A comienzos de 2026, tras una temporada consagratoria con Deportes Copiapó en la que participó en 14 goles y fue nominado entre los mejores jugadores de la Primera B, Thomas Jones tomó una decisión que pocos futbolistas chilenos se atreven a dar: cruzar el mundo para vivir una aventura en el fútbol de Kazajistán.
El delantero recaló en el Kaysar Kyzylorda de la Primera División kazaja, un club en plena transformación institucional, con nuevo dueño y una infraestructura de nivel europeo recién estrenada.
En conversación con En Cancha, Jones repasa cómo se gestó esa oportunidad, el atractivo de sumarse a una liga exótica por sobre otras opciones, y el choque cultural y futbolístico que significó adaptarse a un juego mucho más físico y directo.
También abre la puerta a lo cotidiano: los largos viajes de casi dos días, el frío extremo seguido de veranos de 40 grados, y las complicaciones que enfrentó, fundamentalmente por el idioma.
La experiencia de Thomas Jones en Kazajistán
- ¿Cómo se dio la posibilidad de llegar a Kazajistán después del gran año que tuviste en Copiapó?
Creo que tuve un año muy importante para mi carrera, y salir al extranjero es el sueño de todos los jugadores: por lo económico y porque uno gana jerarquía. Se contactaron con mi agente. En Europa siguen mucho a los jugadores sudamericanos, así que imagino que revisaron mis estadísticas, llamé la atención y lograron contactarme.
- ¿Tenías también opciones en Primera División?
Tenía algunas conversaciones, pero empezaron a hablarme mucho de varios equipos de afuera, de ligas más exóticas, y eso me llamó la atención. Quería vivir ese desafío, esa aventura de ir a otro país, otra cultura, otro idioma. Me tocó conocer harto: hicimos una pretemporada de dos semanas en Dubái y estuvimos un mes y medio en Antalya. Todo eso me terminó de convencer.
- ¿Qué fue lo que más te sorprendió de Kazajistán?
En lo cultural es bastante parecido a Chile; la diferencia está en la religión, ellos creen en otra, pero la vida cotidiana es similar. Donde sí noté un cambio grande fue en lo futbolístico: el juego es demasiado físico, muy fuerte, muy directo. Al principio me costó adaptarme a eso. La ciudad, en cambio, era muy tranquila, grande, con hartas cosas.
- ¿Un clima extremo?
Cuando llegamos había mucho frío, nieve y hielo, y después el calor era impresionante: 38, 40 grados, y 30 grados a las diez de la noche. Pero era una ciudad muy cálida en el trato, muy amable. La verdad es que uno se da cuenta de lo hermoso que es Chile, lo rico en recursos y lo tranquilo que es como país. No porque Kazajistán no lo sea, sino porque no se queda atrás.
- Viajaste con tu familia, con un hijo pequeño. ¿Cuánto pesó eso en el día a día allá?
Harto, porque mi hijo tiene un año, así que uno está siempre pendiente de él. Estar con mi esposa y con él me daba tranquilidad, eso fue lo más importante. Pero también se complicaba en ciertas cosas, sobre todo cuando se enfermaba: con la barrera del idioma, comunicarse con el pediatra se hacía difícil, y los primeros dos meses ni siquiera teníamos traductor. Son detalles que en el día a día, con un niño tan chico, terminan pesando.
Una aventura exótica
- ¿Cómo describirías al Kaysar como club?
Es un club que había cambiado de dueño, así que estaba todo nuevo. Habían construido un estadio y una infraestructura de nivel europeo, un estadio muy hermoso. De a poco están armando un proyecto. Normalmente pelean por la mitad de la tabla, pero este año teníamos el desafío de pelear arriba. En el primer semestre no se dieron los resultados que esperábamos, pero es un equipo estable, con una hinchada que siempre llena el estadio.
- ¿Qué fue lo que más echaste de menos estando tan lejos?
La distancia se siente: un viaje desde Chile hacia allá puede tomar casi dos días por la diferencia horaria; de vuelta es menos, porque son nueve horas de diferencia, pero igual es mínimo un día de viaje. Con mi esposa echábamos mucho de menos la palta, la marraqueta, la comida en general. Allá no comen cerdo y a mí me gusta mucho; el asado lo hacen más bien tipo anticucho. También extrañaba la playa, allá no hay, solo lagos. Pero lo bueno es que estuve todo ese tiempo con mi esposa y mi hijo, y eso te da tranquilidad. Lo que más se extraña siempre es a los tuyos, a la familia.
- ¿Por qué se dio esta salida después de solo seis meses?
Fue una decisión netamente futbolística. No me sentí cómodo con el tipo de fútbol de allá. Se dio esta opción de volver por seis meses y me pareció lo mejor. Tengo contrato con Kaysar, así que fue simplemente una decisión futbolística, no hubo otro motivo.