En cualquier registro, el ex futbolista argentino José Luis Díaz (Buenos Aires, 28 de julio de 1974) aparecerá como mediocampista. ¿Cómo lo hizo, entonces, para marcar tantos goles en su carrera? Ese fue el sello que, justamente, dejó el recordado Pepe Díaz en su fructífero paso por el fútbol chileno, el del volante goleador.
Apareció sorpresivamente en nuestras canchas en 1996 en un histórico Provincial Osorno, que bajo la conducción del legendario Óscar Cacho Malbernat hizo sufrir a los grandes en el Parque Schott de antaño.
Luego pasó con éxito por Audax Italiano, Unión Española, Universidad Católica y se transformó en leyenda de Cobreloa, donde ganó, como protagonista además, los últimos tres títulos que constan en el palmarés naranja.
Lleva poco más de una década retirado del fútbol profesional y hoy, desde su hogar en La Matanza, Provincia de Buenos Aires, responde a En Cancha Prime, para hablar largo y tendido sobre sus recuerdos futboleros.
-¿Cómo y dónde comenzó su historia como futbolista?
Quizás de la misma manera que un buen porcentaje de jugadores que tienen una infancia humilde y en que la situación cuesta. En ese momento había canchitas por todos lados y siendo bien chico me invitaban a jugar con los más grandes, así que aguantaba golpes, los choques, ya desde pequeño saber lo que era el fútbol. Y sobre jugar, fue algo insólito, porque mis papás no tenían idea lo que era un club, en mi caso, uno de baby fútbol, en que se hacía un campeonato de truco (juego de naipes popular en Argentina y en la Patagonia chilena). Mi papá me llevaba para todos lados y como le tocó esperar en ese campeonato, se hizo un partidito en la cancha y ahí jugué. Esto quedaba en Laferrere, Los Estudiantes, el presidente del club me vio y le pidió a mi viejo si es que me podía llevar. Al principio, mis papás no sabían que podían ir a los partidos, pero ya después me acompañaron en toda mi carrera…
-¡Baby fútbol! ésa es una buena disciplina para ir formando el talento…
Se dice que es una parte que uno no se puede saltar. Se empieza a sentir el compañerismo y otros aspectos del fútbol en un espacio mucho más reducido. El baby es lo que me llevó después a Deportivo Laferrere, porque la gente igual veía y ahí le volvieron a pedir permiso a mis padres. Pero, aunque cueste creerlo, al principio a mí me gustaba ser arquero, tenía mi buzo de arquero color amarillo, iba con mis guantes y todo. No era mucho de agarrar la pelota, sino que jugaba con los pies, entonces el técnico me dijo que me quería ver jugando en el medio. Me enojaba, porque me gustaba el arco…
-¿Llegaste a jugar en cancha grande de arquero?
No, no. Solo en el fútbol formativo me tocó una vez que fuimos a jugar a Córdoba. En ese tiempo se hacían campeonatos con equipos grandes, pero, y no sé por qué era así, no les gustaba que participaran los jugadores altos. Me tocó pasar la estatura permitida, por lo que no podía jugar, así que me pusieron al arco. Me hicieron atajar contra Instituto. Pero ya en el baby me di cuenta de que lo mío era salir, jugar. Más rarezas: yo jugaba de 6, que acá en Argentina es el 5, y gracias a que llegaba, hacía goles, jugaba bien, el técnico cuando me llama a Primera a los 16 años, tenía que jugar como un 9 retrasado y de enganche.
