
Es extraño que con 41 años, Jorge Aguilar tenga ya más de diez retirado. Dejó la actividad con 30 años, el 2015, después de una carrera que partió muy joven y que incluyó un título mundial Sub-16 en un período donde en el planeta tenis también surgían figuras como Rafael Nadal y Novak Djokovic.
El camino del “Zorro” tuvo de todo. Altos y bajos en el circuito y en Copa Davis. Llegó a ser 167° del mundo en una carrera que lo dejó conforme, pero que según reconoce, le significó el sinsabor de haberla terminado antes de lo que debió ser.
Hoy, en su rol de cocapitán de Chile en la Davis, haciendo dupla con Nicolás Massu, Aguilar pone una pausa en su ajetreada agenda y habla de todo y más en el nuevo capítulo de Raquetas y Palas, el podcast de En Cancha para los fanáticos del tenis.
- Jorge, ¿qué tal? Muchas gracias por estar aquí.
Hola, muy buenos días. Muchas gracias por la invitación. Yo sé que costó, y yo igual tenía muchas ganas de venir, solo que por mis tiempos y las cosas que tengo que hacer se me complicó, pero aquí estoy. Así que feliz de estar acá y hablar de lo que más nos gusta, que es el tenis. Gracias de nuevo a ustedes.
- Jorge, en qué estás hoy. Sabemos que estás con el equipo de Copa Davis, pero también tienes múltiples actividades vinculadas al tenis. Cuéntanos.
Sí, estoy en hartas cositas, la verdad. Obviamente todo con tenis. Estoy con la Universidad San Sebastián, trabajando ya casi dos años más o menos. Estoy metido en la federación con la Copa Davis. También estoy metido con ADO Chile, donde voy como capitán a los Juegos que hace el Comité Olímpico. También tengo una academia de élite y, aparte, otra academia con la Universidad San Sebastián. Siempre metido en el mundo del tenis. Despierto pensando en tenis, toda el rato mi cabeza está en tenis, pero feliz y contento con lo que estoy haciendo.
- ¿Echas algo de menos el circuito, los viajes, todo ese tema? ¿O ya definitivamente lo dejaste atrás?
No, la verdad se echa mucho de menos. O sea, lo que echo de menos es la competencia, esa adrenalina que uno siente cuando estás en un partido, esa presión, querer competir. Sí, lo he echado bastante de menos y hasta el día de hoy a veces tengo sueños compitiendo. A veces me pego los reflejos típicos de tenista cuando estás soñando, esas típicas derechas. Pero sí, echo de menos la competición harto.
“Yo nací en un club de tenis...era imposible que no jugara”
- ¿Quién fue el primero que te puso una raqueta y una pelota en la mano? Entendemos que eres de La Reina y que el club de tenis está ahí por La Reina, ¿o no?
Sí. Es una historia bien bonita porque mi abuelo hacía canchas de tenis. Él partió primero haciendo unas canchas en el Club de Tenis en Valdivia, de hecho fue él quien las construyó. Eran de un alemán. Después ese alemán lo trajo a vivir a Santiago, donde compró un terreno en La Reina, que antes era puro potrero. Ahí se instalaron con siete canchas de tenis, ahí estaba mi papá, mi papá conoció a mi mamá, y ahí nació el Zorrito Aguilar. Yo nací en un club de tenis. Imagínate, de guagua ya sentía el sonido de la pelota. En ese tiempo se usaba el tizador, que ahora son los flejes. Me acuerdo que había un frontón y un socio que llegaba todos los días a las 7 de la mañana a jugar, así que todo el día escuchando sonido de la pelota. Despertaba viendo tenis, entonces era imposible que no jugara.
- ¿Y en qué momento, cuando empezaste a jugar y dijiste “quiero ser tenista”?
La verdad, al principio yo no quería ser tenista. A mí me gustaba mucho el fútbol, jugaba en una liga por mi colegio. En el club de tenis yo jugaba con los socios cuando alguno faltaba: mi papá me ofrecía como pareja y yo raqueteaba con ellos. Tuve la suerte de que la secretaria del club me tenía mucho cariño, yo la consideraba como mi segunda madre. En ese tiempo existía el torneo “Campeones para Chile”, que lo hacía Jaime Fillol en la Católica. A mí no me avisaron, mi papá y la secretaria llegaron y me inscribieron. Me avisaron dos días antes: “Oye, Jorgito, te inscribimos en un torneo Campeones para Chile”. Por las cosas de la vida, en ese torneo estaba don Carlos Herrera, que fue uno de los mejores presidentes que tuvimos en ese tiempo.
