
Cualquier aficionado al fútbol chileno tendrá que reconocer la valía goleadora de Renato Andrés Ramos Madariaga (12 de febrero de 1979). Se trataba de esos peperos clásicos, de la escuela de Aníbal González, Marcelo Corrales, Carlos Gustavo de Luca y, por qué no, Esteban Paredes. Estaba siempre ahí, al acecho, y fuera con la canilla, la oreja o la nuca, siempre la echaba adentro.
Hoy, el Tiburón Ramos está retirado del fútbol activo, pero sigue ligado a la actividad como entrenador de Lota Schwager, equipo que buscará el ascenso a la Segunda División.
En su carrera, Ramos defendió las camisetas de 10 clubes en Chile y dos en el extranjero y, entre otras cosas, será recordado por goles históricos, como el que le marcó a José María Buljubasich para romper un récord histórico o el que le hizo en el Estadio Nacional a Rogério Ceni, para que Audax Italiano venciera a un poderosísimo Sao Paulo.
A solas con En Cancha Prime, Renato El Tiburón Ramos comienza su desglose de carrera contando dónde comenzó todo: “Nací en Antofagasta y comencé en esto del fútbol con mi tata. Él trabajaba en la Escuela de Fútbol de Mantos Blancos, trabajaba en la minera y ahí empecé a andar en esta historia. A los seis años me fui a vivir a Quillota, ya que mi tata jubiló y buscó un mejor ambiente, un mejor clima. Estuve 4 años, fui a la escuela de San Luis. Él me acompañó en todas. Posteriormente, nos fuimos a vivir a Villa Alemana y en ese transcurso de cambiar de ciudades, me fui a probar a Everton y quedé…
- Ahí comenzó el proceso más en serio, por así decirlo…
Claro, fue cuando arranqué a hacer las divisiones inferiores de Everton, aunque no tuve la posibilidad de llegar al primer equipo inmediatamente. Además, jugaba en un club de Villa Alemana, Iván Mayo…
- ¡Ah! Iván Mayo, equipo que incluso estuvo en la Segunda División en Chile…
Es un equipo conocido para los que saben de fútbol. Ahí jugué, pero en el barrio. Entonces, era divisiones inferiores en Everton y el club Iván Mayo. Después me llamaron a la selección de Villa Alemana, la sub 19, y fui a jugar un campeonato nacional a La Ligua. Me desconecto de Everton y sigo por el camino amateur. Jugué dos años en La Ligua, en Tercera División, y de ahí llegué a Santiago a Barnechea.

El salto al fútbol profesional
- ¿Ahí te vieron de Unión Española?
Exacto. Ahí comenzó mi camino en el fútbol profesional, pero antes era como todo niño: ilusión, ganas, querer. De un lado a otro, tratando de abrir el camino y buscando lo que quería ser. Mi tata me acompañó en todo eso, incluso me hizo estudiar. Como él era salesiano, estudié en el Colegio Salesiano de Valparaíso.
- ¿Siempre fuiste delantero?
Fui central, hasta como los 14 años, que me fui a probar a Everton. Pero no podía porque era chico (1.77) y me llegó tarde el desarrollo, entonces si iba de central seguro que por el puro porte no me iban a dejar…
- Perdón, pero ¿qué tenías de defensor central, Renato?
Siempre fui un tipo que se posicionaba bien en la cancha, tenía buen juego aéreo. Además, lideraba las defensas cuando jugaba. Pero, como no tenía el porte, tuve que ir en una posición más adelantada y en Everton me hicieron delantero.
- Y un delantero que se consolidó en el fútbol chileno, además. ¿Sientes que ese clásico delantero chileno, como tú, como el Chelo Corrales, el Tunga González, se ha perdido un poco? ¿Qué ya no hay de esos tipos que te aseguren unos 12 o 15 goles por temporada?
¿Sabes qué pasa? Eso va condicionado un poco por los referentes que había en ese momento. Jugadores que marcaban la diferencia en el extranjero y que uno se trataba de reflejar en ellos, tratar de buscar eso. Desapareció el delantero clásico o dejaron de salir delanteros clásicos, porque los dejamos de formar. Aparecieron Alexis Sánchez, Arturo Vidal, otro tipo de jugador referente en Europa y fueron cambiando las prioridades de los niños. Yo veía a Iván Zamorano, a grandes jugadores, y decía “me gustaría llegar a ser como ellos”. El hecho de ir teniendo a nuestros referentes de distintas características fue provocando que los niños quisieran ser Alexis o Arturo… En mi caso, yo miraba a los delanteros y en ese tiempo habíamos muchos. Yo, Chupete Suazo, Chelo Corrales, Esteban Paredes, Leo Monje…
- Había de dónde sacar…
Me acuerdo que en 2006 estuve peleando la tabla de goleadores con Chupete y con Monje. Buenísimos delanteros y que hoy extrañamos, porque ahora los goleadores de los grandes son extranjeros, no está ese goleador nacional.
