El entrenador chileno Miguel Ramírez (11 de junio de 1970) se encuentra hoy en un periodo de reflexión. No fue un buen 2025 para el campeón de la Copa Libertadores ’91 con Colo Colo, ya que los dos equipos que entrenó durante la temporada pasada, Deportes Iquique y Unión Española, descendieron a Primera B.
Pero el ex defensor sabe que en el fútbol las caídas dejan enseñanzas y que lo que ocurrió en las campañas pasadas le sirvió para madurar.
Es el mundialista de Francia ’98 quien llega como invitado estelar de Mario Salas en Área Técnica, el podcast de los expertos de En Cancha.
Una conversación en profundidad sobre, entre otros temas, sus inicios como futbolista, las experiencias inolvidables, lecciones aprendidas y lo que opina del fútbol actual.
El comienzo del camino para Miguel Ramírez
-¿En qué año debutaste como futbolista?
En 1988. Estaba Colo Colo en Copa Libertadores y había un partido contra un equipo venezolano, de visita, y no le pudieron suspender un partido acá contra Deportes Iquique. Se quedaron algunos titulares, como Alejo Rodríguez, Eugenio Julio, Marcelo Ramírez, Alfonso Neculñir y el resto fuimos todos juveniles. Empatamos 1-1 en Iquique. En los tiempos de Arturo Salah.
-¿Cuándo te afianzaste ya en Colo Colo y te sentiste titular?
Mi carrera de jugador fue rápida, porque jugaba en el barrio, en Lo Prado, y llegue a probarme a Colo Colo en marzo del ’85. Me acompañó mi papá, había 350 niños que se estaban probando y de esos quedaron 50. Luego, a la semana, con las pruebas físicas, técnicas, tácticas, quedamos 10. Después cinco y, finalmente, quedé yo. Me inscribieron en Primera Infantil, al año siguiente ya fui titular en esa serie, en el ’87 pasé a Juvenil, luego al grupo de proyección que armó Arturo Salah…
-Te subieron porque te vieron condiciones…
Claro, me fueron adelantando. Salah hizo un grupo de proyección, con los juveniles, primera y segunda infantil. Teníamos entrenamientos con el primer equipo. El ’87 subí, el ’88 debuté, el ’89 tuve mucha más continuidad y en 1990 ya fui titular.
-La llegada de Mirko Jozic, entonces…
Llegó Mirko Jozic en 1991. Tuvimos la Copa Libertadores de 1990, que quedamos eliminados ante Vasco da Gama, en el Estadio Nacional con 80 mil personas. Después, termina ese año y Arturo se va a la Selección. Mirko llega a la pretemporada de 1991, a iniciar los trabajos para esa temporada.
-¿Se vio algún cambio importante en la metodología entre Arturo Salah y Mirko Jozic?
Hubo varios cambios. El tema de las relaciones personales, las habilidades blandas. Arturo era más paternalista y, para Mirko, era un trabajo que uno como jugador tiene que desempeñar como corresponde. Su forma era esa. Arturo, más preocupado del jugador, en el ámbito personal; Mirko, más distante. Pero es ahí donde tenía a su ayudante técnico, Eddio Inostroza, a Marcelo Oyarzún, su PF, quienes eran los más cercanos al plantel y que ayudaron que esa conexión y esa energía se pudiera transmitir y pasar fluidamente del entrenador a los jugadores.
-Había interlocutores…
Para mí, lo fundamental fue que tuvimos a varios jugadores mayores: el Chano (Lizardo) Garrido, Raúl Ormeño, Jaime Pizarro, Ricardo Dabrowski, Daniel Morón, Rubén Espinoza, quienes eran los que llevaban al grupo. Al tener jugadores líderes positivos, era más fácil llevar al grupo hacia lo que el entrenador quería. Al entender la nueva metodología de Mirko, donde exigía más verticalidad, en que cambió el sistema, con línea de tres en el fondo, más presión, más fluidez y rapidez para atacar, lo fuimos entendiendo rápido. A mí me hizo mucho sentido y me gustó, porque al llegar Mirko instauró un sistema de un líbero y dos stoppers, más preocupados de marcar a los rivales.
-Marca individual…
Exacto, marca individual, que a mí me gustaba. Yo jugué mucho tiempo básquetbol y allí el concepto de marca individual se usa mucho, la anticipación, la lectura de juego, la velocidad para reaccionar, el rechazo; eso lo tenía muy incorporado y se me hizo fácil. Fue un muy buen año para mí.
