
Universidad de Chile dio este martes su primer paso en el mercado de fichajes de invierno. Se trata de Gonzalo Reyna, extremo argentino de 19 años que llega cedido desde Racing de Avellaneda, a través de un préstamo por un año con una opción de compra incluida.
La incorporación tiene una particularidad que la dirigencia mira con buenos ojos. Por su edad, Reyna ingresa al plantel en condición de juvenil, lo que significa que no utiliza cupo de extranjero ni se cuenta entre los tres refuerzos que la ANFP permite sumar a mitad de temporada.
Es, sobre el papel, una jugada administrativa redonda. El problema es que esa misma fórmula tiene un historial que en el CDA preferirían no recordar.
El antecedente que la U no quiere repetir
La apuesta por el juvenil extranjero que llega a préstamo sin gastar cupo no es nueva en la U. Ya la intentó hace algunos años, y el saldo no dejó los réditos deportivos esperados en la tienda estudiantil.

El caso más recordado es el de Brandon Cortés. El volante argentino-chileno aterrizó desde Boca Juniors en noviembre de 2020, precedido por la etiqueta de gran promesa de La Bombonera y con la ilusión de una hinchada que esperaba ver brillar a un proyecto de selección.
La realidad fue otra. Pese a algunos destellos de talento, Cortés nunca encontró regularidad en un equipo que atravesaba un mal momento. Cerró su paso con apenas 541 minutos en 17 partidos y un gol, antes de regresar a Boca a fines de 2021.
En ese mismo año llegó el uruguayo Cristian Barros, también bajo la categoría de juvenil y bajo la misma idea de sumar talento joven sin sacrificar cupos. Tampoco dejó huella.

El factor que hace que la U confíe en Reyna
Con ese telón de fondo, la pregunta es inevitable: ¿por qué esta apuesta tendría que terminar de manera distinta? La respuesta está en el rodaje con el que aterriza el cordobés.
A diferencia de Cortés y Barros, que llegaron prácticamente a debutar, Reyna arriba después de una temporada con continuidad. En 2026 jugó a préstamo en Boston River de Uruguay, donde sumó varios partidos como titular y se transformó en una de las cartas ofensivas del equipo charrúa.
Ese paso le entregó algo que los anteriores no tenían al desembarcar: experiencia en competencia internacional. El extremo disputó la Copa Sudamericana con el conjunto uruguayo, un escenario exigente que lo obligó a medirse en partidos de alta presión.
El respaldo de Racing refuerza esa idea. El club de Avellaneda lo tiene atado por contrato hasta fines de 2028 y le fijó una cláusula de rescisión cercana a los 22 millones de euros, una cifra que habla de la proyección que la Academia ve en el jugador.
La operación todavía debe terminar de cerrarse en sus detalles finales y resta conocer cuándo se integrará el jugador a los trabajos. El mercado azul, en tanto, sigue abierto, y la manera en que rinda este refuerzo dirá si la vieja fórmula del juvenil extranjero por fin encuentra el final que la U venía buscando.








