Los balances 2025 de los tres grandes desnudan realidades incómodas: la utilidad de Colo Colo es en buena parte un regalo fiscal de $3.067 millones condonados por la Tesorería, no el fruto de una gestión superior.
Universidad de Chile pagó $898 millones en multas Conmebol por el mal comportamiento de su hinchada, cincuenta veces más que el año anterior. Universidad Católica acumula su segundo año consecutivo de pérdidas, aplastada por la deuda del Estadio Claro Arena, cuyos bonos a veinte años ya obligaron a renegociar los límites pactados con sus acreedores.
Cada año, cuando los tres grandes del fútbol chileno publican sus estados financieros, el debate público se instala por unas horas en las páginas de economía para luego desvanecerse entre resultados deportivos y declaraciones de técnicos. Es un error. Los balances de Blanco y Negro S.A., Azul Azul S.A. y Cruzados S.A.D.P. hablan. Y lo que dicen al cierre del ejercicio terminado el 31 de diciembre de 2025 merece atención, análisis y, en más de un caso, inquietud.
Colo Colo: regalo del Fisco
Blanco y Negro cerró el año 2025 con una utilidad neta de $5.094 millones de pesos, la más alta de los tres clubes.
A primera vista, es una buena noticia. A segunda vista, es una ilusión contable.
Una lectura cuidadosa de las notas explicativas —que pocos lectores de titulares llegan a ver— revela que $3.067 millones de ese resultado provienen de una ganancia extraordinaria y no recurrente: la condonación de intereses y multas por parte de la Tesorería General de la República, beneficio directo de la Ley N° 21.713. Dicho de otro modo, sin ese regalo fiscal, el club más popular de Chile habría cerrado el año con un resultado muy inferior. Y si además se considera que los ingresos ordinarios cayeron un 13% respecto a 2024, la situación de fondo es menos festiva de lo que parece.
Pero el problema más urgente de Colo Colo no está en el estado de resultados, sino en el balance. El efectivo disponible se desplomó un 80% en doce meses, pasando de $3.435 millones a apenas $676 millones.
Los fondos mutuos que el club mantenía como colchón de liquidez, por $2.477 millones, desaparecieron del activo. La liquidez corriente —la relación entre lo que el club puede cobrar en el corto plazo y lo que debe pagar en el corto plazo— se ubica en 0,41 veces. Menos de la mitad de lo que se necesita para estar en equilibrio. Para financiar operaciones, el club recurre a factoring de sus derechos de televisión con Fynpal SpA, cediendo flujos futuros a una tasa efectiva anual del 15,39% para 2025 y de 20,78% para 2024.
Universidad de Chile: la copa que tapa el pozo
Azul Azul registró una utilidad neta de $590 millones. Para enmarcarlo: ese monto representó el 1,7% de sus ingresos, un margen que en cualquier empresa industrial sería considerado insuficiente para sostener operaciones de largo plazo. Y el contexto importa: sin la Copa Sudamericana (semifinalista), esa utilidad no existiría. Los ingresos por torneos internacionales alcanzaron los $6.314 millones, una cifra que no existía en el balance del año anterior.
El problema estructural es que la Sudamericana no es un ingreso recurrente ni garantizado; depende de resultados deportivos que la cancha decide, no la gerencia.
Bajo esa capa de ingresos excepcionales, Azul Azul arrastra las pérdidas acumuladas más altas del grupo: $13.099 millones. Eso equivale al 59% de su capital social, absorbido por ejercicios deficitarios anteriores. La deuda denominada en Unidades de Fomento genera costos por reajuste e intereses que superan el millón doscientos mil pesos anuales, consumiendo más del doble de la utilidad antes de impuestos.
Pero quizás el hallazgo más llamativo del ejercicio 2025 es el deterioro de pases por $2.669 millones —que no existía el año anterior— y el salto de las multas Conmebol desde $17 millones a $898 millones, un incremento de cincuenta veces, producto del mal comportamiento de su hinchada.
Universidad Católica: el costo de los sueños
Cruzados S.A.D.P. es el caso más complejo de los tres y, paradójicamente, el que más riqueza contable exhibe.
Con activos totales por $87.136 millones, es la sociedad con el balance más abultado del fútbol chileno. La explicación está en el Estadio Claro Arena: una inversión en propiedades, planta y equipos que supera los $59.340 millones y que convierte a la Católica en el mayor propietario de infraestructura deportiva del país. Sin embargo, ese activo se financia con deuda. Los pasivos totales ascienden a $60.903 millones, con una razón de endeudamiento de 2,32 veces su patrimonio, la más alta del trío. El servicio de esa deuda consume $1.607 millones anuales solo en intereses, según revela su flujo de efectivo anual.
El resultado del ejercicio fue una pérdida neta de $729 millones, segundo año consecutivo en rojo, pues durante 2024 la pérdida anual fue de 1.353 millones.
Clubes grandes con finanzas pequeñas
Los estados financieros al 31 de diciembre de 2025 de los tres grandes del fútbol chileno convergen en un diagnóstico que el ruido de los estadios no debería silenciar.
Colo Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica son instituciones con historia centenaria, convocatoria masiva y marcas que trascienden fronteras; pero sus balances cuentan otra historia, más urgente: la de tres empresas que no logran transformar su poder deportivo en solidez financiera sostenida.
El modelo de las Sociedades Anónimas Deportivas en Chile está en tensión. No porque el fútbol no genere recursos —en conjunto, los tres clubes facturaron más de $102.000 millones en 2025— sino porque esos recursos no alcanzan para cubrir costos, y tener resultados deportivos. Mientras esa ecuación no se resuelva, los balances seguirán siendo, año tras año, el lado oscuro de los trofeos.