Paul Capdeville, algo tiene que decir en la historia del tenis chileno. Claro, no llegó a ser top ten ni consiguió medallas de oro en Juegos Olímpicos, pero el paso del tiempo va dándole peso a una carrera que tuvo cosas más que positivas.

El 2009, en pleno apogeo en nuestro país de Fernando González y Nicolás Massú, y a nivel mundial de Rafael Nadal, Roger Federar y Novak Djokovic, el santiaguino llegó a ser nada menos que 76° del mundo.

Ganó 10 títulos de Challenger y fue también constante en los equipos de Copa Davis. De esto y mucho más habla con Raquetas y Palas el de Vitacura, una voz más que autorizada en el tenis chileno.

La nueva vida de Paul Capdeville alejado del tenis

¿En qué se encuentra hoy Paul Capdeville?

“Hoy día, soy padre de tres hijos y estoy casado, llevo ya harto tiempo. Voy a cumplir 18 años, así que también es algo bien importante. Trabajo mucho con mi familia en el área minera, que es lo que hago desde que me retiré. Muy ligado a los negocios, a estar en faena.

Hace poco te vimos ligado a las comunicaciones, sobre todo en el tenis. Me imagino que ese bichito del tenis nunca se puede despojar, siempre está el espíritu de lo que te gusta y lo que hiciste por tantos años.

“Sí, tienes razón, pero ha sido algo más spot. Con la ATP siempre he estado trabajando. La Copa Davis también estuve este año, así que estoy un poquito ligado a las comunicaciones, que es muy entretenido. Llevar un poco la experiencia, la forma de cómo uno vio el tenis. Con la gente, yo creo, que hemos tenido buena recepción. Me dicen que les es grato cómo transmito el tenis y eso ha sido bien positivo”.

En este rol un poco tanto empresarial como de las comunicaciones, ¿te han servido los contactos que hiciste a lo largo del tour en el tenis?

“Obviamente que el tenis te da eso, te da un poco de que la gente te reconozca. Mira, no tanto en el mundo con tenistas o con deportistas, creo que ahí el mundo más empresarial está alejado, pero sí en el mundo empresarial gusta mucho el deporte. Entonces, ahí es donde creo que ha sido mi mayor fortaleza, en poder tener un enganche de llevar el mundo del tenis o del deporte profesional a este más empresarial. Y yo creo que eso ha sido un buen camino”.

El tenis actual: “Una vez llamé a mi señora y le dije ‘esto no es para mi’”

¿Cómo ves ahora el circuito? ¿Es más estresante que antes? ¿Cómo sientes que ha ido evolucionando el tenis desde que ya no estás?

“Tuve la suerte el año pasado de poder trabajar varios meses, casi cinco, con Cristian Garin y volver a estar en el circuito. Fue como un veranito de San Juan para volver todos los días. Reconozco que una vez llamé a mi señora y le dije: ‘No, esto no es para mí, ya lo había hecho muchos años’. Ser entrenador es diferente, es otra mirada.

Y sí, pude ver lo que era el tenis ahora, porque uno va perdiendo un poco eso y las generaciones van cambiando. Hoy día hay mucha red social, son más grupos, los jugadores viajan con más gente de su equipo. Uno viajaba con suerte con un entrenador. Entonces, tendía a tener más relación con los otros jugadores.

Una broma o anécdota que le decía a Cristian: ‘Oye, es muy fome hoy día, porque antes —y eso que yo no agarré la mejor época, la de Marcelo Ríos, de Kuerten— ahí sí que ellos se llevaban muy bien como jugadores. Hoy día hay mucho más competencia, entrenan menos entre ellos, hay más individualismo’. Yo le decía: ‘Falta salir a comer con los otros jugadores, tener más experiencias’. Se pierde mucho.

