
No hace falta estar en la primera fila mediática para construir una carrera completa en el fútbol chileno. José Miguel Cantillana es parte de esa generación de futbolistas y técnicos que se han hecho desde el trabajo en el norte del país. De hecho, defendió la camiseta de dos clubes en su época de jugador: Deportes Iquique y Cobresal.
Tras colgar los zapatos en 1996, el Tigre acumuló experiencias en distintos equipos del país, pero mayormente en el norte. Es más, actualmente se encuentra como interino en los Dragones Celestes, club en el que es ídolo tras conseguir dos títulos como DT.
En conversación con En Cancha, Cantillana hace un repaso de sus travesías como entrenador en el balompié nacional, recordando uno de los momentos más importantes de su trayectoria: el título con Santiago Wanderers en 2001, como ayudante de Jorge Garcés, donde fue parte de un equipo que combinó identidad, grupo humano y rendimiento.
A eso se suma su paso por Cobresal, una experiencia que él mismo destaca como clave en su formación, entendiendo el oficio desde múltiples roles en un contexto de recursos limitados. Hoy, ya con años dirigiendo, el Tigre observa ese recorrido marcando diferencias claras entre el fútbol de antes y el actual, especialmente en la relación con los jugadores, el uso de la tecnología y la importancia de sostener elementos como la credibilidad.

- ¿Este amor por Iquique y el norte le impidió tener otras experiencias en el fútbol chileno? Como futbolista estuvo en Iquique y Cobresal, mientras que como DT tuvo un breve paso por Unión Temuco.
Sí, claro. Lo que pasa es que tú miras los números, las estadísticas, todo eso, siempre dirigí acá en el Norte, pero siempre tuve posibilidades. Igual pude ir a O’Higgins después de trabajar con Jorge Garcés. En el 2008, cuando yo voy a Cobresal en 2007 y realizo una campaña muy buena, me llaman y fui el primer candidato para dirigir O’Higgins y no se dio por tema económico, nada más. Ahora que lo preguntas, no sé por qué no se dio esa posibilidad de estar en equipos del centro-sur. A lo mejor por una identificación con el Norte. Pero igual trabajé con Jorge mucho tiempo: estuvimos en Wanderers, fuimos campeones, estuvimos en Everton, en O’Higgins, en la Selección Chilena, fuimos a México. Todo lo que he vivido, más que agradecido, inmensamente feliz.
“Me tocó con Jorge construir planteles y construir buenos seres humanos”
- ¿Cómo fue esa experiencia en Valparaíso, profe? Usted que fue parte de ese título histórico, ¿qué tenía ese equipo que hoy cuesta tanto encontrar en Valparaíso?
Hace falta la identificación por su ciudad, por sus colores, nada más. ¿Qué es lo que pasa? Que los equipos de puerto tienen esas características, no sé si a lo mejor será algo que estoy hablando y no es verdad, pero todos los equipos de puerto, por ejemplo Iquique, Coquimbo y Wanderers, se identifican plenamente. Ese amor propio, esa idiosincrasia, esa identificación con sus colores. Nosotros lo vivimos intensamente con Santiago Wanderers. El haber dirigido esa institución también fue un regalo grande para nuestras vidas, grande el haber estado ahí prácticamente dos años. El 1999 que llegamos, después el 2000 hicimos la primera parte, y luego el 2001 con ese campeonato después de 33 años. Después de 33 años ser campeón, imagínate, con un equipo que había sido campeón en el año 68 con los Panzers y volver a levantar una copa, fue grande, y más encima con la campaña tremenda que realizamos con ese equipo.
- A esa identificación se le sumaban tremendos nombres también, ¿verdad?
Grandes nombres, grandes jugadores como Moisés Villarroel, el Choro Robles, Jorge Ormeño, Arturo Sanhueza, Silvio Fernández, no, grandes. Y con mucho trabajo, con mucho trabajo. La verdad que ya veníamos de ese 99 que se lograba subir, porque recuerda que cuando estaba en Segunda División o Primera B, ese 99 se sube, no siendo campeón, pero se sube. Y después en el 2000 tenemos un periodo de transición y en el 2001 logramos armar un gran plantel. Era importante el tema de los rendimientos individuales como jugador, pero fue más fundamental el tema de cómo estaba confeccionado, cómo estaba armado el grupo humano, la cercanía que se tiene con ellos.

- ¿Prácticamente una familia?