- ¿Pasará también por la formación? ¿La sistematización extrema?
Es a nivel mundial. Se ha perdido un poco también porque el mejor equipo de la historia reciente, el Barcelona, jugaba sin delantero. Se fueron Eto’o, Ibrahimovic, para que apareciera Messi, como un centrodelantero mentiroso y dio resultado. Entonces, todo se fue llevando a buscar un fútbol parecido a eso. Hoy se extraña un centrodelantero clásico, pero también los entrenadores les empezamos a pedir más a los delanteros: que presionen, que aguanten, que descarguen y el clásico pepero era el que estaba en el área, le pegaba en la oreja y era gol. Se ha perdido eso…
- La picardía del juego. Saber dónde estar, cómo pararse…
El conocer al compañero. Hice muy buena dupla con el Papelucho (Mauricio) Donoso en Everton y después en Deportes Antofagasta. Ya lo conocía y sabía que, cuando agarraba la pelota, había que picar, porque el tipo te la lanzaba. Yo tenía que estar en el área y que su pase me pegara en la cabeza, en el fondo. Es buscar el posicionamiento, conocerse, entender que hay que tener interacción con el compañero…

Everton y un hito que quedó para siempre en los libros del fútbol chileno
- Tu explosión como goleador fue en Everton en 2005. ¿Especial, además, por llegar finalmente al primer equipo de tu club formador?
Fue bastante especial, después de haber ido a dar una vuelta bien larga. Estuve en Unión Española, donde me fui a probar con Juvenal (Olmos) y quedé. Después fui a la U. de Conce en 2003, en una campaña histórica, pero en la que solo jugué dos partidos. Me fue costando la consolidación. Llego a Everton, después de haber estado el primer semestre en Antofagasta, donde hice siete goles. Voy a prueba, cuando estaban Peineta (Jorge) Garcés como técnico y José Cantillana como ayudante. Al Tigre (Cantillana) lo conocía un poco, de cuando él había estado a cargo del equipo del SIFUP. Me salió esa prueba, en un buen equipo, con Carucha (Joel) Estay, Julio César Laffatigue, Elton Troncoso. Tuve la suerte, porque la fui buscando, de encontrarme con un técnico como el Peineta, que me dio la posibilidad. Y yo le respondí, así que me fue respaldando. Llegué a ser el goleador del equipo, junto a Carucha. Con Joel habíamos sido compañeros en La Ligua, así que ya teníamos cierto conocimiento, tuvimos un buen rendimiento juntos… De ahí, me fui para arriba por un tubo.
- ¿Cómo era Peineta?
Un técnico muy simple. Le gustaba que fuéramos siempre para adelante. El cuerpo técnico en general era muy bueno, con el Tigre Cantillana y el PF, César Contreras. Peineta conmigo fue un tipo súper derecho, que me dio mucha confianza para jugar y que afortunadamente se lo pude retribuir en cancha.
- Y en esa campaña es que llegamos al primer gol histórico que marcaste, la especialidad de la casa. Cuenta cómo fue ese día, en que rompiste el invicto de José María Buljubasich (1.352 minutos sin recibir goles)…
Fue una semana donde hubo mucha prensa en el Complejo Deportivo en Reñaca. Todos nos preguntaban si estábamos preparados, si íbamos a ser nosotros los que íbamos a romper el récord. Fue bastante entretenido, porque jugábamos con Católica en Sausalito, había mucha expectación por el récord del Tati y nosotros más que nada echábamos la talla, sobre qué íbamos a hacer con los premios que ganaríamos. ¿Viste que se comentaban cosas como que uno por ahí iba a regalar un auto, otro que iba a dar plata? Pero al final, todo eso fue para la prensa y nunca pasó; nosotros nada más echábamos la talla, si es que íbamos a vender el auto y repartir la plata. Tallas entretenidas. No nos presionamos ni estábamos ansiosos. Fuimos tomando el partido con bastante responsabilidad y más que romper un récord, se trataba de ganar un partido que nos permitiera meternos a la zona de playoffs.
- Buen punto, porque a veces estas cosas externas te empiezan a sacar un poco del partido en sí…
De hecho, ese partido lo terminamos perdiendo 2-1. Empezamos ganando con ese gol de penal y después lo dieron vuelta. Nuestra intención era ganar. Afortunadamente, teníamos un partido con la U dos días después, así que pudimos desconectarnos rápido de ese con Católica.
- Entonces, llega el momento de patear el penal… ¿Te temblaron un poco las piernas ahí, en el momento de la verdad?
