Los Mundiales suelen dejar un debate paralelo al de la cancha, y el de 2026 encontró el suyo en un detalle que parecía inofensivo. Las pausas de hidratación, esos tres minutos de descanso a mitad de cada tiempo, se volvieron uno de los temas del torneo.

Lo que nació como una medida pensada para el calor del verano norteamericano terminó tocando algo más profundo: el ritmo, el pulso y hasta las decisiones tácticas de cada partido. Ahora, además, hay cifras que respaldan esa sensación.

En un estudio realizado por The Times, a partir de datos de Opta es contundente. Según el medio británico, las pausas están cambiando el flujo de los encuentros y eso ya afecta la forma en que selecciones como Inglaterra planifican sus partidos.

Los expertos revisaron los 72 partidos de la fase de grupos y encontraron que un 32% de los duelos tuvo un giro de momentum por sobre el promedio tras la primera pausa, y un 26% después de la segunda.

El dato que incomoda a la FIFA

El momentum es una estadística que mide el vaivén de un partido según la probabilidad de que un equipo convierta, calculada a partir de la ubicación del balón y de las acciones de quien maneja la pelota. Un termómetro del dominio real, más allá del marcador.

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La conclusión central del estudio apunta justamente ahí. El análisis determinó que los partidos pierden fuerza tras el corte: “las partidos tienden a tener menos momentum en los cinco minutos posteriores a una pausa de hidratación en comparación con los cinco previos”, lo que, según el mismo trabajo, indica que las interrupciones ralentizan el juego.

En números, esa caída se traduce en un 17% menos de momentum total, en promedio, en los minutos que siguen a cada pausa durante la fase de grupos.

Hay un matiz que refuerza la idea. De acuerdo con el análisis de The Times, “el equipo que domina y llega con mayor momentum a una pausa de hidratación es el que más pierde. Tiende a sufrir una caída más grande —de un 38%— que su rival".

Mundial 2026. Pausas de hidratación en el torneo. Foto: EFE.

Del rechazo de Bielsa al aprovechamiento de Pochettino

No todos leen el fenómeno igual. Marcelo Bielsa, fue el más tajante durante su participación en el torneo: dijo que las pausas “no aportan nada y quitan mucho” al juego.

Otros, en cambio, las convirtieron en herramienta. Mauricio Pochettino, seleccionador de Estados Unidos, ha usado esos minutos para cambiar dinámicas, incluso mostrando videos a sus jugadores en una tablet mientras se hidratan. Tal y como si fuera un tiempo muerto en la NBA.

Un torneo partido en cuatro cuartos

El cambio no es solo táctico. Aunque históricamente las pausas se aplicaban con temperaturas sobre los 32°C, este Mundial las volvió obligatorias en todos los partidos, dividiendo en la práctica cada juego en cuatro cuartos en lugar de dos tiempos.

Los jugadores también lo notan. Jude Bellingham, mediocampista de Inglaterra, describió esos minutos como caóticos: “es difícil, es bastante corto y hay mucho caos”, dijo tras el triunfo sobre Panamá.

El propio análisis reconoce sus límites: no contempla factores como el marcador, que puede llevar a un equipo con ventaja a ceder terreno de forma deliberada.

Aun así, su cierre no deja lugar a dudas: entre los abucheos de las tribunas y el entusiasmo de algunos técnicos, las pausas de hidratación llegaron para cambiar el juego. El debate, ahora, se traslada a las rondas decisivas, donde cada corte puede pesar todavía más.

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