El salto a Europa y una muy singular situación política
-Después de Colo Colo, pasaste a la Real Sociedad de España. ¿Te acuerdas del monto de la transacción?
Lo tengo muy claro… ¡Ja!
-¿Cómo fue esa transferencia? Eran otros tiempos…
Mi representante era Washington Castro. Antes tú firmabas y tenías una copia rosada y otra verde, estabas obligado a estar en la institución por cuatro años ganando el mismo sueldo. Si al año siguiente tenías una buena temporada, te renovaban y te subían el sueldo, tenías que firmar nuevamente y otra vez quedabas con cuatro años.
-¡Era eterno!
A mí me pasó que mi primer contrato fueron 20 mil pesos mensuales y, en el tercero que renové, no me siguieron subiendo el sueldo. Quedé tres años ganando lo mismo, que era uno de los sueldos más bajos del equipo. Pensé en que me quedaba un año y que luego no iba a renovar con Colo Colo, porque no lo quisieron hacer para atrás. “Me aguanto un año, quedo en libertad de acción y con el pase en mi poder”, pensé. En mi último año, entonces, me mandaron a préstamo con opción de compra a la Real Sociedad. De ese club habían venido a ver a Fabián Estay y me eligieron a mí. Me llevan con una opción de compra de un millón 200 mil dólares.
-Cifra estratosférica para esos tiempos…
Claro y más para un defensa central. Me llevaron porque la Real Sociedad estaba peleando el descenso y faltaba un defensa central para potenciar al equipo. Fui, jugué 13 partidos, me quisieron comprar… Me quedaban seis meses y quedaba libre en Colo Colo. Así que privilegié el tema económico por sobre el deportivo. Dije que mi señora no se había adaptado a la ciudad y que debía volver a Chile. Regresé, llegamos a acuerdo con Colo Colo por los seis meses y quedé libre. A partir de allí, arrendé mi pase. Me fui a Monterrey, estuve un año, que me llevó Arturo Salah.
-Pero, ¿apenas llegaste a España jugaste en la Real Sociedad?
Tuve un periodo en que me tuve que adaptar y ahí encontré que estábamos muy lejos del fútbol europeo, en el tema técnico principalmente. Para jugar a uno o dos toques, de primera. ¿Cuáles fueron las diferencias? La intensidad, como primera cosa. Luego, en las canchas de entrenamiento, el pasto cortito, lo mojaban…
-¿Un buen campo de entrenamiento?
Zubieta se llamaba. Maravilloso el terreno de juego. Terminábamos de entrenar, entraban cinco o seis cancheros, con unos palitos y unos fierros para ir tapando los hoyos y todos los días la cancha estaba espectacular, con el pasto cortito. ¡Qué decir de la cancha de Anoeta, el Estadio! Una maravilla… Entrenábamos una sola vez a la semana ahí. La diferencia de los pastos; acá en Chile, cada vez que ibas a jugar de visita te ponían el pasto largo, pasto seco, entonces la pelota corría poco. Una gran diferencia cómo corría la pelota en España, eso me encantó. Ahora se está implementando mucho en Chile. En España, por regla, todas las dimensiones de las canchas deben ser de la misma medida, el pasto de la misma medida. Antes de cada partido, la cancha la riegan y por eso la velocidad del balón es mucho más rápida. Uno se puede adaptar.
-En la Real Sociedad, tuviste como compañeros a Valeri Karpin y a Unai Emery. ¿Qué recuerdos tienes de ellos?
Extraordinarios. También a (Agustín) Aranzábal, (Javi) De Pedro, el arquero era Alberto (López Fernández). (Gheorghe) Craioveanu, que era seleccionado rumano. Tuve buenos compañeros y que te exigían…
-¿Te costó adaptarte? Porque hasta otro idioma hablaban…
Hablaban euskera. Me chocó al principio, porque cuando trataba de incorporarme y trataba de meterme en una conversación, modificaban, te empezaban a hablar en euskera y no se entendía nada. Podían estar hablando bien, mal o regular de ti, pero era incómodo. Pero como me fui adaptando y fueron viendo que me exigía como ellos, trataba de mejorar y de ser un aporte, a la larga me recibieron muy bien.
-¿Cómo era la rivalidad con el Athletic de Bilbao?
