
Renato Ramos, el goleador implacable del fútbol chileno, cumplirá este años una década desde que se retiró del fútbol activo. Sin embargo, sigue muy ligado a la actividad, ya que hoy es el técnico de Lota Schwager, que este sábado disputó ante Municipal Cabrero la final por el ascenso a Segunda División.
En esta parte de la Entrevista con En Cancha Prime, el recordado delantero recuerda, entre otros temas, la paternidad que en su momento estableció la Universidad de Concepción sobre Colo Colo, con un inolvidable 5-1 que les marcaron a los albos en el Monumental.
Ramos retoma, eso sí, con su segunda experiencia en el fútbol de afuera. Cuando en en el primer semestre de 2008 defendió la camiseta del Bolívar de La Paz, el único club denominado “grande” en el que jugó...
Bolívar, un grande y otro gol histórico
-¿Cómo fue jugar en Bolivia?
Fue una linda experiencia. Un lugar al que uno no está acostumbrado, de verdad hay que adaptarse a la altura y hasta el último día es difícil. Cuesta la recuperación; lo que en el llano te toma 10 segundos para recuperar, en la altura pasan 30 segundos y sigues ahogado. Pero era un equipo grandísimo, que donde iba llenaba los estadios. Es como jugar en Colo Colo o en la U y, más encima, haber jugado Copa Sudamericana con ellos. Un club donde podría haber sido mucho mejor la experiencia, aunque de todos modos fue buena. A lo mejor podría haber estado más tiempo, pero las decisiones se tomaron en su momento y fueron así. No es fácil vivir en un lugar con tradiciones tan diferentes a las de uno, pero me trataron bastante bien. Se portaron bien. La gente tampoco fue pesada, el público en general, el club, todos.

-¿Por qué duró tan poco la experiencia?
Porque se fue dando así. Estaba solo, con mi familia en Chile. Me tocó hacer goles en Ecuador y en Bolivia por la Copa, en el campeonato también hice algunos. Lamentablemente, después me desgarré el cuádriceps, lo que me impidió jugar más partidos. Jugué poco, pero respondí…
-Otro gol histórico que marcó en su carrera fue el que en ese momento fue el más rápido en la historia de la Copa Sudamericana (18 de septiembre de 2008, ante Liga de Ecuador, a los 36 segundos de partido, en La Paz)…
Hasta ese momento, era el más rápido y yo sin tener idea. Yo ya estaba en Chile, en Ñublense, y viendo el sorteo de la Copa dicen “el gol más rápido lo tiene el chileno Renato Ramos”. Ahí recién me enteré…
-¿Tuvo algún sentimiento antichileno de parte de los bolivianos?
En ningún caso. Me trataron todos súper bien. La persona que me pasaba a buscar a la casa para llevarme al entrenamiento, todos en el club, los kinesiólogos, todos súper bien. Nunca sentí ningún tema discriminatorio ni que me criticaran por ser chileno. Fueron súper respetuosos y no tengo nada malo que decir.
La bestia negra de Colo Colo
-Al volver a Chile, siguió su carrera por Ñublense, donde tuvo un buen rendimiento, hasta que se asentó por tres temporadas, prácticamente, en la Universidad de Concepción. ¿Institución especial para usted, ya que decidió quedarse allí por un tiempo más prolongado?
Un club muy especial en mi carrera. De hecho, ahora vivo en Conce y mis hijos nacieron acá. Estuve dos años y medio, donde pensé que sería mi último equipo, creí que acá me retiraba y la vida quiso otra cosa. Lamentablemente, después de dos años y medio el equipo desciende y tuve que partir, sin querer hacerlo. Hasta hoy voy al estadio, los voy a ver, tengo gente conocida que está en el club. Hice buenas relaciones con la mayoría de la gente. Nos recordamos con cariño. Como descendimos, no hubo una conversación más allá. Se terminó el contrato y partí.
- Ese fue el descenso que duró apenas seis meses ¿no?
Claro, porque luego venía un torneo de transición en 2013…
-¿Qué le enamoró de la Octava región como para quedarse allá?
La manera en que se vive, la tranquilidad, la cercanía de todos los lugares. En Santiago todo es lejos, aunque algo quede a dos cuadras, igual te demoras una hora. Acá las distancias son más cortas. Voy al colegio a dejar a los niños y me demoro 15 minutos. El ritmo de vida fue lo que nos gustó… Incluso, es más económico de lo que es Santiago.
-¿Cómo recuerda el 5-1 que la U. de Conce le hizo a Colo Colo en el Monumental? (12 de febrero de 2011, tercera fecha Apertura 2011)
Fue bonito ése, ¿eh? Histórico. La verdad es que siempre tuve buenos partidos contra Colo Colo, en los equipos en que estuve le hice goles. Pero en esta pasada, nos toca ir al Monumental y les hacemos 5-1, en algo que era impensado para todo el mundo. Hicimos un tremendo partido, muy bueno. (Gustavo) Lorenzetti inspirado, Guachupé (José Luis) Jiménez rapidísimo, yo siempre metido en el área. Lo recuerdo siempre, porque además, no solo hice tres goles en ese partido, sino que era mi cumpleaños, entonces salí de la cancha y mi señora me estaba esperando ahí con una torta.
-La U. de Conce tenía de casero a Colo Colo en esa época…
Le ganamos en Collao, en Santiago. Acá, si no me equivoco, les hicimos 3-1. Era la bestia negra y afortunadamente estaba yo en esa época, que era el que tenía que echar la pelota adentro. Fue una época muy linda en la U. de Conce.
Renato Ramos, un goleador de fuste...
-¿Cuál consideras que fue tu mejor versión como jugador?
Para mí, 2006 en Antofagasta, cuando estuve peleando en la tabla de goleadores con Chupete Suazo y Leo Monje (Clausura 2006, Monje fue goleador con 17 goles, Suazo hizo 15 y Ramos terminó con 11). No quiere decir que mis otros años hayan sido malos, pero esa campaña me permitió salir al extranjero por primera vez. Lamentablemente, quedamos fuera de playoffs, así que no pude seguir marcando goles. Ese año fue muy bueno, sin dejar de mencionar lo que hice por Palestino casi al final de mi carrera. Tengo cariño por esa institución también, ya que además después me tocó ser jefe técnico, trabajé hartos años en cadetes, así que los quiero mucho. El hincha, por otro lado, me hizo sentir un cariño especial.
-¿Fue especial volver a Antofagasta, su lugar de nacimiento?
Se sentía especial, porque tengo mucha familia por esos lados. Mi abuela, por parte de mi papá, está allá. También tíos, primos, por distintos lugares de Antofagasta. Me tocó estar en tres épocas en Antofagasta y siempre tuve mucha cercanía. Entre Antofagasta y la U. de Conce fue donde más estuve.

