
Matías Soto debutó en el Equipo Chileno de Copa Davis en 2020, en una muy singular serie contra Estados Unidos y Alemania. desde entonces, ha sido habitualmente considerado por Nicolás Massú en las nominaciones para integrar el cuadro nacional que lucha en la Ensaladera de Plata.
Cuando el circuito del ATP Tour dejó la arcilla Sudamericana, el copiapino llega hasta los estudios de En Cancha, como el invitado estelar de Raquetas y Palas, el podcast para los fanáticos del tenis.
El tenista de 16 años de edad y 318° en el Ranking ATP cuenta sobre sus inicios en el tenis, cómo es el día a día en Copa Davis y la manera en que afrontó decisiones importantes de su vida, que lo llevaron a la prestigiosa Academia de Nick Bolletieri y el circuito universitario estadounidense.
Un 2025 de altos y bajos...
-¿Qué balance haces de la temporada 2025?
Al final, fue un año complicado desde el comienzo. Quedé muy cerca de Australia, a apenas un par de puestos, entonces, eso me hizo jugar hasta el último, tratando de ganar esos 20 o 25 puntos que necesitaba y que, lamentablemente, no pude tener. Eso hizo que terminara el año la primera semana de diciembre (de 2024), por lo que no tuve descanso ni pretemporada. Al siguiente año, me fui a jugar los torneos indoor en Europa antes de la Copa Davis, que era en Bélgica. Fue un comienzo caótico, mucho torneo, sin descanso. Entrené bien, pero no fue pretemporada. Seguí de largo y luego ya se vienen todos los torneos.
-¿Hay un nuevo plan para este año?
El nuevo planteamiento que estoy buscando para esta temporada es hacer las cosas de manera más calmada, un poco mejor. Luego, el competir y que te den los resultados, ya dependerá…

-A nivel de metas, ¿cómo ves 2026?
Quiero empezar jugando los torneos a los que puedo entrar. Los M25 no tengo problemas y, luego, respecto de los Challengers hay que ver a cuáles ir y a cuáles no, porque tendría que jugar qualy en algunos. La idea sería siempre jugar cuadros principales, así que será siempre ver las listas, semana a semana, cómo se mueven. Jugar, competir por varias semanas, pero también descansar y ver la parte humana, pasar tiempo con la familia, más que rayarse y partir por 8 o 10 semanas.
-Sobre ese tema de “rayarse”, ¿es muy estresante meterse en esa burbuja del tenis?
Pasa mucho, pero al final uno sabe que tiene que seguir. Siempre está la esperanza que esa semana buena se va a dar. Meter una final o algo así, siempre se espera. Uno tiene el nivel, pero luego un 7-6 en el tercer set en primera ronda te tira para abajo. Son márgenes que cambian toda la semana. Quiero plantear eso para este año: descansar un poco más, tomarme los tiempos, ver la competencia de otra forma. El año pasado, siempre estuve con los Grand Slams ahí. No era que tenía que ser campeón para entrar, sino una semifinal, unos cuartos y no pude. Un torneo, otro torneo, siempre buscando eso que al final no se dio.
-¿Eso es lo que más pesa? ¿Estar constantemente sacando cuentas, que 20 puntos, que la semifinal? ¿Ansiedad?
El pasado fue mi primer año en el profesional buscando metas más grandes. Antes, era clasificar al Challenger, la Copa Davis, pero ya meterse a un Grand Slam ya era otro tema. Siempre me rondaba en la cabeza. No sé si recuerdan el episodio con (Francisco) Comesaña (ARG, 82° ATP Tour) en Sao Paulo, que hubo una pelota medio dudosa al final. Tuve match point y si hubiera ganado ese partido hubiese clasificado. Después, eso me pesó la semana siguiente, la próxima y eso, al final, se transformó en un fantasma que se fue agrandando cada vez más. Por ello, los resultados no se daban, había torneos en que el nivel se me iba, en que no tenía nada, solo garra y ganas, pero el nivel tenístico no estaba. Entonces, es la ansiedad de querer lograrlo. Una vez escuché a (Nicolás) Massú, que había perdido 13 primeras rondas seguidas y que él siempre quería una más. En la 14, hizo final; uno siempre espera algo así. La ansiedad siempre está en el tenis y uno quiere resultados.

