El caso pasó inadvertido en Chile, porque es lejano y nos preocupa más que el delegado presidencial Eduardo Pacheco, un burócrata bien pagado y elegido a dedo, como también quien lo sucederá en el cargo en el próximo gobierno, quiso suspender un partido de fútbol solo para ganar pantalla; o quizás porque el presidente de Unión Española pretende que la justicia ordinaria borre de un plumazo la paupérrima campaña que hizo descender a su club, campaña de la que es uno de los grandes responsables.

Pero en Francia, hace unos días, se generó una muy interesante polémica donde el sexismo, el fútbol femenino, las redes sociales, los medios de comunicación, los opinólogos sin filtro educacional ni control editorial, pero con acceso a un micrófono, y los grupos defensores de la igualdad género, a veces tan fanáticos y violentos como los barras bravas, se llevaron un protagonismo que terminó que con el comentarista de TV y ex seleccionado francés Daniel Bravo suspendido por una de las cadenas de televisión más grandes del mundo.

Breve resumen del incidente: partido de la Liga francesa femenina de Primera división, se enfrentan Paris FC y Olympique de Marsella. A cargo de los comentarios estaba Bravo, exjugador y exseleccionado galo (13 jugados, 1 gol). En algún momento del partido, la cámara enfoca en la tribuna a la directora deportiva del Paris FC, Gaëtane Thiney, también exfutbolista y exseleccionada de Francia (163 jugados, 58 goles). Sin que mediara razón alguna, Bravo despacha su comentario: “No está muy atenta... No parece que esté hablando de táctica, sino de lencería”.

Ardió París. Las redes estallaron de inmediato; la manada twittera destrozó a Bravo y su mensaje sexista; las futbolistas arreciaron en contra de la cadena franco catarí Bein Sports y el objetable comentario fue material de amplio debate sobre si el subtexto del exjugador opinólogo, asociación de periodistas deportivas incluida, guardaba una velada crítica a lo que de verdad piensan los futbolistas profesionales del nivel de juego que las jugadoras practican, y de cómo finalmente las diferencias entre unos y otras se justifican en los sueldos y la relevancia que le otorgan los clubes y los medios a cada categoría.

Por supuesto, Bein Sports sacó de pantalla casi de facto a Bravo -24 horas después de sus palabras- y lo obligó a disculparse públicamente con Thiney. Pero la polémica dejó una herida sin cerrar y varios flancos abiertos, porque tocó una fibra muy sensible en cuanto a la real valoración que a niveles de crítica especializada, despojada de toda hipocresía o corrección política, hay sobre el fútbol femenino y, por otro lado, respecto del riesgo que corren los medios de comunicación cuando, en su afán de intentar ganar audiencia, exponen en sus espacios a ciertos personajes que saltaron de la cancha a un estudio de TV sin tener el mínimo acervo, no de conocimientos de fútbol, sino que cultural. Y cómo, finalmente, los prejuicios no logran ser ocultados o atenuados, aunque la línea editorial así lo disponga.

La discusión está lejos de acabar, y acá en Chile algo nos toca muy de cerca cuando vemos a algunos opinólogos-comentaristas aplicando técnicas periodísticas o hablando de políticas deportivas con absoluta carencia de fundamentos, por no decir ignorancia, pero con una ‘autoridad’ que sorprende. A veces la corrección editorial no debe ser interpretada como una acción que atenta contra la libertad de expresión. Se hace una medida necesaria.

Una última cosa. El gesto de nobleza y de categoría de Gaëtane Thiney tampoco puede ser omitido. Un par de días después de que estalló la controversia, al ver el grado de destrucción y funa al que estaba siendo sometido Bravo en RRSS, la directora deportiva habló: “Su comentario es condenable, pero no imperdonable. Lamento que el asunto hubiera alcanzado una dimensión tan catastrófica y haya tenido tanta publicidad. Los medios tienen que ser un ejemplo. Entiendo que si lo defiendo (a Bravo), la gente dirá que está mal porque tengo que representar a las mujeres, pero también sé que siempre defenderé a las mujeres”.

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