Fue mi primer torneo importante y me fue bastante bien. Estaba asustado, pero salí campeón. Ahí don Carlos Herrera me vio jugar y después de la final se me acercó y me contó que estaba armando una federación que ya tenía casi terminada. Me dijo: “Cuando termine la federación, yo a ti te voy a llamar”.
Imagínate, yo con 11 años. Le conté a mi papá y obviamente a mi mamá no le gustó nada: cero chance de ir a vivir a la federación con 11 años. Pero pasaron los meses y me llegó un llamado a la casa, en ese tiempo no se usaban teléfonos celulares. La secretaria de la federación me dijo que don Carlos Herrera me quería ubicar para hablar con mis padres. Ahí me enteré de que me había ganado una beca. Fue toda una semana de pelea con mi mamá, que me quería ir y ella decía que no. Mi papá me apoyaba porque venía del mundo del tenis y lo veía como una tremenda oportunidad, aparte de estar becado. Estaban los mejores entrenadores del momento: Marcos Colignon y Luchín Guzmán, que fueron los mejores formadores que hemos tenido, sacaron a muchos tenistas ATP.
La pelea fue grande como familia. Hicimos todo lo posible: la secretaria, los socios, mi papá, yo que me ponía a llorar todas las noches. Hasta que al final mi mamá decidió darme el permiso, con la condición de que me tenía que portar bien. Y me fui a vivir a la federación. Fue una etapa bastante bonita de mi vida y de mi carrera. Ahí aprendí mucho, entendí lo que era entrenar cinco horas todos los días, levantarse temprano —yo era muy flojo—, y aparte no me gustaba estudiar. También lo vi como una oportunidad de escaparme un poco del colegio, porque era pésimo estudiante. No me podía concentrar. Entonces, desde el primer día que pisé la federación dije: “Esto es lo mío. Esta chance no me la voy a perder“.

El recordado título mundial Sub-16
- Nombraste a Marcos Colignon, que te acompañó en tu primer gran momento en el tenis: cuando Chile salió campeón de la Copa Mundial Sub-16, ahora Copa Davis Sub-16. ¿Qué recuerdas de esa época? Fue un gran golpe en un momento muy bueno del tenis chileno: estaba el Chino Ríos en su prime y entrando González y Massú.
Fue un torneo extraordinario. Nosotros nos preparamos tres meses antes, fuimos a entrenar a España, a Barcelona, a la academia Sánchez-Casal. Fue todo el equipo: Marcos Colignon, Luchín Guzmán y Jorge Aticha, nuestro psicólogo. Preparamos ese Mundial sabiendo, y la federación también sabía, que veníamos con muy buenos resultados en esa categoría Sub-16. Yo había jugado en Turín, en el Torneo de l’Avenir —de ahí sale la historia de Novak—, y me había ido bastante bien. A Guillermo Hormazábal también le había ido bien. Creo que hizo final y semifinal por ahí, y yo salí campeón tres veces. Perdimos solo una vez en esa categoría jugando dobles con Guillermo.
La federación se estaba jugando todas las fichas en que íbamos a salir campeones. No nos lo dijeron para no meternos presión, pero se la jugaron. De hecho, se trajeron el Mundial a Chile también por los resultados que tuvimos Guille y yo, y ese plan salió todo perfecto.

- ¿De repente conversan con Guille y se acuerdan de eso? O sea, como cuando se juntan los del 62 a celebrar.
Sí, obviamente que eso se recuerda, pero también hablamos mucho de las cosas que hacíamos mal, porque esas también son entretenidas. En esos torneos, por ejemplo, cada uno tenía una fiesta del torneo que era sagrada. Todos los jugadores la esperábamos. Las fiestas duraban hasta las 10 de la noche, pero teníamos un grupito bastante bueno donde también se juntaba (Gael) Monfils, que quería bailar mucho. Todos lo miraban porque bailaba superbien. También estaba Marcos Baghdatis, que era otro desordenado. Un grupito entre chilenos, argentinos y franceses, seis u ocho. Marcos Baghdatis no se perdía ni una fiesta. Lindos recuerdos, lo pasé increíble.
Un duro aterrizaje en el profesionalismo: “Le pegaba bien a la pelota, pero no sabía jugar tan bien”
- De ahí viene ya el salto al profesionalismo. ¿Qué fue lo más difícil? Hoy uno ve a los chicos, a Garín, a Tabilo. Estuvimos hace poco con Dedura-Palomero. Cuesta mucho: hay un tema económico, mental, y hoy más que nunca también el tema de las redes sociales, que en ese tiempo no estaban tan fuertes. ¿Qué fue lo que más costó?