Pero bueno, tiene lo otro: es muy profesional hoy. Los chicos que están 200, 300 o 500 tienen los recursos para trabajar a primer nivel. Eso sí me sorprendió mucho: el nivel detrás del 200°, realmente juega muy buen tenis. Yo no digo que antes no se jugaba gran tenis, pero si uno estaba entre los 100, perder con un 200 o un 300 era como ‘ese día me tengo que ver, realmente estoy mal’. Hoy día un 300 te gana y es normal".

Paul Capdeville El extenista chileno en su épico triundo ante Isner en Copa Davis. Foto: Photosport.

Tú hablas desde lo táctico, quizás desde lo físico también, que ha cambiado mucho el fenotipo del tenista actual, que tiene que ser perfecto, que juega en todas las superficies. Quizás ahora se están pareciendo mucho las superficies entre ellas. Antes había jugadores de pasto, jugadores de polvo de ladrillo. Ahora vemos a Sinner o Alcaraz desenvolverse tanto en pasto como en arcilla o cemento casi de la misma manera.

“A mí me pasó un poco ese cambio. Cuando partí jugando, mi primer año de profesional, había mucho eso: la cancha rápida era muy rápida, el pasto era rápido, había carpeta, jugabas en arcilla y era lento. Había mucha diversidad y había jugadores para cada superficie. Los españoles ganaban en arcilla, los americanos en rápida, te tocaba un inglés en pasto y era una tortura.

Yo creo que en la mitad de mi carrera se cambió la superficie: las canchas rápidas eran más lentas, el pasto era lentísimo. A mí me costó mucho jugar en pasto. Yo jugaba bien, voleaba bien, jugaba bien de aire, pero me costó porque cambiaron a una pelota grande, pesada, había que tener mucha fuerza. Por eso yo jugaba mucho en Estados Unidos, que siempre jugaba con bolas chicas, rapiditas, cancha rápida. A mí me gustaba jugar así.

Jugaba bien en Santiago, jugaba bien en Colombia, en Bogotá, todo lo que era en altura. Yo era muy competitivo. Hoy día, creo que me hubiese costado mucho más porque está mucho más lento el tenis. Todos juegan de atrás, todos juegan tirando misiles desde la línea de base.

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“Yo creo que éramos más brutos”

¿Cómo eran las pretemporadas de Paul Capdeville?

“Yo creo que éramos más brutos, bastante más brutos. Hoy día les gusta mucho el elástico. Cuando trabajé con Cristian de entrenador, yo un poco le decía eso: ‘Mira, el tenis hay que saber sufrir, aprender a sufrir. La única manera de sufrir es entrenándolo’. Así lo aprendí yo.

Muchas veces me dicen: ‘Es que tu historia o tu experiencia fue de esa manera’. Sí, porque yo era malo y terminé siendo bueno. Entonces yo hablo siempre desde esa perspectiva. Tengo conversaciones con Nicolás Massú y Fernando González, que ellos fueron cracks, fueron tipos desde muy chicos con mucho nivel. Fernando fue cinco, siete, ocho del mundo. El Nico campeón olímpico, un tipo que también ha estado siempre arriba. Son dos personajes de otro nivel.

Yo no era eso. Yo era un tipo normal, y ‘normal malo’, como me decían en esa época. Imagínate, Marcelo Ríos hasta el día de hoy me tira algún palito, que lo quiero harto al Chino. Terminamos amigos. Pero yo vengo de la experiencia de que me hice con el trabajo.

Cuando me hablas de las pretemporadas, yo siento que eran durísimas porque tenía que generar una cantidad de horas de trabajo, de acumulación, para poder estar arriba. No me podía dar márgenes de ‘un mes voy a jugar tranquilo’. Perdía la mitad del ranking. Tenía que estar siempre muy a tope".

Ahora está la duda del tema de la longitud de los calendarios, que ahora los tenistas están criticando mucho la cantidad de torneos. ¿Cuál es tu opinión y hacia dónde está llegando la ATP el tenis actualmente?

