Gonzalo Flores llegó a Coquimbo Unido en 2025 como una apuesta que buscaba abrirse camino en Primera División, pero en poco tiempo terminó siendo parte de uno de los procesos más exitosos de la historia reciente del club. El arquero, que ha tenido que esperar su oportunidad detrás de Diego Sánchez, encontró en el puerto un lugar donde asegura haber crecido tanto dentro como fuera de la cancha.

En conversación con En Cancha, el guardameta repasa el presente que vive junto al cuadro pirata, la transformación del equipo tras un año histórico, la importancia del sentido de pertenencia que existe en la institución y el rol clave que han tenido el staff, sus compañeros y la hinchada en la consolidación de un grupo que hoy pelea en todos los frentes.

Además, Flores aborda su competencia interna con Sánchez, el aprendizaje de compartir camarín con jugadores de trayectoria internacional y el apoyo de su familia como motor en un camino donde la paciencia y la preparación fueron fundamentales para responder cuando llegó la oportunidad.

El portero ha sido la competencia esta temporada y media de Diego Sánchez. Foto: Aton.
Gonzalo Flores. El portero ha sido la competencia esta temporada y media de Diego Sánchez. Foto: Aton.

“El hincha pirata te exige, pero también te entrega algo único”

-Desde lo personal, ¿cómo describes este momento de tu carrera?

-Bien, muy contento, la verdad. Desde el año pasado, mi llegada acá a la ciudad ha sido maravillosa. El año pasado fue algo histórico y este año lo empezamos de una manera maravillosa, siendo supercampeones ante un gran rival. Estoy contento. La verdad es que vivir acá, vivir en la playa, ya te hace más feliz. Además, estás en una institución donde te dejan trabajar tranquilo, donde tienes todo: un gimnasio de primer nivel, un complejo de primer nivel y hasta el hotel dentro del complejo. Entonces, al final, tú solo te tienes que dedicar a trabajar y a hacer las cosas bien.

-¿Sientes que ese entorno y esa tranquilidad han sido claves para que el jugador pueda enfocarse solamente en rendir?

-Nos juntamos jugadores con mucha hambre de lograr más cosas por el club y por esta gente, que se identifica muchísimo con los colores, algo que también es impresionante. Así que estoy contento de poder darles una alegría. Mi día a día, la verdad, es maravilloso estando acá.

-Llegaste al club el año pasado. Antes de firmar, ¿imaginabas que ibas a vivir todo lo que has conseguido con Coquimbo?

-No, no. La verdad es que fue todo muy rápido. Yo tuve la posibilidad de llegar primero a otro club, pero viéndolo mejor para la familia y conversándolo con mis representantes, terminamos llegando acá. Miguel Pinto fue quien me trajo y me presentó el proyecto. Me dijo que querían hacer algo serio y competitivo. Yo le creí porque Miguel sabe lo que significa nuestro puesto.

-¿Qué fue lo que más te llamó la atención de lo que te planteó Miguel Pinto?

-Me explicó un poco su forma de trabajar en ese tiempo con el Chino y con su preparador físico. Como familia tomamos la decisión de venir, pero obviamente uno nunca se imagina que, en ese primer paso en Primera División, iba a lograr algo tan histórico a nivel nacional e internacional. Lo que se hizo fue algo que quizás nunca más se va a repetir. Fue algo mágico.

-¿En qué momento comenzaron a sentir que ese grupo podía conseguir algo importante?

-Desde el primer día, cuando nos juntamos en esa pretemporada a correr en un cerro, donde incluso los mismos miembros del cuerpo técnico corrieron con nosotros. Ahí supimos que este equipo quería lograr cosas grandes.

-Coquimbo ha mantenido una línea competitiva pese al cambio de entrenador. El año pasado con Esteban González y hoy con Hernán Caputto. ¿Cuál es la principal fortaleza de este grupo para sostener ese rendimiento?

-Para mí, la base parte por todo lo que es el staff. Si tú vienes para acá, te das cuenta de algo que te decía antes: el hincha y la gente se identifican mucho con el club. Donde vayas ves una bandera. Y acá el staff, ya sea el área médica o los profes que suben de las juveniles, son todos hinchas del club.

-¿Ese sentido de pertenencia se transmite desde el primer día al jugador que llega?