Es muy especial. Me tocó jugar un clásico. Se juntan las barras y cuando van al estadio podían compartir sin problemas, los de Bilbao, los de San Sebastián. Pero sí lo viven con una rivalidad tremenda, estadio lleno. A mí me llamó la atención que allá de repente se topaban las barras y no pasaba nada. Podía cada uno andar con la indumentaria de su equipo, pero no había violencia. Había rivalidad y hubo jugadores que pasaron de un equipo al otro.
Tensiones políticas en España...
-Bilbao es más vasco que San Sebastián en el fútbol…
En Bilbao, solo jugadores vascos. La gente es muy apasionada, pero una cosa que me dijeron apenas llegué allá es que no me metiera en lo político, porque estaba todo el tema de la ETA. Tenía contrato con Nike acá en Chile y me mandaron desde Barcelona a San Sebastián indumentaria para que tuviera. Fui al centro, en auto, a buscar mi indumentaria a esta tienda. Me entregan la ropa, salgo, me voy a mi departamento, que era poca la distancia, y cuando voy llegando se escucha una explosión tremenda. Apenas dos tiendas más allá de esa deportiva, en un restaurante, la ETA había puesto una bomba; lo hizo mierda y yo había estado ahí diez minutos antes.
-¿Hubo muertos?
Muchos heridos. Habla de fútbol, de tu país, de lo que quieras, pero trata de no involucrarte en el tema político…
-Conviviste entonces con ese tipo de cosas, posibilidades de atentados y asuntos así…
Ese fue el único episodio que viví… Había mucho policía que te paraba, de repente cuando ibas a un entrenamiento. Hacían controles, al azar, o había puestos donde uno tenía que mostrar documentos, pasaporte y explicar quién eras, qué hacías. Había mucha preocupación por el tema ETA.
-Vuelves de España y te vas al Monterrey de México, donde estaba Arturo Salah…
Claro. Estoy un mes en Chile. En Colo Colo estaba Gustavo Benítez. El plantel ya lo tenían formado y me dijeron que no había posibilidades de quedarme. Después, me llama Arturo para el Monterrey, así que me fui. Tuve que negociar con Colo Colo esos seis meses que me quedaban de contrato… En Monterrey arrendé mi pase por dos años.
-¿Cómo fue esa experiencia?
Arturo estuvo seis meses y después lo despidieron. Llegó otro técnico, Claudio Lostaunau, que era todo lo contrario a Arturo. Mientras Arturo era metódico, preocupado de los horarios, la disciplina, el orden, el respeto, el otro era totalmente diferente. No nos fue bien. No clasificamos a nada. Estuve un año en Monterrey y luego me llamó Fernando Carvallo para venir a Católica y ahí estuve casi siete años.
Se ganó el cariño de Colo Colo y también el de la UC
-Es raro encontrar un jugador que sea querido, entre comillas, o aceptado por Colo Colo y por Católica. ¿Lo crees así? ¿O crees que hay un club que te tiene más cariño?
Hay mucho respeto y cariño por parte de las dos instituciones. Cuando llegué a Católica, había un dirigente que no quería que yo firmara, porque había estado Barti (Marcelo Barticciotto) y había hecho el famoso gol a Colo Colo que no celebró (15 de abril de 1995). Bueno, después (1997) llegaron Jaime Pizarro y Javier Margas. Cuando llego me recibieron bien, porque tanto Jaime como Javier hicieron buenas campañas con Católica, habían salido campeones el ’97 en el Apertura y yo arribé en el Clausura ’97. Con la llegada de Juvenal (Olmos) fui capitán de Universidad Católica; usé la jineta por cuatro o cinco años. Salimos campeones (Apertura 2002) y cuando termina mi contrato no me renuevan. En Colo Colo estaba Jaime Pizarro como entrenador, con Jaime Vera como asistente, y firmé mis últimos dos años; allí me retiré.
