
Matías Sandoval, extremo argentino de 29 años, llegó por primera vez a Chile en 2023 para defender los colores de San Felipe y poco a poco se fue haciendo un nombre en territorio nacional.
Pasó por San Antonio Unido, Rangers y durante esta temporada logró dar el salto a Cobreloa, donde está cumpliendo el sueño de jugar en uno de los equipos más destacados del país.
En ese contexto, Matías Sandoval habló con En Cancha y decidió abrir su corazón para contar parte de su historia, desde los problemas que tuvo cuando chico hasta los meses que estuvo sin recibir sueldo en Argentina.
Por otro lado, el extremo argentino contó la conexión que tenía con Chile, las ganas de jugar en territorio nacional y el deseo de llegar a Colo-Colo o la U.

- ¿Cómo empezó tu camino en el fútbol?
Soy de Bella Vista, Corrientes. Empecé a los 5 años porque mis tíos me llevaron. Yo no tuve la posibilidad de criarme con mis padres biológicos; me criaron mis tíos y ellos me incentivaron porque era un chico muy inquieto Y con mucha energía. Pasé por varios clubes de mi pueblo y a los 11 años quedé en una prueba para Renato Cesarini en Rosario. Me tuve que ir solo a una pensión a esa edad.
- ¿Te fuiste solo a los 11 años?
Sí, me fui solo a la pensión. Volví a mi casa a los 12 por temas personales, personas que se metieron en el medio para “cortarme las patas” porque me estaba yendo bien. Pero en mi pueblo encontré a un técnico con contactos en Buenos Aires y me fui a probar a All Boys. Quedé el primer día. Recuerdo que fui con una polera naranja que resaltaba entre todos los chicos que vestían de blanco y negro. Corría como un niño de dos años tras la pelota y los profes se fijaron en mí. Estuve en All Boys 10 años y debuté profesionalmente en 2015, con 18 años.
- Sobre tu historia familiar, mencionaste que no te criaste con tus padres biológicos...
Hubo muchos problemas personales. Recién a los 23 años me enteré de quién era mi papá. Mis tíos me adoptaron para que yo pudiera estar mejor y les voy a estar agradecido toda la vida. Me dieron techo, comida y educación. Mi madre biológica tenía problemas y a veces le daban ataques de locura... Pasé cosas difíciles de chico, pero el fútbol fue mi refugio para salir adelante.
- ¿En qué momento decidiste que serías futbolista profesional?
Siempre estuvo en mi mente. La decisión real fue a los 11 años, cuando armé el bolso para irme a Rosario. Recuerdo llorar en el balcón de la pensión extrañando a mi familia, pero me secaba las lágrimas y me decía: “Yo quiero ser jugador de fútbol”. Mis tíos me pedían que estudiara y yo les cumplí con los títulos de primaria y secundaria, pero les pedí que me dejaran ser libre jugando al fútbol. Hoy, estando en un club grande como Cobreloa, se me pone la piel de gallina al recordar todo lo que pasé. Siento que Dios estuvo conmigo en todo momento, dándome oportunidades cuando otros quisieron detenerme.

- ¿Esa historia de vida forjó el carácter que tienes hoy en la cancha?
Sí. Cuando debuté en All Boys me pasó la cuenta mi historia personal; era un chico que se enojaba por todo o se tiraba abajo si una jugada salía mal. Pero a los 23 años, cuando cerré mi círculo y supe la verdad sobre mi padre —quien ya había fallecido cuando me enteré—, pude madurar. Nada de eso me destruyó; al contrario, me dio más ganas de seguir jugando y ganar cosas. Mi apellido siempre fue el de mi madre, porque mi padre nunca estuvo presente. Es algo muy personal, pero es parte de lo que soy.
- ¿Cómo fue tu paso por los clubes de Argentina?
Ninguno de los clubes en los que estuve fue de Primera División. El nivel más alto fue All Boys en la Primera B Nacional. Después de la pandemia me quedé sin club y bajé dos categorías hasta la Primera C, que es como una Segunda División de acá.
- Muchos jugadores sufren por los pagos en esas categorías, ¿te pasó lo mismo?
Tuve problemas de pago en All Boys, en la B Nacional, y es algo que pasa en la mayoría de los clubes de Argentina, salvo los que se manejan bien. Me fue mejor cobrando en la C y en la B Metropolitana que en All Boys. Allí estuve cinco meses sin cobrar. Tuve la suerte de conocer a mi esposa ahí. En ese momento mis suegros estuvieron conmigo. Mi suegro es amante del fútbol y me decía: “Vos tenés que entrenar y jugar, no importa; acá yo te voy a sostener”. Me bancó a muerte y le voy a estar agradecido toda la vida, porque no es fácil ir a trabajar y no tener para comer o mirar la billetera y no tener nada.

