Ganó tres titulos de Primera División y una Copa Chile; todos galardones cosechados con la camiseta de Universidad de Chile. Tuvo, también un paso muy importante de seis años por el fútbol neerlandés, con la camiseta de un gigante europeo, como el Feyenoord de Rotterdam.

¿Qué fue de la vida de Sebastián Pardo? Un volante talentoso, de muy buen pie, que en la Selección Chilena llegó a jugar un Mundial Sub 20, pero nunca logró consolidarse en la Adulta.

Pardo recibe a En Cancha para hablar en profunidad de su carrera en el fútbol chileno y, también, sobre su hija, Vaitiare, quien con apenas 18 años de edad, se ha transformado en una muy estelar figura de la Selección Chilena, donde ya jugó una Copa América y las Eliminatorias Mundialistas.

Como punto de partida, Pardo recuerda cómo eran sus años de juvenil en Universidad de Chile y los califica como “muy distintos a la actualidad. Tengo autoridad para hablarlo, porque fui cadete en la U, cuando entrenábamos en el Caracol Azul y porque después fui técnico entre el 2020 y 2023”.

-¿Cuáles eran las principales diferencias con el fútbol de hoy?

-Es muy distinto. La infraestructura es mucho mejor ahora, hay mejores condiciones, pero creo que el hambre se ha perdido un poco. Se ha perdido el jugador “cachañero”, el que va a buscar pelotas. Nosotros por serie teníamos cuatro o cinco de ese tipo y hoy en día eso está muy escaso.

-Eso pasa en el fútbol, en general, no solo en la U.

-Por eso conozco bien la historia de la formación de los jugadores. La tecnología y la comodidad de hoy hacen que todo sea más fácil. Antes normalmente llegábamos del colegio a jugar o a entrenar. Después de entrenar jugábamos una pichanga. Habilidades que teníamos y que hoy ya no se ven: subir a un árbol, tirarle piedras al agua, un montón de cosas para entretenerse.

-La ciudad ha cambiado también, ¿no?

-Mucho y eso repercute en los hábitos. Tengo hijos adolescentes y los veo que prefieren jugar Play, se conectan y no salen a la calle, no comparten como lo hacíamos nosotros. Creo que es un problema cultural a nivel país.

Ex volante de Universidad de Chile.
Sebastián Pardo. Ex volante de Universidad de Chile.

El sueño se hace realidad: el primer equipo de la U

-Subiste al primer equipo en 1999, a un equipo campeón. ¿Muy difícil?

-Era un equipo pesado, glorioso, con buenos jugadores seleccionados de todos lados. Leo Rodríguez, Flavio Maestri, ni hablar del ‘Heidi’ González, Chamuca Barrera... Hoy en día todos ellos serían todos mega titulares en cualquier lado. La mitad estaría jugando en Europa.

-¿Y cómo fue entrar a ese equipo como “pajarito nuevo”?

-Era difícil para los juveniles que estábamos en ese momento. Íbamos calladitos; si cometíamos alguna falla, te corregían, eran duros. Pero sabíamos que lo hacían porque eran jugadores de un nivel altísimo. Me sirvió mucho que hayan sido estrictos conmigo para adecuarme a la vieja escuela.

-¿Con qué juveniles subiste en esa época?

-Con una de las mejores camadas que hubo en la U en todos los tiempos: Johnny Herrera, Nelson Pinto, Marcos González, John Valladares, Renzo Yáñez, Jorge Guzmán, Waldo Ponce, por nombrar algunos. Prácticamente un equipo titular; un grupo que hizo carrera a futuro.

-¿Cuánto aprendiste de Leonardo Rodríguez para el desarrollo de tu posición como mediocampista?

-Tengo hartas anécdotas con el Leo…

-¡Dale, entonces: vía libre para contarlas!

-¡Ja! No, no. Pero puedo decir que él siempre se preocupaba de nosotros, de los más jóvenes. Cuando él estaba con problemas físicos o veía que no llegaba al cien por ciento, me avisaba. Eso lo valoraba mucho, porque no tenía por qué decírmelo, pero siempre me decía que me preparara porque quizás él no llegaba… En la parte humana, aparte del jugadorazo, porque creo que es el mejor que ha tenido la U, es un tipazo en todo sentido. Tengo muy buena experiencia con él. Compartí con muchos jugadores y creo que el Leo es uno de los mejores; en mi Top 3 está.

Un referente que compartió Con Sebastian Pardo en la U.
Leonardo Rodríguez. Un referente que compartió Con Sebastian Pardo en la U.

Las enseñanzas de Leo Rodríguez...

-Un tipo seleccionado argentino, campeón de América, ex Borussia Dortmund. Se aprende de esos futbolistas…

-La personalidad que tenía para ir para adelante siempre. Cómo remataba y cómo habilitaba. Me fijaba mucho en sus controles y en cómo se movía: siempre buscaba el espacio e iba para adelante. Al mirarlo tanto y después tenerlo de compañero siendo yo tan chico, trataba de imitarlo, aunque en ese instante no le llegaba ni a los talones.

-Equipazo, sin dudas.

-Todos ellos donde iban ganaban. Eran jugadores respetables. Se juntó una buena generación: buenos extranjeros y buenos juveniles. Se dio todo para ganar tres títulos.

-Y tu segunda experiencia en la U, cuando regresas de Holanda, ¿cómo la calificas? ¿Con qué te encontraste cuando volviste a Chile?

