Juan Ignacio Duma en AC Barnechea, Tobías Figueroa en Antofagasta y Diego Arias en Deportes Santa Cruz tienen algo en común. Los tres han sido goleadores de la Primera B (el último lo es actualmente) y fueron dirigidos en esos momentos por John Armijo.
“No creo que sea casualidad. Hay cuestiones que tienen que ver con un estilo de juego ofensivo, con volumen de ataque e intentar por todos lados”, comenta el DT de 44 años, que esta semana dejó de pertenecer a Deportes Santa Cruz, el cuarto equipo de su incipiente carrera como entrenador.
Claro que el camino de este obsesivo por el fútbol de ataque empezó mucho antes, cuando era un niño que soñaba con ser jugador profesional en las calles de Cerrillos, más específicamente en la Villa Santa Adela. Eran los comienzos de los años 80, rodeado de “una familia de clase media baja, muy trabajadora”.
Los primeros recuerdos con una pelota están ligados a los Páez: Guillermo y Juan, dos históricos de nuestro fútbol, quienes vivían en su misma Villa. “Ellos eran nuestros ídolos más cercanos porque vivían una cuadra más allá de donde vivíamos nosotros. Yo jugaba con su hijo (de Juan)”.
Ya más crecido, recorrió varias escuelas de fútbol, pensando solamente en cumplir un sueño que no llegó como estaba pensado originalmente.
Sin embargo, el objetivo de estar cerca del fútbol siempre lo acompañó y ese sí lo consiguió con creces. Fue al Mundial Sub-20 de Canadá 2007 como miembro del staff de José Sulantay como como PF y al adulto del 2010, como asistente de Luis María Bonini. No muchos en Chile pueden decir que han estado en dos Copas del Mundo.
De las múltiples pruebas a “tenía la idea que no iba a ser futbolista profesional”
- Trató de ser futbolista a como diera lugar. ¿Cómo fue esa historia de niñez recorriendo diferentes clubes?
Jugué en Deportivo Maipú, en mis inicios. Después me fui a probar, no sé si a más de 10 clubes: Colo Colo, la U, la Católica, fui para todos lados hasta que tuve cercanía a través de las escuelas de fútbol con la Unión Española. Y ahí en tercera infantil estuve un rato. Después, antes de pasar a segunda, me fui a probar a la Universidad de Chile.
- ¿Cómo llegó esa prueba en la U?
Yo tenía un vecino cercano que conocía a un directivo de la U. Él me había visto jugar en Deportivo Maipú y me consiguió la prueba porque era rápido, corría y era interesante, pero no bueno para la pelota, sino que interesante desde el punto de vista físico.
- ¿Y cómo vivió ese momento?
Imagínate, ver a Sergio Vargas, a Marcelo Salas, que eran ídolos… incluso salieron campeones ese año. Era como estar viviendo un sueño por ser un jugador muy de barrio que llegó a estar una semana con el plantel. Y ahí me gustó tanto la experiencia de querer pertenecer de alguna forma a eso… era tanto amor por esto que lo busqué no solamente desde el punto de vista del futbolista, sino que también desde el pertenecer.
Con eso tiene que ver mi elección de estudiar educación física uno o dos años después. Quería poder estar cerca del campo de juego, del fútbol mismo, de la dinámica, de la planificación, de vivir el día a día desde otro punto de vista.
- ¿Y cómo era como futbolista?
No era un jugador muy completo, ya mirándolo años después con la claridad de cómo son las valoraciones de los jugadores. Era bien práctico, tenía un juego muy físico, y podía jugar en dos roles: de contención o de central. Miraba generalmente la cancha desde atrás y la velocidad era uno de mis mejores argumentos, pero no el control del juego, el control del balón, específicamente. Y con no mucha claridad táctica de cómo se tenía que jugar, sino que tenía esa verticalidad que te permitía llegar rápido al contrario, definir situaciones del juego que se producían en forma más azarosa, pero no desde el entendimiento
Yo también lo he dicho, en ese intertanto, ya tenía la idea clara de que no iba a ser futbolista profesional, porque cuando tuve cercanías con equipos formativos, tampoco era titular absoluto, pero mi amor por el futbol, por el pertenecer, por el ser parte, me llevaron a buscar alternativas de poder estar cercano a lo que era el futbol profesional.