Lo que más me costó fue superar una parte mental. En junior todos juegan bien, todos le pegan bonito a la pelota, pero cuando entras al profesional es distinto. Me tocó, por ejemplo, una experiencia terrible que fue más mental: me tocó con un argentino que técnicamente no jugaba tan bien, pero era muy pillo, muy fuerte mentalmente. Jugaba lento, puro lob, y no fallaba una. Yo iba perdiendo fácil y sentía que mi tenis era superior, pero no le podía ganar un punto. Pegaba fuerte con mi derecha, mis golpes más fuertes, y él se colgaba de ellos y me tiraba puro globo, al lado de la línea, al fondo. Yo me empezaba a desesperar porque no estaba acostumbrado a ese tipo de juego. Yo tenía 17 años, él tenía 23 o 24.
Al final me dio paliza, creo que fue 6-2, 6-0. Yo ya en el 6-0 le decía a mi entrenador:“No puedo jugar, no le puedo ganar”. Mentalmente me fui, y me pasó en varios torneos más que no podía superar esa barrera. Me volvía loco que me metieran pelota, que yo le dejara una bola corta y él no me hiciera ganador directo, sino que me mandara a correr. Ahí empecé a entender el tenis. Dije: “Aquí tengo que ganar este partido, no con mi tenis ni con mi físico, tengo que aprender a jugar tenis”. Ellos saben jugar tenis. Yo le pegaba bien a la pelota, tenía buenos golpes, pero todavía no sabía jugar bien. Esas cosas me enseñaron a ordenar mi cabeza, a ser más jugador, a tener más paciencia, a trabajar mi mente para superar ese nivel.
- ¿Cómo era esa sensación de haber salido de juniors ganando, con muy buenos resultados, y después enfrentarte a tipos de 25 o 28 años jugando su última carta?
Fue duro. Porque además hay algo que no es mafia pero algo tiene de eso: a nivel Futures hay muy poco control de árbitro, y el tema del dopaje, al menos en ese tiempo, no existía a ese nivel. Yo venía con muy buenos auspicios y ellos se estaban jugando esos partidos porque si no ganaban se quedaban cortos de presupuesto para los siguientes torneos.
Pasando el tiempo me di cuenta de que mis auspiciadores pensaban que yo iba a despegar super rápido, y como no estaba despegando y seguía lejos del ranking relevante con 19 años, muchos empezaron a irse. Eso también me ayudó a aterrizar, porque en juniors tenía todo: auspicios, torneos grandes, buenos hoteles, buenas comidas, transporte del club. La realidad del Futures es que el hotel te lo pagas tú, los viajes, las comidas. Y los clubes ya no eran clubes buenos, eran muy normalitos, canchas malas.
Me acuerdo que un jugador argentino me dio un consejo: “Aguilar, estás a nivel Futures. Prepárate: cancha de nivel Futures, árbitro de nivel Futures. No creas que esto es lo que vienen acostumbrados de Roland Garros Junior”. Eso también me ayudó bastante.
- Sin lugar a dudas tuviste un número significativo de giras, pero hay dos que nos parecieron bastante curiosas. Una fue en Jamaica, creo que tenías 17 o 18 años, que fuiste a Montego Bay con Guille y Nico Riquelme. ¿Cómo fue eso? Y después tuviste una con Felipe Parada, tu gran socio por mucho tiempo, que fueron a Rumania y estuvieron tres meses.
Jamaica fue una gira muy loca. Fue con Guille, el entrenador Morales y Nico Riquelme. El país es precioso, pero la pasé mal porque nos agarró un huracán. No se podía entrenar y las veces que se podía era con un viento asqueroso que movía la bola de manera tremenda. Tirabas la pelota para sacar y la bola se iba para atrás. No sentí nada la pelota. Llegó el momento de competir y como no había entrenado nada por el huracán, y nos habían obligado a quedarnos en el hotel, me fue pésimo. Los días que disfruté Jamaica fueron increíbles, pero como gira las sensaciones fueron amargas.
- Ahí jugaste con Dustin Brown, ¿no?
Puede ser, perdí un doble ahí, me acuerdo.
La increíble gira a Rumania con 600 dólares: “Se notaban muchas mafias en la calle”
- ¿Y Rumania? Una gira de tres meses con Felipe Parada donde que debe haber pasado de todo. Porque Rumania en esa época no era precisamente el mejor lugar para ir.
Me fui a la guerra, así es la verdad. Con Felipe ya habíamos hecho muy buena relación en Santiago. Felipe tenía como tres o cuatro años más que yo. Sentí que me ayudó mucho en mi carrera porque me daba consejos. Él ya había pasado la etapa de Futures y tenía más camino recorrido. Me decía “Manimal” —ese era mi apodo en junior. Un día me dijo: “Vamos a ir a Rumanía tres meses”. Yo estaba como en el ranking mil y algo, tenía dos o tres puntos. Le digo: “¿Rumania? ¿No es peligroso?" Me dijo: “Sí, la ley está para cualquier parte, pero allá hay que ir a robar puntos ATP”. Y me convenció. Juntamos la plata, entrenamos superbien con Juan Pablo Abarca en Tenis El Alba y partimos.