¿Sabes que no? Sentía alegría de estar en un momento tan especial. A veces, uno no le toma el peso a lo que va haciendo en su carrera. Estaba disfrutando tanto el momento, llevaba una buena temporada, me estaba consolidando. Me reía nomás de todas las chuchadas que me tiraban los de Católica, los compañeros del Tati allá atrás…
- ¡Ja! ¿Quién era el que más te puteaba?
Recuerdo que ahí atrás estaban Eros Pérez, el Polo Quinteros. Estaban todos tratando de presionarme, que estaba todo el mundo mirando, que se me iba a ir… Además, muchos penales yo los había tirado abiertos, entonces veía a (Jorge) Pellicer desde la banca gritando que iba a ir abierto, a los de atrás diciéndome que no la fuera a cambiar, de todo un poco pasó. Afortunadamente, pude marcar, la crucé y salió bonito. Me acerqué al Tati a felicitarlo, porque lo que estaba haciendo es algo que no se da todos los días…

Tiburón Ramos parte al fútbol extranjero
-Al repasar tu carrera, llama la atención que durabas poco en los clubes. No por mal rendimiento, sino porque te ibas a otro equipo al finalizar las temporadas. ¿Fue una decisión consciente manejar tu carrera de ese modo o se fue dando así?
Por lo general, firmaba contratos por un año y, gracias a la carrera que fui teniendo, tuve cada vez mejores ofrecimientos. Cuando me fui a México, tuve la oportunidad también de ir a Universidad Católica. Tomaba la decisión a final de temporada de ir a otro lado. Hubo representantes, no uno estable que me acompañó durante toda la carrera, pero sí algunos que me traían ofertas y desde ahí lo conversaba con mi gente cercana para ver cuál sería mi próximo equipo.
- ¿Ese ofrecimiento de la UC fue la vez que estuviste más cerca de un equipo grande?
Tuve esa oportunidad en Universidad Católica y otra en Universidad de Chile. En el primer caso, fue decisión mía irme al extranjero, ya que era bastante mejor el ofrecimiento. Después, estando en Ñublense me llegó la oferta de la U, pero por cosas del destino no se concretó. Llevaron a Gabriel Vargas y yo terminé en la U. de Conce. Sí era algo muy concreto, estaba todo arreglado, pero algo pasó en el camino, que aparece Gabriel y no yo. Esas fueron las dos oportunidades en que más cerca estuve de jugar en un grande.
- ¿Te quedó la espinita?
La verdad es que no. Soy muy agradecido de lo que me dio el fútbol. De hecho, me retiré seis meses antes del tema del fondo de retiro (beneficio económico del SIFUP a jugadores retirados, que da un monto que va entre los 8 y los 20 millones de pesos). Nunca estuve pensando que mi objetivo fuera solo económico. Siempre fui poniendo otras cosas en la balanza; lo económico y lo deportivo. Que mi carrera fuera en crecimiento. No me quedó esa espinita. Jugué en el Bolívar, jugué Copa Sudamericana con ese equipo y, dentro de todo, fueron seis meses positivos. Siempre me preguntan, por ejemplo, si es que me hubiera gustado ir a la Selección y, claro, como a todo jugador, pero tampoco depende 100 por ciento de uno, sino de si le gustas o no al entrenador de turno. Así que nada, súper agradecido con todo lo que viví como futbolista.
- Pasemos al fútbol mexicano. Te fuiste a Tecos en 2007. ¿Por qué si hiciste tantos goles (11 en 26 partidos) no te quedaste más tiempo por allá?
Fui como sexto extranjero. Se suponía que había cinco extranjeros en el equipo y Emanuel Villa (ex futbolista argentino) tenía un problema de traspaso del Atlas a Tecos; había un enredo entre representantes, clubes y ese tipo de cosas. Ahí me llevan. De hecho, viajé a Estados Unidos para el Interligas, estuve con el equipo. Luego, la FIFA autorizó a Emanuel a jugar en Tecos, así que si bien yo iba al primer equipo, terminé jugando en la filial. Ellos respetaron todas las condiciones, se dieron cuenta de que no era un tema mío, pero terminé en la filial.
- ¿Cómo se vive el fútbol en México? Porque en Chile solemos mirar desde bien lejos el fútbol azteca…
Es maravilloso, una fiesta, en realidad. Hay de todo tipo de cosas que pasan en la cancha, de marketing, de espectáculos. Una cuestión que se vive de otra manera. Tampoco es que el fútbol esté tirado y cualquiera que vaya para allá va a ir a ganar. El fútbol mexicano no es malo, es rápido y hay un espectáculo hermoso detrás de cada partido. En Guadalajara, el partido Chivas-Atlas es una cosa diferente. Fiesta bonita…
- Un tema extrafutbolístico, pero justo el año en que fuiste a Zapopan, se fundó el Cártel de Jalisco Nueva Generación, que ahora ha estado tan en la actualidad. ¿Viviste algún inconveniente de seguridad en México?