Matías Soto y la Copa Davis
-Esos resultados te hicieron en su momento ser considerado en el Equipo Chileno de Copa Davis. ¿Te acuerdas cómo te tomaste ese momento en 2020 (para un match ante Suecia), cuando ni siquiera eras profesional?
No fue conversado, para nada, pero fue bastante anecdótico: el día anterior a que me llamaran, sufrí un episodio en un entrenamiento, en que me desmayé en la universidad, en plena cancha. Esa noche, se estaba jugando el ATP (Santiago) y (Cristian) Garin se lesionó. Entonces, a la mañana siguiente, estaba en la kinesiología con los doctores, sabiendo que la universidad no me iba a dejar viajar sin ver a un cardiólogo o hacerme millones de exámenes. Sabía que me podía llegar ese llamado y mientras hablaba con el médico, me suena el celular: Massú… Era un lunes o algo así y le digo a Nico lo que me pasaba. Le pregunté si me esperaba o no y él me dio toda la confianza. “Tómate el tiempo, haz las cosas bien y llega el jueves”… Llegué el viernes y jugábamos el sábado; llegué justo. La universidad (Baylor, casa de estudios en Texas, Estados Unidos) movió cielo mar y tierra, trajeron a un cardiólogo de no sé dónde, para verme, me hicieron todos los exámenes, me pusieron en un avión y ¡a Suecia!
-Y debes haber expuesto la problemática también en la universidad. Estilo, “sé que no puedo viajar, pero me está llamando el capitán de Chile de Copa Davis”…
Les dije de una al entrenador y la kinesióloga “por favor, muevan el cielo, que esto es una oportunidad única”. Ahora, para ellos, también era positivo, porque un jugador de la universidad es nominado, pero sabía que no me dejarían viajar sin exámenes. Tuve que ir a Dallas, ver a un médico, a otro, hacerme exámenes en la cabeza. Al final, ya, está todo bien, podía viajar. Llegué casi que la noche anterior.
-¿Cómo fue el recibimiento del equipo?
Estaban (Bastián) Malla, (Tomás) Barrios y (Alejandro) Tabilo. Con Malla entrené cuando chico, en los juniors, entonces no era algo nuevo. A Massú también lo conocía. Pero, obviamente la experiencia de Copa Davis es distinta. Al otro día me tocó debutar y hablar frente a 200 personas. Por lo menos, hablaba inglés, así que pude zafar por ahí…
-Desde ese 2020 pasaron cuatro años para una nominación hecha y derecha, cuando te llamaron para viajar a China, a la serie con Estados Unidos y Alemania… ¿Cómo lo recuerdas?
Siempre tenía pensado jugar, siempre quería, pero me llegó por sorpresa. El primer partido ante Estados Unidos fue Cristian (Garin) con (Reilly) Opelka, maratónico (6-3, 4-6 y 7-6 (3)), y que Cristian quedó muy disminuido físicamente. Luego, entra Ale (Alejandro Tabilo) y cuando se veía que el partido (con Brandon Nakashima) iba para largo, con condiciones adversas, 40 grados, en un estadio cerrado sin aire acondicionado, en la mitad del segundo set me viene a hablar Hans Podlipnik para que me empezara a preparar, ya que en el caso de perder, iba a jugar yo. La serie estaría definida. Se dio, queríamos terminar el día a lo grande, con una victoria, pero fue terrible, porque los tres partidos los perdimos 7-6 en el tercero. Fueron como 10 horas de tenis, en un lugar en que tenías que estar al lado del ventilador.