-Regreso a la U, pero no venía bien físicamente. Venía con un par de lesiones y un poco flojo, la verdad. Ponerme a punto me costó harto, porque quise hacer en una semana todo lo que no hice en años con mi gente. Me despreocupé, pensaba que me alcanzaba con lo que tenía y no fue así: debía haberme preparado más. Por eso creo que no rendí tanto, aunque igual fuimos campeones. Si me hubiese preparado mejor físicamente, la historia habría sido distinta. Le tengo el mismo cariño a ambas etapas en la U.

-Te retiraste muy joven, a los 27 años y en su momento dijiste que estabas decepcionado del ambiente. ¿A qué te referías?

-No tenía muchas ganas de entrenar y no quería comprometerme con ningún equipo para terminar decepcionando. Opciones para jugar me sobraban, pero sentía que no estaba al cien por ciento. Tuve problemas personales y opté por retirarme un tiempo. Estuve un año y medio parado. Después fui a Unión Temuco, hablé con Marcelo Salas, pero me volví a desencantar. Como soy tajante con mis decisiones, dije que no quería jugar más y me fui.

-En Coquimbo Unido terminaste tu carrera…

-Estuve otro año parado y me fui a Coquimbo, con Luis Musrri y Jaime García como ayudante. Ahí las lesiones y el tiempo parado me pasaron la cuenta; tuve un par de desgarros, después sacaron a Lucho y terminé por desencantarme definitivamente.

-¿Te quedó alguna deuda en tu carrera?

-Haber jugado más en la Selección Adulta. Me habría gustado jugar partidos de Eliminatorias para ver en qué nivel estaba y medirme yo mismo. Pude estar en todo el proceso de juveniles, jugué un Mundial Sub-20, pero me faltó la Selección Adulta. Nunca tuve esa posibilidad de saber cómo me habría sentido ahí cuando andaba en un buen nivel.

-Para ver cuánto calzabas, por así decirlo.

-Claro, porque uno tiene que ser sincero en esto. Te da o no te da, pero la verdad ni cuando anduve bien me llamaron.

Vaitiare, la heredera

-¿Cómo ves tú la aparición tan meteórica de Vaitiare en la Selección Chilena?

-Ella es profesional. Cuida mucho su peso, lee muy bien los partidos y me pregunta mucho. Siempre está definiendo en el área y eso es algo que le nació a ella. El trabajo que ella hace en silencio se refleja en la cancha: no pierde una pelota y la velocidad que tiene no es casualidad, lleva tres años trabajando de manera independiente en la potencia. A eso se le suma su talento natural. Para tener 18 años, ya está jugando a un nivel adulto.

-Y se suma a una nueva camada de delanteras goleadoras que va a apareciendo, con Mary Valencia, Sonya Keefe…

-Son letales. Es bueno que haya competencia, porque así hay más opciones. Vai sabe esperar, cuando tiene opciones, cuando entra, cuando no. Maneja bien ese tema.

La hija de Sebastián, en el partido ante Argentina por la Copa América Femenina de Ecuador 2025, donde marcó un gol. Foto: Prensa Conmebol.
Vaitiare Pardo. La hija de Sebastián, en el partido ante Argentina por la Copa América Femenina de Ecuador 2025, donde marcó un gol. Foto: Prensa Conmebol.

-¿Como fue para ti cuando te diste cuenta que la Vai iba en serio con esto de ser futbolista? ¿Lo dudaste? ¿Te complicó de alguna manera?

-A la Vai la llevé a la escuela de fútbol a los 5 años. Ella toda su vida ha sido deportista. En 2018 estudié en el INAF y luego hice la práctica en una escuela, en La Reina, que era de O’Higgins. Como estaba ahí, se metió la Vai. Ella antes hacía cheerleader, harta gimnasia, siempre fue deportista. Luego, la llevé a la escuela de fútbol de la U en Macul… Sí, aunque la gente no sepa, la Vai jugó en la U…

-¿De qué año estamos hablando?

-Vaitiare es 2007, esto fue 2020, pero luego vino la Pandemia y al Femenino lo dejaron de lado un poco. Ella me decía que quería entrenar. Como la mamá vive cerca de San Carlos de Apoquindo, fue a la UC, se probó y se quedo allí… Si no, la Vai sería azul. Debutó con 13 años en Católica y de ahí vino toda la historia.

-Me imagino cómo gritaste el gol contra Argentina en la Copa América…

-Jugar en la altura, más encima, contra Argentina. Ahí tenía 17 años. Ese gol fue cuando yo dije: “La Vai está para cosas grandes”… Es irreverente, va, no le interesa, va para adelante, la pide, le pegan, encara. Tiene una personalidad única en la cancha.

-Una vez, conversando con Carlos Muñoz, me decía qué él había hecho goles en Superclásicos, en Wanderers, en la Selección, en todos lados, pero que cambiaba todo lo que vivió por ver feliz en el fútbol a la Cata… ¿Te pasa lo mismo con la Vai?

-¡Totalmente! Que tenga una carrera gigante y todo lo que yo pude haber vivido, que ella lo viva el doble. Me emociono cuando entra a la cancha, me pongo nervioso… Es una sensación súper rara, porque ella sabe lo que tiene que hacer, pero a veces uno como papá la ve insegura… ¡Pero es todo lo contrario! Ellas son capaces, audaces, tienen personalidad y nos dejan callados, nos sorprenden cada día. También he visto a la Cata Muñoz, una goleadora tremenda igual que el papá, pero eso sentimos… Orgullo y ellas nos sorprenden todos los días.

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