Deportes Limache vive una temporada de ensueño en la Liga de Primera, pues están peleando el liderato mano a mano con Colo-Colo. Un plantel que está conformado por varios jugadores que querían una revancha en el fútbol, tal como es el caso del extremo Carlos Morales.

Con 25 años está peleando por hacerse de un puesto en el equipo titular del Tomate Mecánico. Pero mientras lucha para conseguirlo, recuerda todo lo que ha tenido que pasar desde que decidió ser futbolista: lo desechó la U, no pudo debutar en la UC, tuvo que pasar por Tercera División, trabajó en construcción y, por si fuera poco, su hija nació con complicaciones.

La vuelta larga de Carlos Morales

Una vida llena de sacrificios para Morales, quien salió de La Pintana en busca de su sueño. En conversación con En Cancha repasó cada uno de esos momentos que hoy lo marcan como futbolista, pero también como persona.

El extremo pasó por todo antes de llegar a Primera División. Foto: @Tiohuella en Instagram.
Carlos Morales. El extremo pasó por todo antes de llegar a Primera División. Foto: @Tiohuella en Instagram.

-Carlos, me gustaría analizar un poco tus inicios. Tengo entendido que estuviste en Universidad de Chile hasta los quince años, ¿cierto?

Sí, estuve desde los nueve hasta los quince, momento en el que me echaron. Tras salir de la U, me fui a probar a Universidad Católica y quedé el primer día. Ahí empecé otra etapa muy linda; estuve hasta mi segundo año de juvenil y luego ya inicié mi carrera profesional, pasando por Segunda y Tercera División, hasta que se me abrió la ventana de poder jugar en Primera B con Deportes Limache.

-¿Y cómo fueron esos días vistiendo de azul? Me imagino que entre los nueve y los quince años uno tiene toda la ilusión de ser futbolista profesional, y que de pronto te echen, como tú dices, debe ser un golpe muy fuerte para alguien tan chico.

Es difícil porque uno se va encariñando. Mira, mi familia siempre ha sido toda de Colo-Colo, entonces desde niño te inculcan eso, pero al llegar al archirrival igual le terminas tomando cariño al grupo y a la institución. Le tengo mucho aprecio a la U, al igual que a Católica.

-¿Te costó mucho levantarte y animarte para continuar con tu carrera luego de ser echado por la U?

Fue un momento duro, pero siempre he tenido una mentalidad de sobreponerme a las cosas malas que me pasan; desde chico ha sido así. Cuando me echaron, mi mente solo pensaba en volver a intentarlo. Gracias a Dios se abrió esa ventana en la UC y me dejaron el primer día. Yo estaba seguro de mis condiciones; si ellos tomaron la decisión de dejarme partir, fue porque así lo creyeron, pero no guardo ningún rencor. Fue una etapa muy linda que me sirvió para empezar otro proceso en mi carrera.

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-Como decías que tu familia es toda de Colo-Colo, más de alguna “talla” te habrán tirado mientras estabas en la U, ¿no?

Claro, porque igual era chico. Mi papá es fanático de Colo-Colo a morir, pero imagínate lo que es su amor por mí y por mis sueños: a pesar de ese fanatismo, me llevaba todos los días a entrenar al complejo de la U. Empezamos en el Caracol Azul y después nos tocó el paso al CDA.

-¿Hay ganas de una revancha en la U?

Al final esto es fútbol; uno tiene que ser profesional y mi sueño siempre fue llegar a donde estoy ahora, que es Primera División. Pero no me quedo solo con haber llegado, ahora el desafío es consolidarme, que es lo más difícil, para poder aspirar a jugar en los clubes más grandes y, por qué no, salir al extranjero. Son metas que uno se va proponiendo para seguir surgiendo en esta carrera.

-Y me imagino que el sueño de tu papá es que algún día vistas la camiseta de Colo-Colo.

Puede ser. Mi papá sería feliz donde sea que yo esté, y siempre me dice que si llego a cualquiera de los tres grandes, él estaría bastante contento. Pero claro, como es hincha de Colo-Colo, por dentro debe sentir que me miente un poco a la cara cuando dice eso; yo creo que, en el fondo, a él le encantaría verme con la camiseta de Colo-Colo.

-Mencionabas que estuviste en la UC, pero no sabía que te habías ido a probar y que te aceptaron el primer día. ¿Cómo fue ese proceso? Igual cargabas con la “mochila” de que te habían echado de la U.