“Yo he visto a Maradona”, en el recuerdo de José Luis Díaz
-Pepe, lo ha tenido que responder 50 veces, pero es obligatorio. Su paso por Mandiyú de Corrientes y cuando lo entrenó Diego Maradona. No hay pregunta específica, tema libre, expláyese nomás…
¡Ja! Empecé a jugar en Laferrere con el hermano de Diego, Lalo. Y él me tomó mucho aprecio y hacíamos una muy buena dupla, él jugando por izquierda y yo más suelto. Justamente, Lalo, después de que estuvo en el ’93 o ’94 con nosotros, se va y en 1995 Maradona agarra Mandiyú y Lalo le dice mi nombre a Diego para llevarme. Yo tenía ofertas de Estudiantes de La Plata, de Gimnasia, de Quilmes, de varios clubes de Primera, pero cuando me nombraron a Diego Maradona en Mandiyú, volé para allá. Fueron días espectaculares, porque al ser mi ídolo, no lo iba a dejar pasar. Recuerdo que cada vez que llamaba al camarín, me habla o que estaba, me temblaban las piernas mal. Más encima, “esa cosa tan pequeñita”… Todo lo que hizo con esa estatura, con su forma de ser diferente. Aprendí mucho y escuché todo lo que me habló. Hasta el día de hoy sigo siendo amigo de Lalo.
-Debe ser complicado llevar al ídolo a su rol de entrenador. Quizás pensaba que en alguna oportunidad no estaría de acuerdo con una decisión, pero por otro lado era el ídolo, imposible de cuestionar. ¿Cómo manejaba eso?
Es que desde chico yo sabía lo que quería. Entonces, era de escuchar mucho, de querer aprender, saber lo que me tocaba al ponerme una camiseta. Y el 10 yo lo asociaba mucho con Diego, siendo mi ídolo. Pero lo que miraba y me asombraba era el trato que tenía Diego, que era tan distinto a lo que veía en la TV. Al ser tan chico, que yo tenía 18 años, pensaba que me estaban llegando todas estas cosas maravillosas en el fútbol de manera tan rápida.
-Aunque sea de cajón la respuesta… ¿Maradona o Messi?
Maradona, yo soy maradoniano. Pero no porque no me guste Messi, pero lo que yo vi de Diego siendo chico en diferentes épocas es impresionante. Lo que hizo por Argentina. Hay una nota que le hacen a él, más desde la parte humana, en que declara que si no se hubiese drogado, qué clase de jugador hubiese sido y que habría llegado mucho más arriba. Ahí se nota el jugador esforzado, potente, mucho talento. Lo agarraban a patadas y una vez nomás se enojó, que fue contra los brasileños en el Mundial del ’82, que lo echaron. Messi es un fuera de serie, que tiene cosas impresionantes, pero me quedo con Maradona.
Provincial Osorno, un viaje a lo desconocido
-Le llega una oferta para jugar en Provincial Osorno, un lugar desconocido para la mayoría de los argentinos. Su primera experiencia fuera de tu país, además. ¿Cómo tomó ese momento? ¿Cómo se dio?
Eso fue muy especial, porque desde chico siempre luché por un sueño. Veía a mis padres y notaba algunas necesidades de mi esposa, que estoy desde los 15 años con ella, mi hija nació cuando yo tenía 19 años; éramos muy jóvenes. Ver cómo nos costaba, cosas que no podíamos comprarnos. Todo nació de la base de la necesidad, entonces había que aprovechar el talento que uno tenía. Regreso seis meses al Deportivo Laferrere cuando Mandiyú desciende, porque después que se fue Maradona el club quedó con muchas deudas…
-Incluso, ahí desapareció Mandiyú, ¿no?
Claro, termina el campeonato y desciende y ahí fue que desapareció. Entonces, estando en Laferrere, jugando en Primera B, yo todavía contaba con las mismas oportunidades, es decir Estudiantes, Gimnasia, Quilmes y algún otro del ascenso, pero en Argentina no se llegaba nunca a un buen arreglo económico y los clubes no te dejaban ir. Un día me llega el rumor, cuando estábamos jugando el reducido con Laferrere, de que me venían a ver de Chile. Y me hizo mal, porque jugábamos ida y vuelta con Argentino de Rosario; allá habíamos perdido 2-0 y definíamos en nuestra cancha y ¡jugué un partido malísimo! Me hizo mal la información…
-¿Fue Cacho (Óscar) Malbernat el que lo fue a ver? ¿Cómo supo de usted?
