
La participación de Irán en el Mundial 2026 ha estado cargada de tensión mucho antes de que rodara la pelota. Entre conflictos diplomáticos, trabas migratorias y un cambio forzado de sede, la selección persa llegó a Norteamérica rodeada de un clima poco habitual para un equipo que solo quiere preparar su debut.
A esa atmósfera se sumó esta semana un hecho que sacudió a Tijuana. Las autoridades de Baja California localizaron un cadáver en avanzado estado de descomposición dentro de un vehículo estacionado frente al Estadio Caliente, el recinto donde el conjunto asiático realiza sus entrenamientos diarios.
El cuerpo fue dejado en el estacionamiento de una plaza comercial sobre el bulevar Agua Caliente, justo frente al estadio que funciona como sede de entrenamiento del cuadro iraní. El lugar está a apenas un minuto del hotel donde se aloja la delegación.
Según los primeros reportes, la policía acudió al sitio luego de que se denunciara un vehículo abandonado en la zona y al revisarlo encontró el cadáver en la cajuela. Se trataba de una camioneta Toyota gris con placas de California.
El detalle más estremecedor llegó del trabajo pericial. Los forenses, que operaron con trajes de protección especial, confirmaron que el cuerpo estaba envuelto en una bolsa negra y presentaba signos evidentes de violencia física.
Tras el hallazgo, la respuesta oficial fue inmediata. Se reforzó el operativo de seguridad en torno a la delegación, y una patrulla de la Guardia Nacional comenzó a acompañar a los jugadores y al cuerpo técnico en sus traslados entre el hotel y el estadio.

Una concentración que nació marcada por la tensión
El campamento iraní en Tijuana nunca estuvo en los planes originales. La base de entrenamiento iba a instalarse en Tucson, Arizona, pero la FIFA aprobó el traslado a la ciudad fronteriza mexicana a pocos días del inicio del torneo, tras semanas de negociaciones de alto nivel.
El motivo de fondo fue una mezcla de seguridad y trabas migratorias. El presidente de la Federación Iraní, Mehdi Taj, explicó que el cambio buscaba resolver en gran medida el problema de los visados estadounidenses. La idea era clara: vivir en México y cruzar la frontera lo menos posible.
Ese esquema quedó confirmado por la propia delegación. El embajador iraní en México, Abolfazl Pasandideh, señaló que los jugadores solo podrán entrar y salir de Estados Unidos el mismo día de cada partido. Una logística inusual para un Mundial, condicionada por la situación política.

El cruce político que precedió al Mundial
La estadía de Irán en el torneo estuvo en duda hasta último momento. El conflicto bélico iniciado meses atrás mantuvo abierta la incógnita sobre la presencia del equipo, e incluso el presidente Donald Trump envió señales contradictorias, al afirmar que los iraníes eran bienvenidos pero que debían reconsiderar su participación por motivos de seguridad.
La respuesta persa no se hizo esperar. La federación sostuvo públicamente que ningún país podía excluirlos de una competencia organizada por la FIFA.
A esa disputa se sumó que un funcionario del gobierno iraní había cuestionado la participación argumentando que no estaban dadas las condiciones para competir, mientras la federación insistía en mantenerse dentro del torneo. La incertidumbre solo se despejó cuando los visados fueron finalmente aprobados.
Con el foco puesto otra vez en lo deportivo, la selección se prepara para su estreno. Irán debuta el 15 de junio ante Nueva Zelanda, antes de medirse con Bélgica el 21 de junio y cerrar la fase de grupos frente a Egipto el 26 de junio.







