
Deportes Concepción ascendió el año pasado, luego de una final electrizante ante Cobreloa. Lo hizo con el apoyo de su gente, que lo acompañó en su largo peregrinar desde las profundidades del fútbol amateur hasta esa noche histórica en Calama, con el gol de Nelson Sepúlveda.
Venía entonces un proceso clave: la conformación del plantel para competir en Primera División, una categoría con otra exigencia, donde es posible conseguir algún resultado positivo aislado, pero donde en rigor prima la regularidad. En Deportes Concepción fallaron de manera rotunda en ese ejercicio. Se dejaron llevar por nombres llamativos, muchos de ellos en posiciones similares o con características semejantes, y mantuvieron una porción relevante del elenco que ascendió.
Error grueso del directorio y la dirección deportiva, que pecaron por desconocimiento y/o romanticismo. Hoy los resultados están a la vista, al ubicarse en la última posición, con apenas 8 puntos a tres fechas de concluir la rueda inicial. Superar los dos dígitos antes de que se inicien las revanchas es un imperativo. De lo contrario, la opción de bajar a la Primera B es enorme.
La cúpula lila no observó lo sucedido en Calama en 2024. Cobreloa, después de ascender en la temporada 2023, dejó a parte importante del plantel, llevó como refuerzos a muchos futbolistas que venían de pelear abajo en la tabla de primera división e incluso de perder la categoría.
Así les fue. Como explicó Emiliano Astorga, el entrenador que devolvió a Primera División a los “Zorros del Deseieto”, no ficharon a las prioridades que él solicitó. El directorio naranja optó por la última opción propuesta por el entrenador e incluso jugadores que no estaban en su lista. En el caso de los extranjeros, hubo yerros severos.
Muy diferente a lo de Deportes Limache, que, ante la misma situación, entendió que era fundamental la elección de los foráneos y buscar gente con experiencia en Primera División, capaces de guiar a los novatos. Víctor Rivero convenció a figuras que quizás dudaban de sumarse a un proyecto que para ellos resultaba incierto. Este año repitió la receta y los resultados están a la vista.

En Deportes Concepción cometieron el peor de los pecados. Echar dos entrenadores, creyendo que el problema está en la banca. Es más que evidente que la dificultad radica en la definición del plantel. Desequilibrado, con exceso de volantes de buena pegada, de carácter ofensivo, pero carentes de retroceso. No tiene mediocampistas de contención y abundan los veteranos.

El sentido futbolero apuntaba a apretar los dientes, aguantar el chaparrón hasta junio y recomponer el equipo en el marco de las restricciones que da el reglamento. Se los comió la ansiedad. El conocimiento futbolero y la experiencia son vitales en estas instancias. Tienen poco tiempo y escaso margen de maniobra, en un torneo de desenlace incierto.