“Voy a hacer un poco ahí...para que se ponga entretenido el programa. Voy a criticar, porque tampoco nadie te obliga a jugar. Si tú quieres, acá nadie te pone una pistola: ‘Tienes que jugar 50 millones de torneos’. Ellos entran, también entiendo que son chicos y manejados por gente adulta que les dicen: ‘Tienes que jugar, tienes un contrato’. Ahí falta un poquito más de planificación y estrategia. Estoy hablando de los grandes, los top 30.

Después, el 100 tiene que pelotear donde entra. El 150 está en la misma. Ese mejor ni que diga nada. Pero el top 30, que tiene más opciones con ranking, o ya el top 10, que más o menos siente que maneja hasta un poquito la dirección del tenis... llora por tener mucho, creo yo.

Es como si tú quieres jugar menos porque quieres cuidar el cuerpo, es cosa tuya. Pero lo que pasa es que ellos quieren que por decreto todos jueguen menos. Un Alcaraz, un Sinner, van y ganan todo el tiempo, pero el que está 80 no tiene esa opción. Tiene que ir robando 20 puntos acá, 40 acá. Mira Tabilo: un año jugó mal, se fue al 105, 110, 120. Tuvo que volver luchando por aquí, por acá, con lesiones.

Si por decreto me quieren bajar torneos, matan a los que están más abajo. Por eso creo que es un lloriqueo sin sentido, porque el calendario te da un mes y medio de vacaciones, tres semanas de pretemporada, partir en enero. Tú puedes manejar el calendario a gusto. Acá nadie te obliga a jugar.

Paul Capdeville y una historia con Tabilo y el joven Sinner

Me decías que a Sinner lo conociste desde los 15 años. ¿Cómo fue esa historia?

“Fue con Alejandro Tabilo. Yo estaba de capitán de la ATP Cup. Ale estaba de tres, entonces me dice: ‘Oye, quiero jugar con alguien’. Yo conocí a Riccardo Piatti, que era su entrenador en esa época, y le digo: ‘Ricardo, necesito a alguien del equipo italiano’. Me dice: ‘Sí, mira, tengo a la estrella’. Y yo pensé que iba a caer Fognini, y yo me llevaba muy mal con Fognini. Nos mirábamos ya de viejo y nos mirábamos así como... ‘Hola’.

Me dice: ‘No, no, no, si es un junior’. Llegamos a entrenar y el tipo era una máquina. Me dijo: ‘Este va a ser número uno del mundo’. Y yo: ‘Ya, bueno, tiene 15 años’. Empezó a jugar con Ale y era impresionante. Decíamos: ‘¿De dónde salió este?’ Realmente era bueno, pero bueno, bueno, bueno. Y terminó siendo número uno.

“La Copa Davis era algo mágico, lo ppdríamos haber disfrutado más como grupo”

La Copa Davis, ¿qué significó para ti? Te lo pregunto en base a estos nuevos cambios de formato.

“Lamentable. Yo siempre les digo a los chicos: ‘Ustedes no lo vivieron’. La Copa Davis era algo mágico. Era muy duro emocionalmente, pero uno lo mira hoy día...y en esos mismos momentos a uno le gustaba jugar. Aparte, en Chile se armaba un folklore que lo hacía muy entretenido.

Yo siempre lo hablo con Fernando y con Nico: nos faltó habernos entendido más. Siempre había discusiones de quién jugaba de uno o de dos, que el capitán... Creo que Hans Gildemeister tampoco entendió del todo qué entretenido era la Copa Davis, porque lo podríamos haber disfrutado más como grupo.

Tú entrabas a la cancha en Copa Davis y tenías que ganar. No era ‘voy a tratar de jugar bien para no pasarla mal’, era ganar. Esa presión no la viví nunca más, ni cerca, en nada. Es muy compleja.

Cuando el Nico estaba firme, sacarlo era como sacar a Vidal. Durísimo. Pero yo lo entendía. Ahora lo hago más chistoso, pero en esa época me costaba. Era Nicolás Massú: era difícil tomar la decisión de dejarlo sentado.

