Como quien encuentra desesperadamente un oasis en medio del desierto, Colo Colo se aferró al triunfo ante Unión Calera para trazar planes que se esfumaron como un espejismo la noche del viernes, cuando fue zarandeado por Cobresal.

Anticipar la continuidad de Fernando Ortiz, diseñar planes para la conformación del plantel o creer que la consolidación ya había llegado fueron errores de principiantes considerando que la fragilidad del equipo ha quedado en evidencia una y otra vez esta temporada.

A una semana de que termine -al menos en cancha- el infierno del Centenario, sólo hay una cosa clara en el Cacique: no pudieron haberlo hecho peor. En todos los ámbitos, obviamente, con escasas posibilidades de corregir.

No habrá grandes cambios directivos en el corto plazo, lo que permite anticipar que la guerra civil que consume a los grupos Mosa y Vial junto a sus respectivos aliados no tendría por qué desaparecer graciosamente. Las decisiones importantes se seguirán adoptando entre dos bandos irreconciliables, que ya no tendrán que luchar por imponer límites económicos para las compras, sencillamente porque dinero tampoco habrá.

Como quedó claro también en El Salvador, el punto más lejano de nuestra geografía futbolística, aún hay grupo de violentos e irresponsables garreros que harán lo posible por emporcar a la institución que juran amar. Llevan su ponzoña a todas partes, y mientras eso no se controle, pocos son los planes que se puedan delinear, incluidos los que pretenden sumar marcas para una necesaria renovación del estadio.

Y en materia futbolística es poco lo que puede decirse. Soy de los que suscriben que Ortiz no hizo un cambio radical, como el de Daniel Garnero en Universidad Católica, por ejemplo. Las variaciones tácticas fueron mínimas, las circunstancias ayudaron a marginar a los más criticados, pero las alternativas no entregaron soluciones. En uno de los partidos más importantes del año -como también había sucedido en la Supercopa- el equipo provocó pena por la carencia de recursos y la mínima resistencia opuesta a un disciplinado y orgulloso Cobresal.

El cambio en el vestuario no fue perceptible y en la cancha jamás se vio reflejada la abultada inversión que transformó a Colo Colo en el plantel más millonario de la historia. Ahora habrá que hacer cirugía mayor, y los liderazgos no parecen claros. Mosa cuestionado; Morón excluido; Vidal a la baja; la Corporación diluida y la hinchada carcomida por los vándalos. Ese es el panorama actual y obviamente sólo puede anticiparse que cualquier proceso de depuración será complicado y tortuoso.

Y cualquier medida que tomen debería ser a partir del 1 de enero. Este año ya está maldito. Completamente.

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