
Michael Ríos encontró una nueva motivación en el fútbol después de varios años alejado de las canchas. El exmediocampista, que puso fin a su carrera profesional sin grandes ceremonias y privilegiando la vida en familia, hoy vive una etapa distinta: estudiante de entrenador en el Instituto Nacional del Fútbol (INAF).
Aunque este 2026 no pudo continuar dirigiendo a Cajón del Maipo debido a problemas administrativos del club, la experiencia que vivió la temporada pasada en Tercera División terminó por convencerlo de que su futuro sigue ligado al fútbol.
En conversación con En Cancha, el exjugador de clubes como Deportes Iquique y la UC aborda sus primeros meses en la carrera de entrenador, las diferencias entre ser futbolista y director técnico, los referentes que marcaron su trayectoria y las metas que se ha fijado para volver a competir, esta vez desde la banca.

—¿Cómo ha sido este 2026 para ti, considerando que no hubo acción con Cajón del Maipo en Tercera?
—De fútbol poco, porque no estoy trabajando. Estaba el año pasado dirigiendo, pero este año no se pudo por problemas de administración en Cajón del Maipo. Pero bien, la verdad es que este 2026 empezamos con ganas. Entré a estudiar para sacar el curso de entrenador, así que bien, por lo menos este primer semestre ha sido positivo.
—¿Venías pensando hace mucho hacer los estudios para ser DT?
—Sí, claro. Esto igual lo venía pensando hace varios años, pero nunca había querido dar el paso inicial. Cuando comencé a entrenar al Cajón del Maipo el año pasado, me entró el bichito de querer dirigir. Me gustó la experiencia que viví, que era parecida a la que vivía como jugador de fútbol, solamente que desde otro ámbito. Así que feliz. Entré a estudiar y esta semana termino el primer semestre. La verdad es que estoy contento y avanzando, esperando que pasen estos años.
—¿Y cómo te ha ido en las clases? ¿Cómo fue este primer semestre? Porque estuviste todo el año pasado dirigiendo, pero ahora es otro aspecto, lo teórico.
—Es volver a estudiar prácticamente. Uno no lo hace desde hace tantos años, que incluso se le olvida un poco volver a escribir (risas). Pero como todo en la vida, hay que aprender y saber más, en este caso de fútbol. Este curso dura tres años, así que, como dices tú, recién he estudiado el primer semestre y la verdad es que muy bien. Estoy aprendiendo cosas nuevas que uno como jugador quizás no sabe o cree saber, pero desde este ámbito, queriendo ser técnico, es diferente. Así que espero que los siguientes semestres me siga yendo bien.

—¿Cómo es la modalidad? ¿Te encuentras con excompañeros?
—Estoy en el INAF, que es el único, creo, que es como una universidad del fútbol en Chile, donde uno puede sacar el cartón de técnico y que está validado en todo el mundo. Así que estamos estudiando ahí. Y sí, claro, me he encontrado con muchos compañeros. Más que compañeros, jugadores que enfrentamos o con los que compartimos.
—¿Son muchos con los que coincides?
—Me he encontrado con Nery Veloso, Rodrigo Naranjo, el mismo (Mauricio) Viana, Johan Fuentes, con quien estuvimos juntos en Iquique; Zombi Núñez, con quien estuvimos juntos en Rangers y en el Chago (Morning). También está Pato Jerez, Larry Valenzuela y muchos jugadores más. La verdad es que hay muchos, incluso un árbitro que todavía está arbitrando: (Francisco) Gilabert. Soy compañero de Gilabert y también aprendiendo de lo que significa arbitrar y todo eso. Así que feliz. Es un mundo nuevo, pero estoy contento.
—Me imagino que deben existir momentos donde se juntan y recuerdan historias del fútbol...
—Claro que sí. Nosotros vamos todos los lunes y estudiamos desde las 8:30 de la mañana hasta las 6:30 o 7 de la tarde. Tenemos una hora de colación y ahí aparecen las historias: que te pegué una patada y fue sin querer, que te cobré de más, cosas así. Pero es muy lindo volver a esto que era el fútbol para uno antes. Yo llevo cuatro o cinco años retirado y volver a encontrarme con toda esa gente es bonito. Recordar esos momentos también es lindo.
—Hablando del retiro, ¿por qué te fuiste tan en silencio del fútbol chileno?
—Es que nunca me ha gustado llamar mucho la atención en el sentido de hacer una despedida. Yo creo que las cosas cuando acaban, acaban, y ahí está. Uno tiene que cerrar ese ciclo tranquilo, junto a la familia y los amigos, que son los que siempre te han acompañado. No soy mucho de despedidas.
—Aparte, hubo posibilidad de volver al fútbol, ¿verdad?
—Sí, estuve ahí. Me retiré un año (2022), después me llamó un equipo y volví. Después me aburrió el tema de estar lejos de mi familia y por ahí tomé la decisión definitiva de dejar el fútbol, porque habían pasado muchos años y me había perdido muchas cosas lindas con la familia y con los amigos.

