Se trata de una leyenda del fútbol paraguayo. Fue, por años, el goleador histórico de la Albirroja; una verdadera institución en México, con los colores del Toluca, además.

El exdelantero José Saturnino Cardozo (Nueva Italia, Paraguay, 19 de marzo de 1971) tuvo una brillante carrera y de eso no quedan dudas. Pero, que sus primeros pasos estuvieron marcadísimos por Chile y y el fútbol chileno, desde todo aspecto, es algo que pocos recuerdan.

Pero así nomás fue. Bastan apenas algunos datos poara corroborar cuán importante fue nuestro país en el desarrollo de Pepe Cardozo: su primera citación a la Selección fue para la Copa América de Chile 1991, uno de sus mentores fue Hugo Eduardo Rubio, compartió camarín con Iván Zamorano y, más encima, defendió por dos años a Universidad Católica, cuando su carrera despegaba.

Hoy, Cardozo es el entrenador de Municipal Liberia en Costa Rica, pero pasa buena parte del tiempo en México, Es en tierras aztecas desde donde atiende el llamado de En Cancha Prime, justamente para rememorar esos buenos viejos tiempos...

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Una carrera que despunta en Chile

- El primer recuerdo que se tiene de José Saturnino Cardozo acá en Chile es de la Copa América de 1991. Muy especial para usted, ¿no?

¡Ahí estuvimos! Fue mi primera convocatoria a la Selección. Jugaba en Suiza y me llegó la grata sorpresa de ser llamado y poder formar parte del equipo de Paraguay. Marqué mi primer gol, también, contra Argentina, en Concepción, con un clima que para qué le cuento…

- Lluvia, seguro…

¡No solo lloviendo, sino que el frío que hacía en Concepción! Tantos años de eso, pero recordarlo es algo hermoso.

- Esa Selección Paraguaya que vino acá era sumamente joven. Atravesaba por una total renovación, después de la que clasificó al Mundial de México 86…

Veníamos saliendo de una época brillante, con Rogelio Delgado, Adolfino Cañete, Jorge Amado Núnez, Romerito (Julio César Romero); jugadores extraordinarios. En esa Copa América apareció Gustavo Neffa, que lo había comprado la Juventus de Italia, muy jovencito, de 19 o 20 años…

- Chilavert también vino muy joven también…

Claro que estaba Chilavert. Recuerdo que llegamos juntos a la Selección, porque él estaba en el Zaragoza, volamos desde Sao Paulo hasta Asunción juntos. Él llegaba desde España; yo, de Suiza. Al otro día, empezamos a entrenar. Era un equipo que, justamente, estaba buscando ese cambio generacional y, al final, apareció una generación importante que fue la de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92; ahí arrancó esa época. Clasificamos a cuatro mundiales consecutivos (de 1998 a 2010) y jugamos 16 años juntos. Fue fantástico…

Leyenda de la Selección Paraguaya y todo comenzó en la Copa América de 1991 en Chile.,
José Saturnino Cardozo. Leyenda de la Selección Paraguaya y todo comenzó en la Copa América de 1991 en Chile.,

La buena guía de Hugo Eduardo Rubio y la dupla con Bam Bam Zamorano

Todavía estaba lejos de consolidarse como futbolista profesional, cuando Pepe Cardozo tomó una decisión clave en su futuro: antes de cumplir 20 años cuando cruzó el Atlántico para aterrizar en el St. Gallen de Suiza.

Sí, en “ese” St. Gallen. Fue allí donde el paraguayo comenzó a forjar lazos estrechos con Chile...

- Bueno, jugaba en Suiza usted, por lo que la conexión con Chile se hizo mucho más fuerte. ¿Qué recuerdos tiene de esa época?

Los mejores. Cuando llego al St. Gallen, me reciben Pato (Patricio) Mardones, Hugo Rubio, ¡uf, qué jugador!, e Iván Zamorano. También estaban Daniel Raschle, un argentino-paraguayo que andaba por allá, y el Flaco (Jorge) Theiler, el otro extranjero. Inolvidable para mí, porque Paraguay venía saliendo de una dictadura terrible de 35 años (N. de R.: Alfredo Stroessner gobernó Paraguay entre 1954 y 1989), que ustedes también vivieron algo así. No fue fácil para mí, a los 19 años, irme a Europa, sin tener conocimiento de nada, sin idioma. Llegar allá así nada más fue duro. De todos modos, era mi sueño jugar de chiquito en el extranjero. Fue una experiencia inolvidable jugar con uno de los mejores delanteros que vi, Iván Zamorano, y después con futbolistas extraordinarios, como Rubio o Mardones. Después me tocó también compartir con Richard Zambrano, excelente persona. En fin, grandes jugadores…

- ¿Y esa bandita extranjera, latinoamericana sobre todo, se apoyaba entre sí?

