
Fiebre mundialera en Chile y el mundo entero por lo que ocurre en Norteamérica. Pero aunque la Selección no esté (y por tercera ocasión consecutiva) el gustillo por la máxima cita también se vive por estos lados.
Y quién mejor que dos futbolistas que vistieron la camiseta de La Roja en una Copa del Mundo para hablar del tema. Miguel Ángel Gamboa y Juan Carlos Letelier, veteranos de España 82, son los invitados del Mundialistas, el podcast de En Cancha.
Juvenal Olmos y una conversación imperdible con dos piezas claves de la historia mundialera de la Selección.
Los recuerdos del Llanero Solitario
-Juvenal Olmos: Juan Carlos, ¿de dónde nace el apodo de “El Llanero Solitario” con que se te conoció en los ochenta?
Juan Carlos Letelier: Fue en Audax Italiano, en 1981. Pedro Carcuro fue el que, por los goles que hacía o por la forma que jugaba Audax, en un partido me puso “El Llanero Solitario”. En ese tiempo jugábamos con dos en punta y a veces con uno, nos defendíamos mucho y así se hizo una buena campaña.
-Juvenal Olmos: Mira, a mí me molestan por la celebración que yo hacía, pero la tuya, con esa cueca que bailabas, era más fea todavía...
Juan Carlos Letelier: ¡Ja! Sí, pero esa fue la primera vez que se bailó cueca y tiene una historia. Jugábamos un partido con La Serena y con ellos venía un brasileño, Torino (N. de R.: tres brasileños llegaron a Coquimbo Unido a mediados de los setenta, Torino, Liminha y Bene. Se caracterizaban por celebrar los goles bailando samba; en 1980, Torino pasó a La Serena)… El primer gol lo hace La Serena. Y Torino salió corriendo a bailar con su barra. Y cuando yo hago el empate, voy corriendo a la celebración…
-Juvenal Olmos: ¿Se te ocurrió ahí mismo?
Juan Carlos Letelier: Me acordé que ellos habían bailado. Entonces, me voy a la esquina y hago ese baile... Fue una ocurrencia. Lo que pasa es que después era tan bonito que me la empezaron a pedir que la hiciera los compañeros… Y pasó una cosa: yo fui a Cobreloa y en el partido en que debuto hago un gol frente a Iquique. Voy a celebrar, pero no con la cueca. Después, al final, tuve que hacerlo porque lo estaban pidiendo. Pero de ahí ya no bailé nunca más.
-Juvenal Olmos: Miguel Ángel, ¿fue México tu mejor momento en el fútbol? ¿Tu prime?
Miguel Ángel Gamboa: Alcancé la madurez allá creo yo.
-Juvenal Olmos: Estuviste en Tecos, en el América…
Miguel Ángel Gamboa: Sí, y luego volví a la U, para regresar después a Neza. Pero yo creo que en Colo-Colo fue, en la Copa Chile del 74, después de que no fui al Mundial... Me dejaron acá, no me dejaron ir, y anduve muy bien. Bueno, de hecho, a raíz de ese año yo fui comprado desde México. Anduve muy bien en Colo-Colo ese año, pero ya venía muy bien de Lota Schwager. Ahí fui un jugador que se destacó jugando de 11 (puntero izquierdo), y don Lucho Álamos me trajo para que yo jugara de 10 en Colo-Colo. Así que soy de esos jugadores que no tenía problemas con la cancha. Podía jugar de 9, de 10 o de 11…

Conceptos futbolísticos y tácticos...
-Juvenal Olmos: Hoy existe un debate en las divisiones inferiores, en que se les enseña a los niños de cinco o seis años a jugar a uno o dos toques. Sin embargo, cuando debutan en Primera División, a los 19 años, la exigencia del público es que encaren. ¿Sientes que las metodologías formativas actuales les cortan a los jóvenes el ímpetu del fútbol barrial?
Miguel Ángel Gamboa: Mala formación, pues. Siempre he estado en contra de eso. Todos los punteros tienen la obligación de encarar; esa es la labor. En mi época, uno iba al Estadio Nacional y veía que la misión del puntero era desbordar, encarar y sacar el centro, habilitar o hacer goles. En ese tiempo y antes, los goleadores eran el “9” y el “10”, pero los atacantes por fuera debían ser rápidos y hábiles. Esa función se alteró en la época del Brasil de Zagallo, cuando implementaron el famoso “once retrasado”.