Siempre creí en mis capacidades y además Alfonso Garcés confió en mí. Me tocó llegar a un equipo con muy buenos jugadores. Recuerdo que el día que hice fútbol para probarme estaba César Munder. Con la velocidad que él tenía, se me hizo todo más fácil porque pude aprovechar mi oportunidad filtrando balones para él; tuve mucho pase de gol ese día. Estaba rodeado de grandes compañeros. Marcelino Núñez también estaba, así que fue una etapa de mucho nivel. También Enzo Ferrario, Yerco Oyanedel, Diego Valencia, entre otros.

“Hoy puedo decir que todo ese sacrificio ha dado sus frutos”

-Un equipazo, nada que decir...

De hecho, en esa etapa con la Católica fuimos bicampeones. Salimos campeones con la Sub-16 y luego repetimos el título con la Sub-17. Después de eso, el equipo se desarmó un poco porque nos integraron a la Juvenil, pero era un grupo muy bueno.

-¿Cómo fueron esos días siendo cadete de la UC y viviendo tan lejos de San Carlos de Apoquindo?

La verdad es que fue un esfuerzo tremendo llegar a la UC. Yo vivo en La Pintana y tener que viajar todos los días hasta Las Condes era muy complejo, pero ahí estábamos dando la lucha. Gracias a Dios, hoy puedo decir que todo ese sacrificio ha dado sus frutos.

-Me imagino que tuviste que dejar muchas cosas de lado...

Sí, mi rutina era intensa. Salía de mi casa a las 7:40 de la mañana hacia el colegio en Ñuñoa. Salía a las tres de la tarde y no podía volver a mi casa porque entrenábamos a las cinco; me quedaba por ahí cerca, almorzaba en algún negocio o llevaba mi propia comida. De ahí viajaba directo a San Carlos para llegar a las cuatro y media. Entrenábamos dos horas y, entre la ducha y bajar a tomar la micro, ya se hacían las ocho de la noche. Tenía más de una hora de viaje de regreso, así que venía llegando a mi casa como a las nueve de la noche. Estuve así tres años, hasta que salí del colegio. Fue muy sacrificado.

-Te quedaba muy poco tiempo para vivir fuera del fútbol.

Imagínate, a los 15 o 16 años, cuando muchos solo piensan en salir o en otras cosas, yo estaba ahí enfocado. Estaba convencido y creyendo en que ese esfuerzo me daría un futuro mejor.

-Claro, y lo bueno es que todo ese esfuerzo finalmente ha dado sus frutos.

Exacto. De hecho, esta conversación me hace recordar los momentos difíciles, como cuando estuve en Tercera División. Ahí pensaba: “Pucha, le he dedicado toda mi vida a esto, no puedo dejarlo ahora”. Eso era lo que me daba fuerzas. Yo sabía que tenía condiciones y me decía a mí mismo que no podía caerme, aunque los clubes me dijeran que no. Estaba decidido a intentarlo hasta que no quedara ninguna opción más. Gracias a esa perseverancia, las cosas se fueron dando y las puertas se terminaron abriendo.

El extremo contó con pasos por la U y la UC. Foto: @Tiohuella en Instagram.
Carlos Morales. El extremo contó con pasos por la U y la UC. Foto: @Tiohuella en Instagram.

-Como hablábamos al principio, la vuelta ha sido larga y te ha tocado duro.

Sí, y por eso te digo: además de ser una vuelta larga, me tocó golpear muchas puertas y me dijeron que no bastantes veces. Pero yo seguía creyendo. Más allá de que mi nombre haga ruido, lo que realmente me gustaría es que los niños y jóvenes que pasan por dificultades vean en mi historia una inspiración; que se den cuenta de que sí se puede lograr, incluso dando la vuelta larga.

-Que no está todo perdido solo por un tropiezo...

Exacto. A veces hay talento, pero un equipo les dice que no y se quedan con eso. Mi mensaje para los más jóvenes es que no importa ese “no”; si ellos creen en sus condiciones, que se esfuercen y perseveren. Una puerta se va a abrir, siempre se termina abriendo una. Eso es lo que quiero transmitir: que se puedan inspirar para seguir adelante.

-Y en este recorrido por Tercera División, donde pasaste por “pellejerías”, ¿en algún momento se te pasó por la cabeza retirarte? Hay quienes prefieren dedicarse a otra cosa.

Créeme que nunca pensé en retirarme, pero sí me llegaban golpes de realidad. De repente me veía con 22 años y seguía jugando en Tercera, mientras compañeros con los que compartí en inferiores ya estaban en Primera. Eso me hacía pensar cosas, pero también me daba fuerzas para decir: “Si él pudo, yo también puedo”.