- ¿Se reflejaba en algún jugador de la época? Estamos hablando de mediados de los noventas.
Sí, Lucho Musrri. El referente también era Víctor Hugo Castañeda, que era un mixto pero que también defendía bien y se proyectaba hacia adelante. Ahí estaba mi visión de ese puesto.
A la universidad y el comienzo del “Profe” Armijo
- Estudió educación física en la medida que iba dejando el sueño de ser futbolista. ¿Cómo inicia el proceso de volver al mundo del fútbol, pero ahora desde otro rol?
Siempre tuve claro lo que quería hacer. Es por eso que ya desde los primeros años de la universidad empecé a trabajar. Tenía un compañero que era muy cercano con Luis Saavedra, que había sido el PF de Vicente Cantatore cuando estuvo en el Valladolid. Estaba armando la estructura de trabajo para desarrollar en las divisiones menores de la Unión Española en esos años. Estoy hablando de los años 2003, 2004, 2005. Ahí partí trabajando en la escuela y al poco tiempo tomé las sub 11, 12, 13 y 14″.
- Le fue tomando el gustito a trabajar con niños, pero imagino que también quería dar pronto el paso a un primer equipo...
Tenía que haber un proceso largo porque tenía que quemar muchas etapas y estaba en el desarrollo inicial de lo que quería hacer. Entonces yo sabía que en mi día a día tenía que ser bueno. Y ahí hay un consejo que mi papá me dio y que me hizo mucho ruido: que en la vida si vas a elegir una profesión, tienes que ser el mejor en ella. Y desde mi posición de trabajar en las escuelas de fútbol siempre quise algo más, siempre el ser y el parecer, el verme bien, el trabajar bien, el hablar bien, el ser ordenado, el amar lo que hago, el ser pulcro, el ser limpio, el estructurar lo que haces, el que el peto estuviera limpio, que estuviera presentado.
- No siempre esas cualidades reinan en el fútbol...
Era el sello propio personal que quería imponer en lo que hacía...no ser copia de nadie, sino que tener mi propio sello. Y yo elegí ese porque me hace sentir bien también con la vida: el planificar, el saber lo que hago, saber hacia dónde voy. Todo eso, o sea, el plan...el no dejarme llevar por la improvisación. No tengo esa capacidad de improvisar.
- ¿Estaba consciente de que empezaba a trabajar su “marca personal”?
Claro, pero más que eso, es el sello personal. No buscar algo si es bueno o malo, sino que el ser transparente. La transparencia que muchas veces es mal vista, es la transparencia del decir la verdad. No por decir la verdad, sino que por entregar realmente lo que uno es. Yo siempre intenté ser transparente. Inclusive esa transparencia muchas veces se malentiende con el aparentar”.
- ¿Hay transparencia en el fútbol actual, más allá de lo que usted comulga?
“Hay mucho de lo otro. Hay mucho de aparentar sin realmente ser. Hay mucho del intentar ser bueno, a lo mejor, yendo en contra del esfuerzo y el sacrificio. Hay mucho también de cosas culturales que el fútbol ha traído y arrastrado desde antes. Uno choca contra esos paradigmas culturales de los tipos más grandes. Hoy, eso último ya no lo es tanto.
El cuidado con los jugadores y entrenadores menos tomados en cuenta
- ¿Ser transparente trae problemas también el decir las cosas a un jugador que no será titular el fin de semana o que no va a contar con él la próxima temporada?
Hay jugadores que te agradecen el decirles la verdad y el poder decirles que no van a continuar. Y claramente, hay otros jugadores que agradecen también la oportunidad laboral que le estás brindando cuando lo eliges o cuando lo traes o cuando lo haces continuar en algún lugar. Pero también en el día a día se te hace muy duro. Hay que crear los ambientes adecuados para poder decir las cosas. Y eso lo he ido aprendiendo. Los errores no los puedes decir en un grupo de trabajo, porque sino la persona se siente afectada delante de los demás.