-Sí, y el trabajo, más que por lo económico, lo hacen con mucho amor y mucho cariño. Cuando llegas acá, ellos te transmiten eso y te empapan de lo que significa la fuerza y el coraje. Para mí, eso es fundamental. Este año llegó Hernán a hacerse cargo del equipo, y no era fácil. Yo tuve la fortuna de conocerlo en la U, cuando estuve allá, y se adaptó súper bien. Ya había una base de jugadores que veníamos del año pasado. Él trató de mantener mucho de la intensidad de juego y de la idea de hacerse fuertes en casa, agregando también sus propios matices, como todo técnico. Creo que se ha hecho de buena forma. Pero para mí la base sigue siendo el staff: que se contrate gente humana y jugadores que logren identificarse con el club. Por ahí va la base.

—Entonces, ¿el sentido de pertenencia es uno de los grandes pilares de este Coquimbo?

-Totalmente. Te cuento una anécdota. Cuando llegué, el primer día me topé con el doctor. Andaba con una camiseta como si fuera de la barra de Coquimbo. Me saludó con un abrazo, como si me conociera de toda la vida. Se presentó y me dijo: “Yo soy el doctor”.

—¿Qué te generó recibir ese tipo de bienvenida?

-Para mí fue inesperado, porque me recibió con mucho afecto y vestido de una forma súper normal. No intenta aparentar nada por ser el doctor. Al tiro te impregna de los colores, de la historia del club. Te transmite que este trabajo lo hacen más que por lo monetario; lo hacen por pasión. Y lo único que les piden a los jugadores cuando llegan es que se dejen entrenar y que se identifiquen con los colores y con la historia del club. La verdad, eso es muy lindo.

—Hoy están peleando el campeonato, siguen con vida en Copa Chile y además clasificaron a octavos de final de Copa Libertadores. ¿Cómo vive el plantel esta ilusión?

-Ha sido maravilloso. Yo creo que este año nosotros ya tenemos un poco más instalado en la cabeza que podemos lograr grandes cosas. Quizás lo del año pasado fue más de ir paso a paso, de avanzar de a poco, pero este año el equipo tiene mucha hambre.

—¿Eso se nota principalmente en el día a día del entrenamiento?

-Si vieras los entrenamientos, todos quieren estar todos los días, todos quieren jugar cada campeonato, queremos ganar todos los partidos y todos los torneos, y a cada competencia le damos la misma importancia. Creo que eso ha sido fundamental, porque tampoco somos un plantel tan amplio como para competir cómodamente en todos los frentes. No somos tantos jugadores como otros clubes, pero ahí aparece el amor propio.

-Mira...

-Eso me ha impresionado mucho, porque tenemos jugadores grandes, de mucha experiencia, que quizás necesitan más descanso que los más jóvenes, pero no es así. Acá todos quieren estar, nadie se resta. Incluso el jugador que no juega tanto siempre está preparado, porque sabíamos que este año en cualquier momento nos iba a tocar a todos. Uno va paso a paso, pero el trabajo en equipo nos ha dado estos resultados. Creo que cada jugador al que le ha tocado ingresar lo ha hecho de muy buena forma. Hemos podido responder en todos los campeonatos y eso se ha reflejado en los resultados.

—Justamente, hace tiempo no se veía un equipo donde las alternativas mantuvieran un nivel tan alto. Si falta Diego Sánchez, entras tú y el rendimiento sigue siendo bueno. ¿Cuánto valor tiene esa competencia interna?

-Es muy importante, porque hoy en día no es fácil encontrar planteles donde el que entra desde la banca mantenga el nivel del que venía jugando. Acá se ha generado una competencia muy sana. Todos entrenan al máximo porque saben que en cualquier momento les puede tocar.

—¿Crees que esa competencia interna termina siendo una de las claves del rendimiento del equipo?

-Eso hace que el nivel de exigencia suba para todos y que el equipo no resienta tanto las ausencias. Creo que ahí también está una de nuestras fortalezas como grupo.

Pese a no jugar muchos partidos, está feliz en Coquimbo. Foto: Aton.
Gonzalo Flores. Pese a no jugar muchos partidos, está feliz en Coquimbo. Foto: Aton.

“El hincha pirata te exige, pero también te entrega algo único”

—En este proceso, la hinchada también ha sido protagonista. ¿Qué importancia tiene para ustedes el apoyo del hincha pirata?

