
Como si fuera un ritual imposible de romper, México volvió a despertar con la misma sensación que lo persigue desde hace cuatro décadas: la amarga resaca de una eliminación mundialista en octavos de final. El sueño terminó otra vez, esta vez frente a Inglaterra, pero entre el desencanto apareció una luz de esperanza: Rafael Márquez asoma como el hombre llamado a construir el camino rumbo al Mundial de 2030.
El histórico excapitán del Tri, que tiene experiencia como asistente en el combinado nacional, heredará el proyecto de Javier Aguirre con una misión que en México parece casi revolucionaria: trabajar durante un ciclo completo. En una selección acostumbrada a cambiar de entrenador al ritmo de los resultados, las presiones de los dirigentes y los intereses comerciales, la gran apuesta es que Márquez tenga el tiempo suficiente para sembrar una identidad y cosechar frutos dentro de cuatro años.

Los tropiezos de México
Porque el recorrido hasta el Mundial 2026 estuvo lejos de ser un ejemplo de estabilidad. Todo comenzó con el fracaso de Gerardo Martino en Qatar 2022, cuando México ni siquiera logró avanzar a la segunda fase. Después llegaron los bandazos: Diego Cocca duró apenas unos meses en el cargo, Jaime Lozano fue despedido pese a conquistar la Copa Oro 2023 y, con el reloj en contra, los dirigentes recurrieron nuevamente a Javier Aguirre para apagar el incendio. El desenlace fue el de siempre: otra caída en octavos.

La historia, de hecho, parece escrita con el mismo libreto desde Estados Unidos 1994. Francia 1998, Corea-Japón 2002, Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018 y ahora el Mundial 2026 terminaron exactamente en la misma estación. La vieja frase que acompaña al fútbol mexicano volvió a cobrar vida: “Jugamos como nunca, perdimos como siempre”.
Pensando en el futuro, tampoco aparece una generación dorada capaz de cambiar el panorama de un día para otro. Apenas cinco de los 26 mundialistas tienen menos de 23 años, aunque el trabajo de Andrés Lillini al frente de las selecciones menores invita al optimismo con la búsqueda de talentos de raíces mexicanas repartidos por el mundo. Sin embargo, el mayor rival de Márquez podría no estar dentro de la cancha, sino en los escritorios: mientras los intereses comerciales sigan privilegiando los lucrativos amistosos en Estados Unidos por sobre enfrentar regularmente a las grandes potencias, romper la maldición de los octavos seguirá siendo una promesa más que una realidad.








