
Juan Manuel Olivera llegó por primera vez a Universidad de Chile sin conocer demasiado el fútbol chileno ni la dimensión del club en 2005.
Venía buscando continuidad, después de pasos con poco protagonismo en Cruz Azul y San Lorenzo, pero terminó encontrándose con una institución que, pese a sus problemas internos en la época, lo marcó mucho más de lo que imaginaba.
Su primera etapa fue breve, apenas un semestre en 2005, pero le alcanzó para entender el peso de la camiseta azul, compartir camarín con referentes como Marcelo Salas y Diego Rivarola, y disputar una final ante Universidad Católica que todavía recuerda con dolor.
El regreso en 2009 fue distinto. Olivera ya sabía dónde llegaba, la U también lo recordaba, y esa segunda etapa terminó convirtiéndose en la más importante de su carrera: el título del Apertura con un gol de palomita en Santa Laura.
En conversación con En Cancha, el Palote recordó esas dos etapas con los colores azules, lo que significó en su carrera, y cómo vivió en la interna sus mejores momentos en el Romántico Viajero.
El primer paso de Olivera en la U
-¿Cómo recuerdas qué fue esa primera etapa en la U?
-Sinceramente, en 2005 yo no tenía un gran conocimiento del fútbol chileno ni tampoco de la U. Cuando vine, lo hice buscando continuidad. Había jugado poco en Cruz Azul e incluso en San Lorenzo. Lo que buscaba era tener continuidad. Ni hablar de que me encontré con un equipo grande, que movía a mucha gente, con historia y con excelentes jugadores. La verdad es que desde el primer momento me enamoré del club.
-Lamentablemente fue un periodo corto, no por una decisión propia, sino por el momento que estaba viviendo el club. Estaba con muchos problemas dirigenciales y eso fue lo que no permitió que me pudiera quedar. Pero siempre me quedó la ilusión de poder volver y dejar una huella, aunque fuera pequeña, dentro de un club por el que habían pasado tan grandes jugadores.

-¿Cómo fue ese semestre en 2005 en lo futbolístico?
-Bueno sin lugar a dudas. Fuimos de menos a más. Conocí excelentes profesionales y grandes jugadores, de renombre en el fútbol chileno y también en América. Creo que fue muy positivo que un equipo con tantos problemas institucionales compitiera de esa manera y llegara a la final del torneo contra un plantel como el de Católica. No fue poca cosa. Pero, como siempre pasa en los clubes grandes, queda el sinsabor de que si no eres campeón, obviamente la temporada queda en el olvido. Más de la forma en la que lo perdimos.

El regreso en 2009
-¿Cómo recuerdas que se dio ese retorno?
-Por mi parte ya conocía al club y también al fútbol chileno, así que siempre estaba dispuesto a volver. Cuando se abrió la posibilidad, ni hablar de que no lo dudé. Mi vuelta tampoco fue como un refuerzo de primera plana. Simplemente llegué porque todavía quedaba gente dentro del club que me recordaba y tanto las posibilidades del club como mis intenciones estaban en el mismo camino. Así llegamos a la segunda etapa en el club.
-¿Y cómo se construyó esa campaña de campeón con Markarián?
-Los equipos se construyen. Más cuando hay cambios de entrenadores y cuando vienen jugadores nuevos, es muy difícil que de la noche a la mañana pases a ser un equipo arrollador. Nosotros fuimos un equipo regular, con altibajos, yendo de menos a más, pero con una muy buena preparación. La forma de disputa que tenían los torneos en Chile en aquel momento, con los playoffs, te daba eso: de repente podías no hacer una gran fase regular, pero si te preparabas bien para los playoffs, estando en un gran nivel y concentrado, te podías quedar con el torneo. Fue lo que nos pasó. Hicimos un gran playoff. En lo personal, a mí se me abrió el arco, empezaron a aparecer los goles y los grandes rendimientos. Eso también acompañó para que el club pudiera ganar, avanzar y terminar con aquella recordada final en Santa Laura.
-¿Sientes que ese fue un episodio clave en tu carrera?
-Sí, sin lugar a dudas. Ese playoff, obviamente coronado con ese gol, fue muy especial en mi carrera. Lo guardo con muchísimo cariño. Además, soy consciente de que fue un impulso muy grande, un antes y un después en mi carrera. Ese torneo, ese gol y la U me cambiaron la vida. Después de ese gol vino una confianza, una continuidad de buenos rendimientos y goles que me permitió seguir creciendo a lo largo de mi carrera. La verdad es que encontré una regularidad que tal vez no había encontrado hasta ese momento en otros clubes.

-¿Qué tan importante fue en ese momento para ti Sergio Markarián y cómo se tomaron su salida tan repentina?
-Lo de Sergio fue una decisión personal que nosotros entendimos y aceptamos. No pasaba por nosotros. Creo que no sé si había tenido problemas o veía problemas dentro de la U o del torneo chileno, y por eso decidió dejar el cargo. Lo supimos aceptar como eso, como una decisión personal.
-Y en términos de camarín, ¿qué recuerdos tienes?
-Eso fue un poco el proceso del que hablamos: llevó su tiempo que yo me adaptara al equipo y que el equipo se pudiera adaptar a mí. Una vez que lo hicimos, creo que muchas cosas salían de memoria. Tuve la suerte, tanto en 2005 como en mi segunda etapa, de coincidir con excelentes jugadores y profesionales, pero sobre todo con excelentes personas. Tengo hasta el día de hoy grandes amigos de esos planteles. Con otros jugadores quizá no tenemos esa amistad, pero cada vez que voy a Chile me encuentro con ellos, nos vemos o estamos al tanto por una llamada o por un mensaje. Eso no es normal dentro del fútbol, que es tan voraz y tan del momento. Poder guardar esas amistades y ese cariño de muchos compañeros lo valoro muchísimo.
- Ese plantel después llegó a cuartos de Sudamericana y semis de Libertadores, ¿qué tenía esa U que era tan competitiva internacionalmente?
-Era competitivo, un equipo que iba al frente contra quien sea. No se creía más que nadie, pero tampoco se creía menos que nadie. Salía con mucho atrevimiento a cualquier cancha a plantarse y a jugar de igual a igual contra cualquiera. Se fue formando una mística alrededor de ese equipo. Partiendo por la Sudamericana con Basualdo, donde también se ganó en Colombia y donde también se plantó ante Fluminense en el Maracaná. Ya se fue forjando un equipo con una mística y unas ganas importantes de competir internacionalmente.
-Ese semestre que mencionas fue extraño. La U de Basualdo terminó novena y fuera de Playoffs como vigente campeón pero compitió muy bien en Sudamericana...
-De repente nos enfocamos un poco más en lo internacional, con la ilusión de la copa. Habiendo llegado a cuartos de final, como dices tú, descuidamos un poco el torneo local y eso hizo que en determinado momento no nos alcanzara para meternos en los playoffs. Entonces quedó ese sinsabor de quedarse sin las instancias decisivas de la Sudamericana y también sin poder defender el título que habíamos conseguido en la primera mitad del año.
-Después de la Libertadores 2010, ¿cómo fue tu salida?
-Sí, a veces los temas económicos y determinadas oportunidades en la vida uno las tiene que aprovechar. Fue muy difícil tomar la decisión. Estaba muy cómodo, me sentía muy a gusto y me sentía importante dentro del equipo. Pero creía que era el momento de avanzar, de dar un paso, de salir de esa zona de confort y buscar nuevos retos, nuevos desafíos en lo deportivo.