-Inolvidable…
Frustrante, pero muy bonito. Se nos escapó por poco. No podía haber tenido un debut más difícil, contra los campeones olímpicos (junto a Tomás Barrios, cayó en el dobles ante Austin Krajicek y Rajeev Ram, por 6-4, 4-6 y 6-7) y al día siguiente contra los alemanes (Tim Puetz y Kevin Krawitz), que habían ganado el US Open. Hicimos un buen papel con Tommy, hasta pudimos ganar el primer día. Me dolió, porque obviamente quería ganar. Después, me puse a llorar y todo, porque era importante para el equipo al menos ganar un partido para al día siguiente ir a pelear matemáticamente contra Alemania. Al final fue duro, pero siempre había querido debutar por Chile ahí se dio y, lo principal, era no hacer un papelón.
-Al año siguiente, debut en el Court Anita Lizana del Estadio Nacional. También en el dobles, ante Luxemburgo, igualmente con Tomás Barrios. ¿Cómo fue la sensación de jugar en casa?
Había unos nervios distintos a los que había en China, porque allá había poca gente en el estadio, aunque igual es televisado y se veía acá en Chile. Obviamente que jugar acá, con el público, es distinto. Me costó un poco al principio, pero luego me solté y empecé a jugar muy bien. Tommy me apañó, comencé a tomar más responsabilidades en la red, en puntos importantes. Quedé contento en ese debut en casa…
-¿Cómo es el equipo de Copa Davis? ¿Hay unión? ¿Risas? ¿Se hablan durante el año?
Tenemos un grupo de whatsapp con los jugadores, Nico y los entrenadores. Pero no se habla mucho, más bien cuando se va acercando la fecha. Durante el año es poco. Claro, cuando Tabilo no le ganó a Djokovic, hay un mensaje de apoyo. O cuando Jarry fue papá, se le manda un saludo. Estamos todos en lugares distintos, pero sí es un buen grupo. Gente que lleva mucho tiempo, Yogurt (Exequiel Carvajal, encordador) o el doctor (Alejandro) Orizola están hace años. Es bonita la experiencia que tienen, así que cada vez que voy me siento como en casa. El equipo de kinesiología, los masajistas… Realmente, hay un ambiente muy bonito.
-¿Cómo defines a Nicolás Massú, en el ámbito más interno?
Siempre lo digo y lo he comentado con mi familia. Nico me hace dudar de mi amor por el tenis. Vez que estoy en la Copa Davis, él desayuna, almuerza y cena tenis. El camarín es con tenis, la ida al club es con tenis, entonces ahí uno entiende por qué estuvo donde estuvo y que todavía sigue. Porque viajó cuántos años como entrenador y ahora lo sigue haciendo como entrenador y quiere estar en la Copa Davis. Eso mismo lo veo en mí y ¡uf! Es muy difícil. Me hace dudar, porque yo no veo tenis. Claro, entreno, hablo con la gente, pero cuando salimos de ese ámbito, me gusta hablar de otras cosas. El Nico es impresionante: todo el día hablando de tenis, contando anécdotas, relatando cosas que le pasaron en el profesionalismo. Se sabe resultados de torneos rarísimos, sabe que este está jugando acá y este otro allá.
-¿Y sigue tu carrera?
Sí, ya son como dos años que él me sigue. Cuando hago un torneo bueno, me felicita. Cuando he ganado los dobles, cosas así. Está al tanto y me ha dicho que cualquier cosa que necesite, lo puedo llamar y planificar.

Los inicios en Copiapó
-Sobre tu lado personal. ¿Cuándo te picó esto del tenis? Porque en Copiapó, tu ciudad natal, escasean las canchas…
Todo comenzó en la Estación Paipote, que es donde está la fundición de Enami. Somos hijos de funcionarios, entonces como mi papá trabajaba ahí, teníamos canchas gratis ahí. Mi hermano y mis primos jugaban, pero una vez a las mil quinientas; será un par de veces al mes. Cuando empecé me llevaban de a poco. Tomé la raqueta a los cuatro años y ya demostraba habilidad, comencé a jugar más seguido. A eso de los seis años, apareció un entrenador, Mario Gómez, quien les dijo a mis padres que me llevaran a su escuela de tenis, pese a que fuera tan chico. Ahí empecé, de a poquito, con la escuela de Mario Gómez, que él se movió por varios lados de la región. Terminamos en el Regimiento o en otros lugares, porque nos sacaban de todos lados, pero nosotros, el grupo ese, seguíamos al profe. Con él hice la etapa de seis, ocho años, mis primeros torneos, en Huasco, Chañaral. A los 10 ya empecé a salir, me acuerdo al Nacional de Arica y gané el dobles.