Llegué a Rumania y los trenes eran del año 1800. Compramos el vagón más barato porque el presupuesto era ajustado. Yo me fui con 600 dólares, que me permitirían estar dos o tres semanas como máximo. Si me iba mal, tenía que volver. Llegamos a Bucarest y tomamos otro tren de cuatro horas a Timișoara. El vagón era compartido, más de ocho personas, y había gitanos de esos que uno ve en las películas, con pinta de mafiosos. Felipe me dijo: “Manimal, aquí no nos quedamos dormidos porque al que se duerme le roban todo”. Imagínate viajando con los bolsos al lado y las raquetas cuidadas como hueso santo, porque eran mi herramienta de trabajo.

Llegamos a Timișoara, una ciudad donde se notaban muchas mafias en las calles. Por suerte, la gente del torneo nos fue a buscar porque sabían que a los extranjeros les robaban. Y ahí empieza la aventura: a Felipe le fue bien, a mí también. Jugué la qualy porque no me daba el ranking para entrar directo, la pasé, y la primera semana hice semifinal. El nivel era mucho más bajo que si hubiéramos ido a España, Italia o Alemania. Fueron seis u ocho semanas y fue una gira bastante buena. Me gustó de verdad, sentí esa adrenalina de que no podía quedarme dormido, no podía perder. Fue como un estado de alerta positivo.
- ¿Y ahí nace el apodo del “Zorrito”?
Sí, ahí nace. Con Felipe nos teníamos que organizar para el entrenamiento, para los restaurantes, ajustando el presupuesto. Entonces empezamos a llamarnos: él era el ”Zorro" y yo era el “Zorrito” porque era el más chico. Había muchos argentinos, brasileños, estaba Pablo Cuevas —le gané dos veces—, estaba (Nicolás) Pereira también. Como nos escuchaban todo el día hablando entre nosotros, “oye zorrito, vamos a comer, oye zorrito, vamos a entrenar”, ellos mismos empezaron a decirlo: “Oye, zorrito, ¿mañana entrenás?" Y ahí el apodo se fue pegando entre todos, no solo los chilenos.
En otras giras ya no era Jorge ni Manimal, era el “Zorrito”. Cuando Felipe se retiró yo me quedé con el apodo.
Cuando el tenis te lleva al límite
- Jorge, ¿en qué momento sentiste, más allá de la estadística, que ya habías llegado al límite de lo que podías lograr en el tenis?
Yo siempre me tuve mucha fe. Pero hubo una parte de mi carrera, a los 21, que el salto grande no se daba. Estaba entre el 350° y el 400°, que es un ranking muy bueno, pero mirándolo fríamente no me permitía financiarme. Todo lo que generaba lo iba traspasando a mi carrera: seguía jugando Futures o qualy de Challenger, sin generar ingresos reales. Ahí hubo un momento en que dije: “Ya no puedo más”.
Aparte, justo a los 22 me enteré de que iba a ser papá. Se me desordenó el mundo y el presupuesto, y decidí retirarme del tenis por un tiempo. Vendí todo: mis raquetas, la ropa, todo. Me fui a trabajar al Club de Tenis La Reina con 22 años, donde estaba mi tío.
Y ahí, por las cosas de la vida, empecé a meterme en el mundo del tenis. Por eso digo que fui tocado con la varita mágica, porque increíble que ahí van apareciendo personas clave que llegan de la nada.
En ese tiempo estaba un socio que se llamaba Jaime Munster, que fue bastante clave en esa etapa de mi carrera. Él empezó a entrenar conmigo y a hacerme preguntas: “¿Por qué te saliste del tenis?" Yo le contaba poco, no quería decirle la verdad. Hasta que me la sacó: le dije que me había retirado por el tema económico y porque iba a ser papá. Seguimos entrenando hasta que un día me dijo: “¿Sabes qué? Tú no te puedes retirar. Juegas superbien. Yo te voy a auspiciar este año, pero con la condición de que hagamos las cosas bien: entrenamos, nos preparamos, y te vas a competir". Y me decía: “Tú tenías un nivel para llegar de semifinal para arriba”.
Llegaron unos torneos en Perú: tres Futures y un Challenger. Me fui con los puntitos que me quedaban. Me fue bien en los Futures, salí campeón. Eso me dio para entrar a la qualy del Challenger que se jugaba en el Club La Terraza. Pasé la qualy con alto ritmo y ahí le gané a Luis Horna.
