
Tras la consumación de las últimas jornadas de competencia, el Mundial se transformó en una verdadera trituradora de técnicos de élite. Con las recientes y resonantes salidas del argentino Marcelo Bielsa de la banca de Uruguay y del neerlandés Ronald Koeman en Países Bajos, ya son seis los técnicos que perdieron sus cargos.
La lista negra de cesantes la inauguró de forma fulminante el francés Sabri Lamouchi, despedido de Túnez apenas un día después de debutar sufriendo una goleada 5-1 ante Suecia.
A él se sumaron en cadena las renuncias de Hong Myung-Bo en Corea del Sur y de Steve Clarke, estratega que puso fin de forma abrupta a un ciclo histórico de siete años al mando de la Selección de Escocia tras quedar eliminado en el Grupo C.
El Mundial no deja títere con cabeza
A esta trágica bitácora se adhirió el experimentado Miroslav Koubek, quien dio un paso al costado en República Checa de mutuo acuerdo con su federación tras cosechar apenas un punto de nueve posibles.

El terremoto definitivo en los banquillos se terminó de desatar este martes con la despedida de Bielsa en la Celeste, asumiendo la frustración de quedar fuera en primera fase, y el adiós de Koeman en la escuadra de Ámsterdam, quien optó por no renovar tras caer por penales ante Marruecos para priorizar su vida familiar.

De esta manera, el certamen en Norteamérica demuestra que la exigencia en la alta competencia internacional es inmediata y destructiva.
Mientras las selecciones sobrevivientes se meten de lleno en la ronda de eliminación directa, un importante grupo de federaciones deberá comenzar desde cero de cara al próximo ciclo mundialista, confirmando que en el fútbol de élite los procesos se sostienen única y estrictamente con los resultados sobre la mesa.







