Son pocos en el fútbol chileno quienes han tenido la virtud de defender las camisetas de los tres equipos grandes de nuestro medio. Más todavía, de hacerlo de la manera en que lo hizo el exlateral izquierdo, seleccionado chileno además, Roberto Andrés Cereceda Guajardo (10 de octubre de 1984).
Porque si ya es difícil vestir durante la carrera de futbolista las tricotas de Colo Colo, la U y la UC, más singular aún es hacerlo de manera consecutiva. Y así nomás fue que lo hizo el Eléctrico: de Macul a San Carlos de Apoquindo y al CDA, sin escalas.
El recordado lateral izquierdo, quien llamara la atención de todo el medio al ser parte fundamental de un Audax Italiano notable -eso le abrió las puertas de los grandes y de la Selección- es el invitado de la semana en En Cancha Prime.
En esta parte de la conversación, el ex futbolista recuerda el comienzo del camino, la llegada a uno de los mejores Audax de todos los tiempos y su no tan sencillo aterrizaje en Colo Colo.
El comienzo del camino...
¿Dónde arranca la historia? El Eléctrico Cereceda rememora: “El otro día, justamente, lo comentaba con otros colegas que también llegaron a ser futbolistas profesionales: hay una etapa en que a todos nos cuesta, que es esa transición entre ser juvenil y llegar al primer equipo. Esa fase para mí fue complicada, porque tenía ganas de no seguir jugando. Estaba en Colo Colo a los 17 años y me dejan como tercer lateral. Me dan la opción de buscar otro club, me voy, me pruebo en un par de equipos y tampoco quedo, porque esas posiciones ya venían con proyección. Entonces, pensé muchas cosas negativas, como dejar la actividad, no jugar más, sentirme malo para la pelota… Hasta que aparece la opción de Audax Italiano.
-Donde debutó profesionalmente…
Llegué y tuve un año espectacular, tanto física como futbolísticamente. Viene el técnico que me ve desde el primer equipo, el Bichi (Claudio) Borghi y al año siguiente me sube al plantel de honor y, a pesar de eso, a que todo estaba siendo positivo, igual fue difícil, porque cuando uno es joven y lo suben al primer equipo, cree que va a jugar de inmediato, que la va a romper, que va a jugar en el equipo de sus sueños, que te va a comprar el equipo argentino o brasileño que a uno le gusta o internacional pensando en Europa. Pero no es así…
-¿Cómo fue su experiencia en ese sentido?
Empiezas en un proceso en que tienes que conocer a tus compañeros, adaptarte al grupo, mostrar tus habilidades, saber que todo en Primera División es más táctico, más físico. Todo ese tipo de cosas me costó, ya hasta entender el funcionamiento y demostrar un nivel que me llevó a sentirme cada vez más importante, a creer más en mí y ahí ir escalando deportivamente.
-¿A qué se aferró para seguir para seguir en su sueño de ser futbolista, pese a las dificultades del principio?
En esos momentos, 17 o 18 años, claro que se vienen esos pensamientos negativos, de dejar la actividad, dedicarme a otra cosa, pero nosotros los jugadores solo pensamos en fútbol y es muy difícil… Digo, más bien, es fácil pensarlo, pero muy difícil realizar eso de dedicarte a otra cosa. Ahí es donde empecé a valorar el esfuerzo de mis padres, de mi madre, principalmente, que fue la que estuvo conmigo desde los 6 años, cuando me llevaba a las escuelitas de fútbol que estaban en Malloco en esos tiempos. En micro, desde Cerro Navia, con dos horas y media de ida y otras dos horas y media de vuelta. Todas esas cosas las empecé a valorar y a decir “no puedo bajar los brazos, debo seguir y me la voy a jugar”. Obviamente que ese “me la voy a jugar” va de la mano ser responsable, de ir a entrenar, de pese a no querer ir, hacerlo de todos modos. Entonces, se trataba de ganarle a esta parte negativa que va apareciendo en momentos complicados. Esas cosas nos enseñan, sobre todo cuando uno es joven, no tiene entendimiento de la vida y toma decisiones de manera anticipada.
