Francisco Meneghini es un entrenador joven, 37 años, por lo que nadie puede decir que se dio “la vuelta larga” o que “es la culminación de una carrera” la llegada a Universidad de Chile. Si bien experiencia no le falta, siempre dirigió en Primera División, da la sensación que lo mejor está por venir. Aclaro que es la sensación, no hay argumentos empíricos que sostengan un futuro éxito en la banca azul, apenas una proyección intuitiva que tiene gran posibilidad de ser una falacia.

Lo único concreto e indiscutible es que jamás dirigió un equipo grande o un candidato serio a ser campeón. Su carrera en la banca se movió en la “clase media” del fútbol chileno: Everton, Audax, O’Higgins, La Calera... Pero ni siquiera hablamos de la antigua clase media ilustrada y pujante. Más bien, se trata de una clase media empobrecida, apaleada, sin grandes proyectos más allá de mantener el estatus y evitar el descenso. Por ahí, si embocan una copa internacional, se considera un gran logro. Tal como le ocurrió con el cuadro rancagüino.

Y como dice en el primer párrafo, le llega la oportunidad de dirigir a Universidad de Chile antes de los 40 años. Lo que Nelson Acosta nunca pudo lograr o Sergio Bernabé Vargas ve como una quimera, Paqui lo hizo sin gran currículo. Ha sumado enemigos por lo mismo. Se le acusa de tener “buena prensa”, estar “sobrevalorado” y no mostrar nada relevante como para llegar a la U.

El mundo de los entrenadores es como cualquier gremio: envidias, pequeñas alianzas, puñaladas, grupos de interés, ideologías... la naturaleza humana. No podría decir si Francisco Meneghini merece o no entrenar a la U. El mercado del fútbol chileno hoy se mueve con parámetros incomprensibles. En lo que sí tengo certeza es que el entrenador argentino tiene la gran oportunidad de dar un salto en su carrera. Si antes dirigió a equipos sin grandes ambiciones y sin grandes riesgos también, ahora está en la banca del candidato más fuerte, por plantel, de ganar el torneo nacional.

Quería una oportunidad en su carrera, pues la tiene. Y se lo toma en serio. Que haya cortado a Leandro Fernández es una muestra de autoridad, pero también un acto temerario. El delantero argentino supo ganarse al hincha con un campañón el 2024 y salvar los muebles el 2025 metiendo algunos goles relevantes en las fechas finales. Con celebración de dinosaurio, o como se llame, logró tapar ante los seguidores menos exigentes su insólita “desaparición” de casi veinte fechas donde no tuvo goles ni asistencias. Tal vez los “termos” puedan soslayar un jugador que decide, vaya uno a saber por qué, bajar los brazos y dejarse estar tantos partidos. Pero no un entrenador que tiene la gran oportunidad de su carrera. Con esta pura decisión ya se tiró a la mitad de los hinchas encima sin haber jugado un partido. Valiente el cabro. Ahora, que le resulte está por verse.

abre en nueva pestañaabre en nueva pestañaabre en nueva pestaña