
Corría el año 2001 y Olympique de Lyon visitaba al Barcelona en un partido válido por la fecha 1 del Grupo F de la Champions League, jornada postergada por los atentados del 11-S. La derrota por 2-0 sobre el cuadro francés pasó al anecdotario tras la gran tapada de Grégory Coupet, que salvó a su portería de un autogol, retrocediendo y sacando una mala devolución de su defensa con un cabezazo, dejando como testigo a nada más, ni nada menos que Rivaldo.