-Luego del retiro, ahora tiene una nueva faceta en el fútbol. ¿Siempre le llamó la atención ser entrenador?
Al principio, como a la mitad de mi carrera, a eso de los 28 años, la verdad que no quería nada con el fútbol. Lo que pasa es que en esta burbuja no tienes una vida fácil. Pero ya hacia el final, cuando estaba en Palestino, tomé la decisión de ponerme a estudiar. Hubo cosas que me fueron enamorando ya hacia la última parte de mi carrera. Fui entendiendo el fútbol de distinta manera, me fui conectando de manera distinta. Ya no era solo el futbolista. Me fui a Antofagasta y estuve a punto de congelar, pero ahí mi señora me puso los pies sobre la tierra y me dijo “¡qué estás haciendo! Termina de estudiar, aunque te cueste. No puedes dejar las cosas a medias”… Después, parto a Barnechea, los últimos dos meses de mi carrera, termino a mitad de 2016, cuando decido retirarme, Palestino me abre las puertas para hacer prácticas.
-¿Quién lo recibió ahí?
(Jaime) Conejo Escobar, que es un amigo que tengo en el fútbol, me abrió las puertas. Voy, hago mi práctica y comienzo a dirigir. Ahí empecé a hacer el camino. En 2017 empiezo a ser docente de INAF. Entonces, hacía docencia y dirigía en Palestino. Mi carrera me permitió seguir en el fútbol…
-Ahora que es técnico, ¿ves de manera muy distinta el fútbol?
Por supuesto. Ahora veo al fútbol como a un todo, en cambio dentro de la cancha, quizás a veces por el ego, uno lo ve con intereses propios y colectivos. Ahora, como entrenador, lo veo de manera colectiva principalmente. Busco que este sistema de once jugadores funcione, para achicar los márgenes de error, en busca de un resultado final.

-¿Qué tipo de entrenador es?
Por lo que fui como jugador, me gusta que mis delanteros tengan muchas ocasiones de gol. Soy un técnico al que le gusta el juego construido y, además, que cuando tengamos el balón nos pongamos todos a disposición del ataque. Cuando no lo tenemos, en cambio, todos a disposición de la recuperación. En ese sentido, sí pido mucha entrega, porque se necesita voluntad también para jugar como me gusta. Construir desde campo propio, pero soy de los que entiende que hay que darles herramientas a los futbolistas, pero al final son ellos los que deciden. Hay situaciones de juego que tampoco las podemos forzar y, en ese sentido, tampoco critico a un futbolista que juegue de manera directa en algún momento; si la situación de juego lo requería, era lo que había que hacer. Para el hincha, son atractivos mis equipos.