-Vuando llegas a la región, inmediatamente te impregnas de los colores. Ves banderas en toda la costanera, en la Ruta 5, en las casas. Incluso cuando vas camino al complejo hay una casa pintada completamente con los colores de Coquimbo. La gente acá es muy esforzada. Eso de esfuerzo y coraje realmente los representa mucho. Donde uno va, siempre hay un hincha pirata.

—¿Qué crees que diferencia al hincha de Coquimbo respecto a otras hinchadas?

-El hincha también es exigente, no te voy a decir que es fácil. Acá te exigen bastante, pero no necesariamente te piden jugar lindo todo el tiempo. Puedes tener malos resultados, pero lo que el hincha exige es que dejes todo en la cancha, que te tires al suelo, que defiendas la camiseta como si ellos mismos estuvieran dentro del campo. Yo creo que eso ha sido fundamental, también lo fue el año pasado. Y este año, además, nos han acompañado haciendo un esfuerzo económico enorme. En los viajes, tanto fuera de Coquimbo como fuera de Chile, el gasto que han hecho ha sido tremendo. Para mí, su apoyo es fundamental.

—Llegaste a un club donde la competencia en tu puesto es muy exigente, con un referente como Diego Sánchez. ¿Qué te motivó a mantenerte firme cuando los minutos no llegaban con tanta regularidad?

-Primero, la familia. Siempre está la familia apoyándote: mi señora y mis dos hijos. Después, el día a día también ha sido muy importante. Tener jugadores con tanta experiencia, como tú dices, y compartir con un compañero como Diego Sánchez me ha ayudado mucho. Cuando llegué a comienzos del año pasado tenía un poco de miedo, porque somos personalidades totalmente diferentes.

—¿Por qué existía ese temor de compartir todos los días con Diego?

-Porque somos muy distintos. Yo tengo mi personalidad dentro de la cancha, mientras que él es más extrovertido. Pero me encontré con una persona humana muy linda, de verdad.

—¿Te sorprendió la persona detrás del personaje que muchas veces muestra Diego?

-A veces se lo cuento a la gente y no me creen por el personaje que proyecta Diego, pero él ha sido fundamental para mí. Yo soy una persona muy observadora y siempre trato de sacar lo mejor de cada persona. El potencial que tiene Diego a su edad es realmente muy alto. Más allá de eso, es alguien que disfruta muchísimo esto, y eso es lo que más me ha impresionado de él. Disfruta el día a día, disfruta entrenar y se saca la cresta entrenando porque ama lo que hace.

—¿Qué aprendiste de él durante ese período en que te tocó esperar tu oportunidad?

-El año pasado me tomé esta etapa como mi primera gran aventura en Primera División, con la idea de aprender de él. Tuve la oportunidad de jugar un partido, me fue bien y él estuvo detrás del arco apoyándome desde el calentamiento. Todo eso hoy se ve reflejado. Cuando me tocó responder, lo hice bien. Al final, ha sido una suma de factores: tener compañeros que terminan convirtiéndose en una familia, porque sobre todo este año uno pasa más tiempo con ellos que con su propia familia. Te doy un ejemplo: hubo un período en que, en casi dos meses, estuve solo nueve días en mi casa. Estuve más con mis compañeros concentrado que con mi familia, pero fue una experiencia muy grata.

—¿Qué valor tiene ver ese compromiso diario que muchas veces el hincha no alcanza a ver?

-Ver en el día a día cómo todos se sacan la cresta, cómo dejan a sus familias de lado por el equipo —cosas que muchas veces la gente no ve—, es algo maravilloso. Creo que al final todo ha sido un complemento: la familia, la ciudad, la gente cariñosa de acá, mis compañeros. Y tampoco quiero dejar fuera a Miguel Pinto. Hasta el día de hoy, Miguel me ha ayudado muchísimo. Confió en mí desde el minuto cero y seguimos en contacto. Me escribe después de los partidos, me da consejos. La verdad, gracias a él estoy acá. Con toda la experiencia, el profesionalismo y todo lo que ganó Miguel, para mí es un privilegio poder seguir en contacto con él.

—Compartiendo con referentes como Miguel Pinto, Diego Sánchez y otros jugadores de amplia trayectoria, ¿qué es lo más importante que has aprendido durante tu etapa en Coquimbo?