-O sea, sus padres, al final, fueron decisivos…
El principal sostén fue mi familia, en especial mis padres, que hicieron un esfuerzo sobrenatural. Y así como lo hicieron ellos, lo hacen hoy en día todas las familias de futbolistas. Si hablas con cualquier jugador, te van a decir que ahí está el principal sostén. Si no fueron los papás, alguien cercano a la familia, porque el desgaste para poder adaptarse a un jugador de fútbol es bastante grande.
-¿Sintió en algún momento que debía llegar a ser profesional, para ayudar a su familia?
En mi caso no, a diferencia de otros jugadores, que ellos son la esperanza de la familia. Siempre tuve a un papá muy trabajador, muy inteligente en temas de negocios. Se las rebuscaba para sacar a la familia adelante, así que eso también me motivaba. Mi padre me había demostrado que de joven nos quería sacar de la población, de los lugares malos, entre comillas, por los temas de drogas y delincuencia. No iba a cumplir el rol de sostener a mis padres, ya que mi papá siempre lo fue para la familia.
Un entorno difícil
-¿Le complicó el entorno en sus arranques en el fútbol? Respecto de lo que estamos conversando: convivir con el barrio, las drogas…
Donde yo vivía, si bien era una parte complicada, mi papá tuvo esa visión de sacarnos de ahí en una edad que fue clave. Hablo de los 13 o 14 años. Mi madre, también, muy sobreprotectora, con los permisos, por ejemplo. En ese tiempo, como niño, no lo entendía. Que llegaran a buscarme y me retaran delante de mis amigos porque me demoraba media hora más. Me daban permiso hasta las 10, eran las 10 y media y llegaba mi vieja y me dejaba en vergüenza. O llegaba mi papá y me pegaba unos retos gigantes. En esos momentos, me daba rabia; hoy, cuando veo eso, lo valoro y sé por qué lo hicieron. Ya estoy grande y veo con perspectiva en lo que se transforman las poblaciones. El nivel de droga, de delincuencia y las influencias que hay. Lo hicieron para llevarme a mejores lugares y fue así, ya que de Cerro Navia nos fuimos a Maipú y, después, ya pude vivir más tranquilo mi adolescencia, buscar mejores lugares para vivir y ganar un poco más de dinero. Fueron los momentos precisos para salir de lugares donde podría haberme perdido.
-¿Desde niño jugaba a la pelota? ¿Le gustaba ver fútbol?
Siempre me encantó jugar a la pelota. Fanático, era todo lo que quería. Para la Navidad siempre pedía balones, en el colegio me las ingeniaba para hacer pelotas con papel, con lo que fuera, para jugar. Esperaba el recreo para puro ir a jugar a la pelota. Donde llegaba me iba a patear. Dormía con el balón de fútbol. Era fanático de los Supercampeones, que era la relación a lo que veía de fútbol. No recuerdo haber tenido tele en colores. Mis recuerdos comienzan con Colo Colo campeón de la Copa Libertadores y, después, con Iván Zamorano en el Real Madrid, así que eran los partidos que esperaba el fin de semana. Después, ya me gustaron los buenos jugadores, como Román Riquelme, Ronaldinho Gaúcho...
-¿Cuál fue su ídolo cuando chico?
Tengo el recuerdo de dos muy marcados: Iván Zamorano, mi ídolo, y Diego Armando Maradona, que no lo vi mucho de chico, pero siempre era “Maradona, Maradona” para todos lados. Veía sus jugadas, sus videos. Por ahí va. Luego, en una fase más moderna, Riquelme y Ronaldinho. Siempre me gustaron los “10”. También en un tiempo en Colo Colo me atrajo mucho lo que hacía Barticciotto, en su mejor momento,
-¿Probó jugar de “10” alguna vez o siempre en la banda izquierda?