Siempre cuento que en Israel, cuando perdimos, yo a Dudi Sela —que era el número uno de ellos— le había ganado en Washington. Venía jugando muy bien en esa gira, fue cuando jugué con Roger Federer en el Australian Open, venía jugando gran tenis. Nico pierde en qualy y yo paso qualy, le gano a Karlovic y pierdo jugando relativamente bien con Federer. Vamos a jugar la semana siguiente a Israel. Fernando siempre estaba con más nivel, y yo: ‘Acá juego seguro’. Y me fui al banco a sentarme. Hasta en mis mejores momentos, a Nico no lo podía sacar.

Es imposible no recordar esa serie contra Estados Unidos. ¿Cómo lo vivieron desde el camarín? González contra Roddick, ese partido...

“Lo que pasa es que uno lo mira con perspectiva hoy: había mucho respeto por Chile. Tienes que pensar que Fernando era un tipo que jugando bien ganaba a cualquiera. Y Nico cuando se ponía firme también ganaba a cualquiera. En el doble jugaban bien, había un equipazo.

Cada vez que venían a jugar con nosotros se remangaban a full, todo a luchar. Sabían que cualquier cosita perdían. Éramos muy competitivos, muy competitivos ese lote.

Por eso de repente cuento, como reflexión: nos faltó un poquito más de haber avivado más esa mística. Esa mística estaba más afuera que en nosotros. Nosotros teníamos un poquito más de ‘que yo, que tú, que aquí, que acá’. No digo que nos llevamos mal, nos llevamos bien, pero había menos mística. Si hubiésemos engordado esa mística, hubiésemos sido muy fuertes. Hubiésemos empujado una final.

Yo creo que la teníamos un año que perdimos aquí con Rusia. Ahí nos equivocamos. Son detalles que uno lo mira hoy con más paz.

En esa misma serie le gané a Blake, le gané a Isner. Tipos que después en las giras pasaban lejos de nivel, eran mucho mejor que yo. Pero en Copa Davis subí mucho mi nivel. Mi mejor tenis fue jugando por Chile.

El partido inolvidable contra Roger Federer

Jugaste con Roger Federer en el Australian Open 2007. ¿Cómo es tener a Roger en segunda ronda?

“Son dos etapas. Uno: ‘Ya, hasta aquí llegamos’. Ya en esa época ganaba todo, porque después ya Nadal se le puso, Djokovic, y ahí se le empezó a complicar. En esa época ganaba todo. Entonces era como: ‘A ver, cómo, por favor, que no me pase por arriba’. Y segundo: ‘Dame un poco de suerte para pasar un par de rondas después’.

Hoy día creo que haber jugado con él es como haber jugado con Maradona, con Pelé. Eso es un hecho, te lo llevas siempre. Ese día fue un poco para tratar de disfrutar el court. Aparte, ese court es enorme, cuesta mucho al principio porque las luces te marean, tirás la pelota y se te pierde.

El primer set me costó eso. Después fue el juegazo. No juega otro tenis. Él te juega a dos por hora y te gana, te juega a tres y te gana a uno, te gana como quiere. Eso sí lo vi. Fernando, que le ganó once veces, me decía: ‘Yo no acepto que me gane doce’. Imagínate, era un tipo capaz de ganarle once, doce veces. A Roddick le ganó también como quince, veinte veces. Era una locura".

Paul Capdeville El chileno ganó 11 títulos de Challenger durante su carrera. Foto: Photosport.

Anécdotas con Novak Djokovic

Challenger de Freudenstadt 2004, dobles. ¿Te acuerdas quién era tu partner? Djokovic.

“Con Djokovic la historia viene de antes. Viajamos juntos. Yo estaba con un entrenador español, el ‘Pantera’, muy reconocido, y Djokovic era un tipo sencillo. Viajaba con dos pesos, pero a los 17 jugaba de manera increíble. Estaba 160° y yo 210°. Y Pantera dice: ‘No, este tipo...’ Era el único entrenador que tenía ojo para mirar jugadores así de antemano. Le dice: ‘Acompáñanos’. Y empezamos a viajar varias semanas, fuimos a Lugano, a Italia, después jugamos en Freudenstadt. Entrenábamos juntos, compartimos habitación.