Para los errores en forma específica, uno crea los contextos. Te encierras con el jugador de manera privada y tienes que decir las cosas así para que no se sienta tan mal. Y tiene que ver con lo cultural.
- ¿Cómo es eso?
Cuando trabajé con Marcelo Bielsa, te mostraba los errores. El Fantasma Figueroa te mostraba los errores. El profesor Sulantay, quizás no con tanta tecnología como existe hoy día, te decía los errores a la cara. No con un video, con un VHS, con un apunte de un lápiz te decía las cosas y en ese minuto claro que les dolía (a los jugadores) pero no se lo tomaban de manera personal. Hoy día existe un rol en donde es muy personalista lo que tú vas diciendo. Tienes que tener ese cuidado también por un concepto de cambio cultural como lo expliqué antes.
- Hay que tener cuidado de no herir susceptibilidades, intuyo. ¿Pasa lo mismo con los dirigentes? ¿Cuesta decirles las cosas?
Sí. Hay cosas que son complejas de poder realizar y desarrollar. Por ejemplo, el proceso en el cual se traen los jugadores a comienzo de año. Y ahí, el mundo del fútbol ha cambiado. Antiguamente era el entrenador que traía los jugadores y que los elegía casi en su totalidad. Hoy día existe un concepto también empresarial en donde son los directivos los que van eligiendo y en donde cada vez más la figura del entrenador o lo que diga el entrenador no es tomado tan en cuenta. Uno también ha ido aceptando que esto es un negocio en donde tiene que trabajar con los jugadores que te traigan.
¿Cree que eso también hace que haya más responsabilidad por parte de los directivos en lo que tiene que ver con la repercusión de los resultados? Lo digo porque cuando los equipos no andan, suele irse el DT y no los dirigentes.
Esto también es un espectáculo y me parece que a la mayoría de las personas les gusta más este juego construido, de romper el paso, de volumen de ataque, este vértigo de ida y vuelta más que meterte atrás o el pelotazo. Entonces, uno intenta en esa forma y cuando estas cuestiones futbolísticas no resultan, claro, te aguantan quizás un poco más y hay una tolerancia mayor. Pero es resultadista finalmente. O sea, hoy día, hay una urgencia a través del negocio que se está haciendo de no exponer a través de los puntos. También ha ido mutando esa evaluación que uno va sintiendo como entrenador.
“El fútbol es un espectáculo, no es matemática o una ciencia”
- Estamos de acuerdo que el fútbol espectáculo, pero ¿cómo entiende usted ese concepto?
Si tuviera la respuesta estaría hoy día con trabajo. O sea, es el paradigma, es algo incógnito. En algunos lugares con ese tipo de fútbol ofensivo conseguía resultados y logramos un ascenso, por ejemplo, con Melipilla. Y en otros lugares en donde jugamos igual, o mejor incluso que ese Melipilla, terminamos estando en los últimos puestos de la Primera B. Hay un montón de factores que se van conjugando para poder elegir una forma u otra. Pero vuelvo a decir lo mismo, creo que más allá de los resultados finales, la gente dice, “este es un espectáculo”.
El fútbol es un espectáculo. O sea, el fútbol no es matemática, el fútbol no es una ciencia. Es un espectáculo que se ve todos los fines de semana y durante la semana en Copa Libertadores y con la Champions. Le sirve a la persona que llega de la casa cansada a prender la tele y quiere ver el deporte que le gusta, desarrollado de una manera entretenida. Si su equipo gana, el día de mañana va a tener una motivación y dopamina que le permita poder rendir y estar mejor en su trabajo y en la vida donde se desarrolla.
¿Da espectáculo el Colo-Colo de Fenando Ortiz? Es el líder del fútbol chileno, pero el hincha no se siente muy contento con el juego.
Yo creo que para verlo, es un fútbol un poco más adaptado con línea de cinco, con línea de cuatro, con la metida de Arturo Vidal... he visto algunos partidos de Colo-Colo y hoy día gana porque está mejor ordenado que el rival. Y obviamente se va al ataque con la lectura que hace cuando va perdiendo. Ahí, creo que se hace mucho más entretenido que cuando va ganando, porque Colo Colo hoy día se defiende cuando va ganando sus partidos también.
