Sí, Holanda. No Paises Bajos, ya que cuando el exmediocampista Sebastián Pardo dio el salto desde el fútbol chileno a Europa, para jugar por seis años alli, esa nación todavía llevaba el nombre por el que se le conoció por décadas alrededor del mundo: Holanda.

El exvolante de Universidad de Chile tuvo una sólida carrera en la tierra de los tulipanes, donde emigró en 2002, luego de cuatro años en el primer equipo azul.

Estuvo en un grande, campeón de la Eredivisie y de Europa, como el Feyenoord de Rotterdam. También, en el menos conocido SBV Excelsior. Compartió plantel con figuras de la talla de Robin van Persie y fue entrenado por leyendas como Erwin Koeman o Ruud Gullit.

Eso, por el lado futbolístico, pero Pardo le cuenta a En Cancha que su paso por los Países Bajos lo que más le dejó fue una ganancia invaluable en el aspecto humano. Una sociedad diferente, enfocada en la persona, en el bienestar, y que, según el propio exdeportista, le “enseñó a ser gente”.

El gran salto de Sebastián Pardo

¿Cómo se gestó su paso de la U al Feyenoord? Pardo lo cuenta: “Fue por un llamado que tuve a la Selección Adulta con César Vaccia, cuando jugamos contra Turquía en Holanda (N. de R.: 17 de abril de 2002/Turquía 2-0 Chile). En ese momento, Mauricio Aros estaba en el Feyenoord jugando UEFA y todo. Me contactaron allá porque fueron a ver el partido, pero no hubo nada concreto”.

-¿Pero se hizo algún contacto previo o algo?

-Después vinieron a Chile a ver a Mauricio Pinilla y en esa pasada me fueron a ver a mí también. Se empezaron a dar las cosas: comencé a rendir bien, me vieron en un partido acá, hubo acuerdo en el dinero y me pude ir.

El volante chileno en Feyenoord.
Sebastián Pardo. El volante chileno en Feyenoord.

-Llegaste a Holanda y tuviste a técnicos de la talla de Erwin Koeman o Ruud Gullit...

-Primero tuve a Bert van Marwijk, que fue el que llegó a la final del Mundial con Holanda y venía de ganar la Copa UEFA. Después tuve a Erwin Koeman y, luego, a Ruud Gullit. Imagínate, Gullit, personaje extraordinario y con mucho fútbol. Tuve compañeros que después hicieron carreras en clubes grandes; fue una bonita experiencia.

-En esa época no era tan sencillo seguir la Eredivisie desde Chile como hoy. Te fuiste a un equipo gigantesco, campeón de Europa, popular...

-Había poca repercusión. Daban algunos partidos de Copa de la Liga, pero no mostraban mucho los míos. Hay un par de goles míos que nunca salieron por la poca globalidad de Internet y el poco acceso a la prensa de ese tiempo.

-¿Te costó adaptarte a un medio tan rico como el holandés? Con historia en Mundiales, en copas internacionales...

-Estar consolidado en un medio tan grande como el holandés, que tiene historia en Mundiales y jugadores legendarios, fue hermoso. Pero más allá de todo lo futbolístico, tú allá aprendes a ser gente, más que nada...

-¿A ver?

-Es que es en todo aspecto de la vida me cambió totalmente la forma de pensar. Mira: tuve que adecuarme a ellos. Llegaba, por ejemplo, Giovanni van Bronckhorst del Barcelona a entrenar con nosotros una semana para prepararse para la Selección y veías a un tipo humano, simpático y humilde al cien por ciento. Figura mundial y absolutamente humilde.

Referentes del fútbol mundial

-¿Nos puedes contar algunas anécdotas con tus entrenadores? Porque la verdad, personajes tan conocidos a nivel mundial...

-Con Bert van Marwijk vivíamos en el mismo edificio de departamentos y coincidíamos siempre en un restaurante. Cuando nos daban el día libre, él nos entregaba la confianza de tomar un vino o cenar en familia, pero siempre hacía la señal de estar tranquilos; él estaba en la misma. Siempre la persona antes. Tenía esa relación con nosotros. Él estaba en la misma postura, fuera de la cancha era una persona que daba confianza, pero marcaba que en la cancha era otra cosa. Su cultura era disfrutar la vida, mas que nada.

-¿Cómo te fue con Erwin Koeman?

