Mientras el plantel de Colo Colo se encuentra en pleno desarrollo de su intertemporada en Colombia, la dirigencia de Blanco y Negro trabaja a toda máquina en el mercado de fichajes. Fernando Ortiz es claro: asegurar tres refuerzos de jerarquía para afrontar los desafíos del segundo semestre y comenzar a cimentar la base de la temporada 2027.
En esa lista de peticiones, el nombre que genera mayor consenso y expectación es el del mediocampista nacional Diego Valdés. El “Tano” Ortiz conoce a la perfección las capacidades del volante creativo, a quien dirigió con notable éxito durante su etapa en las Águilas del América.
Actualmente, el jugador de 32 años milita en Vélez Sarsfield de Argentina, escuadra donde lamentablemente no ha podido exhibir su mejor versión debido a una seguidilla de lesiones que le han restado regularidad en el último tiempo.
La audaz estrategia de Colo Colo: llegar “con el pase en su poder”
Aprovechando que Valdés perdió terreno en la consideración del entrenador del Fortín, Guillermo Barros Schelotto, la concesionaria alba activó los sondeos para repatriarlo. Sin embargo, fiel a su política de resguardo financiero, la directiva del Cacique no tiene contemplado realizar una gran inversión económica por concepto de transferencia.
Según se detalló en Radio Cooperativa, la fórmula que explora Colo Colo apunta a que el seleccionado chileno destrabe su salida de Buenos Aires por sus propios medios, pese a tener un vínculo vigente con el cuadro de Liniers hasta 2027.
“La dirigencia de Blanco y Negro manifestó la intención de contratarlo como jugador libre. Hasta hoy no ha presentado ninguna propuesta a Vélez Sarsfield”, señaló el periodista Rodrigo Arellano.
Pese a lo complejo que suena convencer a un club argentino de liberar a una de sus figuras sin recibir dinero a cambio, existe un factor administrativo que juega completamente a favor de las pretensiones del cuadro de Macul.
Vélez Sarsfield arrastra una importante deuda económica con Diego Valdés referida a sus remuneraciones mensuales. Este incumplimiento financiero asoma como la gran carta bajo la manga para el futbolista: sus representantes buscarán utilizar estos saldos impagos como moneda de cambio para negociar una rescisión amigable del contrato.