-Después te llamaron para ir a Santiago…
Comencé a viajar un poco más. La Serena, Coquimbo, por cercanía y además teníamos la comodidad de las cabañas donde trabajaba mi padre. Y ya luego Santiago, que vine muchas veces cuando niño a diferentes lugares…
-¿Siempre tenis o tuviste otra disciplina?
Jugué fútbol hasta como los 12 años. También demostraba habilidad, pero siento que el tenis era lo que más me llamaba la atención. El deporten individual, en definitiva, perder o ganar uno. En el fútbol, además, tuve un par de lesiones. Me quebré el tabique nasal, otra vez la muñeca. Cuando jugó Chile con Suiza en el Mundial de Sudáfrica, ahí en la previa, en el recre, ¡paf! Fractura de tabique nasal, así que no vi el partido, directo al hospital. En el tenis, era todo más sencillo.
-¿Y te gusta ver fútbol?
Me encanta. Sigo al Arsenal, por mi hermano que es fanático y por ahí se me metió el Arsenal. También, obvio, a la Selección. Me gusta mucho el fútbol y veo fútbol; casi no veo tenis.
-¿Es muy difícil crecer fuera de Santiago para ser tenista? ¿Afecta ser de región?
Está la dificultad al ser de provincias, los viajes sobre todo. Cuando era chico y venía a Santiago, por temas económicos, era viajar de noche, en bus, por casi 10 horas, llegar a las 8 de la mañana y estar jugando a eso de las 11 para ahorrarse una noche de hotel. Entonces, claramente eran momentos difíciles. Ahí es donde aparece la familia, especialmente mi madre, que hizo toda esa pega. En algún momento, uno tiene que tomar la decisión de venirse a Santiago o salir de la provincia, ya sea acá o en el extranjero, porque sí te queda todo lejos. En ese entonces, ni siquiera tenía cancha de arcilla en Copiapó, jugaba en maicillo, tierra. Al principio me costaba un poco la arcilla, un poco más lenta, los movimientos, porque allá era todo tierra. Además, no hay gente para jugar, casi no había gimnasios, torneos tampoco. Pero uno gana por otro lado: acá en Santiago la competencia es muy alta y al ser de provincia siempre tuve algunos auspiciadores, empresas que me quisieron apoyar, por ser el único… Éramos pocos de allá. La Karen Gallardo (atleta), un par de chicos en moto, un karateca y ya. Ese era todo el grupo de deportes de la región.
-¿Cuál fue la etapa más complicada que tuviste en tu carrera, en cuanto al sacrificio? Y cómo fue el apoyo familiar también en esos momentos…
Mi familia siempre ha estado. Soy un privilegiado, con mi padre, el proveedor de la familia, golpeando puertas para que yo tuviera los auspiciadores. Mi madre, siempre preocupándose de que todo este perfecto; me acompañó en mi etapa de los 12 o 13 años, que es lo duro: los viajes largos, los hoteles. Cuando veníamos a Santiago, nos quedábamos en el Barrio República y teníamos que ir a jugar a Talagante o a Peñalolén, lugares que quedaban a una hora y media o dos horas. Y mis hermanos mayores, que siempre me entrenaron, me acompañaron, me tiraron para arriba. Hoy mi hermano mayor, Mario, es quien sigue viajando conmigo a los torneos y lo ha hecho durante toda mi carrera. Paramos mientras estuve en la universidad, pero a los 14 me vine a Santiago con él. Me conoce mejor que mis padres.