Hice primera ronda, segunda ganándole bien a Carlos Berlocq, y me tocó en semis con Horna. El torneo estaba pensado para que él saliera campeón —era un jugador nivel ATP que bajó una categoría para retirarse bien, con la copa. Pero le tocó un “Zorrito” Aguilar que venía muy motivado. Jugué uno de los mejores partidos de mi vida. Todo me salía. Y para remate, cuando el público me jugaba en contra, eso me daba una bomba de energía. Entre más me molestaban, más energía tenía para competir.
La experiencia en Copa Davis
- Sin lugar a dudas, uno de tus grandes momentos. En 2009 el Challenger, luego en 2010 debutas en Copa Davis y te haces una habitual. ¿Qué recuerdas de ese debut contra Israel? Después, en 2011, jugaste contra los hermanos Bryan junto al Nico Masú. Y después ya te hiciste subcapitán del equipo de Copa Davis. Cuéntanos un poco tu etapa como jugador y esa transición a subcapitán.
Contra Israel fue mi primer doble en Copa Davis. Yo siempre fui más de singles. De hecho, a los dobles siempre les decía a mis compañeros que mi prioridad era mi otro torneo. Pero me metieron a jugar dobles porque Fernando González se había lesionado. Y resulta que ese doble lo jugué increíble: me salió todo, tuve al público, jugué bastante bien, y ahí empezó a entrarme el bichito de darle más oportunidad al doble. Todos me decían: “Juegas un huevo en doble, ¿por qué no te dedicáis al doble?“. Empecé a entender que era importante: sin dedicarme exclusivamente, creo que mi mejor ranking en dobles fue 150 o 160.
Creo que nunca más me sacaron del doble en Copa Davis. Y jugar contra los Bryan... mi primera vez con ellos fue en el Mundial de Düsseldorf. Chile había salido campeón la primera edición y la volvieron a invitar. González me llama y me dice: “Manimal, quiero que vengas con nosotros a la Copa Düsseldorf”. Estaba Julio Peralta también. Chile pierde la semifinal con Estados Unidos y ahí tuve la gran chance de jugar contra los Bryan, que eran imbatibles. Yo no entré con presión, sino con la motivación de estar jugando contra los número uno. Nos ganaron, fue 6-4, 6-3 si no recuerdo mal, pero fue una tremenda experiencia. Les pegaba con todo y ellos me bloqueaban como si nada. Después lo escuché decir a alguien: “Ellos juegan ping pong y yo estoy jugando tenis”. Así de increíble era.
Me acuerdo de una jugada: la pelota me quedó a media cancha cerca del cuadrado de saque. Julio me dice: “Pégale fuerte al cuerpo porque por los lados no se puede, volean todo”. Voy con la derecha con todo y uno se me acerca con la mano así, desafiándome. Le pego y me la gana igual. Y me hizo así, como diciéndome: “Ahí está tu derecha”. Ahí dije: “Por algo son los número uno“.
- Más allá de siempre llevar la camiseta de Chile, cuando estás con esa representatividad mayor es distinto, ¿no? ¿Te marcó jugar con Fernando y el Nico?
Sí, me marcó. Soy muy patriota, y la Copa Davis para mí es sagrada. Dejo todo. Hasta a mi hija podría dejar por una copa de ese nivel. Por eso con el Nico nos llevamos bastante bien: los dos sentimos esto en la sangre. Las veces que jugué acá en Chile me colgaba del público, le ponía actitud, garra. Creo que tuve buenos triunfos. Dejé todo en la cancha. Y mi gran socio, mi sensei en el equipo, fue el Nico Massú. Me gustaba hablar con él, me daba consejos, me motivaba. Copiaba las cosas buenas del Nico, eso fue muy fuerte en mi carrera. Ahí me di cuenta de la pasión que tiene el Nico por Copa Davis, es algo que no se puede explicar. El transmite algo muy fuerte. Lo otro es que yo me llevo muy bien con los jugadores.
Equipo con Nico Massú en Copa Davis: “Le puse el Bielsa del Tenis”
- ¿Cómo es la relación en el equipo actual? Nos cuentan que estás un poco intenso y estresado el Nico, ¿por eso haces buen equipo con él?
Hacemos buen equipo porque el Nico, como digo, siente tanto esto que a veces se pone muy ansioso, muy eléctrico. Está motivado pero no se queda tranquilo. Y eso los jugadores lo ven. Ahí entra el “Zorrito” Aguilar y tira una talla en doble sentido. Como que se relaja un poco el ambiente. Después de nuevo, si hay algo que va pasando, entro y tiro otra talla. El Nico mismo me dice: “Puta, Aguilar, tú siempre llegas y le pones onda acá y me relajas un poco”. Las semanas de Copa Davis creo que son mis mejores semanas. Las disfruto a concho.
- ¿Cuál es la influencia de Nico Massú en el equipo?
