Hoy, el mediocampista uruguayo William Machado saca aplausos en Santa Laura. Es de los clásicos “6” charrúas que trancan con la oreja, que va al piso y reparte leña; ideal para que el hincha de Unión Española, siempre exigente con los jugadores, se lleve bien con él.

Llegó este año al plantel rojo como refuerzo a un plantel cuyo objetivo único es regresar cuanto antes a la Primera División del fútbol chileno. Para ello, el despliegue del volante de 31 años de edad resulta fundamental.

Jugador de experiencia, pero que tiene una increíble historia en el profesionalismo. Una de superación, de momentos ingratos, otros memorables, pero que lo fueron moldeando como futbolista. Hoy William Machado le cuenta a En Cancha algunos de los obstáculos que tuvo que sortear para llegar a la Plaza Chacabuco.

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Los primeros pasos en el fútbol profesional

Todo comenzó, de cierto modo, con el pie izquierdo, cuando Machado terminaba de realizar las divisiones inferiores en el Bellavista de su país natal. Corría 2012, tal vez 2013, y al momento de subir al primer equipo, el club se fue a pique y cayó al infierno.

Tuve la mala suerte de que cuando me suben a Primera, con 17 años, el club pierde la categoría por deudas y termina desapareciendo. Era el año en que iba a firmar mi primer contrato. Justo iba a terminar las inferiores y al año siguiente se suponía que jugaría en Segunda. Por la deuda, el club se fue a la tercera categoría y desapareció. Después me fui a la reserva de Peñarol. Estuve seis meses y luego a un equipo de la B, llamado Canadian".

- ¿Canadian?

Sí. Unos canadienses que armaron un equipo en la Tercera y luego subieron a Segunda. Estuve ese año ahí, justamente en la Segunda, y luego pasé tres años sin jugar.

- ¿Cómo? ¿Qué pasó ahí?

En ese club, Canadian, estuve nueve meses sin cobrar, así que tenía que trabajar para ayudar en el hogar...

Volante uruguayo de Unión Española. Foto: @ueoficial en Instagram
William Machado. Volante uruguayo de Unión Española. Foto: @ueoficial en Instagram

- ¿Y en qué te tocó trabajar?

Pasé tres años sin jugar profesionalmente. Tenía que trabajar para llevar comida a mi casa. Trabajé en la construcción, fui sereno (guardia) en obras, salía a vender milanesas... Hice de todo. Trabajé en un taller, en fin. Lo que viniera.

- ¿Pero en tres años no te salió ninguna oferta para volver al fútbol?

La cosa fue así: ese año no cobré y la única manera que tenías para hacerlo era ir al Gremio, que es lo que acá se conoce como el SIFUP. El club debe pagar antes de que arranque la temporada y, si no, le pasa lo que le pasó a Bellavista, que lo desafilian. Me pagaron solo tres meses y nueve me los debían. El arreglo era que lo que me debían me lo complementaban al año siguiente. Les dije que me lo tenían que pagar ahí mismo, porque ya estaba el reclamo y, más encima, arrancaba el torneo. Al final, renové igual… Cuento corto: pagaron en la AUF, el viernes, saldaron toda la deuda y nosotros jugábamos el domingo. El sábado voy a concentrar y cuando llego al estadio, el club no había presentado mi contrato, porque yo había reclamado.

- Te jugaron chueco…

Demasiado. Luego me dicen que la única manera de quedarme en el club era que yo les devolviera los nueve meses que me pagaron y ahí me hacían un nuevo contrato. ¡Pero si esa plata me la había ganado! Así que les dije que no, arrancó el torneo, los equipos armados y me fui a entrenar con los jugadores libres. Ahí es difícil…

- Claro que debe serlo…

Me quedé sin club y se me hacía muy difícil. Estás seis meses sin jugar y más encima era chico: tenía 19 años o 20. No jugaba, sencillamente. Un mes, dos meses, tres… Iba a conseguir club y nada. Al final, dije “no juego más, me cansé”…

El volante de Unión Española en su época como jugador de Ferrocarril Oeste de Argentina.
William Machado. El volante de Unión Española en su época como jugador de Ferrocarril Oeste de Argentina.

Cara a cara con los cracks de la Celeste…

Pero en ese exilio obligado del fútbol profesional, a William Machado le llegó una oportunidad única y que todavía recuerda. La Selección Uruguaya se preparaba para el Mundial de Rusia 2018 y, para suplir necesidades de los entrenamientos, el técnico Óscar Washington Tabárez le solicitaba al equipo de los jugadores libres que mandara refuerzos a las prácticas; allí, el hoy volante de Unión Española se transformó en habitual.

Recuerda Machado: “Me mandaban a entrenar con la Selección. El Maestro seleccionaba a jugadores de ahí y pedía, qué sé yo, ‘mándame un volante central, un lateral izquierdo y un 9’. Y yo iba siempre y eso me motivó a seguir, aunque así estuve tres años. Yo, porfiado…”

- ¿Cómo te mantenías motivado trabajando de noche y entrenando de día?

