
Antes de convertirse en arquero de Coquimbo Unido, Gonzalo Flores tuvo que recorrer un camino poco habitual. El actual portero pirata no siempre estuvo bajo los tres palos: gran parte de su etapa formativa la vivió como volante central, hasta que una decisión inesperada terminó cambiando por completo el rumbo de su carrera.
En esta segunda parte de la conversación con En Cancha, Flores repasó los momentos que marcaron su formación, desde su inolvidable experiencia viajando a Qatar con las inferiores de Universidad de Chile, hasta su llegada al Centro Deportivo Azul, una etapa que recuerda con cariño y que hoy, con mayor madurez, analiza como una cuenta pendiente.
El viaje a Qatar que le abrió los ojos al fútbol profesional
Uno de los momentos que marcó su carrera ocurrió cuando todavía era juvenil de la U. En ese entonces, bajo las órdenes del profesor Nicolás Prieto, hijo de Ignacio Prieto, ídolo de la UC, recibió la noticia de que estaba prenominado para viajar a Qatar.
“En ese momento nosotros estábamos en la Sub-15 o Sub-16, no lo recuerdo con exactitud. Yo llevaba muy poco tiempo en la Universidad de Chile y además venía de una etapa muy particular, porque estaba recién en pleno cambio de posición. Ese era apenas mi segundo año como arquero, porque prácticamente toda mi etapa formativa la hice como jugador de campo, principalmente de volante central”, contó.
La noticia fue inesperada para Flores, quien nunca había viajado en avión ni había salido del país: “Cuando me entregaron la carta avisándome que estaba prenominado para ese viaje, fue una locura. Llamé de inmediato a mi familia y no me creían, porque yo nunca había viajado en avión ni había tenido la oportunidad de salir del país. Que me dijeran que iba a viajar a Qatar era algo impensado para mí”.

Incluso recuerda un gesto familiar que hasta hoy mantiene presente. “Mi abuelo todavía estaba vivo y le pasó su tarjeta de crédito a mi mamá para que pudiera comprarme calcetas y algunas cosas que me pedían para el viaje. Yo creo que desde ese momento se me empezó a abrir el apetito de seguir luchando y entender que realmente podía vivir del fútbol”.
Aquella experiencia significó un antes y un después en su mentalidad. “Hasta entonces uno juega y se divierte, pero en ese momento me di cuenta de que esto podía transformarse en una profesión. Ahí nació en mí esa ambición”.
De volante central a arquero: el cambio que transformó su carrera
El camino de Flores hacia el arco comenzó casi por necesidad. Aunque siempre tuvo cercanía con la posición, no era el puesto que ocupaba en sus primeros años. “Mientras jugaba de volante central siempre me gustó atajar. Con mis amigos y con mi familia muchas veces me iba al arco, me gustaba tirarme al suelo. Pero como tenía buen pie, me mantenían jugando de central”, dice.
Sin embargo, la falta de estatura comenzó a complicar su continuidad como jugador de campo. “En varios equipos me fueron dejando de lado por un tema de estatura, porque en ese momento era muy bajo. Recuerdo que un profesor en Cobresal me recomendó que probara entrenando como arquero”.
El cambio tampoco fue sencillo: “Ahí fue fundamental el apoyo de mi familia, porque yo incluso pensé en dejar de jugar. Fueron ellos quienes me empujaron a seguir. Empecé a trabajar como arquero y al mes ya notaba cambios significativos”.
Eso sí, el proceso estuvo acompañado de dificultades físicas. “Tuve varios problemas en las rodillas, porque estaba creciendo muy rápido. Hubo meses en los que crecía cerca de dos centímetros. Así comenzó el cambio. Técnicamente me costó muchísimo, porque todo fue muy rápido”.
La persona que apostó por él y lo formó mentalmente
En ese proceso apareció una figura clave: Gustavo Sánchez, padre del arquero Diego Sánchez, quien fue uno de los primeros en apostar por Flores como arquero. “Tiene una personalidad muy parecida a la de Diego, muy frontal. Cuando me aceptó, me lo dijo sin filtros: ‘Tengo dos arqueros mejores que tú. Eres súper malo, pero juegas muy bien con los pies, así que te necesito’”.
Una frase que en ese momento fue dura, pero que terminó siendo una enseñanza. “Hoy me río, pero en ese tiempo fue durísimo. Hasta el día de hoy se lo cuento a Diego y nos matamos de la risa”.
Flores asegura que esa exigencia fue fundamental para fortalecer su carácter. “Creo que gran parte de mi fortaleza mental se la debo a él. Me hizo muy duro psicológicamente. Me exigió al máximo. Hubo semanas en que realmente me destruyó con su exigencia, pero después también me hacía sentir el mejor”.
La llegada a Universidad de Chile y la promesa que cumplió
Después de su etapa en Palestino, llegó el llamado que siempre había esperado: Universidad de Chile: “Gustavo estaba enojado porque me decía: ‘Ahora que te tengo listo, te me vas’. Pero para mí era una oportunidad enorme”.
En la U se encontró con una competencia muy fuerte. “Cuando llegué me encontré con arqueros de muchísimo nivel: estaba Gonzalo Collao, Ignacio Azúa, Adrián y Rodrigo Cancino, que además era seleccionado chileno de mi generación”, apunta.
Flores recuerda que desde el primer día entendió que tendría que trabajar para ganarse un lugar. “Me dijeron que me llevaban porque tenía muy buen juego con los pies, que me iban a potenciar como arquero, pero que jugar iba a ser difícil porque tenían a Cancino, que era el arquero consolidado de mi categoría”.
Pero había una promesa personal que cumplir: “Cada vez que pasaba por fuera del Centro Deportivo Azul con mi mamá, yo le decía: ‘Algún día voy a estar acá, te lo prometo’. Entonces, cuando finalmente se dio, le recordé esa promesa. Le dije: ‘Mamá, ¿te acuerdas cuando te decía que iba a estar acá? Bueno, acá estoy’”.
Su deuda pendiente con la U: “Me habría gustado consolidarme”
Flores reconoce que Universidad de Chile fue una etapa fundamental en su crecimiento: “Fue un paso enorme en mi carrera. Fueron años maravillosos. La U me entregó todo lo que necesitaba para consolidarme como arquero”.
Además, pudo compartir con jugadores de enorme trayectoria. “Me tocó entrenar con los no citados del plantel profesional, donde compartí con jugadores como Mauricio Pinilla, David Pizarro y Felipe Seymour. En ese momento quizás no dimensionaba lo que significaba, porque era un niño y solo pensaba en entrenar y jugar”, asegura.
Sin embargo, con la experiencia que tiene hoy, también realiza una reflexión sobre lo que pudo haber sido. “Si me preguntas si me habría gustado consolidarme en el primer equipo, claro que sí. Estamos hablando de uno de los clubes más grandes del país”.
Aunque admite: “Con la madurez que tengo hoy también puedo decir algo con honestidad: no estaba preparado. Probablemente, si se hubiera dado antes de tiempo, la experiencia podría haber sido más negativa que positiva”.