-Te servía como punto de comparación.

Exacto, pero nunca fue con envidia. Al contrario, yo decía: “Estuve con él, conozco mis condiciones y sé que yo también puedo estar ahí”. Eso me motivaba a continuar. Recuerdo que cuando estaba en Colchagua, en Tercera, vivía con otros compañeros y veíamos los partidos por la tele. Yo les decía: “Hermano, algún día voy a estar ahí, yo sé que voy a estar ahí”. Y se dio. Tengo recuerdos de muchas cosas que pasé en Tercera que hoy me hacen valorar mucho más el presente.

“Tuve que trabajar en la construcción con mi papá mientras esperaba una oportunidad”

-El fútbol en Tercera División, por más que sea una oportunidad, a veces requiere mucho más esfuerzo que estar en Primera.

Mira, respecto a lo que me preguntabas de si pensé en trabajar: cuando estaba en Colchagua nos desafiliaron por un problema en un partido con Rancagua Sur. Eso fue en agosto e imagínate, estuve agosto, septiembre, octubre, noviembre, diciembre, enero y febrero sin club. Fueron siete meses parado hasta que recién salió lo de Iberia. En ese tiempo tuve que trabajar en la construcción con mi papá. Ahí me di cuenta de otra realidad, de lo que es la vida fuera del fútbol, y supe que no quería eso para mí. Mi papá tampoco lo quería para mí, lógicamente, pero esa experiencia me hizo más fuerte para seguir luchando.

-Te dio una perspectiva distinta...

Fue muy importante vivir eso. No es fácil, pero te sirve para tener mesura hoy, para no creerte más de la cuenta y mantener una estabilidad emocional. Siento que todavía no he logrado nada, pero todo lo que pasé me sirvió para forjar mi carácter y la madurez que tengo hoy. Ser como soy actualmente es gracias a esos momentos.

-Durante esos meses trabajando con tu papá, imagino que él fue uno de tus grandes pilares, guiándote en un momento donde quizás no sabías bien hacia dónde ir.

Yo estaba esperando mi oportunidad, pero como el problema fue en agosto, tuve que esperar todo el segundo semestre para poder inscribirme en otro equipo. Fue muy importante trabajar con mi papá en ese tiempo; conversábamos mucho.

-Siempre pensando en que llegase una nueva oportunidad, ¿no?

A veces me “vendían humo” con supuestas ofertas y yo me ilusionaba, pero al final todo se caía. Me fui a probar como a siete equipos antes de llegar a Iberia en 2023. De hecho, Iberia era el último club que me quedaba y estuve una semana a prueba hasta que me dieron el sí. Ese momento fue clave, porque yo no quería volver a jugar en Tercera; quería recuperar mi contrato profesional, aunque fuera por el sueldo mínimo. Solo quería estar ahí y mostrarme. Gracias a Dios así fue, me vio Limache, logré ascender y ahí la vida me cambió. Me fui “por un tubo” haciendo las cosas bien hasta llegar a donde estamos hoy.

Foto: @moralesjr__.
Carlos Morales. Foto: @moralesjr__.

-Peleando el campeonato con Deportes Limache y haciendo historia...

Han sido muchas cosas y me siento orgulloso de contarlo; no me da vergüenza porque creo que recordar eso te hace fuerte y te mantiene agradecido con la vida por lo que estoy viviendo. Quizás en el momento uno no lo entiende, pero todo eso fue necesario para forjar mi carácter. Si me hubiese tocado estar en esta instancia antes, quizás me habría vuelto loco o me habría creído más de la cuenta, pero ahora me lo tomo con normalidad. Es parte de mi trabajo y lo único que quiero es seguir creciendo.

-Y en esos meses que te dedicaste a la construcción, ¿qué hacías específicamente? Me imagino que debías tener cuidado, porque es una pega fuerte y siempre está el riesgo de alguna lesión.

Mira, ahí era “palero”, como se dice en la “contru”. Me tocaba ir emparejando el camino mientras mi papá hacía lo demás. Él me iba enseñando a hachar y a hacer cosas nuevas; me guiaba en lo que tenía que hacer. Mi papá se ha dedicado toda su vida a eso y todavía lo hace, así que fue un aprendizaje constante a su lado.

-Me imagino que para él, verte ahora marcar un go y ya consolidado en una categoría tan difícil, debe ser un orgullo impagable.