Juan Carlos Carotti era el técnico de Laferrere (luego dirigió a Osorno en 1997 y 2001) y un representante le dijo que estaban buscando un enganche. Lo primero que hizo Cacho Malbernat fue viajar con este representante, estuvo en la cancha, metido en la barra y lo que son las barras acá, más encima la de Laferrere, que es terrible. No le interesó el partido, sino que preguntó cuál era el jugador más destacado de Laferrere y le dijeron que estaba entre yo y Garrafa (José Luis) Sánchez y ahí tomó la decisión de llevarme.
-¿Costó la adaptación?
Al llegar a Provincial Osorno, me puse algo triste porque llovía como loco, extrañaba a mi hija, a mi señora, era la primera vez que salía de Argentina siendo chico… Al otro día, teníamos fútbol en Rupanco. Cacho me pone del lado de los suplentes y hago dos goles, paso por el lado y escucho que le comenta al asistente “vamos a ponerlo para el lado de los titulares a ver qué hace”. Las dos primeras pelotas que toco, también goles, así que ahí me dicen que pase por la sede a firmar el contrato.
-¿Cómo fueron esas primeras impresiones de Osorno?
Cuando voy a firmar contrato, no lo hago, porque no era lo que me había ofrecido en un principio. Pero después tuve una charla con el profe y me convenció de que hiciera bien las cosas, de que si me iba bien tendría ofertas, así que terminé por aceptar. Como fui un jugador delgado, livianito, me gustaba y me motivaba jugar con lluvia, así que fue lo ideal. Además, tener de compañeros a Pedro González (el argentino Pedro González Pirella) o Marcelo Corrales, que hacía muchos goles. Teníamos un muy buen plantel en Osorno y que me recibió de la mejor manera.
-¿Sí? ¿Le abrieron las puertas?
Me acuerdo que llegué sin zapatos, porque me los había olvidado en Laferrere. Todos veían cómo prestarme zapatos, hasta que pudiera comprarme. Y, claro, tenía que tener para poder comprarme en ese momento, porque económicamente no estaba nada bien. El compañerismo fue muy emocionante y, tal es así, que con los jugadores de Osorno hasta el día de hoy tenemos una gran relación.
-Un equipo bastante recordado el de Osorno en 1996. El de mejor campaña histórica, de hecho. Además, el Parque Schott era muy complicado, cuando la cancha estaba toda embarrada…
Me acuerdo que los equipos que venían. La U, con Leo Rodríguez o Cuqui (Walter) Silvani; la Católica, con (David) Bisconti; Colo Colo, también, se quejaban por la cancha con barro. Nosotros lo disfrutábamos, porque estábamos acostumbrados, pero ellos tenían que viajar y enterrarse allí, bueno hasta que después se hizo sintético… Hacíamos valer el estadio y eso gustaba a todos. Ese año con Cacho fue muy interesante…
-¿Y Cacho Malbernat era tan apegado a esta escuela de Estudiantes de la Plata?
Así como lo veían era para adentro. Todos sus compañeros, en ese caso, tienen la misma escuela y lo manejan de la misma manera; me ha tocado conocer a varios de ellos. Era una persona muy inteligente y a la vez muy graciosa. Quizás te estaba retando, pero te estaba haciendo reír, pero el jugador entendía que si lo que te estaba diciendo no lo hacía bien, ibas a terminar en la banca. Después, en los entrenamientos, era muy simpático, así que nos daba esa confianza necesaria para hacer las cosas tranquilas… ¡Ja! A medida que vayamos hablando saldrá una anécdota que tuve con él…
-¡No! Tírela al tiro nomás…
A ver… Mi situación en Unión Española (año 2000) era la mejor, porque siempre fui escalón por escalón hacia arriba. En ese entonces, yo tenía un representante, Eduardo Petrini, que también era el de Cacho, que después se terminaron peleando. En Unión, tuve las mejores posibilidades: Colo Colo, la U, Cobreloa, Católica y este Petrini era mi representante, pero también estábamos peleados, no nos hablábamos, lo que demuestra que no era una muy buena persona. Los primeros en hablar conmigo fue la gente de Católica, Harold Mayne-Nicholls en esos momentos, y me gustó la idea. Después me llamaron Colo Colo y la U, pero a Católica le había dado mi palabra. Vengo a Buenos Aires, habla Hernán Caputto conmigo, que tenía que conversar con Petrini, que él definía. Lo único que le dije al representante era que yo había ya hablado con Católica y les di la palabra. Él me responde, preocupado, que tenía la propuesta de Cobreloa, donde ya era técnico Malbernat y presidente Heriberto Pinto. Claro, él ya había firmado un precontrato y seguro que había asegurado su parte económica, lo que él quería…
-¿No había hablado con Cobreloa?