Yo creo que es uno de los mejores capitanes del mundo. Lo que él transmite, lo que habla de tenis, lo que estudia el tenis... Le puse el sobrenombre de “El Bielsa del tenis”, porque el Nico te puede mandar tres o cuatro videos y decirte: “Velo en tal parte, fíjate cómo se mueve, cómo le pega a la derecha”. Si jugamos contra Israel, puede ver 100 videos del número uno y busca dónde está su punto débil, qué bola le duele, dónde se mueve mal, cómo lo puedes apretar. Y te lo dice al minuto exacto: “Fíjate aquí por qué falla, qué pasa cuando va 4 igual en el tercero”. Te da todos esos detalles. Y uno no le puede discutir porque ya sabes que Nico vio más de 100 videos y se puede quedar hasta las 2 de la mañana trabajando. A las 8 de la mañana ya está despierto mandando mensajes: “¿Vieron el video?" Nos tiene todos los días con tarea, pero una tarea que disfrutamos. Por eso para mí es uno de los mejores capitanes del mundo.
- ¿Cómo se respira el ambiente en el camarín? Hablas mucho de querer tener una familia, ¿sientes que esa familia ya está consolidada en el camarín de la Copa Davis de Chile?
Sí. Cuando entré como jugador, sentí que no había tanta familia. Cuando ya entramos en esta generación con Nico Jarry, con Garín, con Barrios, que eran chiquititos, empezó a cambiar el ambiente. Empezamos a meternos más con ellos, saber un poquito más de cada uno, darles consejos. Ahí se empezó a ver una unión como equipo, como familia de Copa Davis.

Yo conocí a Garín cuando era chiquitito. Entrenamos juntos con el mismo entrenador, Guillermo Pérez-Roldán. Garin tenía 14 años y yo tenía como 19. Tenemos una confianza increíble. Lo conozco cuando está mañoso, cuando le pasó algo, cuando está contento. Sé cuando hay que apretarlo porque Garín no es fácil, es complicado en algunas cosas, pero como ya lo conozco, sé por dónde entrarle y eso hace que yo también pueda ayudarlo.
Lo mismo con Barrios. A Barrios lo encuentro un grande, como jugador y como persona. Siempre está alegre, siempre está contento, nunca te mete problemas. Disfruta la Copa Davis. Para mí es un grande. Lo molesto todo el día, nos abrazamos, somos como cabros chicos, y eso también se va contagiando al equipo. Por eso le pusimos “familia”.
- Me imagino que antes del Chile-Serbia la pregunta era con Djokovic o sin Djokovic. Ahora la pregunta de cajón es: ¿con Alcaraz o sin Alcaraz?
Lo que pasa es que ahí ya estamos jugando con los mejores. Para mí España es candidata favorita para llevarse la Copa Davis. Me gustaría que viniera Alcaraz, obviamente, como evento, como desafío. Imagínate a Alcaraz en Chile jugando Copa Davis, con lo fuerte que es el ambiente acá. Nuestros fanáticos del tenis tendrían la chance de ver a Alcaraz en vivo. Sería extraordinario.
Igual, sin Alcaraz, si les preguntamos a los chicos del equipo, yo creo que dicen: “Ojalá no venga.” Pero como todos sabemos, él dijo en una entrevista que una de sus metas para este año es salir campeón de Copa Davis. Cuando estos genios se meten algo en la cabeza, van con ese objetivo. Así que yo creo que viene.
Bloque de cartas
Novak Djokovic (carta azul, anécdota positiva)
“Esa es una historia bonita que nació en las Olimpiadas, hace uno o dos años, cuando fui como capitán con el Nico Massú. Ese día quedamos en entrenar con Novak. Estaban en cancha el Nico, Jarry y Novak. Habíamos calentado con Nico Jarry en el gimnasio, salimos a la cancha y Novak no llegaba. Esperando, esperando, hasta que apareció con todo su equipo, más de ocho personas. Llegó directo a la cancha, se metió de inmediato a calentar. Yo estaba al lado de Nico Massú y Nico Jarry. En el paleteo, notaba que Novak paleteaba y miraba. Paleteaba y miraba. Hasta que llegó el primer break, cuando se sentaron a tomar agua.
Él estaba así, mirando, hasta que se levantó y le dijo algo a su entrenador. Después se levanta y dice: “Animal.” —porque se acordaba que me decían “Manimal”, pero dijo “Animal”. El Nico le dice: “Manimal.” Y Novak dice: “Manimal, ¿cómo estás?” Y yo: “Hola, ¿cómo estás, Novak?” Me dice: “Nosotros jugamos... tú me ganaste.” Ahí el Nico salta: “Sí, le ganó a varios. ¡Qué derecha tenía!” Y Novak: “¡Cómo le pegaba esa derecha, era un animal!”