-Un tipazo, también fue campeón de Europa. Hablaba mucho con él. Jugué los primeros seis meses cuando llegó y anduve bastante bien. Pero él venía del Vitesse y se quería traer a un mediocampista de allá. Antes de salir de vacaciones de Navidad, me dijo: “Pardo, quiero hablar contigo. Va a venir este jugador, voy a cambiar el esquema y te voy a sacar”.

-Chuta...

-Y le dije que ningún problema, le agradecí que me lo dijera de frente, pero que en realidad no tenia por qué explicarme tanto. Eso sí, le pedí una sola cosa: que me citara a todos los partidos. Me dijo que sí, que lo haría...

-Ah, querías competir por el puesto...

-¡No, oh! ¡Los premios, que eran maravillosos!... Me estaba sacando cordialmente, así que también cordialmente le pedí que me citara, porque los premios eran fantásticos. Fue sincero y yo también.

-¡Ja! Y te queda Ruud Gullit...

-Qué te puedo decir: un personaje. En ese tiempo yo tenía de compañeros a Van Persie, Dirk Kuyt o Salomon Kalou, que eran las figuras. Llegábamos a un hotel en cualquier pueblo y la gente dejaba pasar a los jugadores para irse encima de Gullit a sacarse fotos. Él me hablaba siempre de Maradona, decía que era lo mejor que había visto porque coincidió con él en Italia. Se metía a jugar en los trabajos reducidos y físicamente era un monstruo: alto, con enganche, lo tenía todo. En Chile jugaría fácil.

-Una estrella de rock...

-Él ganaba más dinero en auspicios que como entrenador; tenía contratos con marcas, salía en televisión y programas. Era buen técnico, pero le demandaban mucho de todos lados: lo llamaban de Italia, de Inglaterra... Era como un Marcelo Salas allá. Sí, así mismo, una estrella de rock.

Fue entrenador de Sebastián Pardo en Feyenoord.
El mítico Ruud Gullit Fue entrenador de Sebastián Pardo en Feyenoord.

Una sociedad de bienestar...

-Me hablabas de que en Holanda aprendiste a “ser gente”, ¿Sentías en el día a día ese choque cultural?

-Me sorprendía todo: el nivel de vida, todo funciona. La gente que trabajaba en el club, en la cocina o en la utilería, era toda jubilada y seguían trabajando por placer, por gusto. Vivían súper bien, con buena jubilación y vacaciones, pero seguían ahí porque amaban al club y lo hacían como un pasatiempo. Ya tenían su vida resuelta.

-Se entiende; para mantenerse activos, no por necesidad...

-Es una sociedad donde se preocupan de todos. La gente adicta a las drogas tiene techo, comida y, aunque suene feo decirlo, tiene su adicción controlada por el Estado. Hacen filas para que les den sus dosis para que no roben, no se angustien ni asalten a nadie. Es una cultura muy avanzada. Todo eso repercute en que la sociedad sea más segura. Es un país feliz. Pensé en un momento en quedarme a vivir allá, pero el frío era mucho.

Feyenoord vs. Ajax: De Klassieker

-¿Cómo viviste la rivalidad entre Feyenoord y Ajax? Es un clásico famoso en el mundo entero.

-Es una rivalidad terrible. Cuando llegué, se permitía público visitante. Pero después suspendieron las visitas, porque nos destrozaban el estadio o se juntaban a pelear a la salida de los trenes. Quedaba la cagada y por eso no permitieron más visitas.

-¿Rompían el estadio y esas cosas?

-No, imagínate que se citaban para pelear. Por ejemplo: “mañana, a las 12 horas, en la salida de la estación de tren”. Y ahí se juntaban, cien contra cien, a pegarse. Quedaban muchos heridos.

en Feyenoord.
Sebastián Pardo en Feyenoord.

-Tiene muchas implicancias ese clásico...

-El Ajax era considerado el equipo de la clase alta y el Feyenoord el equipo del pueblo, de los trabajadores e inmigrantes. En el clásico se ven a muerte, dura toda la semana el postpartido y se molestan, igual que acá. La diferencia es que allá es más ordenado y con penas más duras si se portan mal.

-Comparable, entonces a un Colo Colo vs. la U.

-Imagínate que una vez perdimos con Ajax y nos fueron a apretar los barrabravas a la llegada del bus; fue controlado, pero se juntaron a apretarnos. Bueno, y con razón, porque nos golearon.

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