Siempre jugué por la banda izquierda. Bueno, de chico jugaba por todos lados, más que llamarlo un “10”, como era bueno físicamente nunca me costó ir abajo, ir arriba, a la derecha, a la izquierda. Después, cuando empecé a ir a escuelas o a jugar un fútbol más grande, los profesores siempre me empezaron a cargar a la izquierda. Como puntero o de un “10” que se transformaba en un wing que hacía muchos goles, pero siempre desde la izquierda hacia adentro. Cuando llego a Colo Colo, con unos 11 años más o menos, había un jugador, Alejandro Vásquez, que era la figura del equipo y una de las proyecciones importantes. Él jugaba en mi mismo puesto, de “11”, y por eso me empezaron a poner un poco más atrás, de lateral izquierdo, porque hacíamos los dos la banda. Me adapté bien, aprendí el puesto y, desde ahí, ya me quedé en esa posición.
-En tu posición de lateral izquierdo, ¿tenía a algún referente?
Obviamente uno se fijaba en las figuras internacionales. Me encantaba como jugaba Roberto Carlos, pero claro que nunca iba a llegar a su nivel. La pegada de él es única. El otro que me gustaba, por la parte física, era (Juan Pablo) Sorín. En ese tiempo, a quién me consideraba más parecido, aunque él por la derecha, era Cafú y acá en el fútbol chileno me encantaba Hugo Droguett. Con él me identificaba en la forma de jugar, la inteligencia sobre todo. Más adelante, Marcelo (Barticciotto) fue el que más me marcó. Me encantaba verlo, me identificaba y hasta trataba de imitarlo, sobre todo en la parte técnica.
-A ver, descríbase como lateral. Cómo arrancó y cómo fuiste evolucionando…
En una etapa de chico, de formación, era mucha instrucción y eso debilitaba mucho mi juego, porque estaba acostumbrado a jugar más arriba. Me gustaba desde atrás ir pasándome jugadores o ser un poco más desordenado. El orden, jugar a dos toques, controlar y jugar por afuera; todas esas cosas me fueron, por así decirlo, aburriendo, hasta que después hay técnicos que te dan un poco más de libertad, que fue lo que me pasó cuando llegué a Audax Italiano, con el profe Mario Moreno. Él me empezó a dar más libertad por el lado izquierdo; no tenía tanto reto ni tantas indicaciones. Ahí apareció mi mejor versión en cadetes, porque empezaba por la izquierda, me pasaba jugadores y hasta terminaba yo en gol. Ahí te vas amoldando, porque hay profes a los que les gusta esto que explico, pero hay otros a los que les interesa, simplemente, que como lateral le pegue para arriba, la saque de la cancha y defienda.
-Más patadura…
Siempre, de acuerdo al técnico me iba acomodando. Estaba mi parte técnica, pero me iba acomodando a lo que el entrenador quería.
El salto al fútbol profesional
-¿Le costó la transición de ser cadete al profesionalismo?
Sí. Me costó un par de años adaptarme a mis compañeros. Y, luego, la parte física. Imagínate que han pasado unos 20 años y todavía los equipos, a excepción de un par, que son Colo Colo y Católica que los trabajan desde antes, suben a un jugador que no está preparado, en un tema alimenticio y de musculatura, para llegar y debutar en Primera. Por eso les cuesta. Además, nuestra cultura está un poco más atrasada en varias cosas.
-Con su llegada a Audax, ¿sintió en cierta medida que tenía una revancha por no haberse consolidado en Colo Colo, donde le dijeron que no había espacio?
