Opinión

Columna de Danilo Díaz | La pesadilla no se detiene

“La pesadilla volvió este domingo en la final de la Supercopa, donde se midieron Huachipato, campeón del torneo de 2023, y Colo Colo, monarca de la Copa Chile”.

El fútbol está atrapado hace demasiado tiempo por los violentos, caracterizados en la actualidad por los denominados “piños”, esos grupos de vándalos, compuestos por jóvenes que actúan a diestra y siniestra en las distintas canchas del país. La pesadilla volvió este domingo en la final de la Supercopa, donde se midieron Huachipato, campeón del torneo de 2023, y Colo Colo, monarca de la Copa Chile.

Ni siquiera la presencia de Arturo Vidal, el hecho más relevante en los últimos años para la competencia interna, calmó la voracidad de los delincuentes que se enquistaron esta vez en la galería norte del Estadio Nacional. A esta altura da lo mismo que el cotejo se suspendió cuando el Cacique vencía 2-0 con enorme tranquilidad en el trámite. ¿Restaban 8, 10 o 12 minutos? Qué importa. Javier Sanguinetti, el debutante entrenador del cuadro de la usina, fue quizás la voz más sensata de una jornada infausta, quien no podía creer que se hablara de seguir jugando luego de tamaño desmadre.

Los hechos ocurrieron mucho antes del pitazo de José Cabero, se agudizaron cuando el personal de seguridad y carabineros quisieron sacar un lienzo de la Garra Blanca, con cantos y silbatinas a la memoria del fallecido expresidente Sebastián Piñera. Nunca se detuvo la violencia y la presencia en la zona de la pista atlética de unos pelafustanes, desafiantes, pero ante todo marcando territorio, se convirtió en un paisaje rutinario mientras se desarrollaba el partido.

Poco para ver en el campo. Colo Colo resolvió muy temprano, luego de una presión interesante de Huachipato, que a partir de los 10 minutos sucumbió por los espacios que se generaron en el costado izquierdo de la zaga. Leandro Díaz, el lateral, e Imanol González, el zaguero central, entregaron metros suficientes a la velocidad de Cristián Zavala, quien asoma como titular por su rendimiento en el retorno a los albos. El centro preciso de Esteban Pavez para el cabezazo de Carlos Palacios abrió la cuenta. El pase largo de Vidal, en el arranque de la maniobra, generó el desacomodo del fondo acerero.

El 23 de los albos puso de penal el 2-0. Otro pique de Zavala encontró a la zaga corriendo hacia su portería. Felipe Loyola movió arriba y abajo a Matías Moya. José Cabero cobró luego del llamado del VAR.

Ahí murió el partido. Huachipato fue una escuadra tibia, larga, sin explosión y manejo de la pelota. La agonía prosiguió en el complemento, cuando el partido tendría que haberse detenido por lo menos 20 minutos antes.

El cáncer de la violencia carcome al fútbol local, en especial a los tres clubes grandes. Pocas veces se vio un operativo de seguridad de esta envergadura y pocas veces se apreció tanta locura e irracionalidad. La profanación del memorial de los Derechos Humanos en el Estadio Nacional instala un registro deplorable.

Son demasiadas las preguntas, pero las respuestas son cada vez más lejanas. La decisión de disputar el tiempo restante del partido suena a teatro del absurdo. La crisis es brutal y no se aprecia cuándo se detendrá. El fútbol, una vez más, de rodillas.

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