-¿Cómo fue viajar a Santiago a los 14 años? Decisión difícil…
Salieron algunas platas, por una beca, así que obtuve el departamento gratis, en Providencia. La Federación me pasaba canchas gratis en Cerro Colorado, así que hacía las prácticas particulares con mi hermano ahí. También, aceptando cada ayuda que llegaba de academias o de otros entrenadores, teniendo lo que uno podía. Fue una decisión difícil, de familia, pero ya estaba demostrando nivel, sabía lo que quería hacer y tenía que hacer ese cambio, si no, no había forma de poder llegar. Lo mismo fue cuando partí a Estados Unidos, a los 18 años, sin inglés, a otra experiencia nueva, a pasar de nuevo por el año de sufrimiento, en que todo es difícil. Son decisiones que he tomado de manera consciente. Claro que costó, porque estás lejos de la familia, te pierdes cosas, como el nacimiento de mi sobrina, fechas importantes, pero era por un bien mayor.

Nick Bolletieri, la academia insignia del tenis mundial
-Estuviste en la Academia de Nick Bolletieri (Bradenton, Florida, Estados Unidos)… ¿Qué recuerdos tienes de eso?
Un entrenador me vio jugar en la gira de Sudamérica y me invitó a entrenar allá por un mes y después viajar con ellos a Ronald Garros y Wimbledon en juniors. La Academia es especular. Y ahí hubo algo anecdótico: recuerdo que jugué un Futuro en Tampa, que queda cerca de allí, y perdí la pasada a la qualy para entrar por primera vez a un torneo así en el tercer set, muy apretado. Una derrota dura. Volví a la Academia y recuerdo estar achacado, en la pieza, cuando el entrenador me dice “mañana, a las 10 de la mañana, con Nishikori (por el japonés Kei Nishikori, ex número 4 del mundo)”. Yo quedé como ¡plop!... Si hubiera ganado el partido, no habría podido estar con Nishikori, así que una por otra. Experiencia inolvidable…
-En tus primeros torneos, recibiste un wild card para el Challenger de Santiago y jugaste contra Casper Ruud, otro top…
Él tenía unos 17 años y estaba 100 y tanto del mundo. Me tocó en primera ronda. Uno ya conocía esos nombres. Me acuerdo de estar con mi hermano y ver un entrenamiento entre Ruud y Taro Daniel (JAP), otro jugador conocido, y se estaban “matando” de lado a lado, palos para allá, defendían, corrían. Y, en un par de horas, me sale el cuadro: “Casper Ruud”… Yo sabía que tenía nivel para jugar contra un 300 o 400 del mundo, podía hacer partido. Pero, claro, Ruud era 100 del mundo o algo así, máxima promesa mundial. Creo que fue 6-2 y-6-2, pero se notaba que él estaba jugando como a un 60 por ciento ¡ja!
-¿Por qué sentiste que tu camino estaba por el tenis universitario?
Fue una decisión bien tomada en su momento, pero al principio algo forzada. Volviendo a Nick Bolletieri, ellos quisieron becarme. Les dijeron a mis padres que me becaban en la Academia, con todo pagado, pieza, comida, entrenamiento, pero que yo necesitaba tener 70 mil dólares al año para viajar. Nosotros no teníamos ni uno. Les explicamos, pero a ellos no les servía, porque hay un proceso, torneos a los que tienes que viajar con entrenador y ellos mismos me empezaron a dar la posibilidad de irme a la universidad. Como están metidos y saben los entrenadores, me empezaron a comentar que había varias que me querían. Por ranking y las cosas que había hecho, me podía ir a un lugar bueno. Cuando estaba en Ronald Garros, con entrenador de la Academia, me dice “Mati, hay un entrenador que quiere venir a verte. Si das el sí, mañana viene”. Y al otro día estaba tomando desayuno con nosotros el entrenador de Missisippi State. Ahí uno empieza a hacer click: un entrenador, de Estados Unidos, viaja a Francia a verme jugar. Empecé a darme cuenta de lo que significaba la universidad, los recursos que tienen y las cosas que hacen. Después ya di el sí y comenzaron a llegar las ofertas.
-Un circuito totalmente distinto…
Claro y yo no tenía idea de nada. Me decían “esta universidad es buena, tiene buen entrenador, pero académica son horribles” o también “esta es muy buena académicamente, pero el tenis es un poco más bajo” y así… Visité tres universidades y al final tomé la decisión.