Claro, recuerdo a un Joel Soto que venía apareciendo recién en Santiago Wanderers, lo apapachamos harto, teníamos varias conversaciones con él… hasta llanto me tocó junto a Joel, dando vueltas por la cancha en Mantagua. Jugadores que daban sus primeros pasos, jugadores con experiencia también, entonces eso te marca la diferencia, el tema de los grupos. De repente, a lo mejor habrá técnicos que no creen en eso, que creen solamente en el tema de los rendimientos, pero me tocó con Jorge construir planteles y construir buenos seres humanos. Yo creo que ahí está la clave de toda campaña, para bien o para mal. Y en ese entonces nos tocó con ese plantel armar buenas relaciones, buena convivencia. Íbamos para la derecha, se sumaban todos; para la izquierda, íbamos todos; para adelante, todos; para atrás, todos. Y en eso se empezó a construir esa historia, y más allá de la credibilidad que hubo en el trabajo también.
- ¿Y cómo se repartían el trabajo entre usted y Jorge Garcés?
Mezclábamos funciones, pero mira que había un momento en el cual, claro, tú como ayudante técnico tienes que tratar de alivianar la carga, ¿cierto?, desde lo emocional, desde todo punto de vista del director técnico. Por eso eres su ayudante. Entonces, no todas las problemáticas que se presentaban en ese momento iban directamente para Jorge. Habían circunstancias, situaciones que las tratábamos de resolver yo y César Contreras, que era el preparador físico. Entonces tratábamos que Jorge también tuviese una frescura en el tema de la dirección, de cómo tenía que enfocarse para poder llegar de la mejor manera al plantel. Y después la cancha, sí, la cancha la subdividíamos, porque Jorge de repente iba con los delanteros, yo iba con los defensas y armábamos el tema de lo que era la concepción del trabajo en la semana. La clave estuvo en el complemento, en cómo nos unimos los unos con los otros para tratar de hacer grato el ambiente y de hacer bueno el trabajo.
- ¿Hubo opciones de llegar después como entrenador principal a Wanderers? ¿Le hubiese gustado?
Sí, me hubiese encantado, porque dejando de lado Deportes Iquique, que es el equipo de mi ciudad, en Santiago Wanderers logré cosas muy importantes en mi carrera y en Cobresal también, que fue el club donde jugué cinco años y que después me abrió las puertas para dirigir sin haber dirigido nunca antes, como DT, ni en Segunda, ni en Primera B.

- Considerando su gran cariño por Wanderers, ¿costó mucho llegar a Everton en 2004, su clásico rival, años después?
No me costó, pasa que es lo que demanda esta profesión. Respeto muchísimo a Santiago Wanderers, pero Everton me abrió las puertas. Si alguien te abre las puertas para trabajar, tú tienes que ser lo más profesional posible. El amor, el cariño, el respeto por la institución con la que tú te identificas en un momento no tiene nada que ver con que, cuando los momentos estén terminados, puedas estar en la vereda del frente. No, eso para mí no se transa. Y el respeto por una institución que te abre las puertas no se transa. Tú tratas de ser el mejor, de ganar la mayor cantidad de partidos posibles, sea quien sea el rival. Inclusive me tocó varias veces ir en contra de Iquique. Yo a Iquique lo que más quería era ganarle en su momento, porque yo me debía a mi institución. Es lógico. Eso no modifica ni cambia el cariño que uno tiene por ese club. Pero comienza a rodar la pelota y tú lo único que quieres es ganar. Nada más. Eso me enseñaron desde chico: jugando al trompo, jugando a la bolita, siempre me enseñaron a ganar.
- Ya que estuvo en ambas instituciones, ¿pudo hacer un contraste?, ¿qué le dejó Wanderers y Everton?
Cada institución tiene su particularidad. En Santiago Wanderers es hermoso, con esa identificación, el amor propio por sus colores, por su historia en Valparaíso. En Everton lamentablemente no estuvimos mucho con Jorge, fue un año y medio, pero igual con mucho profesionalismo. Luchamos harto en Viña del Mar, estuvimos en una liguilla de playoffs. Así que dentro de todo, el mayor de los recuerdos con cada institución que me tocó ir.
“Si tengo que definir a Cobresal, es la mejor universidad que me tocó estar”
- También me hablaba de Cobresal, ¿por eso le guarda tanto cariño?
