esporádicamente, y siempre me hacen sentir un cariño y un amor inigualable. Y eso lo llevo siempre en el corazón. Ese sentimiento me hace volver el tiempo atrás y revivir momentos de felicidad muy gratos. En el fútbol, jugué 20 años como profesional, no hay muchos momentos de felicidad y Colo-Colo fue uno de esos.


- Te escucho y son sólo buenas palabras para tu paso por Colo-Colo...
No destaco solamente a Colo-Colo, sino al chileno en sí. A mí, el país me trató muy bien. Es más, tengo familias amigas chilenas que todavía estamos en contacto y hablamos y, cuando tengo la posibilidad de ir, los visito, tengo exjugadores con los que nos hablamos por las redes sociales o nos hablamos para los cumpleaños. Siempre me he sentido a gusto, Santiago me gusta, la considero una ciudad fantástica.
- En ese momento, en 2006, tú, como uno de los más experimentados del plantel, ¿veías a esta camada de jóvenes con potencial para hacer las carreras que hicieron o fue una sorpresa?
En el caso de Matías, Alexis y de Arturo, sabíamos que tenían un potencial de fútbol europeo. Pero, después, imaginarte la carrera que hicieron. Sí sabíamos que tenían potencial, ya lo veías en el carácter, en la personalidad, la manera de moverse. Después, ese Colo-Colo fue la base de la dorada. Eso potenció también un poco todo, y permitió después que los chicos en Europa hicieran la carrera que hicieron. Por ahí el que más sufrió un poquito fue Matías Fernández, por un tema de que tuvo mucha mala suerte con el tema de las lesiones. Si Matías no hubiese tenido esas lesiones que lo marcaron, también hubiese tenido una carrera muchísimo más espléndida de la que tuvo.
- Era un equipazo, se estaban consiguiendo los objetivos, te encontrabas feliz en Chile, ¿por qué se dio tu salida? ¿Hubo un desentendimiento con la dirigencia por tu renovación?
El error lo cometo yo, por haberme tomado un avión y volverme a pasar las fiestas con mi familia y no volverme a Chile a arreglar mi situación. Lo dejé en manos de una persona que no tenía la experiencia para llevar la negociación adelante. En mi contrato había una cláusula que yo a los seis meses tenía que arreglar mi renovación, porque a Colo-Colo fui gratis. A mí solamente me pagaban el salario. El club no pagó nada por el pase, no pagó un préstamo, una compra, nada. La única condición que puse en mi contrato era que a los seis meses tenía que renovar para tener tranquilidad los próximos años. Habíamos salido campeones, estábamos jugando la final de la Copa Sudamericana. Fui a arreglar mi renovación de contrato seis meses antes de que venciera y el señor Valenzuela (Raimundo, director de Blanco & Negro de la época) me dijo que cuando la acción está alta, él no compra; sino cuando está baja. Me sentí muy ofendido, muy mal, y no dije nada. Me callé la boca y seguí entrenando, porque nos seguíamos jugando cosas importantes. De ahí en adelante, nunca más nadie me dijo nada y llegamos a jugar el último partido con Audax Italiano, que terminamos saliendo campeones. Hicimos una fiesta de despedida a la noche y estuve con un montón de gente, estuve con el Presidente Sebastián Piñera, que en paz descanse, con (Gabriel) Ruiz-Tagle, con el señor (Luis) Baquedano, Valenzuela, estuve con toda esa gente que pertenecía a Blanco y Negro en ese momento, y nadie me dijo nada de la renovación. A mí se me terminaba ahí, en diciembre, en días. Agarro el auto al otro día en la mañana y me vengo a Argentina a pasar con mi familia las fiestas. Me suena el teléfono y atiendo: era el secretario del señor Ruiz-Tagle, que quería tener un almuerzo para hablar sobre mi renovación.
- Un poco tarde...
Yo ya estaba en Argentina y habíamos estado ahí la noche anterior. Entonces me enojé, le dije que ya estaba en Argentina, que hablen directamente con mi representante. Después, las cosas no fueron como hubiese querido. Mi representante pidió una cantidad de dinero que yo creía que estaba bien para mí, porque al club yo no le había costado nada, pero si yo intervenía, el dinero nunca hubiese sido el problema. Terminó todo como tenía que terminar y bueno, al fin y al cabo, el único perjudicado fui yo porque me hubiese quedado a jugar tres o cuatro años más ahí.
- ¿Te arrepientes de no haber seguido tu carrera en Colo-Colo?
Igual no, no me arrepiento. Cuando las cosas se dan, uno las resuelve como puede, y en ese caso fue así y punto. No hay remordimiento, ni reproche contra nadie. Uno mira para adelante y nada más. A Colo-Colo siempre lo voy a seguir queriendo y lo llevo en el corazón, igual que a Chile, que me acogió y me dio la posibilidad de trabajar y de demostrar lo que soy, entonces uno está agradecido por eso.