-Juvenal Olmos: Como la pega que realizaba Gustavo Moscoso en la Selección…
Miguel Ángel Gamboa: Exactamente. A partir de ahí comenzó a cambiar la fisonomía táctica.
Juan Carlos Letelier: Surgió la figura del lateral volante.
Miguel Ángel Gamboa: Así es, aunque al principio no eran especialistas ni en una función ni en la otra. No eran ni punteros ni volantes. Eso provocó que el puntero izquierdo clásico fuera desapareciendo. Hoy vemos que en el fútbol europeo, desde hace unos años, los punteros volvieron a ser fundamentales. En cualquier selección buena del mundo, son gente que desborda y son muy rápidos. También, ayudan mucho a marcar, cosa que los antiguos no hacíamos tanto. Hoy, son mucho más completos.
-Juvenal Olmos: En la década de los ochenta, Chile contaba con punteros: Patricio Yáñez, Jurel (Óscar) Herrera, en algún momento, el Pollo (Jorge) Neumann, Gustavo Moscoso, Juan Covarrubias... Había mucho puntero clásico y no se usaba mucho lo de hacer diagonales.
Juan Carlos Letelier: Así es, aunque tuvimos nuestras excepciones.
Miguel Ángel Gamboa: Yo utilizaba mucho la diagonal, y por esa razón anotaba bastantes goles.
Juan Carlos Letelier: Ese estilo, me generó dificultades cuando emigré a Brasil, porque allá estaban acostumbrados al puntero fijo por la banda. En el Inter de Porto Alegre, el entrenador, que era Ênio Andrade, me llevó como extremo derechp. Me contrataron como “punta dereita” y esa no era mi posición. Tendía de forma natural a cerrarme hacia el centro. Recuerdo un partido clave donde peleábamos el descenso en que me centralicé y hago el gol del triunfo. Al finalizar, el técnico me insistió en que me quería fijo en la raya y yo en ese tiempo era un delantero que acompañaba más al “9” que había, porque venía de Cobreloa, donde estaba Jorge Luis Siviero; más rotativo que solamente puntero.
-Juvenal Olmos: Miguel Ángel, ¿te sentías más cómodo jugando abierto por la banda o buscando el gol por el centro?
Miguel Ángel Gamboa: Me gustaba la labor de puntero, pero era más complicado que jugar por el centro. Tenías menos espacios. Tenías que usar mucho más el dribbling, la velocidad, la pelota larga. Por el medio, como 10, jugando como enganche, tenía la opción de retroceder. De hecho, don Lucho (Luis Santibáñez) fue muy específico cuando me dijo como quería que jugara: quería que la agarrara en tres cuartos de cancha propia, para romper líneas en velocidad. Le gustaba mi juego en esa zona de 10, porque dejaba jugadores fuera de marca. Además, aprovechaba el remate de media distancia. Tenías más espacios; de puntero, era el desborde y, a veces, la diagonal.
Juan Carlos Letelier: Distinto a lo mío. Yo desfrutaba jugar de puntero, pero por los equipos donde jugué, íbamos de contragolpe. En Santiago Wanderers y Audax Italiano alternaba las bandas o jugaba de centrodelantero, pero mi llegada a Cobreloa transformó por completo mi visión del juego. De repente, era muy puntero izquierdo o derecho. O, a veces era un centrodelantero.
-Juvenal Olmos: ¿Pero en qué zona te sentías más cómodo?
Juan Carlos Letelier: Libre, arriba. Me acomodaba moverme por la izquierda, por la derecha o por el centro, dependiendo de cómo se desarrollara la jugada. Eso les gustaba a varios técnicos; por eso decían que yo era un buen contragolpeador por la velocidad, el desmarque, y eso me hacía ganar los espacios.

El gol o la asistencia: eterna disyuntiva
-Juvenal Olmos: Hace un tiempo, Jorge Valdivia nos comentaba en este espacio que prefería otorgar una asistencia antes que marcar un gol. ¿Opiniones?