Sí, es emocionante. Ahora que hice el gol (contra O’Higgins por Copa de la Liga), mi papá me mandó el video de cómo lo estaba celebrando. Es muy gratificante ver felices a mis papás, a mi mamá y a mi hermano, porque ellos estuvieron ahí en todo lo que pasé antes. Es hermoso. Ahora también con mi pareja y mi hija, que me han apoyado desde 2023; ver que me esperan en casa y verlos felices a todos ellos es, créeme, algo impagable.

-Al mirar hacia atrás, te das cuenta de que valió la pena cada segundo de esfuerzo por todo lo que has pasado...

Exactamente. Hablar de esto siempre me emociona y me pone feliz. En medio de ese proceso tan difícil, me enteré de que iba a ser papá. Fue un “golpe”, pero me dije que si venía en ese momento era por algo. Imagínate: yo había terminado el año en Iberia y estaba tocando puerta tras puerta. En 2022 estuve en Tercera, en 2023 mi meta era Segunda y para el siguiente paso yo quería Primera B. Era difícil escalar; me llamaban muchos equipos de Tercera y de Segunda, pero yo estaba empecinado en dar el salto a la B. En ese transcurso de espera e incertidumbre, supe que venía mi hija. Hasta que finalmente se abrió la puerta de Limache.

-Vino con la marraqueta bajo el brazo.

Así es, mi hija traía la marraqueta. Estoy muy feliz con mi familia y poder darles esta alegría es muy gratificante.

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-Asumo que estar sin club y saber que viene una guagüita en camino te genera un “cortocircuito”. Debes haber dudado entre dar el brazo a torcer y volver a Tercera o seguir esperando.

Sí, pero siempre creí que todo lo que pasaba me iba a ayudar de alguna forma. Ahí el profe Víctor Rivero fue fundamental. Cuando nació mi hija, ella tuvo problemas y tuvieron que reanimarla; estuvo once días en la UCI. El profe me bancó muchísimo en ese proceso. Desde que llegué a Limache le conté que sería papá y él me fue guiando y dando consejos. Soy un eterno agradecido de todo lo que Víctor ha hecho por mí, tanto en lo profesional como en lo humano.

-Se valora mucho que, en un momento tan delicado como tener a tu hija con complicaciones, hubiera personas apoyándote de esa manera.

Por supuesto. Recuerdo que eso fue casi a mitad de año, cuando estábamos peleando la punta con La Serena (en Primera B). Yo venía siendo titular, pero el profe Víctor me permitió estar con mi hija y mi familia sin ningún problema. Me sentí muy respaldado y siempre traté de devolver esa confianza dando lo mejor en la cancha. Lo bueno es que ese año se culminó de gran manera con el ascenso.

-Esos días en la UCI con tu hijita deben haber sido un calvario, ¿no?

Fue muy difícil; casi no dormía porque nos turnábamos con mi pareja para estar lo más posible con ella. Pero gracias a Dios lo pudimos sacar adelante.

-No hay nada más gratificante que ver que, después de todo eso, las cosas se han ido ordenando para bien.

Sí, han sido procesos. El año pasado, por ejemplo, no me tocó jugar mucho aquí y salí a buscar mi oportunidad a Deportes Concepción, donde, gracias a Dios, pude vivir otro ascenso. Este año tampoco había sumado tantos minutos al principio, pero ahora ya estoy participando más y pude marcar un gol. Son momentos difíciles, pero he sabido sobreponerme a cada uno de ellos para seguir vigente.

-Poco se sabía de tu historia y se nota que te ha costado mucho estar donde estás hoy.

Sí, me ha costado bastante, y por eso me gustaría que se conociera un poco más mi historia: para que algunos se motiven y entiendan que no todo está perdido. Imagínate lo que es debutar en Primera División recién a los 25 años; para muchos eso es algo imposible, pero mi caso demuestra que se puede. Uno no sabe la historia que hay detrás de cada jugador; a algunos les ha costado el triple que a mí, a otros menos, pero así es la vida y yo he tratado de enfrentar mi camino de la mejor manera posible.

-Es una enseñanza para todos los niños y para esos jugadores de 22 o 23 años que hoy están en Tercera; pueden verse reflejados...

Exacto, eso es lo que espero. Ojalá todos los que están peleándola puedan cumplir su sueño de jugar en Primera. El mensaje es que no se relajen nunca, que sigan esforzándose. Se requiere de mucha perseverancia y, sobre todo, de mucha resiliencia para no bajar los brazos.

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