Y ahí me dice: “Qué rico verte de nuevo, hace años que no te veía.” Yo quedé como loco. Le decía al Nico: “Increíble que se acuerde.” Porque esto fue cuando él tenía 15 años y yo tenía 16, en Italia, en un Future. Como que yo estuve 7 minutos sin concentrarme en el entrenamiento, pensando en cómo se había acordado de mí, de todos los partidos que ya lleva jugados. Fue increíble.
Y sí, cuando Novak ya fue el GOAT, todos los sudamericanos se acordaban y me decían: ‘Oye, Zorrito, ¿te acordái de ese partido?” Y en dos años ya estaba entre los grandes. Lo mismo pasó con Nadal, que yo jugué con él a los 14 en el mundial y después no lo vi más en el circuito junior. Lo vi a los 17 y era otro Nadal. Yo conocí a un Nadal flaco que jugaba bien, pero después me encuentro con un Nadal fuerte, grande, ya ganando Challengers, ganando ATP a los 17. ¿Cómo explotaron tan rápido en dos años?
- Entonces puedes contarles a tus nietos que le ganaste al mejor de la historia.
Sí, ya estoy tranquilo.
La derrota ante Marcelo Felder en Copa Davis (carta roja, pesadilla)
“Eso fue en Uruguay. Mi primera vez como debut oficial en Copa Davis en singles. Yo no venía jugando bien, venía con resultados muy negativos y poca confianza. El que venía bien en ese momento era Guillermo Hormazábal. El capitán en ese tiempo era Belus Prajoux, y el día anterior me dice: ‘Tú vas a jugar ese partido porque revisé tu historial contra Felder y le has ganado creo que siete veces’.
Le digo: ‘No vengo jugando bien, vengo sin confianza. Y aparte, en Uruguay la bola es pesada y el público va en contra’. Pero él se quedó con el historial. Entonces entré a la cancha metiéndome tanta presión por lo que me habían dicho, y no venía bien mentalmente. Empecé a perder de una, y con tanto nervio, tanto nervio, empecé a acalambrarme. A partir del 5-4 en el primer set, sentí calambre en los gemelos, después en el pectoral. Cuento corto: al final me tuve que retirar porque me agarró un ataque de nerviosismo o ansiedad y me acalambré entero. Fue terrible. Sabía que Chile estaba mirando ese partido.
Fue una de mis peores pesadillas. Lo borraría de mi carrera. Al llegar al hotel me tuvieron que pinchar porque cuando el calambre te agarra el cuerpo entero es terrible. Al día siguiente amanecí con dolores por las contracturas.
Ahí el Belus me dice: ‘Vas a jugar el doble’. Y yo pensando: ‘¿Cómo quiere que juegue el doble si estoy contracturado entero?’ Pero por otro lado estaba con rabia, porque sabía que lo que había demostrado el día anterior no era yo. Los nervios me habían jugado en contra. Entonces dije: ‘Voy a jugar ese doble aunque esté contracturado, porque no me puedo ir con la sensación de no haber dado nada’. Le dije al Belus: ‘Sí voy a jugar el doble’. Y fui con todo. Ese doble lo jugué increíble, con tanta rabia y querer demostrar mi nivel que jugué demasiado bien. Ahí pude mostrar al “Zorrito” Aguilar. Todos pensaban que con lo que me había pasado el día anterior yo iba a decir que no. Fue todo lo contrario".
El descenso de zona en Copa Davis (carta roja)
“Fue duro. De toda esa generación de oro —González, Massú, Ríos, todos— ya se habían retirado. Y quedaba yo como número uno del equipo. Estaban entrando Garín y otros, pero eran chiquititos, todavía juniors. Por resultado y experiencia, competir con equipos fuertes no se nos daba y empezamos a bajar. Nos fuimos a competir a Barbados. Era como volver a los Futures: no era un estadio gigante, era una cancha normal con tribunas para 1000 personas, tres árbitros, sin televisión. Chile no podía ver la Copa Davis. Imagínate pasar de jugar en Estados Unidos con estadio gigante, auspicios, transporte y hotel, a algo muy abajo. Y yo sabía que me quedaba un año o dos más como mucho. Ya tenía 29 años. Fue duro".

Retiro muy temprano (carta roja)
“Sí, me retiré a los 30 e incluso haciendo una final de Futures, no estaba en un momento crítico. A ver: ahí ya nació mi segunda hija. Esto no lo he contado a mucha gente, pero a los 29, casi 30, empecé a sentir crisis de pánico. Echaba de menos a mi familia, a mis hijas. Esto les pasa a varios tenistas porque nuestra mente está tan enfocada que la mayoría los sufre. Me empezó a pasar en hoteles, después en el avión. Ahí dije: ‘Creo que ya llegó el momento’.