Trabajaba de las 5 de la tarde a las 6:30 de la mañana, y a las 8 entrenaba con el equipo de jugadores libres. Iba todos los días a entrenar sin dormir, descansaba apenas unas horas en la tarde y volvía al trabajo. Mi señora siempre me acompañaba en eso.

- Pero tremenda oportunidad entrenar con la Selección...

Sin dudas. Entrené unos 20 días con ellos, justo antes del Mundial, haciendo todo lo que hacían las figuras: el calentamiento, la merienda, el fútbol. Ver ese nivel te hace mejorar a la fuerza. Hoy, estando acá, veo para atrás y lo valoro mucho.

- A ver, cuenta con qué “monstruo” de la Celeste te tocó compartir…

Principalmente, con Lucas Torreira, que jugaba en mi puesto y practicábamos todos los días como sparring de ellos. Hacíamos fútbol y el primer partido lo perdimos 10-0. No me comparo con ellos, pero estar todos los días con ese tipo de jugadores... ¡Pero si hacíamos lo mismo que ellos! Nosotros, por ejemplo, dábamos los pases suavecitos; ellos, en cambio, eran misiles, aviones cada vez que tocaban la pelota.

- ¿Y alguna anécdota que se pueda contar?

Recuerdo que una vez el Maestro Tabárez le preguntó a nuestro técnico de la Mutual (Gabriel Rijo) quién era yo. Él le respondió “las injusticias que tiene el fútbol. Este pibe lleva tres años sin jugar y no le hemos podido conseguir club. Sería bueno que le den una mano”... Al mismo tiempo, se me acerca Torreira y me pregunta cuánto calzaba. “¿Yo? 8 y medio”, le respondo. Claro, los botines que yo tenía no eran los adecuados para ese momento. Yo trabajaba para ayudar en mi casa y no para comprarme zapatos de fútbol, si ni club tenía..,

- Así que Torreira te regaló zapatos de fútbol…

Dos pares de botines, los últimos, los que ellos iban a usar en el Mundial. Imagínate, no lo podía creer. ¿Te digo la verdad?

- ¡Por favor!

Yo no los quería usar, me daba vergüenza. Tenían su nombre en la suela. Claro, a ellos les mandan zapatos Nike o Adidas, con el nombre y todo. El técnico de la Mutual me decía “¿Y no te los vas a poner?, ¿eres boludo?”; Y yo: “No Gaby, ¿te volviste loco? Los voy a usar cuando tenga club"... La cosa es que un tiempo después, nos iban a regalar a todos pares de zapatos, pero algunos de mis compañeros no se portaron bien, se metieron donde no se tenían que meter, y ahí se re pudrió todo… Pero los zapatos de Torreira todavía los tengo.

- ¿Cómo volviste al profesionalismo?

Me llamó un equipo de la C (Huracán del Paso), para jugar la Liguilla, después pasé por Cerrito y Villa Española, donde ascendimos a Primera, División y, de ahí, salté a Argentina, donde jugué cinco años…

Una de las estaciones futbolísticas del uruguayo William Machado.
Arsenal de Sarandí. Una de las estaciones futbolísticas del uruguayo William Machado.

William Machado se aclimata a la vida en Chile…

Llegó a comienzos de año a nuestro país y, según confiesa, le gusta bastante. Lo acompaña su familia, con la que vive en la comuna de Macul, muy cerca del Estadio Nacional.

- ¿Cómo ha sido la adaptación a Santiago?

Estoy con mi señora y mi hija de seis años. Somos muy tranquilos, de estar en casa. No he podido recorrer mucho. Lo que hicimos entretenido la otra vez fue llevar a la nena al Safari de Rancagua, porque estaba loca por ir, y le encantó. Ella está en primero básico y se está adaptando bien. Vivimos cerca de Rodrigo Araya, así que estamos casi al lado del estadio.

- ¿Y con la comida chilena, cómo vas? Un compatriota tuyo me contaba el otro día que era un lío para él conseguir leña para hacer los asados…

¡Ja! La verdad, yo soy súper tranquilo para la comida y cocinamos casi siempre en casa. Me han hablado de “La Parrilla Uruguaya” de Juanito Araya, pero aún no he ido. No he hecho asados todavía, porque acá en el edificio donde vivo hay que pedir turno como tres días antes, la hora, que esto, que lo otro, así que no he preparado asado. A los utileros del club siempre les digo que me voy a comprar una parrillita chica, para ver si puedo hacer un asado por ahí, a la montaña, y hacer un fueguito…

- Cuidado con que sea un parque nacional nomás, pues William…

¡Ah, no, no. Es sin hacer quilombo la cosa!

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