En las noticias hablaban de hartas cosas que pasaban por allá, pero gracias a Dios nunca tuve ningún problema y tampoco estuve cerca de tenerlo. Donde vivía, que era un condominio de los dueños de Tecos, quedaba a una cuadra del estadio, entonces tampoco tuve tanto inconveniente. En las tardes estuve estudiando inglés en la Universidad de Guadalajara, para aprovechar el tiempo y mi vida fue siempre más enfocada en el fútbol y lejos de otras distracciones. ¿Pasaban cosas? Sí, pasaban, pero había que tratar de abstraerse un poco y enfocarse en lo que uno quería nada más.
- Insisto… ¿Por qué no te quedaste más?
Básicamente, por lo que pasó. Iba por un año a préstamo, con opción de compra y como finalmente no pude jugar en el primer equipo, los directivos mexicanos no hicieron uso de la opción… Además, apareció Audax Italiano en el camino y me ofrece ir a jugar Copa Libertadores, entonces había otra razón.

Rogério Ceni, una víctima más de Renato Ramos
- Bueno, jugar la Libertadores y ¡qué Copa se mandaron más encima!
¡Fue buenísima! Audax me venía buscando hacía tiempo. Hacía dos años que me venían haciendo ofrecimientos. Cuando volví de México concretamos y fue bastante bueno, porque imagínate, ganarle a Sao Paulo, que no todo el mundo lo hace. Hacerlo en el Nacional, espectacular. Hasta el último partido con posibilidades de avanzar de fase.
- Y llegamos a tu segundo gol histórico. A Sao Paulo, en el Nacional, a Rogério Ceni…
Ahí en el clóset tengo la camiseta de Rogério Ceni…
- Es broma…
No, si es en serio. Ahí la tengo… Fue bonito, por todo lo que viví. Lo mismo que con el gol al Tati, los recuerdos uno los vive hoy en día. Rememorar ese pase de (Nicolás) Corvetto -bueno, Crovetto ahora- donde aparezco en el segundo palo y le pego con la uña. ¡Feo el gol!…
- Es lo que hablábamos. Gol netamente de pepero…
Gol de goleador. Menos mal que no me había cortado las uñas ese día. Aparecer ahí y todo bellísimo. Terminó el partido, me acerqué a Rogério Ceni y el tipo humildemente me cambió la camiseta. ¡Qué linda Copa! Empezamos en la fase previa al grupo, dejando en el camino a Boyacá Chicó de Colombia. Jugamos en El Campín de Bogotá y después acá en Santiago. Pasamos a un grupo difícil, con Sao Paulo, Junior de Colombia y Sportivo Luqueño de Paraguay. Y hasta la última peleamos por entrar a la próxima ronda. Quedamos fuera por perder en Paraguay nomás…
- Y ese Sao Paulo era tricampeón del Brasileirao…
Venía con Adriano, con Rogério Ceni en el arco, Miranda de central. Un Sao Paulo buenísimo. Me acuerdo que el Pato Yáñez me entrevista y me dice que ese no era uno de los mejores Sao Paulo de la historia y yo le respondí “Pero cómo no Pato, si mira todos estos jugadores que vienen”. Bueno, ahí tuvimos distintas apreciaciones, pero era tremendo…
- Tremendo Sao Paulo y tremendo Audax también…
Estaba aceitadito ese equipo. Jorge Carrasco, Sebastián Roco, Braulio Leal de contención, (Patricio) Gutiérrez de lateral izquierdo, Boris Rieloff de lateral izquierdo. Miguel Ángel Romero, el Piña (Carlos) Villanueva, yo con Fabián Orellana adelante, Renzo Yáñez también. Un equipo súper competitivo, en el que todos podíamos ser titulares o banca.

- ¿Era importante la visión de Raúl Toro como entrenador?
Claramente. El tipo leía muy bien los partidos y le apuntaba a los cambios, a las situaciones de juego. Por algo estuvo tantos años peleando por cosas importantes. Sus equipos jugaban bien. Él también andaba con algunos jugadores de equipo en equipo, los que le funcionaban. De hecho, me enfrenté a Raúl Toro cuando estaba en Coquimbo, con Everton, que nos dejaron fuera de los playoffs, en 2005, cuando salió campeón la Unión. Los equipos de Raúl Toro jugaban bien al fútbol, San Felipe, por ejemplo, Audax Italiano, para qué decir.