-Específicamente, 17 años de carrera futbolística ininterrumpida…
Y, la verdad, con muchos partidos. Jugué casi 70 partidos a nivel de Selección (N. de la R: 62 partidos oficiales por la Selección Chilena), hice muchos goles para ser defensa…
-¡Ja! El golazo ese a Everton (Estadio Sausalito, 2 de diciembre de 2004)…
¡Mira! Hice ese gol contra Everton y al partido siguiente me retiré del fútbol. Había hecho varios goles de media distancia, me gustaba pegarle desde afuera. Estaba Dabrowski como entrenador, Ormeño como ayudante técnico. Fuimos el día anterior a entrenar a Casablanca, para concentrarnos ahí. Había una canchita que estaba espectacular. Después de los entrenamientos nos quedábamos los últimos 15 minutos haciendo ejercicios de balones detenidos. En los corners, que yo ya estaba más viejito, entonces me costaba más ir a cabecear, por lo que me quedaba en la mitad de cancha… Ese día, estábamos practicando hacia el sector sur y para el norte ya teníamos que recoger los balones. Me acuerdo que estaba Pedro Oñate, el kinesiólogo de Colo Colo, quien empezó a tirar los balones de ese lado, para que yo los juntara… De pesado, se los empecé a devolver, él los tiraba y yo ¡tac! Le pegaba de sobrepique. Estuvimos como diez minutos y yo pegándole de sobrepique a la pelota…
-¡O sea, sin querer estabas practicando la jugada del día siguiente!
En un corner, lo sacamos, despejan, cabeza, otra vez cabeza, un bote, otro bote. Sobrepique, la agarré llenita, no la sentí en el empeine. El gesto técnico, del día anterior, de estar pegándole y pegándole, sobrepique, me salió natural. Por eso le encuentro tanto sentido a la repetición de ejercicio, de formas de pegarle al balón, las jugadas que uno quiere hacer. En esa repetición se te va dando la oportunidad para que en el partido te salga más natural.
-¿A qué edad te retiraste? Ya que comentas que después de ese partido prácticamente colgaste los botines…
A los 35 años. Podría haber seguido jugando, pero tenía un desgaste muy grande, sobre todo a nivel mental. Había ese cansancio. Decidí retirarme. Pude haber seguido, tuve ofrecimientos de varios equipos, pero no quise.
El mundialista Miguel Ramírez
-Pasemos a la Selección Chilena. ¿Te acuerdas de alguna anécdota? ¿Algo que recuerdes con especial atención?
Si algo me dejó el paso por la Selección es aprender a estar preparado, aunque no seas titular. Lo aprendí con Nelson Acosta. Él pedía que los jugadores que estuvieran en la banca, ya tengan las canilleras puestas, las medias arriba y si podíamos calentar con los zapatos listos. ¿Por qué? Porque podía pasar algo en la cancha y era necesario entrar en el menor tiempo posible para solucionar un problema. O porque se lesionó un jugador o porque te expulsaron a uno y necesitas modificar o porque hay que entrar a aportar lo que el entrenador ve que se necesita en el equipo. A eso le encontré mucho sentido. Para el Mundial de Francia, yo era reserva, pero sí calentaba con los zapatos puestos, con las canilleras, porque en una oportunidad, en los partidos previos que se hicieron, estábamos calentando, Nelson llama a uno para ingresar y no estaba listo, con zapatillas, con las canilleras afuera. El jugador se demoró cinco minutos en estar listo y a disposición. En esos cinco minutos, nos hicieron un gol…
-Interesante, es eso de estar preparado. Muchas veces, los jugadores no entienden la importancia que tiene el sustituto…
Por eso hay una frase que siempre me ha gustado y se las digo a los jugadores: cuando la oportunidad llega, ya es tarde para prepararse.
-¿Cómo viviste la vuelta a los Mundiales de Chile, después de 16 años?
Para mí fue especial, porque venía siendo convocado regularmente a la Selección. Estábamos con Azkargorta, empatamos con Venezuela de visita y sale, para que entre Nelson. Cuando asume Nelson Acosta, yo venía siendo titular y no fui ni a la banca. Luego, me dejó fuera, así que no estuve en las clasificatorias para Francia 98. Cuando Chile clasifica, viene un periodo de preparación y a esos primeros partidos es que me nomina Nelson; ahí me gané la opción de estar en la nómina definitiva.
-¿Y cómo fue el Mundial?
Una maravilla. Desde el momento en que escuchas la nómina con los 25 que van. Después, la experiencia de estar en un Mundial. Recuerdo el primer partido, contra Italia, hicimos calentamiento, salimos a la cancha y era todo vestido de rojo, lleno de chilenos. La gente se endeudó; creo que hasta el día de hoy hay gente pagando ese viaje. Llevábamos mucho tiempo sin estar en el Mundial, así que fue especial no solo para los jugadores, sino para todos.