Claro, llego con ese sentimiento de “pucha, no sé si esto será para mí”. Además que me había probado en otros equipos y no había quedado. Pero cuando me doy cuenta que podía estar, que podía creer en mis condiciones, empiezan esas ganas de demostrar que se equivocaron en Colo Colo en dejarme ir. El jugador en que me estaba transformando quería también demostrar que sí podía volver a Colo Colo y solo me empecé a poner metas. Primero, debutar, luego demostrar mi nivel y después, ya entre enojo y rabia, decir “aquí está Cereceda, el jugador al que no le dieron la oportunidad en Colo Colo”.
-Una tremenda etapa en Audax y con un equipazo…
Me encantó estar allá. Tengo los recuerdos más lindos con compañeros de esa etapa. Formamos un equipo que mezclaba juventud y elementos de experiencia. Jugadores de casa, como Fabián Orellana, Piña (Carlos) Villanueva, que si bien llegó después lo hizo siendo joven, Boris Rieloff… Más los que fueron fortaleciendo el grupo, como Nicolás Peric, Chupete (Humberto) Suazo, un grupo de muy buenos amigos. En la etapa que vivimos, en que empezamos a jugar finales, a clasificar a torneos internacionales, la experiencia de viajar, al final los sentía como mis amigos, mis hermanos, porque terminaba compartiendo más con ellos. Siempre hablo con mucho cariño de Audax, por todas esas historias. Hasta me identifiqué y me hice muy hincha de Audax Italiano, por todo lo que viví en esa etapa.
-¿Y en la cancha, qué tal?
En lo futbolístico me sentí muy bien. Fueron mis primeros llamados a la Selección, pude marcar muchos goles, fui figura en varios partidos. Fue elegido el mejor lateral izquierdo jugando por Audax. Entonces, el nivel que alcancé fue muy alto, lo que hizo que me empezaran a ver de clubes extranjeros. Toda esa transformación, ese proceso, fueron solo cosas positivas.
Un Audax Italiano que dejó huellas
-Estuvo en algunos de los mejores equipos chilenos del siglo, Colo Colo de Borghi, la U de Sampaoli... ¿Entra ese Audax a la discusión?
Con autoridad, por números, por lo que se logró, por la forma en que jugamos y a los equipos que enfrentamos e hicimos ver mal, claramente fue un Audax que, si lo llevamos a los mejores equipos del siglo, está en la terna o entre los primeros cinco quizás. Desde el arquero hasta el delantero… Imagínate que llegó a jugar (Franco) Di Santo con nosotros, que después fue vendido al Chelsea. Un Carlitos Villanueva en su mejor versión; Fabián Orellana, que quería comerse al mundo; Boris Rieloff, el mejor lateral derecho de la época; yo, el mejor lateral izquierdo de esos años; un (Miguel Ángel) Romero que se contagió y nos entregaba una energía increíble por toda la banda izquierda; Juan González, que fue vendido a la U por el nivel que tenía; Carlos Garrido, que recuperó su nivel y hasta lo llaman a la Selección; Rodolfo Moya y Jorge Carrasco, vendidos a Colo Colo; (Diego) Scotti, Braulio Leal o Mauro Rojas. Todos futbolistas que estuvieron en su peak futbolístico en este Audax que tuvo esta gran campaña.
-¿Qué valor tuvo Raúl Toro (entrenador) en implementar ese Audax?