Yo les contaba esto a los chicos —a Cristian, a Nico Jarry, a Barrios, a Tommy— en la ATP Cup. Yo le decía: ‘Lo conocí mucho, viajábamos, éramos medio amigos’. Él tiene un grupo que se llama The Joker, que él tocaba guitarra y le enseñé a tocar guitarra porque yo viajaba con una guitarrita.

Estábamos ahí en el player lounge donde almuerzan los jugadores y llega Djokovic. Yo no lo veía hace un montón de años. Con Novak tengo un afecto especial porque cuando él estaba subiendo, teníamos muy buena relación, y de un año para otro, imagínate, terminamos y él tenía 18 y al año siguiente le gana a Fernando en Roland Garros, ocho meses después. Se hizo mega estrella y ya ahí no me habló más. No es que no me habló más, era ‘hola, chao’.

Pero estábamos ahí en la comida... llega como súper estrella, número uno, lo saluda todo el mundo casi con reverencia, llega a nuestra mesa, me ve y al único que saludó fue a mí. Me invitó a su mesa y nos quedamos conversando como dos horas. Nos volvimos a conectar.

Un día en Cincinnati, yo voy saliendo del camarín y me lo encuentro de frente y me pega un abrazo de la nada, te lo juro. Y me dice: ‘Perdóname’. Y ahí como que volvimos. Yo creo que conmigo se abrió a ser el real, y después de número uno era otra persona.

La cena con Djokovic: “Voy a ser número uno del mundo”

“Me acuerdo que una vez salíamos a comer y él no tenía ni un peso. Tenía 3 euros en el bolsillo. Salimos a comer a un restaurant en Alemania y me dice: ‘Paul, yo te invito’. ‘¿Qué vas a invitar vos? Si no tenís para tomar un vaso de agua’. ‘No, yo te invito. Tú sabes que voy a ser número uno del mundo, pero por lejos. Voy a ser una estrella’.

‘Dale, ya’. Empezamos a pedir. Y empezó a pedir langosta, el lomo. ‘¿Quieres vino?’. Yo no tomaba vino. ‘Tú estás hablando con el número uno del mundo. Voy a romper todos los récords’. ‘Ya, córtala’. Llega la cuenta: 300 euros. Yo le digo: ‘¿Cómo vamos a pagar esto?’ ‘Tranquilo, yo lo pago’. Y lo pagó sin tener nada. No tenía la tarjeta, nada.

Ya llegamos al hotel y se da vuelta y me dice: ‘¿Sabes lo que pasa, Paul? ¿Sabes por qué yo voy a ser número uno y voy a romper todos los récords? Porque yo he hecho cosas que tú no has hecho. Yo tuve en la guerra de los Balcanes que enterrar a compañeros de colegio. Los enterré. Sé lo que es salir de abajo. Ustedes no lo han hecho’

Siempre me quedó eso. Le dije: ‘Te pasaste, esa reflexión a los 17 años’. El otro día se lo contaba a un primo y después a los dos días me manda una nota donde él contó eso mismo: ‘Yo tuve que enterrar a mis compañeros en la guerra de los Balcanes y eso me hizo muy fuerte’. Para él hoy día es parte de su base. Cuando todo eso del partido a cinco sets, se la trae de vuelta y sigue luchando. Esa base él me la dijo, la entendió muy joven, y la llevó como una enseñanza.

Los inicios de Capdevilla en el tenis

¿Cómo te picó el bichito del tenis? ¿Cómo fue ese inicio?

“Primero fue mi padre. Mi padre le encanta el tenis hasta el día de hoy, es un amante. Yo le digo: ‘Para que un deportista sea deportista, el padre tiene que estar un poco loco’. Y mi padre le encantaba. Él jugaba y empezamos a ir con mi hermano. Siempre con mucho apoyo de mis padres.