Juan Carlos Letelier: Eso me pasaba más en Cobreloa. En mis etapas previas en Audax y Wanderers, yo quería hacer los goles. Llegué a Cobreloa y ahí se jugaba más en conjunto. Usábamos tres delanteros, más en Calama, para marcar diferencias en la altura. Yo buscaba a Jorge Siviero y Washington Olivera; trabajaba para ellos. Mis cifras goleadoras disminuyeron, pero ellos se consolidaron como los goleadores de los campeonato.
Miguel Ángel Gamboa: En mi caso, era fundamental hacer goles y cuando no estaba la posibilidad, el pase gol. Valdivia no se acostumbró a hacer goles desde un inicio. Fue más un pasador de goles; él siempre tenía más la imagen de la asistencia que del gol y el gol es único.
-Juvenal Olmos: ¿Te tocó jugar con algún compañero con quien te entendieras de memoria? ¿Un socio?
Miguel Ángel Gamboa: Tuve una gran conexión con Sergio “Negro” Ahumada. Se la tocaba y me hacía la pared. Bueno, en esos tiempos existía la pared; hoy, en cambio. Se ve muy pocas veces. El “Negro” se recogía, me habilitaba de primera y yo rompía en diagonal.
-Juvenal Olmos: Miguel Ángel, en tu época abundaban los buenos ejecutores de tiros libres: tú mismo, Jorge Aravena, Osvaldo Castro, Jaime Riveros, Jorge Contreras. ¿Por qué se extinguió esa especialidad?
Miguel Ángel Gamboa: Cada equipo tenía el suyo ¿no? Lo que pasa hoy es que casi no hay jugadas marcadas en pared en el sector medio y el centrodelantero casi no participa. El juego asociado en la zona central ha disminuido y el centrodelantero actual participa. Son finiquitadores. Por ejemplo, Erling Haaland no agarra la pelota en 20 minutos y cualquier jugada en profundidad termina siendo gol. No lo utilizan mucho como un apoyo. Lo otro es la penetración individual que uno hacía por el medio; ya casi eso no te lo cobran. Ahora hay cada empujón y cada patada que no te los cobran; todo vale…
Juan Carlos Letelier: A Luis Suárez todavía le queda eso. Como juega con Messi, siempre tiene la posibilidad de estar buscando, tocando, dando la posibilidad de hacer el gol o favorecer a los que vienen atrás.
-Juvenal Olmos: Juan Carlos, ¿qué opinas de la tendencia actual de exigirle al centrodelantero ser el primer defensor, obligándolo a desgastarse en la persecución de los laterales o centrales rivales? Muchos llegan sin aire a la hora de definir.
Juan Carlos Letelier: Eso también se hacía antiguamente, pero con matices. En Cobreloa, Vicente Cantatore me decía que yo tenía que bajar hasta donde estaba el “6” rival; la primera función defensiva era taparlo a él. Lógico que a mí no me gustaba mucho, porque por mi velocidad, si recuperábamos la pelota saliendo, yo ya podía estar en posición de ataque y a veces no lo estaba por cumplir esa misión.
Miguel Ángel Gamboa: Pero hay una diferencia. Una cosa es hacer sombra y otra es marcar. Antiguamente el 10 y el 8 hacían sombra, como en el boxeo. Los 10 no eran marcadores. ¡Anda tú a hacer marcar a Chamaco!... Ahora sí marcan. Hay una tendencia en Europa donde el balón te marca la línea: todos tienen que estar detrás de la línea de la pelota, ese es el marcaje y muchas veces los defensas están en tres cuartos del área contraria. PSG, Arsenal, Manchester City… Están todos ahí atacando. En un momento, se veía muy lindo, pero a mí por lo menos ya me está aburriendo el juego de tanto toque; la famosa posesión. Llega un momento en que, ya poh, ¡pégale al arco! Todos los jugadores corriendo para allá y para acá… ¡Uf!