No venía mal de resultados, creo que estaba en el 200 y algo del mundo. Nunca tuve una lesión grave, solo alguna doblada de tobillo. Entonces, siento que a lo mejor era haber tomado una pausa, reiniciarme mentalmente. Hoy en día me pesa mucho no haberme dedicado al doble. Varios tenistas me decían: ‘Dedícate al doble, tú te metes fácil’. En ese momento no quería porque ya venía con las crisis de pánico y ya no me estaba bancando tanto viaje. Así que me arrepiento: creo que tenía que haberme tomado un tiempo, dedicarme más al doble y retomar el single después, porque como digo, no venía mal".
El triunfo ante Rafa Nadal (carta azul)
“Eso fue en un Mundial Sub-14 en República Checa. Con Rafa los dos íbamos mirando porque sabíamos que si seguíamos avanzando nos íbamos a encontrar con España, que venía con un equipazo. Nadal tenía 13 años, era chiquitito, flaquito, pero le pegaba increíble a la pelota. Todos nos íbamos a mirarlo: Tsonga, Gasquet, Nadal, yo, Hormazábal, Marcos Baghdatis, íbamos a verlo para buscar el punto débil.
Haberle ganado fue bastante mentiroso igual, porque fue algo como 6-2, 6-0 o similar. Pero Rafael jugaba un huevo a esa edad, jugaba demasiado bien".
Marcelo Ríos, ¿su ídolo? (carta azul)
“Marcelo Ríos, sí y también el Nico Massú. Cuando era chico me gustaba el Chino porque era muy canchero, todo lo mandaba a la cresta, no le importaba nada. Aparte jugaba bien. Mi primera experiencia con él fue en Canadá, invitado a Copa Davis, no como jugador. Fue una tremenda experiencia. Yo le tenía miedo porque sabía que era medio pesado. Pero fue todo lo contrario: conmigo fue bastante bueno y me ayudó. Obviamente me agarró altiro para el leseo, porque al Chino le gusta el chiste de doble sentido y es muy rápido. Cuando se dio cuenta de que yo también le respondía con chistes en doble sentido, fue una química buena. Hasta el día de hoy hablo con el Chino. Cuando viene a Santiago y tiene actividades, entrenamos juntos en el Club Providencia, donde hay cancha rápida. Entrenamos, echamos la talla. Siento que el Chino fue un gran personaje para mí“.
- ¿Sientes que la gente ha sido un poco injusta con lo que es Marcelo Ríos en su inmensidad?
Sí, siento que acá en Chile nos falta cultura deportiva. No cuidamos a nuestro ídolo. El Chino fue número uno del mundo, no solo en junior sino a nivel profesional senior. Tuvo tres números uno, nos ha traído mucha alegría a Chile. A veces la gente no le toma el peso, habla más de él por otro lado. Yo siento que hay que cuidar a nuestros ídolos, que son muy pocos. No somos Argentina, que tiene trescientos. La gente metida en el mundo del tenis lo ama. Y en redes sociales cuando lo apoyan hay mucha gente que lo quiere. Independiente de que a veces tenga actitudes que no se comparten, tienes que bancártelo igual. Es tu ídolo, te trajo alegría, dejó bien parado a Chile, se la jugó por Chile.
Carta pregunta: ¿Te gustaría ser el capitán de Chile en Copa Davis?
“Creo que a cualquier tenista le gustaría ser capitán del equipo chileno de Copa Davis. Pero ahora mismo no se me ha pasado por la mente. Con el Nico ya me siento también como capitán, independiente de que sea subcapitán. Llevo muchos años metido en Copa Davis. Si el día de mañana el Nico y yo tenemos que dejar la Copa Davis, me voy obviamente con él. Hay que darle oportunidades a los que vienen. Pero si hablamos de muchos años más, sí, creo que sí. Por ahora me siento como capitán también, he tenido muy lindos resultados”.
- ¿Cómo ves a los chicos nuevos que están empezando?
Me gustan mucho Benjamín Pérez y Tomás Menzel. Tuve la chance de verlos en los Juegos Panamericanos en Asunción, Paraguay. Menzel tiene un potencial increíble. Me gusta cómo le pega, saca superbien, hace todo correcto, muy profesional. Y Benja Pérez me encanta. Le dije al Nico Massú: “Tenemos que invitar a estos chicos porque veo un potencial de otro nivel”. Pudimos invitar a uno solo y ahí fue cuando llevamos a Benja Pérez a compartir con nosotros. Siento que Benja Pérez y Menzel son los candidatos de aquí a dos o tres años para estar bien metidos en el equipo. Les tengo mucha fe a los dos”.