-Viajó mucha gente desde Chile a verlos en Francia…
Donde íbamos estaba lleno de chilenos. Ahí partió la Marea Roja, acompañándonos en los distintos estadios. Lo mejor de todo es cuando se canta el himno nacional y la piel se pone de gallina. Es una maravilla, impagable. Hay que vivirlo. Todos los que están cantando en un estadio el himno patrio, imposible no emocionarse.
-¿Cómo fue la vuelta? ¿Hubo caravanas o algo así?
Pasamos la primera ronda y quedamos eliminados contra un equipo como Brasil, en un estadio maravilloso (Parc des Princes de París, Brasil 4-1 Chile). Estábamos jugando con cada “mamita”, ¡Uf! Rivaldo, Ronaldo, Cafú… Bueno, lo sentimos mucho. Recuerdo que me acerqué a Nelson para darle las gracias por haberme llevado a un Mundial y el dijo “lo disfrutamos, todos lo disfrutamos”. Llegamos al aeropuerto de vuelta y no nos imaginábamos la cantidad de gente que estaba esperándonos ahí y después en el camino hacia Pinto Durán. Luego, nos recibieron en La Moneda. La gente se prendió mucho con esa Selección. Y eso que teníamos a Iván Zamorano, Marcelo Salas y Fabián Estay que estaban en el extranjero.
De la cancha al buzo de entrenador
-¿Cuando decides convertirte en entrenador o sabías desde un comienzo que serías técnico?
No. A mí me gustaba la gerencia deportiva y tenía claro que iba a hacer eso. De hecho, lo teníamos hablado con la gente de Católica. Pero cambiaron las condiciones cuando venció mi contrato. Me tuve que ir de la UC y ahí cambió todo. Estoy en mis últimos dos años en Colo Colo y también pensaba que podía ser gerente deportivo, porque me gustaba mucho organizar, poder entregar herramientas a la gente que estaba alrededor; porque lo hice mucho como capitán en Colo Colo y en Católica. Pero termina mi carrera como jugador, me invitan a un programa de televisión, cuando era CDF, “En El Nombre del Fútbol”, y sentí, siendo panelista, que me faltaba ordenar mis ideas para poder dar mi opinión en cuanto temas técnicos, tácticos, de cancha. Me faltaba el tema orientación y tomé la decisión al año siguiente de entrar al INAF, principalmente para que cuando se prendiera la lucecita roja de la cámara, poder tener todos los conceptos claros y poder expresarlos de buena manera.
-Perfecto…
Me metí, entonces, al INAF y el primer año hago la práctica con Benjamín Valenzuela en la Sub 13 de la Católica y me gustó pasar la línea blanca de la cancha de nuevo. Al año siguiente, trabajo en la Sub 17 y, después, con Miguel Ponce en los juveniles. Ahí sentí que era lo que realmente quería, dirigir. Después, en 2011, Claudio Borghi va al INAF y pide cuatro alumnos como práctica para ir a Pinto Durán, para ayudar a Rodrigo Guerrero, en el tema análisis, edición y de estudio de rivales, equipo, jugadores. Cuando estaba ahí, Claudio me invitaba a estar en la cancha. Me decía “que estái haciendo ahí, detrás de un computador, huevón; ven acá”. Entonces, ¿qué hacía yo? Me preocupaba de juntar los petos, las pelotas, las vallas, de armar la cancha.
-Borghi, entonces, fue clave…
Claudio me fue incorporando a la cancha y me llevó a la Copa América de Argentina como segundo ayudante; Jaime Vera era el primero, yo el segundo. Después, en las Clasificatorias, a Claudio lo castigan cinco partidos, porque un jugador le gritó algo al árbitro y pensaron que había sido Claudio, entonces Jaime pasó a ser el número 1 y yo el 2. A Claudio lo despiden de la Selección y a Jaime le ofrecen ir a trabajar a Iquique. Me pregunta si quiero ser su ayudante, así que ahí partí, como ayudante de Jaime Vera…
-Eso fue en 2013. ¡Jugamos una final de Copa Chile!
Les ganamos a ustedes, que tú estabas en Huachipato ¡Sí, 3-1! Todavía estás picado ¡Ja! Al año siguiente, nos fuimos a Antofagasta, que no nos fue bien, estuvimos seis meses, y de allí nuestros caminos se abrieron, porque en septiembre de 2015 me dieron la opción de entrenar a San Luis, que estaba peleando el descenso, estaba último. Formo entonces mi cuerpo técnico.
