
La salida de Gustavo Álvarez de San Lorenzo dejó de ser una simple renuncia para convertirse en un cruce de versiones. El técnico, que en suelo nacional tuvo un exitoso paso por Universidad de Chile, no se quedó callado: respondió al comunicado del club con una carta propia en la que expuso su verdad.
Todo se precipitó este lunes, a horas del inicio de la pretemporada. El plantel llegó a entrenar y se encontró sin cuerpo técnico. Más tarde, la institución confirmó que Walter Perazzo asumía de forma interina mientras se definía un reemplazante.
Según la dirigencia encabezada por Marcelo Culotta, la ruptura se produjo porque no hubo acuerdo en la planificación deportiva. La versión oficial apuntaba a diferencias sobre una nómina de futbolistas que Álvarez quería apartar del grupo principal.
Lo que encendió la mecha fue una frase del comunicado azulgrana: que el entrenador “en un principio aceptó la propuesta, pero luego declinó su decisión”. Esa idea de un técnico que dio marcha atrás fue, precisamente, la que Álvarez decidió desmentir.
Las dos versiones de una misma ruptura
En su carta, el DT planteó que el problema era de fondo. Sostuvo que el fútbol profesional del club necesitaba “una profunda reestructuración” y que, para lograr resultados distintos, hacían falta procedimientos diferentes a los que habían llevado a la institución a su realidad actual.

Álvarez aseguró que tomar ese tipo de decisiones exigía convicción y autonomía, pero que eso era imposible “por compromisos del pasado que hoy en día siguen condicionando las decisiones del entrenador de turno”.
Sobre el armado del plantel desde junio, detalló su plan: mantener la base titular, reemplazar a los transferidos con incorporaciones de jerarquía similar y promover juveniles.
En ese marco confeccionó una lista única de 11 futbolistas prescindibles, aprobada por unanimidad en una reunión del jueves pasado entre cuerpo técnico, Consejo de Fútbol y la subcomisión. Una nómina en la que, aclaró, no había ningún juvenil.
Esa precisión choca de frente con la versión del club, que había mencionado la preocupación por juveniles dejados fuera de la pretemporada. Álvarez también rechazó la acusación de haber cambiado de postura: “No hubo ninguna modificación en mi proceder desde ese momento”, escribió.

El episodio que terminó con todo
El tramo más fuerte llegó al final. El técnico relató que el sábado por la noche le comunicaron la necesidad de cambiar tres nombres de la lista de prescindibles “por presiones externas”. Su respuesta fue negativa, y ahí mismo planteó que lo mejor era dejar el cargo.
El domingo, tras varias conversaciones, ambas partes finalizaron el vínculo de palabra. Al día siguiente le informaron que no se presentara al entrenamiento. “Prefiero dar un paso al costado y que el club no se vea perjudicado por acciones legales de terceros”, cerró.
En San Lorenzo registró apenas 13 partidos desde su llegada en marzo. Ahora queda libre y en pleno desarrollo del Mundial 2026, un escenario que en Chile no pasa inadvertido.
Su nombre vuelve a aparecer entre las opciones que maneja la ANFP para la banca de la Roja, una vez que defina el proceso post-Mundial. Lo que pase con su futuro dependerá ahora de cuán rápido se muevan los interesados.