-Lo más importante ha sido aprender a ser persona. Yo siempre creí que estar en Primera División, rodeado de jugadores con tanta trayectoria, iba a cambiar mucho la forma de ser del futbolista. Pensaba que iban a ser más cancheros o que se sentirían por sobre otros jugadores, pero me encontré con algo totalmente distinto.

—¿Quiénes te han marcado en ese sentido dentro del plantel?

-Te doy ejemplos: además de Diego, hoy tenemos a jugadores como Lucas Pratto y Guido Vadalá, que son futbolistas internacionales, con trayectorias tremendas. Y tú los ves en el día a día y, sinceramente, es como verse a uno mismo, pero en una versión más madura. Te apoyan, andan riéndose todo el día y, cuando hay que trabajar, lo hacen con total seriedad. No son jugadores que anden retando por cualquier cosa. Obviamente a veces te pegan un grito, pero lo hacen porque ven tu potencial.

—¿Esa humildad es una de las grandes enseñanzas que te deja este grupo?

-Eso me ha dejado una enseñanza muy grande: siempre hay que ser persona, siempre hay que trabajar con humildad y estar preparado. Porque muchas veces uno no ve el reflejo inmediato del trabajo cuando no le toca jugar, pero si sigues entrenando como si fueras a jugar cada fin de semana, cuando llegue tu oportunidad vas a rendir. Eso es lo que más me ha marcado en estos años: hay que estar preparado siempre, siempre, sobre todo en un equipo como este, porque la exigencia de la ciudad y del club es permanente.

—En un puesto tan particular como el del arquero, ¿cómo se prepara mental y futbolísticamente un jugador para estar listo cuando aparece la oportunidad?

-Es difícil, no te voy a mentir ni te voy a decir que es fácil. Es muy complicado, sobre todo en un equipo con una hinchada como esta, que como te decía antes exige mucho, y más aún teniendo a un portero como Diego, que lo ha hecho de manera espectacular y que además es un referente a nivel nacional.

-¿Qué aspectos trabajas para estar preparado cuando llega ese momento?

-Todo pasa por enfocarte en tu trabajo, por ser fuerte de cabeza y por apoyarte en todas las herramientas posibles, como trabajar con un buen psicólogo. Al final, no hay que dejar nada al azar. En Primera División te das cuenta de que todas las áreas son importantes: la nutricional, la psicológica y, por supuesto, la futbolística. No puedes descuidar nada porque cuando llegan los momentos difíciles es ahí donde realmente se ve a la persona, si eres fuerte o no.

-Claro.

-El fútbol en ese sentido es muy complejo. El hincha siempre te va a exigir y más ahora que Coquimbo se acostumbró a ganar y a pelear arriba. Entonces, cuando llegan resultados adversos, la exigencia aumenta todavía más y tú tienes que estar aún mejor preparado para responder dentro de la cancha. Al final, el jugador debe responder tanto en los momentos buenos como en los malos, y la única forma de hacerlo es jugando.

—Para cerrar, ¿qué rol ha jugado tu familia en todo este proceso y en tu carrera?

-Mi familia lo es todo; son mi motor. Como te decía, soy una persona muy familiar, muy hogareña. Me encanta estar en mi casa, con mi señora y con mis hijos. De hecho, a veces me río con mi señora porque le digo que, si supiera cuánto disfruto simplemente estar en casa, lo entendería todo. Incluso con el cansancio del día a día, como hoy que me estaba quedando dormido en el sillón, lo que más disfruto es estar con ellos.

—¿Qué quieres transmitirles a tus hijos con todo este camino que has recorrido?

-Yo trato de ser un ejemplo para mis hijos. Quiero que, cuando crezcan y enfrenten dificultades, entiendan que la vida tiene altos y bajos, pero que nunca hay que rendirse. Intento dejarles una buena imagen de su papá, que sepan que estuve presente y que luché por ellos. Gracias a Dios hoy puedo darles más de lo que yo tuve, no porque mis padres no quisieran, sino porque muchas cosas no estaban a su alcance. Y más allá de lo material, lo que más me importa es dejarles valores y enseñanzas. Mi señora, además, llegó a mi vida en un momento muy difícil a nivel personal. Estuvo conmigo en los malos momentos y hoy también está en los buenos. Por eso, sin duda, ella y mis hijos son el motor que me impulsa a levantarme cada día y seguir trabajando.

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