“Encontré mi lugar en el mundo”
- ¿Cómo surgió la posibilidad de venir a Chile?
Tuve una buena temporada en Ituzaingó en 2022. Me llegaron ofertas de Macedonia, de un club que manejaba Wesley Sneijder, pero por algún motivo no se dio. Después me llamaron de San Felipe. Tenía propuestas para ir a Chicago (Argentina), Villa Dálmine y Gimnasia de Mendoza en la B Nacional.
Lo de Chicago era tentador, es un club grande, pero yo me formé en All Boys y son clásicos a muerte. Mi esposa y su familia son todos hinchas de All Boys. Yo soy profesional y si me tocaba ir, iba, pero justo apareció lo de Chile. No sé por qué, pero yo siempre quise venir a jugar acá; digo que es Dios quien maneja mis caminos. Semanas antes de la oferta de San Felipe yo pedía por favor que me llegara algo concreto de Chile. Cuando llegó, no lo dudé.
- ¿Conocías el fútbol chileno antes de llegar?
Me gusta mucho ver fútbol y conocía a los equipos de Primera. A Cobreloa lo ubicaba porque es muy conocido por su historia en Libertadores. A San Felipe no lo conocía, pero me daba lo mismo si me llamaba la U, Colo Colo o San Felipe; yo quería venir a hacerme una carrera acá. Compañeros y representantes me decían que por mi velocidad y estilo, Chile era una muy buena vitrina. Además, es un país estable y eso lo puse en la balanza.
- ¿Cómo fue tu adaptación al país?
El primer mes fue un lío con el cambio de moneda; no sabíamos si lo que comprábamos era caro o barato. Pero después me asenté muy bien. Argentina es un país económicamente inestable y acá ves que un paquete de fideos cuesta lo mismo que hace un año. Esa estabilidad es muy importante para el jugador y para la familia; te deja trabajar tranquilo. Encontré mi lugar en el mundo.
- ¿Qué te pareció la cultura y la gastronomía chilena?
Es similar a la argentina, pero he ido probando cosas. El choclo, las empanadas... que acá son enormes comparadas con las de allá. Me gustan mucho los asados y las Fiestas Patrias; el ambiente del 18, los anticuchos y el baile. Probé el terremoto; es rico pero muy dulce y te marea rápido (risas). Me adapto a todo; si me invitas a un asado chileno lo disfruto igual, lo importante es con quién compartes.
- Has pasado por el calor de San Felipe, Santiago, la lluvia de Talca y ahora Calama...
En San Felipe estuvimos dos años y conocimos gente muy buena. Santiago es distinto, mucho más movido. En Talca estuve pocos meses y el clima era muy cambiante. Esta profesión es así y hay que adaptarse rápido. Ahora en Calama me adapté al clima y a la altura.
- ¿Costó?
Al principio me costó muchísimo. Todo lo que se dice de la altura es verdad: te falta el aire y la pelota vuela. Con San Felipe vine a jugar acá y a los tres piques estaba liquidado; hoy puedo hacer quince sprints y me recupero. Es una ventaja que debemos aprovechar en casa. En Santiago, cuando jugamos contra Unión Española, sentía que volaba porque me sobraba el aire.