Bueno, me llama Cacho y le digo que le había dado mi palabra a la gente de Católica. Me dice que a su lado estaba el presidente y que quería hablar conmigo. Heriberto me dice que eligiera el monto y que él me lo pagaba, pero también le expliqué el asunto de la UC. “Perdón, pero soy de palabra”… No me pudo convencer Heriberto y termina diciéndome que era un jugador que no necesitaban y que no me iban a buscar más; lo entiendo igual a Heriberto. Arreglo en Católica y, como tengo tantos amigos, me dicen desde Calama: “Pepe, Cacho está acá muy enojado contigo”… Porque no fui a Cobreloa habrá sido, les contesté… “Sí, él dice: ¿José Luis Díaz? No lo quiero ni ver, no lo quiero más, ni lo conozco”… Fuimos a jugar con Católica a Buenos Aires con Boca y después nos tocaba viajar a Calama por el Campeonato Nacional. Como eran dos partidos seguidos, Juvenal (Olmos, DT de la UC) hizo algunos cambios y a mí me tocó ir a la banca. Yo pensaba todo el rato: “¡Qué me irá a decir Cacho!
-¿Y le dijo algo?
Salimos y el primer banco era el de Cobreloa, así que teníamos que pasar por ahí sí o sí, todos mis compañeros viendo qué iba a pasar. Sale Cachito rápido y me dice “Pepe, ven”… “Hola Cacho, cómo estás”… No le dije nada, pero absolutamente nada y él solo me dice “Mirá Pepe, que yo no dije nada, absolutamente nada de nada, no creas nada. Acá hay algunos boludos hablando tonteras”. Le dije que tranquilo, que no pasaba nada, pero conociéndolo, estoy seguro que había dicho todo lo que me contaron, pero no lo quería aceptar. En fin, creo que igual estuve mal, porque el que me llevó a Chile fue él, luego me llevó a Audax Italiano, me quería en Cobreloa, es una lástima, pero era algo de compromiso…
El recorrido futbolístico de Pepe Díaz
-Llama la atención lo que pasó después de Osorno, en que firmaba contratos por un año solamente: Audax, Unión, Católica… ¿Fue una estrategia?
Es que eso es lo que hacía mi representante…
-¿Por eso estaba peleado con él?
Y después me enteré de muchas cosas más. Quizás he perdido mucho desde la parte económica, porque me llamaron de Francia, de México, de España y no se terminaba dando nada. Hablaba con los clubes y me decían que me querían, pero cuando hablaban con él no pasaba nada. En Audax, un club muy ordenado, respetuoso, yo estaba muy cómodo y hablan conmigo a dos meses de terminar el campeonato y ellos sabían que el problema sería Eduardo Petrini. No termino renovando con Audax porque no lo permitió Petrini, que había acordado ya con Unión Española, que había ascendido y había arreglado su contrato con el presidente de Unión. Él manejaba lo económico y de eso me enteré al final…
-También dura un año en Católica. ¿Le hubiera gustado consolidarte un poco más en el club?