-Juvenal Olmos: Juan Carlos, tú mencionaste en un momento que con la llegada de Marcelo Bielsa se empezó a perder la figura del centrodelantero clásico en Chile…
Juan Carlos Letelier: Lo que pasa es que Bielsa, cuando llegó a trabajar a Chile, analizó las características de lo que tenía a mano. Ahí es donde se vio, por ejemplo, el lateral-volante; Mauricio Isla subía bastante y el equipo le sacaba mucho provecho a esa banda. Por eso, para su esquema inicial, era más fácil jugar sin un centrodelantero. Pero llegó un momento en que Chile sí necesitó un centrodelantero y ahí apareció Paredes. Lo llamaron, vino, hizo un gol, pero después tampoco lo usaron más por la tendencia de lo que vino a hacer Bielsa. Los técnicos que vinieron después usaron ese sistema.
Miguel Ángel Gamboa: El único 9 que realmente jugó bien en la época de Bielsa fue Chupete Suazo, porque jugaba muy bien al fútbol, salía a pivotear. Bielsa se volcaba mucho en él porque, además de asociarse, te aseguraba el gol. Chupete, para mí, es lejos el mejor centrodelantero de los últimos tiempos del fútbol chileno.

El recordado y polémico Mundial de España 82
-Juvenal Olmos: Hablemos de historia. El Mundial de España 1982 nos dejó una espina clavada a los chilenos. A la Selección le fue mucho mejor en las clasificatorias que en el propio Mundial. ¿Qué pasó?
Miguel Ángel Gamboa: Las épocas han ido cambiando. Si nos remitimos a los nombres, individualmente éramos fuertes, aunque yo creo que la mejor Selección en cuanto a nombres propios fue la de 1974, que estaban todos en un nivel espectacular y tampoco pasó de fase. La del 78 era muy parecida a la del 74 y no logró la clasificación. Luego, en el 82, había buenos jugadores, pero a lo mejor no fuimos al Mundial con el mejor rendimiento. Hay que partir de la base de que el jugador va a hacer lo que su preparador físico y su técnico dicten. ¡Y a nosotros nos tuvieron cinco meses encerrados!
-Juvenal Olmos: Una locura para los tiempos actuales; o para cualquier tiempo, en realidad...
Miguel Ángel Gamboa: Estuvimos concentrados en Tongoy, Alto Jahuel, en Juan Pinto Durán, y después encerrados en España. En el Colegio Meres. Nos metieron en un lugar que antes era un convento, no podíamos salir a ninguna parte y no era lo más cómodo. No sé qué tanto se tradujo eso en el bajón de rendimiento dentro de la cancha, pero iniciamos mal. Contra Austria se pudo haber sacado un mejor resultado (0-1, el famoso partido en que Carlos Caszely perdió un lanzamiento penal), luego nos enfrentamos a una Alemania que venía de perder con Argelia y estaba obligada a ganarnos sí o sí. Al final, Argelia nos terminó ganando apretado tras ir tres cero arriba. No se hizo lo que la gente esperaba, muchos no llegamos en un mejor nivel.
-Juvenal Olmos: Miguel Ángel, ¿Te dejó conforme lo que lograste en tu carrera o sientes que pudiste haber llegado más lejos?
Miguel Ángel Gamboa: Me faltó, en la medida de mi calidad. Yo era mucho mejor que lo que la gente cree. Me faltó lograr campeonatos. En el aspecto individual me fue muy bien, en títulos, tengo un solo título que fue la Copa Chile con Colo-Colo. Pero hizo algo espectacular: hice cerca de 170 goles jugando de puntero, y goles de cualquier característica que puedas ver: pasándome a cuatro rivales, a dos, de tiro libre, de cabeza, pegándole de 40 metros. He sido uno de los jugadores más completos que ha tenido el fútbol chileno en facultades técnicas; no el mejor, pero sí uno de los más completos. Me faltó desarrollar las cualidades. En nuestra época era muy difícil salir al extranjero. Europa tenía los cupos cerrados; en Italia no se podía y en España se permitía un solo extranjero por equipo. Había muchas dificultades geográficas y políticas. Aun así, estoy feliz. Vengo de donde vengo, jamás esperé vivir como vivo hoy gracias al fútbol, así que lo demás queda para el pasado. Fui bueno, regular, malo, que piensen lo que quieran de uno
-Juvenal Olmos: ¿Sientes que tus arranques temperamentales o emocionales te frenaron de llegar más arriba?