-¿Cuándo fue que estuvimos juntos en Universidad Católica?
Cuando estuve en ese periodo antes de irme a San Luis. Estuve unos nueve meses sin trabajo y pasé cinco meses contigo, que ahí me tenías en la tribuna, cagado de frío, viendo todos los entrenamientos. ¡ja! Ahí me mostraste la metodología, cómo trabajabas, en cancha. Hablamos harto de fútbol. A mí me gustaron mucho las formas de trabajar de Mirko Jozic, de Juvenal Olmos, de Nelson Acosta y la tuya. Porque, ¿qué me define a mí? La intensidad, el ir hacia adelante, atreverse. ¿Qué no me gusta? Ir a especular, que el jugador camine, la displicencia, que el jugador se cague de risa en el entrenamiento. Lo que yo vivía como jugador es lo que trato de transmitir como entrenador.
Un momento para entender la temporada 2025
-Después de San Luis, pasaste por Wanderers, que tuviste un ascenso. O’Higgins, la U de Conce, Iquique y la Unión. Me detengo un poco en lo que generaste en Iquique. Esto que vivimos todos los técnicos: convivimos con los éxitos y también con los fracasos. ¿Cómo convives con eso? Un 2024 muy bueno con Iquique y 2025 baja y te vas…
Estoy en eso. En tratar de entender las decisiones que fui tomando en este periodo. Cuáles fueron erradas, cuáles acertadas y qué es lo que no me puede volver a pasar.
-¿Cómo te levantas de esto? ¿Estás reflexionando?
Siempre he sido muy mesurado cuando me va bien y cuando me va mal. Trato de mantener el equilibrio. Recuerdo una frase de Arturo Salah: “Ojo, que a la vuelta de la esquina está la derrota”. Aprovecha y disfruta cuando ganaste, pero con mesura, porque después, cuando pierdes, no es que seas el peor ni que no sirvas. Mantén el equilibrio en las buenas y en las malas. Me encariñé mucho con la gente de Iquique, porque me trataron muy bien. Trataba de ser muy cercano con el hincha, porque me encantaba la pasión que ellos irradian en la ciudad. No hay camisetas que no sean celestes en Iquique y eso a uno lo llena de orgullo, porque hay sentido de pertenencia e identidad. Entonces, donde les quise dar una identidad fue en el juego. Como son aguerridos, apasionados, les gusta ir hacia adelante, encajamos muy bien nuestra forma de trabajar con lo que es el hincha de Iquique.
-Y 2024 fue un año espectacular…
Fue extraordinario. Clasificar a una copa internacional y estar peleando el campeonato, en mi carrera era un tremendo premio. Me faltó exigir más para el año siguiente en las contrataciones y la conformación del plantel para competir en los torneos internacionales, más los compromisos locales. Pensé más con el corazón que con la cabeza, porque no debería haber renovado o tendría que haber renunciado. No es que uno quiera a los jugadores, pero uno entrega un listado, uno habla con los futbolistas que uno quiere y espera llevar para contratar y se van cayendo. De la opción A pasaste a la B, a la C y la D. Fue más fuerte tener la posibilidad de estar en un torneo internacional que haber mirado a futuro y lo que podría pasar con el equipo.
-Fue un error, entonces…
Ahí me equivoqué. Pesó más la Copa Libertadores que contar con el plantel competitivo que yo quería tener. No me es grato y no es sano tampoco hablar de que no son los jugadores que pedí, porque merecen un respeto y, lamentablemente, eso tendría que haberlo visto con mayor anticipación. No le voy a echar la culpa ni al preparador físico ni a los dirigentes ni a nadie, porque el que toma las decisiones, el que acepta, es el entrenador. Después, uno, desmenuzando, en cada espacio, en cada sector, se debe hacer responsable de lo que dejó de hacer o no hizo. Me debo haber equivocado en formaciones, en citaciones. Quise siempre tratar a los jugadores de la misma manera, en cuanto al respeto y la responsabilidad, pero si como entrenador te das cuenta que no a todos los puedes tratar de la misma manera, porque todos tienen personalidades distintas y asimilan lo que uno les dice de manera diferente. Errores, sí, cometí muchos en lo que a mí me respecta, pero esas son las cosas que a uno no le pueden volver a pasar.
-¿Qué pasó al final en Iquique?