Me gustó y fui el goleador del equipo. Me pidió (Wim) Rijsbergen, el holandés, y el que habló conmigo fue Mayne-Nicholls, que lo hicieron de una forma muy profesional. Ellos viajaron a Buenos Aires y arreglamos. Me hubiese gustado quedarme más, pero ahí es donde entró el destino. Tuve la posibilidad de ir a Cobreloa antes y quizás no fue el momento, tenía que haber pasado por Católica antes y después llegar a Cobreloa, como al final se dio. En todos los clubes de Chile he dejado la puerta abierta, por haber sido respetuoso. Me asombran a veces los mensajes de cariño que recibo…
-Ahora, claro, en esos tiempos, pasar a Cobreloa no era fichar en un equipo chico…
Mira. Ir a Católica y estar con Pipo Gorosito, más encima que yo usé la camiseta 9, con el peso grandísimo del Beto Acosta… Luego, cuando Nelson Acosta me pregunta si quiero ir a Calama, le digo que sí y él me advierte que la gente allá estaba muy enojada conmigo, por lo que había sucedido. “No vaya a ser que te asustes o que después vengas y no te guste la ciudad”, me dijo. Yo le expliqué que no iba por eso, sino que a jugar. “Quédese tranquilo, que voy a andar bien”, le respondí. Antes de irme, yo sabía que se trataba de un club con mucha historia, que jugó finales de Libertadores, y que si hubieran sido en Calama las hubiera ganado, con jugadores sobresalientes. Me gustaba mucho como jugaba el Liebre (Jaime) Riveros, un jugador espectacular. La camiseta 10 la usaron el Ligua (Héctor) Puebla, también otro de mis ídolos y amigo como Marcelo Trobbiani… Yo no me asusto con nada, pero en su momento dije: “Pucha, esta está pesada, ¿no habrá otro número por ahí?”…
-¿Y pesaba la 10 de Cobreloa?
Bastante. Pesa mucho y me di cuenta. Eso fue lo que me llevó a sobresalir un poco más a lo que daba en cada partido. Me convertí desde un jugador más de talento, de habilitar, a uno más de correr, de marcar, jugar, hacer goles. Me hice un jugador mucho más completo ahí…
-No deja de sorprender su caso, así como el de otros mediocampistas de la época como el mismo Jaime Riveros que mencionaba: volantes que hacían más de 10 goles por temporada. ¿Cómo llevaría a ese tipo de jugador que representaba al fútbol actual?
Es que ya no existe más. Aparte, con los esquemas que usan hoy en día los técnicos, ese jugador ya no está. Leo Rodríguez, Bisconti, Darío Conca en su momento en Católica, el Mago Valdivia, jugadorazo. Había mucho talento en ese tipo de fútbol que se jugaba. Sería ideal hacer un complemento entre lo antiguo y lo de hoy, porque ese tipo de jugador me hace falta siempre; es el fútbol que me gusta. Juego para adelante ofensivamente de una manera, pero voy a defender de otra, porque debo hacerlo. Es lo que nos pedía Nelson Acosta a Jonathan Cisternas, a Fernando Martel y a mí, que siendo jugadores de creación o enganche que también nos acostumbremos a robar el balón. Esas cosas son importantes: que el futbolista no se acostumbre a hacer solo cosas para adelante…
-Si uno mira el fútbol al que llegó, era realmente estelar. Fíjese en algunos de los jugadores que ha mencionado, Leo Rodríguez, Pipo Gorosito, Jaime Riveros…
La verdad que sí. Me tocaba competir con cada equipo. Siempre viví el fútbol de una manera emocional, sabiendo lo que yo tenía que hacer, pero disfrutando también al rival. Yo no he sido de cambiar muchas camisetas en mi vida, ya que lo que vivía era ese momento del fútbol y querer ganarles a esas figuras que ya consolidadas. Y a veces, digo, “podría haber tenido la camiseta de este o de este otro”… (Iván) Zamorano, por ejemplo, que llegó a ser un ídolo para mí. Yo me hice del Real Madrid por él, cuando le dice Jorge Valdano que no lo iba a tener en cuenta y termina siendo el goleador del campeonato. Cuando jugamos en 2003, que ganamos el Apertura allá, en el primer partido, en Santiago, no dije nada; en la vuelta, en Calama, yo lo miraba, sacaban ellos desde el medio… Pensé “este qué me va a saludar”. Se da vuelta y me dice “Hey, Joselo, qué tal, cómo andas”; Y yo, “¡Ah, bueno, ya está!”… Pero, yo disfrutaba el fútbol; una vez Juvenal Olmos me dijo: “Pepe, ¿usted sabe el nombre que tiene acá en Chile? Pero la verdad que nunca le presté atención a esas cosas, no llevo estadísticas, como cuando hice el gol 100, por ejemplo. Después a veces me doy cuenta de lo importante que es estar en la historia, como el extranjero con más goles en Cobreloa, uno de los extranjeros que más han jugado…
Las ofertas de los grandes...
