El 5 de abril de 2005, Cobreloa rescató un esforzado 0-0 ante Once Caldas en el estadio Palogrande de Manizales. Los colombianos eran los vigentes campeones de la Copa Libertadores y chocaron con la resistencia que propuso el técnico Nelson Acosta. Al término del partido, la transmisión oficial de la cadena Fox Sports, con comentaristas argentinos, eligió a la figura.

Lo habitual era que se inclinaran por un trasandino. Sin redes sociales, los hinchas chilenos festinaban sobre ese tema, algo que se prolongaba a las redacciones de los medios de prensa. Por eso sorprendió que eligieran a un joven volante nortino. Se llamaba Rubén Castillo.

Esa noche la rompió. Manejó la pelota, la pisó, usó los brazos y descargó. No hubo dudas sobre la distinción. Acosta lo definía como un mediocampista completo, que jugaba y no se restaba en la recuperación. Los que seguimos el fútbol local -y no solo a los grandes- pensábamos que su futuro era inmenso.

Nos equivocamos. En el anonimato calameño comenzó a desaparecer, sobre todo cuando fue a préstamo a Lota Schwager. Años después lo hablamos con Nelson Acosta. El hoy retirado entrenador ratificaba las condiciones de Castillo y lamentaba su pérdida. No sabemos dónde se fue, un 8 clásico, nacido el 24 de abril de 1985. Tenía destino de Selección.

La evocación del mediocampista surge a raíz del presente de Damián Pizarro. El delantero formado en Colo Colo no sigue en Le Havre, donde estaba cedido por Udinese. Su debut en los albos fue en plena pandemia, en una derrota con Audax Italiano, cuando los juveniles actuaron por un brote de Covid. En 2023 se hizo habitual entre los titulares, ante la ausencia de un delantero centro probado.

Había esperanza en su futuro, pero todo el ambiente futbolero coincidía en que su proceso se adelantó casi de manera temeraria, más aún si se consideraban las dificultades de su entorno. El Monumental repleto lo vio llevarse con facilidad a Facundo Roncaglia, zaguero de Boca Juniors, la noche del 3 de mayo de 2023. A la altura de la mitad del campo, por la tribuna Océano, Pizarro giró y lo sacó con los brazos, picó largo, pero no anotó. La gente se ilusionó.

Fue una falsa alarma. Su carrera entró en la intrascendencia, más allá de una venta al Udinese y sus convocatorias a la Selección Sub 20. En el Sudamericano del año pasado no gravitó ni hizo goles. Después avisó que se iba de vacaciones cuando el técnico Nicolás Córdova lo citó para los partidos de preparación del Mundial.

Hoy no se sabe qué pasará con ese delantero que insinuaba en el equipo de proyección del Cacique. Con 20 años y una temporada y media sin jugar, Pizarro viene en caída libre, transformándose además en víctima de la crueldad y cobardía de las redes sociales. Con su conducta, él no ayuda. Está a tiempo de revertir su involución, aunque requiere actitud, madurez y trabajo para superar los ripios técnicos que ofrece en los controles y en la definición.

La lista de jugadores que prometían y no llegaron alcanza para un libro. En cada uno de esos casos de consagración fallida hay una historia, casi siempre ligada al origen de los protagonistas. El pésimo momento que vive el fútbol local, graficado en la inoperancia ofensiva que nos dejó últimos en las pasadas eliminatorias al Mundial de 2026, nos lleva a reflexionar sobre tres muchachos que nos darían una diferencia.

Uno es Jeisson Vargas, clave en la salvación de Deportes La Serena en 2025. Un mediapunta con remate, panorama, perteneciente a la generación ’97, que amenazaba con erigirse en el esperado recambio. Dotado técnicamente, le alcanza para el frente interno, aunque si se lo propone, aún está a tiempo de acercarse al jugador que proyectaba.

El segundo es Ángelo Araos, hoy en el Puebla de México. Las lesiones truncaron su consolidación. ¿Qué pasaba si regresaba a Chile? Quizás relanzaba su carrera y estaríamos en presencia, o al menos cerca, del volante que descolló en Antofagasta y Universidad de Chile. Se extraña su cabeza levantada y paso largo en la salida. Al igual que Vargas, posee ese pase final que carecemos.

El último es Nicolás Castillo. Entre las lesiones y enfermedades que sufrió, más la inmadurez crónica que lo acompañó desde su estreno en Universidad Católica, nos quedamos esperando al centrodelantero que llegó de Renca.

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