Es que Cobresal me abrió las puertas, me dio la posibilidad de ser entrenador en Primera División. Gracias a Dios le pude responder con resultados. Tuvimos buenas campañas, después de 28 años logramos volver a disputar torneos internacionales, nos acercamos también a un título, armamos ese plantel campeón de 2015. Porque si bien ese plantel campeón no fue campeón conmigo, lo armé yo con mi cuerpo técnico. Entonces esa es también una institución de la cual guardo gratos recuerdos. Ellos se jugaron una carta conmigo, pero una decisión fuerte, porque no cualquier equipo de Primera División le pasa su plantel a un inexperto. O sea, si bien yo tenía experiencia, pero como ayudante técnico, nunca la había tenido como cabecilla.
- ¿Entonces siempre estuvieron las ganas desde Cobresal en contar con usted?
Sin duda, ellos me quisieron llevar a mí cuando estábamos en O’Higgins con Jorge a mediados de 2006. A mediados de ese año me llaman y me dicen: “José, ven para acá con nosotros”. Les dije que no. “Si ustedes quieren que yo vaya, espérenme a terminar el 2006”. Y ellos me esperaron. (Juan Manuel) Chamaco Silva, que es su gerente deportivo, y toda la gente que trabaja ahí en el directorio, me llamó varias veces y me decían: “Te vamos a esperar, te vamos a esperar”. Y la verdad es que me esperaron. Me esperaron a que terminara ese 2006 y yo fui con ellos para la siguiente temporada.
- ¿Qué hace a Cobresal un club especial en el fútbol chileno? La mayoría de los futbolistas que llegan a El Salvador terminan reencontrándose con el fútbol...
A ver. Cobresal es una institución tan humilde, tan humilde… yo aprendí a ser de todo en esa institución, te lo digo. Como estar a cargo de las contrataciones, ver los números en un momento determinado, ser psicólogo, ser asistente social, ser consejero sentimental. No, no… esa institución yo creo que es la mejor escuela para poder progresar en el fútbol. Ahí te hacen pasar por todas las veredas que uno puede encontrar como director técnico. La verdad que esa fue una de las mejores escuelas que yo tuve: Cobresal. Equipo que siempre, con poco, hizo mucho. Hasta el día de hoy. A Gustavo Huerta le puedes cambiar todos los años de plantel y trata de ser competitivo. Se las arregla de una manera alucinante para tratar de ser competitivo con poco. Y yo creo que, con poco, esa institución hace mucho, muchísimo, porque ahí nosotros no podemos competir con las grandes instituciones, ni por el bombo ni por los recursos que entran. Pero ahí uno se las arregla. Yo creo que, si tengo que definir a Cobresal, es la mejor universidad que me tocó estar.

- Hablando de aprendizaje, ese paso que tuvo con la Selección Chilena junto a Jorge Garcés dejó grandes cosas, ¿o no?
Esa fue una historia que ni el mejor libretista te la podría contar. Porque nosotros estábamos en Deportes Iquique, después en Wanderers. Y se crea la problemática de la Selección, sacan al técnico que estaba, y ahí nos ponen a nosotros para lo último, me parece que fueron 3 o 4 partidos. Nosotros íbamos a La Roja, dirigíamos ese proceso de la semana, ese microciclo, y después yo tenía que arrancar de Juan Pinto Durán, venía a entrenar con Wanderers, porque seguíamos con Wanderers durante ese tiempo y no había que dejarlo. Yo venía, entrenaba con ellos, agarraba el auto, me iba a Santiago, iba a entrenar en la selección. Fue una completa locura.
- Aparte les tocó dirigir partidos bravos.
Nos tocó vivir partidos contra Brasil y Colombia de visitante y Ecuador en casa (por las Eliminatorias a Corea y Japón 2002). Y así lo fuimos arreglando para vivir esa experiencia. Fue corta, pero fue una experiencia enriquecedora, importante, bonita. Está dentro del currículum que tú puedes aportar. Por otra parte, esa selección también nos dio la posibilidad de ser conocidos en México y poder ir al año siguiente a trabajar allá, que fue una de las grandes experiencias que tuvimos (en Jaguares de Chiapas).
- ¿Quedó esa espinita de seguir o tener otro proceso en La Roja?