Asumo mi responsabilidad hasta donde yo estuve. Estuvimos en Copa Libertadores, pasamos una fase, la gente estaba contenta. Había una rabia del hincha no con el cuerpo técnico, sino contra los dirigentes, porque tuvieron problemas entre ellos y, a la larga, los resultados mandan y lo tengo claro. Lamentablemente, en un partido de Sudamericana, me dicen que tengo que poner mi cargo a disposición, me piden la renuncia, entonces, cuando hay dos personas y uno no quiere, es mejor salir. Lamentablemente, lo digo, porque siento que el responsable de lo que vivió el equipo hasta ese periodo fui yo, por haber aceptado lo que acepté.
-En nuestra profesión, la paciencia por esperar al técnico no existe. Somos parte de una sociedad de que todo es desechable, rápido y light. El fútbol no es ajeno a ello y nos evalúan domingo a domingo. ¿Qué te pasa con eso de ser preso de los resultados?
Si hay alguien que cuestiona todo esto son nuestras familias. ¿Por qué te gusta esto de que un día eres el mejor y al otro lo peor? Te fue bien, todos te alaban; pierdes el partido y eres un burro, que no sabes hacer los cambios. Uno se acostumbra con el tiempo. Son pocos los técnicos que llevan tiempo en los equipos. Tuve la suerte de estar dos años en San Luis, cuatro campeonatos, después en Wanderers, dos años y medio, y han pasado los años y Gustavo Huerta todavía está en Cobresal. Él ha tenido la capacidad de inventarse año a año y sacarles rendimiento a los jugadores. Le habrá ido bien, regular o mal, pero se ha mantenido y ahí hay consecuencia también en los dirigentes de respaldar el trabajo. Uno se tiene que adaptar y tenemos que encontrar, como entrenadores, una nueva forma de llegarles a los jugadores.
-¿A los jugadores?
Sí, porque la inmediatez no va solo en el hincha, sino también en los futbolistas. Los veo ahora y quieren todo rápido, resultados rápido. Por ejemplo, son flacos y dicen que va a hacer pesas para ser fuertes. Al día siguiente empiezan a buscar musculatura. Todo es un proceso; es difícil para el jugador entender que todo lleva un tiempo. Están acostumbrados a mirar Instagram, en que ven una historia, pasan a otra y en una milésima de segundo ven una y otra y otra más. Quieren en un segundo ser titulares. Tener los mejores zapatos, el mejor teléfono, el mejor auto y partir al extranjero; todo en un año.
-Son los nuevos tiempos…
Cuando termino un partido, voy al camarín y no han pasado 10 minutos desde que termina el partido y ya los jugadores están con el teléfono en la mano, para ver qué dice la gente. Tenemos que buscar herramientas para lidiar con estas nuevas cabezas que hay, en que las frustraciones son más rápidas, en que no les puedes llamar la atención a todos por igual porque se sienten, que no es que el entrenador me esté gritando para hacerme reaccionar y sacar lo mejor de mí, no, me está gritando porque siente que soy malo, que no debo estar acá y que me quiere echar, que no sirvo para el equipo.
Reflexiones finales...
-En todos los equipos en que has estado, te has vinculado con las series formativas. ¿Hay un tema ahí por mejorar?
Cada vez que llego a un club, mantengo reuniones periódicas con el jefe de cadetes, con entrenadores. Tratamos de generar lazos importantes, para poder en el día a día solicitar a un jugador o ver entrenamientos, partidos de cadetes, para ver futbolistas que nos podrían aportar. Tratamos de incorporar a muchachos jóvenes a las prácticas, para que se acostumbren a las intensidades de trabajo y que se adaptan rápido a cómo nos gusta que jueguen y puedan ir creciendo. A mí me llama la atención la poca cantidad de partidos que juegan al año.
-¿Eso cambiarías?
Juegan alrededor de 30 o 35 partidos al año. Yo soy de la idea que tendrían que jugar 70 al año. Porque es importante que mientras más entrenamientos tengan, le peguen a la pelota, hagan control orientado, más preparados van a llegar a un primer equipo. No puede ser que los que suben no sepan cabecear, no puedan hacer un control orientado.
-¿Te has encontrado con buena estructura en los clubes para los trabajos formativos?
En Iquique había un complejo deportivo donde las cadetes tienen todo para trabajar. Es importante que los que trabajan ahí sean especialistas en la formación y los que están a punto de pasar al primer equipo sean mucho más competitivos, para que ese paso no sea tan traumático. Lamentablemente, me pasó en Unión Española que la gran mayoría que estaba en el primer equipo viene de cadetes y estaban haciendo sus primeras armas en Primera División y hacer la transición cadetes-primer equipo cuando se está peleando el descenso es traumático para el jugador, es muy difícil.