Miguel Ángel Gamboa: Totalmente. Ese arrebato nervioso me desgastó muchísimo, sobre todo con los arbitrajes. Me pasaba de revoluciones peleando con los jueces. Aunque, la verdad, el tiempo me dio la razón. Yo acusaba que el arbitraje era corrupto en muchos aspectos y, con los años, se comprobó judicialmente en muchas partes del mundo que la corrupción existía dentro del arbitraje. Nadie lo puede negar hoy. Pero sí, ese desgaste emocional me quitó mucho.
-Juvenal Olmos: Retomemos el Mundial del 82. El recordado partido contra la República Federal Alemana. ¿Qué pidió específicamente Luis Santibáñez?
Miguel Ángel Gamboa: Defensivamente, me pidió una locura: que bajara a marcar al lateral de ellos (Manfred Kaltz). Cuando ellos atacaban, yo tenía que cruzarme la cancha entera y seguirlo por la izquierda.
-Juvenal Olmos: Pero espérate... Si ellos subían por ese lado, ¿por qué esa marca no la tomaba Gustavo Moscoso, que era el puntero natural de ese perfil?
Miguel Ángel Gamboa: Eso es lo que yo siempre me he preguntado. Se supone que Moscoso también tenía que ayudar a tapar las subidas de Pierre Littbarski, pero es la misma interrogante que me quedó para toda la vida. ¿Por qué yo, siendo un atacante, tenía que desgastarme en persecuciones de 50 metros, cuando había otros que lo podían hacer?
-Juvenal Olmos: ¿Eso te sacó del partido?
Miguel Ángel Gamboa: Claro, porque eso te desgasta. No estás en tu posición más ofensiva… Luego, las pocas veces que tuvimos el balón, me agarraba Karlheinz Förster y los centrales alemanes, que eran fuertísimos. Fue bastante complicado porque a Chile le costaba una enormidad pasar la mitad de la cancha. Rara vez quedábamos con espacio o libertad para recibir con ventaja.
-Juvenal Olmos: Juan Carlos, uno mira los nombres y Chile jugó con un esquema de 4-3-3 donde los tres del medio eran defensivos. En el papel, no debimos sufrir tanto, pero Alemania entraba por todos lados…
Juan Carlos Letelier: Marcaban diferencias en la velocidad. Físicamente no estábamos al nivel de Alemania. Como el Flaco (Vladimir) Bigorra era más lento que El Chano (Lizardo Garrido), teníamos que cubrir ese espacio. A mí me tocó entrar en el segundo tiempo, justamente por Miguel Ángel, y la instrucción fue la misma: cargarme a ese sector para frenar la salida rápida de ellos. Pero cuando entré, ya nos llevaban tres goles de ventaja. El equipo estaba pesado.

La preparación quedó al debe...
-Juvenal Olmos: ¿Llegaron realmente bien preparados físicamente a ese Mundial tras cinco meses de régimen?
Miguel Ángel Gamboa: Según el cuerpo técnico, sí. Según nosotros, los jugadores, creo que no. No llegamos bien.
Juan Carlos Letelier: Yo tengo la idea de que el trabajo inicial en las Termas del Corazón y en las playas de Tongoy fue bueno, en que todos trabajamos a la par. Luego, cuando llegamos a Juan Pinto Durán y estar cuatro meses, ahí cambió el trabajo físico; los más jóvenes quizás entrenábamos más que los de más nombre. El encierro de tantos meses nos hizo dejarnos estar y eso nos pasó la cuenta en Europa.
-Juvenal Olmos: Hay una anécdota imperdible de la previa de ese partido con Alemania Federal. Karl-Heinz Rummenigge venía entre algodones, supuestamente descartado por un desgarro grave...
Juan Carlos Letelier: ¡Ja, tremenda! Los que estábamos en la banca salimos a la cancha una hora y media antes del partido para pisar el césped, y nos quedamos sentados en la tribuna mirando. De repente, sale Rummenigge a la cancha vacía y se suponía que tenía un problema. Tenía la pierna roja, lo habían masajeado. Nosotros nos miramos y dijimos: “Este gallo está pa’ la cagá, no juega ni ca... Don Lucho, tenemos un problema menos”. Nos frotábamos las manos. Comentábamos que no iba a jugar… Trabajaba con el POF, luego vino velocidad, después remate… Nosotros ansiosos por que se lesionara…
Miguel Ángel Gamboa: ¡Estuvo media hora corriendo! Y a un ritmo intenso. Un jugador chileno con esa molestia se habría tenido que ir a acostar.