Partimos de chicos, 6, 7, 8, 9 años en el Club Santiago. Después nos fuimos a la Católica, ya como academia, y después a San Carlos de Apoquindo. Juniors a los 12, 13, 14. Jugaba en Chile las Copas Colusso que había en esa época.

¿Y William, tu hermano, fue tu primer coach?

“Sí, fue mi primer coach con el que me metí al top 100. Trabajamos muy bien. Somos hermanos muy cercanos, nos queremos mucho. Él hizo un gran esfuerzo porque cuando terminó la universidad, las cosas no estaban tan bien para poder viajar, y él me dio un envión importante para poder seguir jugando.

¿Recuerdas tu primer punto ATP? ¿Cómo fue ese camino de sacrificios?

“Es duro. A los 16 gané mi primer punto, en Viña. Jugué poco Future, tuve esa suerte de no quedarme tan pegado en ese segmento. Donde más jugué fue Challenger, que ahí gané once Challengers. Todavía tengo el récord de chileno. Mi padre me decía: ‘¿Cómo ganaste tanto?’ Porque ganarse un Challenger es durísimo.

Tuve la suerte de no quedarme tan pegado abajo, que ahí es donde te desgastas mucho. Los Futures son donde no se gana, la pasas mal, viajas mal, se trabaja con lo mínimo. En esa época había poco recurso y poco Future acá en Sudamérica. Uno tenía que pegarse giras a Europa. Todo a Europa, mucho tiempo fuera"

¿Te ayuda jugar las qualy como para llegar en ritmo al torneo?

“Yo creo que es un tema de nivel. A mí me pasaba que si jugaba medio milímetro mal, no le ganaba a nadie. Para estar competitivo tenía que estar todo perfecto: bien físicamente, bien mentalmente, limpio, sin ningún atrape de golpe. No podía tener margen.

Alejandro Tabilo tiene esa capacidad, viene mal y te gana un ATP. No es fácil llevarle eso a otro jugador. Tommy Barrios no tiene ese nivel. Nicolás Jarry tiene ese nivel: una semana te hace final de Roma. Cristian Garín grita un poco con eso, pero no lo tiene. Lo que tiene muy bien Cristian es que cuando logra tener nivel, era muy estable. Pero para llegar a eso, tiene que hacer un esfuerzo emocional, de mente, de trabajo mental muy alto".

El retiro

En el fútbol dicen que lo más difícil es cuando dice ‘ya me tengo que retirar’. ¿Cuesta eso en el tenis?

“Para mí no fue así. Mi padre siempre me dice: ‘No sé cómo lo hiciste’. Él lleva como 50 años en la empresa y no se quiere retirar. ‘Tú agarraste un día y cerraste’. Lo pensé mucho y fue de un día para otro: se acaba y listo.

Mi reflexión fue la tranquilidad de dejarlo todo. Yo siento que en el tenis, de lo que pude tomar, hice todo lo posible. Cómo trabajé, lo serio que fui, cómo me planteé, viajé, me lesioné muy poco. Cuando sentí que ya no iba a poder estar top 50 para estar peleando el 120, 150, que te das vuelta todo el año, viajas como un perro y da igual... En el tenis, el dinero se gana del 100 hacia adelante.

Aparte, ya tenía tres hijos. Viajé un año con mi señora y mi hija mayor y fue durísimo. Hicimos toda la gira europea con ranking, con hija, coche para arriba y para abajo, viajando 1.000 km para acá a jugar, volvía 800 en Alemania. Fue un caos.

Yo llegué a ser 75 del mundo. 50 era duro. Había dejado todo, había hecho todo lo posible. Obviamente uno puede tomar definiciones, ‘me equivoqué en esto, este entrenador me servía más’. Pero dentro de mis posibilidades, creo que hice todo lo posible"

¿Te quedaste con alguna deuda?