El profe Raúl llega de manera muy inteligente a darle un orden al equipo, a trabajar de una manera muy simple, con un gran PF (Mario Craviolatti), para sacar la mejor versión de cada uno de nosotros. Llegó con un 4-4-2, a veces en rombo en el medio, a veces en cuadrado, pero logró tener a todos esos jugadores en su peak. Apenas llegó le pasó a Carlos Villanueva, que venía medio dubitativo, y ese fue el mejor Carlitos que hayamos visto. Conmigo, sacó lo mejor; yo sentía que confiaba mucho en mí. Boris hacía goles casi todas las semanas y casi fue vendido a Alemania. Logró recuperar a Garrido, Nico Peric de Selección. Trae a Romero, uno de sus regalones, y nos contagió con su forma de jugar. Siendo muy joven le sacó rendimiento a Di Santo…
-¡Qué increíble esa Copa Libertadores de 2007! Eliminados con 11 puntos, nunca antes visto…
Con el nivel que teníamos, podría haber pasado cualquier cosa; claramente habríamos podido seguir avanzando. Ir a Sao Paulo (2-2) y jugar de igual a igual ante un plantel que tenía grandes nombres (Rogério Ceni, Richarlyson, Néicer Reasco, entre otros) y lograr que ellos se vieran mal jugando ante un equipo chico de Chile que, obviamente, estaba en su mejor nivel. Nos quedó a todos la espinita de haber podido seguir. De todos modos, sabemos que quedamos fuera dándolo todo. Estuvimos al nivel que requería el torneo.
-¿Fue el mejor plantel que integró, en cuanto a calidad?
No. Después, cuando llego a Colo Colo ese equipo era de mucha calidad. Y, posteriormente, me tocó en una Universidad de Chile en que, más que calidad, había un nivel competitivo muy alto.
-Después de eso se da su regreso a Colo Colo. Era el llamado que siempre quiso ¿no?
Cuando se da la opción, yo ya venía sonando en los grandes y en algunos equipos del extranjero desde hacía algunas temporadas; estaba siendo llamado de la Selección también. Me pasó que, cuando me quiere Colo Colo de nuevo, empieza la negociación y se contactan conmigo, llevo a mi representante y, por querer estar solamente en Colo Colo, dije a todo que sí, sabiendo que quizás si se lo hubiera dejado a mi representante, que era muy bueno negociando, habría obtenido algo mucho mejor a lo que obtuve. Era bueno, pero no quizás lo mejor que hubiera conseguido, porque para el nivel en que estaba jugando era como para obtener algo más. Pero por mis ganas de querer volver, de demostrar que nunca debí irme de Colo Colo, fue todo “sí, quiero firmar”. Aparte que no era cualquier Colo Colo, sino uno que venía de ser tricampeón del fútbol chileno.
Llegada a Colo Colo: aterrizaje forzoso
-¿Cómo recuerda esos primeros días de su vuelta al Monumental?
Fue muy especial. Ahí había vivido cosas buenas y malas, con compañeros, con familias, con profesores, con la gente que conocía. Me sentía en mi casa, era regresar a mi casa. Fue muy grato reencontrarme con gente que ya conocía.
-Usted lo dijo: no era cualquier Colo Colo. ¿Cómo era compartir ese camarín con esos jugadores? ¿Le costó entrar?
No fue fácil entrar al grupo. Llegue medio dubitativo, entre que mostraba mi nivel y no lo mostraba. No anduve muy bien y tampoco me sentí muy bien recibido por el grupo en general. Obviamente, no todos te van a recibir igual, pero sentía que tenía que demostrar mi nivel para poder entrar al grupo. En los primeros partidos o casi todo el campeonato, en realidad, me miraban como a un cualquiera, como “¿qué está haciendo este acá?”. Pero después del nivel que muestro en los playoffs, siento que mis compañeros me miraron de otra manera. Ahí sí me metí de manera más íntegra al plantel, me recibieron y como que dijeron “sí, este está preparado para estar acá y lo vamos a acoger como corresponde”. Ahí sentí un espaldarazo, sobre todo de mis compañeros más grandes, y eso me hizo dar un salto de calidad.
-Ese recibimiento frío, ¿se debió a algo en específico? O porque llegaba desde un equipo chico como Audax…
Yo creo que fue un todo. Volver, estar ahí, gente que ya conocía, pero no en el plantel. Era un grupo que venía de ser tricampeón, con un ego grande, con jugadores que sabían lo que significaba estar en Colo Colo, muy queridos por la gente. Entonces, era uno más nomás. Quizás cuando uno llega a alguna parte y te reciben bien de inmediato, es más fácil demostrar tu nivel, pero acá era como “ah, llegó. Ya, poh, está bien. Llegó”… También me costó sentir que el Bichi confiara plenamente en mí. Siempre me pasó, también en Audax, aunque fue él quien me subió al primer equipo, pero tal vez por la forma de ser que tiene el profe Claudio, sentía que no confiaba plenamente en mí. Puede que eso causara que, siendo más joven, no pudiera demostrar todo lo que podía dar.
