
Reinaldo Rueda habló para “La pizarra de”, el espacio de entrevistas que debutó la semana pasada a través del canal de YouTube de encancha.cl. Con su hablar pausado, pero firme, casi siempre con una sonrisa, el entrenador colombiano que sucedió a Juan Antonio Pizzi al mando de la Selección Nacional, aclaró su salida y confidenció los complejos momentos que vivió mientras regentó Juan Pinto Durán.
Desde la ANFP, Pablo Milad siempre declaró que la partida del caleño ocurrió porque la selección cafetera lo vino a buscar y Rueda aceptó el ofrecimiento. Faltaba una parte del relato, develado por ex técnico nacional. El presidente del fútbol chileno lo ofreció a su par colombiano, Ramón Jesurún, a pesar de que Rueda le manifestó de manera reiterada que su intención era cumplir el contrato, pero ante todo llegar al Mundial con Chile.
Milad y Jorge Yunge, secretario general de la ANFP, nunca aceptaron heredar un seleccionador de la era de Arturo Salah y Sebastián Moreno. Por eso, a pesar de que Chile se ubicó cuarto en la Copa América de 2019 y que recién iban cuatro fechas de las eliminatorias a Qatar, pavimentaron el camino de salida de un entrenador que tomó la valiente decisión de terminar con el ciclo de la Generación Dorada, de manera paulatina.
Rueda explica cómo habló con Marcelo Díaz para decirle que llegaba la hora de Erick Pulgar, explicitó las razones para dejar fuera de la Copa América a Claudio Bravo y el rudo escenario que enfrentó ante la prensa y los aficionados, anclados en el sentimentalismo, aferrados a una etapa gloriosa, que iniciaba su declinación y requería una urgente intervención. Una situación que vivió en Ecuador, donde reemplazó a los héroes que llevaron a la Tri a los Mundiales de 2002 y 2006, pero que fueron eliminados de Brasil 2014.
Sin estridencias, Reinaldo Rueda termina con dos mitos que instaló Francis Cagigao, acaso uno de los mayores errores de Milad, junto a la exoneración del jefe del arbitraje Enrique Osses. El actual director deportivo del Spartak de Moscú sostuvo que fueron sus gestiones las que convencieron a Ben Brereton de jugar por Chile y que a su llegada a Pinto Durán no encontró nada. Ni siquiera GPS.
Sobre el atacante del Derby County, Rueda rememoró las negociaciones que hizo primero con la familia del delantero y otorga el crédito a Ricardo García, scouting de la Roja, quien hoy trabaja con Sebastián Beccacece en la selección ecuatoriana. Después, casi con ironía, pone en su lugar a Cagigao y plantea su metodología de trabajo en el complejo de las Selecciones nacionales, donde la tecnología poseía un lugar preponderante. Lo avala, por ejemplo, Cristián Leiva, uno de sus colaboradores, quien en este mismo programa revelará las herramientas que utilizaban en Macul.
Para verdades, el tiempo. La conversación con el entrenador que acaba de perder la clasificación al Mundial de 2026 con Honduras reconstruye una parte de la historia reciente de nuestro fútbol, donde el estallido social y la pandemia jugaron un rol protagónico. Lamentablemente, carecimos de liderazgos directivos para afrontar contingencias de esa envergadura. Milad y su directorio fueron pequeños en la hora del análisis, aunque en rigor, nunca entendieron de qué se trataba lo que vivía el fútbol local y la Selección Chilena.
En su lógica de dirigentes con mentalidad de equipo chico, no comprendieron la urgencia de los cambios y que desandar el trayecto recorrido era el peor negocio, como lo comprobaron los resultados. Al revisar la formación del estreno eliminatorio con Uruguay, observamos a Gabriel Arias; Paulo Díaz, Francisco Sierralta, Sebastián Vegas y Nicolás Díaz, con Claudio Baeza de mediocampista central y Charles Aránguiz, una de las debilidades de Rueda, como queda expuesto en la entrevista.
El recambio estaba hecho. Se tenía que sostener. Había tres años de trabajo, que se dilapidaron por miserables mezquindades. La mayor virtud de Rueda era su claridad sobre el momento y las necesidades del fútbol chileno. Desafortunadamente, careció de interlocutores calificados, a la altura de las circunstancias. Lo peor es que el panorama no varía. Las bombas de humo lanzadas por Milad sobre las eventuales tratativas para la llegada de Manuel Pellegrini, con una declaración antológica en el congreso organizado por la Federación de Fútbol de Chile (“tenemos una relación cercana, porque él es chileno”), nos recuerdan que estamos -y no sabemos por cuánto tiempo- ante la peor administración que recuerde el fútbol profesional chileno.