“Claro, me hubiese gustado haber hecho un cuarto de Grand Slam o haber ganado un ATP. Hice nueve segundas rondas de Grand Slam. Hoy día todos dicen: ‘Hacer segunda ronda es durísima’. Ahí tengo una: ¿cómo no gané una ronda más? Y me tocaban puras piedras: Federer, Söderling, Verdasco, Berdych.

En una ATP, haber ganado una. Yo creo que tenía el nivel. Hice semifinal en Estoril. Ese fue el año que estuve cerca por nivel, estaba jugando muy bien, y ahí me lesioné la muñeca. Creo que ese año podría haber pegado final de una ATP si se me hubiese dado algún cuadro".

Capdeville como entrenador: la experiencia con Garin

Hablemos un poco de esta transición de jugador a coach. ¿Cómo fue estar con Cristian Garin en Houston?

“El Gringo Schneiter y yo tenemos relación de toda la vida. Él me llama, tenía al Londero y Cristian lo estaba llamando. Lo que habíamos quedado es que cuando venía a Santiago yo lo entrenaba y él viajaba. Se armó un grupo entretenido. El Gringo hacía muy buen trabajo, tenía un manager, un buen preparador físico. Cristian se armó un buen equipo.

La clave del éxito en Houston fue circunstancial. El nivel lo tiene Cristian. Jugó, pasamos segunda ronda y cuartos de milagro, pero se armó un buen equipo donde había de todo".

Dicen que Garin es complicado. ¿Cómo lo viste?

“Yo a Cristian siempre le reconozco mucho porque ha tenido que pelear contra fantasmas de él. Todo el mundo critica, pero él le ganó a eso. Dentro de lo que ha logrado, ha estado 16 del mundo. Eso hay que fortalecerlo. Lo que hizo Cristian de poder ganarse a ciertas cosas que él siente, que él vive, y estar 16 del mundo y vivir de esto, es para sacarle el sombrero.

La infidencia con Fernando González

“Voy a hacer una infidencia con Fernando. Cuando termino mi carrera, a los seis u ocho meses lo llamo y le digo: ‘Fernando, quiero hablar contigo’. Me dice: ‘Ya, pero quiero un café contigo’. No sabía lo que le iba a decir. Nos sentamos.

‘Mira, Fernando, me retiré y te quiero agradecer’. ‘¿De qué me quieres agradecer?’ ‘Tú me hiciste la vida imposible. Me molestaste, me dijiste que era malo, que acá, que allá. Entrenábamos mucho juntos y créeme que en esa época el bullying no se podía denunciar’.

‘Pero gracias. La manera en que me tuve que defender me hizo muy bueno. Y eso creo que lo hiciste tú sin darte cuenta’. Él me apostaba, me robaba la plata porque era mejor que yo, partía al frente. Tuve la suerte de haber tenido tres tipos realmente buenos arriba. Hasta con Marcelo Ríos: no te puedo decir que teníamos mala relación, pero era mucho mayor. Qué posibilidad tener a un número uno del mundo cerca.

El Nico Massú: ‘Me enseñó todas las trampas’

“Todos hablan del Nico, buena persona, campeón olímpico. Pero Massú fue el que me enseñó todas las trampas. Nico te mojaba la pelota, te hacía tiempo, te gritaba. Era durísimo. Lo que pasa es que Nico era muy simpático afuera, muy político, muy entretenido.

Jugué cuatro veces con él, me ganó dos y le gané dos. Los cuatro partidos, sacando el de Viña donde había mucha diferencia de ranking, fueron una tortura. El Nico le gritaba a mi entrenador, me gritaba a mí, yo le gritaba a Zuleta. Y aparte éramos todos amigos.

El Nico era muy vivo. Por eso es un tipo que ve muy bien el tenis. Él ve bien cuándo el otro tiene miedo. Él sabe sacar su mayor potencial. Eso lo aprendí del Nico. Él siempre dice: ‘Hay que tener cuidado con Capdeville porque él escucha’. Y es verdad: a mí me encantaba ir a las comidas de la noche con todos los jugadores porque ahí se aprende mucho.

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