-Su mejor versión futbolística, ¿fue en ese Colo Colo o en Audax?
Tuve varias buenas versiones futbolísticas, en distintos clubes. Una de las mejores fue la del Audax y luego, en Colo Colo, tuve un par de versiones muy buenas justo antes de que me pasara ese tema del dopaje, en que estaba al nivel en que me sentía perfecto. En la U tuve subes y bajas, fui muy intermitente, me costó. Y luego, en Católica, creo que fue mi mejor versión, porque tenía tantas ganas de volver a jugar después del doping, que lo único que quería era demostrar que estaba presente, ganar y hacer goles. Entonces, todos mis partidos, de uno a 10, llegaba a ser un 9. Tener regularidad a ese nivel es muy difícil y en Católica lo pude demostrar.
-Se encontró con Borghi en varias etapas de su carrera. ¿Cómo era ser dirigido por él?
Lo recuerdo con mucho cariño y respeto. Le tengo un cariño hasta como el que se le da a un padre, porque lo conocí en cadetes de Colo Colo y cuando era chico lo veía haciendo rabonas y me encantaba como jugador. Luego, llego al Audax y como técnico me sube al plantel. Le encantaba como jugaba, aunque me retaba harto, porque no le gustaba que yo pisara tanto la pelota y eso era lo que más hacía, porque lo tenía integrado desde el baby fútbol. Me sube, entonces marca mi carrera. Era el encargado de dirigir mi primera pretemporada, por lo que me suma a un plantel. Después, cuando se va a Colo Colo, él es el que me pide para que vaya. Entonces, fueron puntos de mi carrera que están marcados por una persona y por eso le tengo tanto cariño más allá de profesor.
-Y ya como un balance general. ¿Qué significó jugar en Colo Colo?
Cumplir un sueño. Primero era jugar profesionalmente, lo logré. Luego, salir campeón con Colo Colo, lo logré. Sentía que estaba viviendo un sueño, en una etapa en que lo podía tener todo futbolísticamente. Me imaginaba partir al extranjero y luego volver a Colo Colo, porque me estaba encariñando con el club y la gente se estaba encariñando conmigo. Fue una etapa especial. Hacer cadetes, volver, ganar títulos. Además, una vez que me gano al grupo, compartir con Kalule (Rodrigo Meléndez), (Arturo) Sanhueza, Lucas Barrios, Daúd Gazale, Macnelly Torres, Giovanni Hernández. Un grupo al que también le tengo mucho cariño. En Colo Colo y Audax son los mejores recuerdos que puedo tener. Como clubes, como grupos…
-Haber llegado a Colo Colo, un equipo grande, es como de película. ¿Cómo lo manejó para que no se le subieran los humos a la cabeza siendo tan joven?
Uno como joven está en un proceso en que obviamente sale, ya te conocen más. Vas a lugares y te dejan entrar gratis. Te invitan a todos lados, te regalan comida, ropa, te auspician. Esas cosas igual a uno lo nublan un poco. No te das cuenta que estás dejando de lado algunas cosas más importantes o temas valóricos que no te fijas. A pesar de eso, siento que nunca tuve tanto ego como para creerme más de lo que era. Siempre seguí juntándome con la misma gente, seguí siendo igual. Era alguien de querer estar con la familia, de cuidar a mis hijas. Nunca me volví loco para hacer cosas más allá de las que me correspondían como joven. Fui respetuoso con la gente, también. Humilde. Si algo pasó, fue solo por la juventud.