Todo sobre la U...
-¿Cuál es tu balance de haber estado en el tenis universitario?
Gané por todos lados. En experiencia, en entrenamientos, en idioma. La red de contactos que tengo, una muy grande en Estados Unidos de gente que me reconoce por la universidad o por lo que estoy haciendo ahora en profesional. Tengo las puertas abiertas para trabajar allá, entonces uno queda contento. Se sufrió en un principio, la pasé bien, la pasé mal, como en todas las experiencias, pero necesitaba eso para saltar al profesionalismo. A los 18 años no era de los buenos, buenos, sino 50 o 40 y tantos del mundo, así que me iba a costar. No era que a los seis meses iba a estar 300 o 400 del mundo. Por ahí se iba a desperdiciar plata en la entrada y quizás hubiese caído al año o a los dos años. En cambio, al salir de la universidad, tenía dinero y cada peso lo usé de la mejor manera. Salí con más experiencia y bien en mi nivel de tenis: en los primeros dos torneos hice semis y el tercero lo gané. Ya sabía que mi piso era 600 o 500 del mundo y no al tiro a los leones, siendo 1.000 y tantos.
-Es decir, a un juvenil chileno le recomendarías pasar por el sistema universitario…
Mil por ciento. Tengo el pensamiento que si eres sudamericano, es muy difícil saltar al profesionalismo de una. Viviendo lo que yo viví en la universidad, más ahora que contratan jugadores, están pagando, beca… Cuando yo estuve era muy bueno y ahora está 10 veces mejor. Hoy te puedes ir a una universidad con beca 100 por ciento y 50 millones para el bolsillo.
-¿Hoy está esa posibilidad entonces?
Sí. Hoy el tenis universitario está muy potente y, como siempre he dicho, te tratan mejor que a un jugador del Real Madrid. Está todo preparado y no es que tengan un plato de comida de cinco dólares, sino un buffet de desayuno. Una experiencia que hay que vivir, sobre todo un jugador sudamericano, que estamos lejos de todo.
-Y en el circuito ITF, ¿cómo ha sido esta vida, con tanto viaje, el jugador Futuro y, después, Challenger?
Es distinto a lo que se vive en el tenis universitario. Acá hay una incertidumbre sobre dónde uno estará, en qué posición, si es que va a llegar el dinero o no. Eso está latente todos los días. Hay que estar preparado; hay mucho viaje, no puedes pretender subir si viajas dos semanas y entrenas un mes. Hay que viajar cuatro, cinco o seis semanas, volver, entrenar y salir de nuevo. Pero ha sido una transición bonita. Con altos y bajos. El comienzo fue muy bueno, ya que en tres meses llegué a estar 400 y tantos del mundo. Después, vino una lesión muy fea en la espalda, que me tuve que operar, entonces hubo un retroceso. Luego, de vuelta a competir. Esas cosas no se viven en el tenis universitario o en la etapa junior. He tenido experiencias bonitas, como jugar Copa Davis, compartir con jugadores de nivel mundial y, en el fondo, vivir de esto: conocer el mundo, viajar, relacionarse con nuevas culturas, sacar a la familia también. He sido capaz de llevar a mis padres, a mi pareja, a lugares que a los que es difícil ir.
-¿Qué tanto conoce un tenista en el mundo? O es hotel y cancha nomás…
A estas alturas, es hotel y cancha nada más. Antes uno quería viajar y conocer, pero ahora ya es distinto. Además, entre mejor te va, menos tiempo tienes. Si pierdes, también, no tienes ganas de salir a pasear. Uno conoce lo suficiente, pero poco. No soy mucho de hacer panoramas, del estilo “hay un acuario a 45 minutos, vamos a verlo”. Si está a 10 minutos, dale, pasemos, pero si no, no. Hay gente que sí, que arrienda autos y va a lugares. Yo soy más de lo cercano.
-¿Cuál de todos los Grand Slams te gustaría jugar?
Wimbledon. Tiene otra clase. Me tocó estar allá y todo es precioso…