—¿Qué ocurrió en todo este tiempo que decidiste volver al fútbol?
—Ya han pasado tres o cuatro años y volver al fútbol de la manera en que volví el año pasado, dirigiendo al Cajón del Maipo, despertó nuevamente el bichito. Volvió a encender esa llama de cuando uno jugaba, de estar dentro de una cancha, vivir la adrenalina de que tu equipo haga un gol o que no te lo hagan. Todo eso es lindo y me gustó mucho. Me involucro mucho. El año pasado me involucré mucho con los muchachos. Cuando el partido estaba difícil y apretado, uno desde afuera veía espacios vacíos y le daban ganas de entrar y decirles que ahí estaba el espacio. Pero obviamente no se puede. Hay que tratar de que ellos resuelvan eso y la verdad es que es muy lindo y entretenido. Espero que más adelante se dé la oportunidad de dirigir para seguir ganando experiencia y no esperar hasta terminar el curso.
—¿Cuáles son las grandes diferencias entre la vida de un futbolista y la de un entrenador?
—No son tan distintas en el día a día, porque hay una rutina de entrenamiento diaria. Lo que sí cambia es que el jugador termina de entrenar y por ahí se olvida un poco, se va a su casa y hace sus cosas. El entrenador no. Por lo menos el año pasado nosotros terminábamos de entrenar, nos íbamos a nuestras casas y después nos juntábamos a las cinco o seis de la tarde mediante llamadas. Ahí buscábamos variantes para que el equipo encontrara soluciones cuando el partido estaba difícil o cuando el rival apretaba arriba. Son muchas cosas que después como técnico vas analizando, esperando darle las mejores herramientas a los jugadores. Por ahí cambia un poco el sistema, pero más allá de eso la vida sigue siendo parecida. Las rutinas de horario son similares, aunque ahora uno como técnico se involucra mucho más.
—En esta corta experiencia como DT, ¿ha sido fundamental trabajar con gente que conoces?
—Sí, para ser sincero, cuando me propusieron tomar el Cajón del Maipo una de mis prioridades y exigencias fue elegir con quién trabajar. Creo que cuando uno elige gente de confianza todo es más fácil. Se llega a consensos más rápido y el día a día también se hace más ameno y grato. Esa fue una de mis exigencias y gracias a Dios me dejaron elegir. Llevé un preparador físico que trabaja en mi escuela de fútbol, un ayudante técnico que también trabaja ahí y un entrenador de arqueros de mi confianza. Creo que el trabajo está a la vista. Tomamos el equipo con un punto de 21 posibles y nos salvamos una fecha antes, cuando parecía casi imposible. Más allá de que los jugadores son los principales actores, detrás hay un cuerpo técnico que ve el día a día, que se preocupa de que al jugador no le falte nada. Por eso creo que es importante elegir gente de confianza para que todos vayan en la misma línea.

—¿Te proyectas trabajando con ese mismo grupo a futuro?
—Obviamente para mí sería ideal trabajar con la misma gente y que el club que quiera confiar en mí también confíe en el grupo de trabajo que llevo. Creo que es importante tener confianza en tu ayudante técnico, en tu preparador físico y en tu entrenador de arqueros. Eso pasa en todo el mundo. Cuando llega un técnico normalmente trae a su gente por lo mismo. Desde la confianza se pueden hacer cosas importantes.
—¿Cuáles son tus objetivos como entrenador en el corto plazo?
—En este momento estoy estudiando y aprendiendo. Lo que sí, no me cierro a nada. Si hoy me dicen que me haga cargo de un club de Tercera B o Tercera A, tengo la opción y la voy a tomar, porque tengo claras mis ideas y mis convicciones. Cuando uno trabaja y lo hace bien, creo que le tiene que ir bien. Para mí el trabajo es fundamental para que el futbolista mejore. Sin trabajo los jugadores no te creen y por ahí no entienden la idea. Tengo confianza en lo que puedo realizar, en lo que me pueden ayudar mis colegas y mi cuerpo técnico. Además somos de dar mucha confianza a los jugadores. El año pasado intentamos sacarles algunos miedos. Que no jugaran siempre el pase simple y seguro, sino que se atrevieran. Ellos tomaron esa confianza y los números están ahí. Si el día de mañana me ofrecen algo, lo voy a analizar y seguramente lo voy a tomar.
—¿Hay algún entrenador en el que te quieras ver reflejado?
—Soy muy respetuoso con todos los técnicos que tuve. A todos les agradezco algo y de todos rescato cosas diferentes. Pero si hay que seguir una línea de juego, me gusta mucho la de Pablo Guede. Me gustaba porque era ofensivo, sin miedo a nada. Lo mismo Mario Salas. Cuando llegó a Católica tenía una idea muy clara: ir al frente, no jugar hacia atrás y ser protagonista. El tiempo le dio la razón, porque consiguió títulos. Con Pablo pasó algo parecido en Colo Colo. Desde el primer momento el equipo tenía que ir hacia adelante. El primer torneo lo perdimos por un punto, pero después salimos campeones varias veces y ganó todos los clásicos. Ese tipo de técnico y esa línea me gustan mucho. Pero todos fueron importantes para mí. Desde Clavito Godoy, que me hizo debutar en Primera División, hasta Mario Lepe, Martín Lasarte, Juan Antonio Pizzi y muchos más.