Juan Carlos Letelier: El tipo se fue al camarín, empezó el partido, y en 10 minutos nos había clavado tres goles. Los alemanes jugaban a otro ritmo.
Miguel Ángel Gamboa: Es que el biotipo y el roce de los alemanes era otra cosa. Estábamos en el túnel antes de salir a la cancha, formados los dos equipos en fila. Los mirábamos... Mira, la cintura de (Hans-Peter) Briegel era como el muslo mío… El centrodelantero, (Horst) Hrubesch de ellos medía casi dos metros. Y de repente empiezan todos los alemanes a saltar en el puesto para calentar; te juro que el piso se movía al lado nuestro. El Pato Yáñez estaba acostumbrado a desbordar a cualquier lateral sudamericano, pero se encontró con Briegel... El otro se iba para allá, se tomaba dos cafés y volvía a marcarlo. Fue demasiado equipo para nosotros en ese partido.
-Juvenal Olmos: Cuenten cómo esperaron la nómina para el Mundial…
Miguel Ángel Gamboa: Yo ya más o menos sabía. Uno, estando en Pinto Durán se va enterando quién va, quién se queda… Lo intuía. No jugué las Eliminatorias, pero por rendimiento, sabía que estaba.
Juan Carlos Letelier: Yo no sabía… Yo estaba en Audax y fui nominado el año 79 a la Selección, cuando se lesionaron los cuatro centrodelanteros que había en esos momentos. Tenía 18 años. Habíamos jugado con Wanderers en Rancagua y me pidieron que me quedara en Santiago para jugar un partido ante Ecuador. Al final, Santibáñez me llamó y con Patricio Reyes fuimos los más jóvenes que jugamos ese partido. Después, en el 81, forman la selección joven, la B, me vuelven a llamar pero el presidente del club se molestó conmigo y no me prestó, así que Santibáñez no me volvió a convocar. Luego, tuve tan buena temporada que a Lucho no le quedó otra.
-Juvenal Olmos: Lo obligaste, casi…
Juan Carlos Letelier: Exacto. En la noche daban las noticias o en la radio y ahí me enteré…

Argelia, un perfecto desconocido que dio la sorpresa
Juvenal Olmos: Retomemos el Mundial del 82 con el partido con Argelia. Te tocó entrar en el segundo tiempo, a los 59’, por Carlos Caszely, que extrañamente jugó con la camiseta 13. ¿Te acuerdas por qué fue así?
Juan Carlos Letelier: Así fue. Cuando estábamos en las preparatorias para viajar a España, Carlos no quiso jugar acá, porque la gente no lo quería y lo pifiaba mucho en los partidos amistosos. Cuando llegó el momento de armar el equipo, él dice que no quiere jugar con el 13 en el Mundial. Me llaman y me dicen que jugaré con el 9. Por eso, Carlos se quedó con ese número. Fue por eso más que nada.
Miguel Ángel Gamboa: Te juro que yo tampoco tenía idea de esa historia, me estoy enterando ahora.
-Juvenal Olmos: Como era la desinformación de la época ¿no? Se suponía que Argelia eran los puntos seguros de ese grupo; el rival fácil de vencer… ¿Qué sabían realmente de ellos antes del partido?
Juan Carlos Letelier: Nada. Lucho nos decía que saldríamos a ganar porque eran accesibles, pero la verdad es que no teníamos idea de qué era Argelia. Además, donde estábamos concentrados, tampoco teníamos idea. No se agarraba ningún canal de televisión. Estábamos completamente aislados. Quedamos todos impactados y en el primer partido le ganaron a Alemania.
Miguel Ángel Gamboa: Es que ni los alemanes sabían quién era Argelia, por algo les ganaron en el debut. La única información directa que tuvimos fue cuando el cuerpo técnico nos llevó al estadio a ver ese partido entre Alemania y Argelia. Nos impactó. Quedamos impresionados con la velocidad de sus transiciones y el despliegue de sus laterales. Nos miramos las caras y dijimos: “Wow, ¿en qué parada física estamos nosotros para aguantar esto?”