Con Hugo Rubio aprendí mucho a ser profesional. Yo era un muchacho, empezando mi carrera, y Hugo ya tenía una experiencia enorme. Zamorano estaba también construyendo recién su carrera, que luego se fue a España y todo lo que recorrió. Un aprendizaje inmenso…

- ¿Eran de juntarse? ¿Compartían?

El aporte de Rubio a mi carrera fue fundamental. Me enseñó a ser profesional. Recuerdo que Hugo me invitaba a comer a su casa y pesaba la carne, para comer lo que correspondía. A mí me llamaba la atención, porque yo todavía no era profesional. Venía de Paraguay, de haber jugado muy poco, y de repente ver a un jugador como Hugo, preocupándose tanto de su alimentación… Siempre digo que si volviera a nacer, me gustaría irme a Suiza, pero que estuvieran todas esas grandes figuras, grandes jugadores, grandes seres humanos como con los que me tocó compartir. Con Iván, muy poco, porque alcanzamos a jugar apenas unos seis partidos juntos y después lo compraron desde España.

- Tan importante, entonces, fue Rubio…

Mire: él me llamaba y me decía “ya, Paragua, vamos a salir a correr” y yo era joven, me gustaba entrenar. Nos juntábamos, qué se yo, a tomar mate y a convivir con el ser humano, más allá de ser futbolista. Uno empieza a aprender mucho de los jugadores mayores, de experiencia, que han vivido, que han tenido caminos importantes. Esa experiencia que te transmiten siempre es valorable.

Dos chilenos y un paraguayo en el club suizo. De derecha a izquierda, Iván Zamorano, Fabián Estay y José Saturnino Cardozo.
St. Gallen. Dos chilenos y un paraguayo en el club suizo. De derecha a izquierda, Iván Zamorano, Fabián Estay y José Saturnino Cardozo.

- Quizás esté hilando demasiado fino acá, pero ¿esta cercanía con los chilenos que tuvo en Suiza sirvió en algo para tomar la decisión de venir en 1992 a Universidad Católica?

Sí, claro. Haber conocido a Fabián Estay, también. Cuando me hablaron que había un interés por parte de la Católica, le pregunté a Hugo de inmediato. Me habló de manera positiva del club y eso ayudó a la decisión de ir a Chile.

-¿Con qué se encontró acá?

Un país fantástico y un equipo espectacular como la Católica, que me ayudó en mucho en mi crecimiento como futbolista. Yo soy admirador, además, del jugador chileno, de su técnica. Aprendí mucha técnica allá en Chile, porque yo era más de atropellar, de cabecear, el típico delantero paraguayo. Sin embargo, cuando llegué allá, tenía que asociarme y jugar bien si es que quería jugar en la Católica. Fue en todo sentido maravilloso: competir, hacer goles, conocer Santiago.

- Hace un rato usted me dijo algo que me da vueltas. Se fue a Suiza cuando Paraguay venía saliendo de una dictadura brutal y fíjese que llegó a Chile apenas unos años después de que este país también viniera saliendo de una dictadura. ¿Se sentía algo de eso en el aire todavía?

La verdad es que no; en Paraguay era completamente diferente. Chile lo tiene todo, incluso la educación que quizás le dio Pinochet a la gente fue importante, no lo sé, pero esa dictadura, cuando yo llegué en 1992, si es que soy sincero, no la sentía como sí se vivía en Paraguay. Son recuerdos tristes, nada fácil. Yo vivía a 44 kilómetros de Asunción y no teníamos luz. Fue una dictadura terrible. Reafirmo entonces que, cuando llegué a Chile en 1992 ya no sentí la Dictadura. Santiago y Chile es un país fantástico que, en ese entonces, estaba en desarrollo.

Universidad Católica: un plantel de figuras

Época de bondad en el fútbol chileno cuando llegó a estas tierras José Saturnino Cardozo. Colo-Colo venía de ser campeón en Copa Libertadores recién en la temporada anterior, y los clubes nacionales traían como refuerzos a futbolistas consolidados.