-Hace un rato comentaba que tuvo ofertas de los grandes. ¿Qué tan cerca estuvo de Universidad de Chile? ¿Qué tanto de Colo Colo?
A ver, de Colo Colo, varias veces. Lo que hago es siempre conversar y escuchar. En mi casa hablaba con mi esposa que Colo Colo y la U son muy populares y hay muchas cosas buenas que te pueden llegar a pasar, pero le decía que tomar la decisión de ir era perder la idolatría que yo tenía en Cobreloa y no quería regalar eso. De escuchar, fui y hablé varias veces. Hay una situación especial con Colo Colo…
-¿A ver?
Estaba el Bichi (Claudio) Borghi en Colo Colo, fue en 2006. Empatamos 3 a 3 en Calama y cuando termina el partido, el Bichi va rápido a hablar conmigo a la mitad de la cancha. Se vinieron todos los periodistas al medio, así que él me dice que después hablábamos en el vestuario, porque no se iba a poder ahí. Estaba, entonces, con mis compañeros y viene el ayudante del Bichi, si quería irme a Colo Colo. Le dije que estaba muy bien en Cobreloa. “Colo Colo es diferente”, me decían… La cosa es que me vengo de vacaciones a Buenos Aires, suena el teléfono, número desconocido y me responden: “¿Qué hacés, pelotudo?”… Yo, “¿Quién habla?”… “¡Qué boludo que sos!”, como cinco minutos tratándome así. Le dije que si no me decía quién era, iba a cortar y él se mataba de la risa. Al final, era el Bichi, que me dice: “Bueno, ¿vas a venir o no vas a venir?”. Le expliqué a Claudio lo que era Cobreloa para mí y todo eso. Él me respondió que, de todos modos, me haría hablar con un dirigente. Me llamó este dirigente y me dijo que tenía que hablar con el presidente de Cobreloa, Augusto González, para que me dejara salir, pero ahí quedó todo para mí…
-¿Fin de la historia?
Después me cuenta Kalule (Rodrigo Meléndez) que el Bichi estaba un poco enojado, porque los dirigentes no habían peleado lo suficiente para llevarme a Colo Colo. Las ganas mías no estaban para ir, porque si no les hubiera dicho que sí rápido y hubiéramos arreglado rápido…
-¿Y a la U?
También, cerca siempre. Me llamó Leo Rodríguez para decirme lo que era la U y que me fuera. Me asombró una vez, esto sí fue en 2007, cuando fuimos a jugar el último partido del torneo, contra Unión en Santa Laura. Salimos a ver el terreno, antes de empezar el partido, y los periodistas me dicen que yo ya era jugador de la U… “¿Cómo que jugador de la U? Yo soy de Cobreloa”, les digo. Que Augusto González ya había arreglado el traspaso a la U por 100.000 dólares.
-¿Y no tenía idea?