Hubiésemos querido un proceso más largo. Por el presente que teníamos como cuerpo técnico, nos hubiese gustado. La idea era ir a esos partidos y después agarrar el proceso de los cuatro años venideros. Por eso fuimos, por eso lo tomamos. Independiente de que haya sido corto, después no se continuó el proceso. Pero como te decía, siempre hemos sido intensos como cuerpo técnico, con Coke, con César también. Siempre vivimos todo al máximo. Logramos dimensionar que estabas dirigiendo a la selección de tu país. No era un equipo cualquiera. Y tratamos de enfrentarlo de la mejor manera posible. Hubiésemos querido otro proceso, pero no fue. Igual, contento con lo que nos tocó vivir.
- Ya que le tocó trabajar en paralelo con ambos clubes, ¿ese Wanderers le podía ganar a La Roja?
—Puede ser (risas). Es que igual varios jugadores de Santiago Wanderers estuvieron en la Selección junto a nosotros. Jorge Ormeño, Arturo Sanhueza, Jaime Riveros, Choro Robles, Carlos Toro. Ellos se lo ganaron con creces. En ese entonces, en el 2001, eran jugadores de muy buen rendimiento. También sacamos jugadores de otros equipos, pero en gran medida la selección estaba fortalecida por lo que estábamos haciendo en Wanderers.
- ¿Y de esa Roja, algún jugador que uno veía y decía: “uff, qué jugadorazo”?
Alcanzamos a tener a Marcelo Salas. Nos hizo falta tener a Iván (Zamorano). Pero como era un proceso que ya estaba abortado, porque era lo último, hubo jugadores que le dieron más importancia a sus clubes que a la selección. Y es válido. No quiero dar nombres, pero algunos privilegiaron su club por sobre la selección. Son decisiones. Pero nos hubiese gustado tener a Iván, así como lo tuvimos a Marcelo, que era un crack.
“Hoy ese tiempo el jugador lo comparte con otras cosas. No es 100% fútbol”
- Sobre su etapa como futbolista, ¿qué contrastes ve ahora como técnico?
Lo que pasa es que hoy tú te tienes que enfrentar al presente. Y el presente es una generación que ha nacido con avances tecnológicos. Ha nacido con el PlayStation, con redes sociales, que te quitan cosas que antes existían. Antes era el grupo. Tú trabajabas mucho sobre el grupo. Había muchos roles protagónicos en el técnico. Influenciabas mucho en la generación del carácter, de la personalidad. Había mayor atención para lo tuyo, para el entrenamiento. Hoy ese tiempo el jugador lo comparte con otras cosas. No es 100% fútbol. Sería mentiroso decir eso.
- ¿Cuánto ha cambiado el comportamiento del futbolista con todo lo tecnológico que existe hoy?
Hoy el jugador tiene mucho en que encantarse: redes sociales, películas. Incluso cuesta más ver partidos, analizarlos, siendo que tenemos más herramientas. Antes no teníamos eso. Recordaba que Gustavo Huerta, siendo compañero mío, escuchaba por radio cómo jugaba el rival y se lo decía al técnico. Imagínate, analizamos el rival por radio (risas). Hoy puedes entregar mucha más información: tácticas, sistemas, perfiles. Ahora depende de que el jugador se encante con eso. Y eso también depende del técnico.

- En ese escenario, ¿qué rol cumple hoy el técnico para captar la atención del jugador?
También es importante que el jugador le crea al técnico. Porque si no cree, no sirve. Hoy el jugador te puede criticar más. Es más observador, más analizador. Ve lo que haces, lo que dices. Hay consecuencias en eso. Uno como técnico tiene que cuidarse mucho, porque el jugador te observa permanentemente. Hoy hay más derecho del jugador para debatir. No es falta de respeto, pero puede decirte que el rival juega distinto a lo que tú dices. Porque ve partidos también. Entonces tienes que ser claro en tu análisis para no quedar en ridículo. Todo pasa por la credibilidad. Si el jugador ve que estás inventando, no te cree.
- ¿Y cómo se construye esa credibilidad en un futbolista que hoy cuestiona más?
Está el tema de que no pierdan el amor propio, el carácter, la personalidad. Porque hoy el jugador es más individual. Y hay que hacerlo parte de lo grupal. Hoy hay avances importantes: GPS, analistas, videos. Pero no lo son todo. No puedes olvidar lo otro: cómo te presentas como técnico. Si no, todos serían Marcelo Bielsa. Tiene que haber un poco de todo. Yo me tengo que afianzar en el presente, pero no olvidar el pasado. El pasado me formó como un técnico con con carácter, personalidad, credibilidad. Y eso no se compra en la farmacia. Eso se genera.