O, como lo recuerda Pepe Cardozo: “En Chile jugaba cada crack... Me tocó contra Claudio Borghi que estaba en Colo-Colo, ¡qué jugador! La Vieja (Gerardo) Reynoso se sacaba a dos o tres hombres de encima sin ningún problema. Lógicamente, uno va aprendiendo con todas esas figuras. Con Juan Carlos Almada, en Universidad Católica. Uno se va fijando en qué es lo que hacen para llegar a ser tan buenos jugadores. Y otra cosa: ese tipo de jugadores te hacen sentir bueno también, te obligan a rendir, por así decirlo. En la Católica tenía a Mario Lepe, quizás un jugador no tan vistoso, pero un profesional extraordinario, que te ayudaba a crecer. Yo era desordenado, por la juventud propia, pero al escuchar a esos futbolistas, uno va aprendiendo y mejorando en la vida.

- ¿Cómo lo hacían para jugar todos ahí en esa Católica? Almada, Cardozo, Rodrigo Barrera…

Barrera era desequilibrante. Se sacaba a los defensores con facilidad y definía con frialdad. No era fácil jugar ahí. Cuando llegué, al mes o a los dos meses, en un clásico contra la U me rompí el tobillo y estuve tres meses sin jugar. Arranqué jugando, me rompí el tobillo y el club trajo a Juan Carlos Almada, porque necesitaba otro “9”. Yo iba a estar tres meses sin jugar. Vicente Cantatore me dijo incluso que me podía ir a Paraguay y quedarme allá y que después regresaba para quitarme el yeso. Estuve en Paraguay un mes y, luego, en la rehabilitación, en volver a tomar el ritmo, ya algunos tenían su lugar asegurado por haber jugado tantos partidos. La competencia interna era brava…

- Así se ve…

Me tocaba jugar un partido, otro no, pero al final es parte del crecimiento eso de salir de una lesión, retomar, volver a competir. Eso te va a costar, sobre todo en un equipo como Católica que es grande, que siempre está arriba, que siempre gana. No había forma de que el entrenador pudiera cambiar, porque cuántas veces en el año pueden perder un partido Católica, Colo-Colo, la U; pierden tres partidos por año. Entonces, no había por dónde el técnico dijera “saben, vas de titular”, si el otro lo estaba haciendo bastante bien. Uno va aprendiendo a aceptar esas cosas. Una entiende que el DT está en su derecho de poner a quien crea que está mejor…

- Y, ahora, eso usted lo entiende como técnico…

Claro. Uno cuando está como jugador lo único que quiere es jugar. Te declaran “bueno, el compañerismo que hay”… ¡Mentira! Uno va donde el técnico y le dice que quiere jugar, no le dice al compañero ¡ja! Después, vas entendiendo que tiene que haber una competencia interna y esa es la única manera de pelear títulos.

- Acaba de recordar a Chamuca Barrera. Usted sabe que él fue por muchos años el goleador histórico de Católica, pero en los hinchas es persona non grata por haberse ido a la U. ¿Qué opina de esa tirria que le tienen? ¿Es injusto?

Muchas veces, la hinchada recrimina al jugador porque cambia de equipo; porque lo quieren, porque juega bien. Pero nunca recriminan a los directivos cuando sacan del club a un jugador, cuando lo dejan ir. El futbolista es profesional y tiene que jugar donde lo quieren. Si de repente el equipo que tú quieres ya no te tiene considerado, bueno, es profesional y tiene que jugar. Barrera hizo lo correcto al ir a la U. Obviamente que se fue a un rival clásico, que es difícil que la gente tolere, pero al final es fútbol y el profesional tiene que tomar decisiones, porque es su carrera. Siempre estoy a favor del jugador, de ir a un lugar donde te quieren… Y, más encima, Barrera podría haber jugado en cualquier equipo, con el talento que tenía…

El paraguayo en su paso por la UC a comienzos de los noventa. Foto: @cruzados_oficial en Instagram
José Saturnino Cardozo El paraguayo en su paso por la UC a comienzos de los noventa. Foto: @cruzados_oficial en Instagram

Una final de América ante el Súper Sao Paulo de los noventa

- Metámonos en la Libertadores 93. Usted es vice campeón de América, nada más y nada menos…

Y le marqué a San José de Oruro… Teníamos un equipo para competirle a cualquiera, con cada jugador de experiencia que había ahí. Yo era el más joven, estaba todavía en crecimiento. Fue un campañón de ese plantel, que mostró jerarquía, calidad, buen fútbol. Es para aplaudir lo que hicimos de llegar a esa final. Lastimosamente la perdimos, pero la UC nunca más ha llegado a una final de América después de esa vez…

- Y la Libertadores de esa época era bien distinta a la de ahora. De partida, jugaba el campeón y el subcampeón de cada país, nada de cosas… Cada uno sacaba ventajas como podía de la localía. ¿Se acuerda?