-Un desafío muy grande…
Muy complejo y lo viví. Entonces, era muy complicado para el jugador tener que ganar con la presión que te está metiendo el entorno. Es muy distinto para un juvenil debutar y tener minutos en Primera en la medianía de la tabla o tratando de entrar a un torneo internacional que peleando el descenso y tener la obligación de ganar. Cada error te puede costar un gol. Por eso digo que mientras más preparado llegue un jugador al primer equipo, mejor, sabiendo hacer controles, cómo moverse en posiciones específicas, cómo anticipar, cómo cabecear…
-¿Usas la tecnología?
Mucho. Me gusta grabar los entrenamientos y luego verlos. En los partidos, analizar cuánta participación tuviste en el juego, cuántos pases buenos diste, a quién le diste más pases, cómo te moviste, con cuánta intensidad jugaste. La tecnología desnuda al jugador y, luego, con las imágenes y con las estadísticas, puedes sentar al jugador frente a la pantalla y mostrarle lo que le estás diciendo en la charla. Ahí el jugador no tiene cómo justificarse respecto de su rendimiento. Por ejemplo, les mandamos el partido editado y, en una charla, le pregunto a uno: ¿cuántos balones perdiste en el primer tiempo?
-¿Qué te parece el VAR?
Me gusta, pero lo perfeccionaría y una de las cosas que sugerí y que se debería poner en tabla es que para todos los partidos tengan la misma cantidad de cámaras para aplicar el VAR. Hay partidos en que tienes 18 cámaras y otros en que solo hay seis. Entonces, todos los equipos estamos compitiendo en desigualdad de condiciones. El que tiene seis cámaras ve una imagen desde una distancia, borrosa, a diferencia de los clásicos, en que tienes low motion. Si vamos a ocupar la tecnología, que sea todos por igual.
-Preguntas y respuestas cortitas: ¿el técnico que más te marcó en tu etapa de jugador…?
Mirko Jozic en el tema táctico; Arturo Salah en relaciones personales; Juvenal Olmos en estrategias, intensidad, exigencias, y Nelson Acosta en el día a día, en sacar lo mejor de ti y no solo lo bueno, porque él te sacaba hasta lo malo de ti. Bueno, y me llevó al Mundial.
-¿El mejor jugador que enfrentaste?
Ronaldo, el Fenómeno. Yo estaba en Colo Colo, en Copa Libertadores y la Supercopa y él en Cruzeiro. Estaba apareciendo. Después, lo enfrenté en el Mundial, cuando ya era El Fenómeno y pararlo era imposible.
-¿Mejor compañero de equipo?
Jaime Pizarro, por su forma de ser, por su exigencia, su respeto. La forma en que vivía el fútbol. Lo he admirado siempre.
-¿El título más importante en tu carrera como jugador?
La Copa Libertadores. Y el primero: Copa Chile, ante Católica, en el Estadio Nacional. Fue el primero que di y apenas terminó el partido subo corriendo la tribuna y le regalé la camiseta a mi papá. Fue la primera vez que salí campeón.
-¿Qué jugadores te llamaron la atención del fútbol chileno en 2025?
Fernando Zampedri y Joaquín Larrivey, que siguen haciendo goles. Edson Puch, que sigue desequilibrando. Lucas Assadi, un jugador que se dio cuenta que tenía que hacer algo más para crecer. Se pegó una mejora en lo táctico y en lo físico increíbles.
-¿Dónde te gustaría dirigir?
En Europa. Para eso trato de dar los pasos hacia adelante. Lamentablemente, en 2025 di pasos hacia atrás en cuanto a resultados, pero en maduración se va avanzando, asumiendo la responsabilidad de los actos y decisiones que uno toma.
-¿Quién te gustaría que fuera el próximo DT de la Selección Chilena?
Manuel Pellegrini. Él tiene toda la capacidad para serlo. No sé si podrá trabajar tranquilo para hacer lo que se necesita, no solo con el Primer Equipo…
-O sea, te gustaría Manuel involucrado en todo…
El jefe máximo. Nico Córdova está haciendo un buen trabajo en las divisiones cadetes, es muy preparado, y teniendo a Pellegrini arriba…