Nada, ni idea, si yo estaba a punto de jugar el partido contra Unión. A mí no me habían informado nada, pero la verdad es que sí había sido así. La cosa es que jugamos ese partido, ganamos 1-0 con gol mío de penal y me expulsan faltando cinco minutos más o menos. Lo que es destino… Un juvenil que estaba jugando por la Unión, que me hace una falta, el Pato Polic no la cobra y me sigue agarrando, así como una tijera. “¡Suéltame!”, le digo, y no me decía nada… “¡Ya, huevón, suéltame!” y nada… Cuando caímos, me dice “¡Ándate, viejo cul…!” y ahí me hizo enojar y lo que hice fue escupirlo… Me dieron seis fechas de castigo y ahí la U decide no contar conmigo, porque al otro año jugaban Copa Libertadores y no podían esperar seis fechas…
-Se cayó entonces el traspaso…
Luego, en la sede del club en Calama, Augusto González estaba enojadísimo. Estaban divididos, unos porque Augusto me dejaba ir a la U, él había hecho el trato, y otros que decían que cómo me iban a dejar ir. Recuerdo que entré a hablar con él y estaba bien molesto; tanto es así, que terminé yéndome a Nueva Chicago, acá en Argentina…
-Y no volvió a Chile hasta 2012…
Y fue de casualidad, hablando con Nelson Acosta, que en esos tiempos se usaba mucho el messenger. Le dije que tenía ganas de volver a Cobreloa, 39 años tenía y me dice: “Es buena idea y justo hoy es la Noche Naranja, que nos vamos a juntar a cenar con el presidente”. Me fui con mi señora a comer a la casa de mis padres y volví como a la 1:30 de la madrugada, que era tiempo de lindo clima, calor. Abro el correo y me había hablado el presidente Javier Maureira, que querían contar conmigo. Esa fue una alegría inmensa. Sentí que me iba a retirar en el club. Hice un muy buen campeonato y lástima que se fue Javier Torrente y llegó el Fantasma (Marco Antonio) Figueroa y pidió que los cupos de extranjeros estuvieran libres para él poder elegir.
-¿Le dolió eso?
Lo entendí. Un técnico tiene que hacer su trabajo y armar el plantel a su medida, a ver cómo sale.
-¿Alguna vez pensó seriamente en nacionalizarse chileno?
Es algo medio tonto lo que me pasó. Fueron tres veces que me pidieron la nacionalidad. En Cobreloa, al final que fue cuando Nelson va a la Selección y que le faltaban jugadores ahí. En Unión Española también me la pidieron, de la misma manera para ir a la Selección. En la Católica ya fue por el cupo de extranjero y que me quedara nacionalizado. ¿Cómo iba a entender la gente que yo me pusiera La Roja, jugar un partido con Argentina, dar lo mejor, y que no me llegara a salir? No era miedo, sino un respeto hacia la gente. Nunca dudé en que me hubiera ido bien, porque lo habría hecho con el corazón. ¿Por qué no me nacionalicé? Esa fue la mala decisión que tomé. Hubiese dado alegrías, debería haber sido mucho más certero y haberlo hecho, porque al final pareció que me dio miedo ponerme esa camiseta y no fue así. Era ir a dar una mano y hacer las cosas bien para un país que me había dado trabajo y me había hecho disfrutar, porque soy un amante del fútbol chileno…
-¿Quién en su familia es chileno?
Mi nieto, que tiene 13 años. Él nació en 2012 en Calama. Yo a mis hijas, por ejemplo, me preguntaban cosas y yo no les decía ‘tienen que ser hinchas de Cobreloa’, porque siempre me dicen que yo las hice hinchas de Cobreloa. Ellas vieron todo, el cariño, y las tres ven los partidos, siempre que viajo quieren ropa de Cobreloa. Acá van a jugar, porque mis tres hijas juegan fútbol también, y al equipo le ponen ropas naranja. Entonces, viven lo mismo que yo. A veces, yo estoy dirigiendo y ellas ponen el partido y me cuentan cómo va. Con mi nieto, lo mismo. Siendo chiquito, que tiene 13 años, cuando jugaban Chile con Argentina le preguntaban qué iba a hacer y él respondía que iba a hinchas por los dos, que fuera un empate...