Y ¿sabe? Yo estoy a favor de esa Copa Libertadores. Hoy juegan cuatro o cinco equipos, con partidos de 4-1, de 5-1. Antes iban los mejores, campeón y subcampeón, nada más, y era complicadísimo. Contra Barcelona, en Guayaquil, nos rompieron todo el bus y el calor que hacía, porque ellos jugaban a las 2 de la tarde, era insoportable. Llovía antes del partido y después hacían 37 grados. Se vivía con intensidad, porque pese a todo había que ir y jugar bien, competir. Hoy, claro, se juegan muchos más partidos, pero algunos parecen amistosos…

- Además, el árbitro dirigía paradito en la mitad de la cancha y “siga, siga”, nomás…

¡Ja! Y, dependiendo contra quién, te cobraba un penal un metro fuera del área. En un córner te pegaban tres veces. Saltabas a cabecear, el central te agarraba de la cabeza y te tiraba un codazo y el árbitro te decía que “siga, siga, no pasó nada”. Se disfrutaba. Además, la mayoría quería jugar bien en la Copa Libertadores, porque era una vidriera importante para luego irse a jugar a Europa.

- Pero que había equipos buenos, los había…

Imagínese Sao Paulo. Jugaban Raí, Palinha, Muller, Cafú, Válber, Pintado. Un plantel impresionante que luego de ganarnos la final a nosotros los vendieron a todos. Uno se fue a la Roma, otro al PSG. Ahí era donde se mostraban todos los jugadores y los equipos se preocupaban de eso, porque ahí estaba el desarrollo de la institución…

Pepe estuvo en 1992 y 1993 en Universidad Católica.
José Saturnino Cardozo. Pepe estuvo en 1992 y 1993 en Universidad Católica.

- Qué increíble como en esa final les salió todo mal en el partido que perdieron por 5-1 en Sao Paulo. ¿Cree usted que la diferencia era esa entre ellos y la UC?

Sin dudas. Claro, ellos tenían un equipo extraordinario, pero nosotros también. Jugábamos bien, con personalidad. (Sergio Fabían) Vázquez y la seguridad que transmitía, Lunari, atajaba Óscar Wirth ¡qué arquero y qué persona!

- ¿Tuvo buena relación con él?

Uno siempre recuerda a esa gente con la que compartió y que se preocupa por ti sin conocerte. Está atento a tu desarrollo, a tu crecimiento. Óscar me hablaba muchísimo, seguramente también vio talento y ganas de triunfar.

- En la final de vuelta, no estuvieron tan lejos de darlo vuelta. En 15 minutos ganaban por 2-0 y antes del final del primer tiempo, casi hicieron el tercero, con una de Luis Pérez que pasó rosando el palo…

Fue a los 43’ del primer tiempo esa de Luis Pérez; me acuerdo perfecto. Fuimos mucho mejores que Sao Paulo en ese partido.

- ¿Cree que se quedó poco tiempo en Chile? ¿Podría haberse consolidado un poco más tal vez?

Me llegó una oferta para venirme a México, al Atlante, y no sé qué pasó al final. Antes no era tan claro como ahora. Me mandaron a México solo, como que ya estaba todo arreglado y al final no fue cierto. Luego, apareció la oferta para ir a Paraguay y mi sueño siempre había sido jugar en Olimpia, desde chiquito. Tomé la decisión….

- Se pensó y se hizo…

Me llevaron a préstamo por seis meses con opción de compra y llego a un club donde siempre había querido ser campeón. Llegó esa opción de salir de Chile y la tomé. Luego, me compraron, y salimos campeones invictos el 93 cuando llego, metiendo 9 o 10 goles. Tengo entendido que Católica quería que regresara, pero al final tuve que volar a Chile y decirle a la directiva que mi intención era seguir en Olimpia… Negociaron, me compró Olimpia y me quedé un año más en Paraguay… El 94 fui semifinalista de la Libertadores, de nuevo contra Sao Paulo, que perdimos por penales en Asunción. De ahí, me fui a México…

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