-Juvenal Olmos: La trastienda de ese búnker en España de la que tanto se habla... ¿Cómo era el día a día? ¿Pudieron conocer algo de España?
Miguel Ángel Gamboa: ¡Nada! El colegio estaba en plenas clases porque se les habían acabado las vacaciones a los niños. El ruido era insoportable todo el día. Teníamos una cancha de entrenamiento que era un chiste: chica, inclinada, sin pesas, sin nada. Lo único que había para distraerse era una mesa de pool y una máquina de esos videojuegos del mono King Kong. Salimos apenas dos veces en todo el mes: una para ir a un partido amistoso y otra en un viaje relámpago a pedirle a la Virgen de Covadonga. También nos llevaron a probar la cidra. Antes, el colegio había sido un convento.
Juan Carlos Letelier: Había mucha división interna que venía desde los entrenamientos en Santiago. Estaba el grupo de los consagrados, los “históricos” que se sentaban en ciertas mesas, y los más jóvenes, a los que nos tenían bautizados como “el perraje”. Yo compartía pieza con Raúl Ormeño y tratábamos de no meternos en problemas. Al principio, no había estudiantes, porque estaban de vacaciones, pero ya a la semana, llegaron los estudiantes; así que calladitos.
-Juvenal Olmos: Juan Carlos, ¿cuándo fue tu mejor momento futbolístico?
-Juan Carlos Letelier: Si cuento los años, fueron 10 a nivel de Selección. Hubo algunos muy buenos, era titular. Siempre estuve peleando y, como me lo dijo alguna vez Pedro Carcuro, había nacido en el año equivocado porque siempre estaría Carlos Caszely como primer delantero. Me iba a costar mucho y era verdad. Además, había otros delanteros en esos momentos que podían cubrir ese puesto; era muy joven. Luego, vinieron otras etapas: la del 87 fue muy buena para mí y que nos pilló a todos en una edad peak, 26 y 27 años. Venían saliendo Iván Zamorano y Hugo Rubio, desde Suiza venían a jugar a Chile. Hasta el día de hoy, soy uno de los goleadores de la Selección, con 18. Y eso que antes no te contaban todos los partidos.
-Juvenal Olmos: ¿Te faltó algo por cumplir?
Juan Carlos Letelier: Lo único que me faltó fue irme a jugar a Europa. Me coartó un poco estar en Cobreloa, esos seis años. Vinieron dos veces a buscarme desde Europa y como yo era patrimonio de los mineros, porque pusieron parte de su sueldo para contratarme, no me quisieron vender. Tuve que ponerme pesado y que necesitaba salir…
La sequía de la Selección Chilena
Juvenal Olmos: Para cerrar, llevamos tres mundiales consecutivos sin clasificar. ¿Por qué se nos secó la tierra de esta manera?
Miguel Ángel Gamboa: Siempre le apuesto más a los jugadores que a los técnicos. No tuvimos a los jugadores con la capacidad para las Eliminatorias. El entrenador es solo un complemento. Un técnico no puede hacer mucho si no hay rendimientos individuales. Ningún técnico en el mundo, por muy genio que sea, puede hacer milagros si no tiene rendimientos individuales de jerarquía. Y seamos honestos: tras la ‘Generación Dorada’ hubo una merma gigante. No hay ni cercanía a la calidad de esos jugadores. No ha vuelto a salir un Jorge Valdivia, un Chupete Suazo, un Arturo Vidal o un Alexis Sánchez. Lamentablemente, ese recambio hoy no existe.
Juan Carlos Letelier: Coincido con Miguel Ángel en que dependes de los jugadores y de su calidad, pero hay que darle mérito a los procesos. Una de las grandes virtudes de Marcelo Bielsa fue el conocimiento profundo del futbolista chileno. Supo cómo trabajarlo para que le diera resultados y logró que el plantel entendiera su mensaje. Bielsa fue un adelantado: miraba lo que tenía, proyectaba cómo exprimirlo y, además, transformó al jugador chileno en un profesional. El que no se alineaba con su disciplina y su intensidad, quedaba fuera de inmediato, sin importar el nombre o los errores que cometiera.