El fútbol se ha ido mutando a la lectura, que no es malo, obviamente, pero que carece de este espectáculo porque se apaga. Por eso hablábamos del 5-4 del PSG y que es muy entretenido, porque ninguno de los dos equipos se defiende bien, fueron un desastre defendiéndose, pero muy buenos atacándose. Y eso es un sentido del espectáculo que en Chile se realiza en el equipo grande, solamente cuando existe la necesidad ir a buscar un resultado, pero no cuando el resultado ya se consigue.
- ¿Hay algún equipo del fútbol chileno que le guste como juega?
Me gusta mucho el juego de O’Higgins de Bovaglio, porque ha logrado sostener la intensidad que Paqui (Meneghini) quería desarrollar, pero también la ha hecho muy ordenada y muy arrojada. Y también con estos jugadores jóvenes de la cantera. Tiene una forma de jugar también que se adapta, pero es más ofensiva que defensiva. No sé si al 100% me interpreta, pero me gusta mucho la intensidad que pone O’Higgins en su juego. Está entre los pocos equipos que ha logrado competir y bien en el torneo internacional y en el Campeonato Nacional. Está ahí, en ambos.
“Uno como entrenador empieza a cuidar el contrato”
- Los medios, los hinchas, incluso exjugadores que hoy comentan somos muy críticos con el fútbol chileno. ¿Cree que está demasiado abajo a nivel continental?
Para poder responder esa pregunta tengo que comentarte que hoy día por ejemplo a los entrenadores se nos exige resultado, pero la espera de los directivos en relación a esos resultados es menor. El fútbol también es un negocio que, a través de la televisión, produce lucas. Por lo tanto, cuando existe una pérdida de puntos y los equipos empiezan a quedar más abajo en la tabla, más allá de la forma de jugar, se te pide salir o se termina tu contrato.
Entonces, uno como entrenador también empieza a cuidar en el día a día el contrato y quiere perpetuarse, o por lo menos mantenerse en el equipo, porque también uno tiene la necesidad laboral de poder estar, de poder mantenerse. Uno empieza a jugar de una manera en la cual no se corre tanto riesgo para no exponerse a perder ese partido, porque después la crítica que se hace generalmente a los entrenadores tiene que ver, no con la forma como se jugó, sino más bien con el resultado final que tuviste. Uno empieza también a proponer estructuras de juego, organizaciones de los momentos del juego que no expongan tanto esa forma. Uno empieza a cuidar el resultado y también a cambiar.
- ¿Todo esto por la impaciencia que hay entre los directivos y la presión de los hinchas, las redes, etc?
Antiguamente, me acuerdo que los entrenadores duraban más tiempo; salían cuando terminaban los procesos; podían estar perdiendo, pero no existía este cambio entrenador tan drástico como es hoy día. Uno también se preocupa de esto y trata de hacer modelos de juego y formas de jugar que quizás atentan contra el paladar futbolístico que a todos nos gusta: proponer, ir adelante constantemente. Por eso creo yo que el futbol también ha cambiado por la necesidad que tenemos los entrenadores.
Sulantay, Bielsa y Bonini: los maestros de Armijo
- Hablábamos antes de cómo se fue haciendo un espacio. Los caminos de la vida lo llevaron a trabajar con José Sulantay, Marcelo Bielsa, Luis María Bonini. ¿Cómo fueron esas experiencias?
Cada uno de ellos tenía cualidades que he ido sumando también en mi vida, no solamente dentro de lo que yo trato de hacer en el fútbol, sino también en lo que conforma a la persona. Me tocó trabajar inicialmente con el profe Sulantay. Era muy disciplinado, venía de una escuela antigua muy atlética. Tenía un orden y una disciplina, no desde la ciencia, no desde lo tecnológico, sino desde el ser buena persona. A veces, claro, te llamaba la atención más fuerte, no tenía tanta psicología en ciertas cosas, pero rescato esa disciplina que hay que tener.
- Y después tuviste la posibilidad de seguir este proceso con los chicos del Mundial Sub-20 de Canadá con el profe Bielsa y especialmente también con el profe Bonini. ¿Qué recuerdas de ese paso que terminó con el Mundial de Sudáfrica 2020?
Desde el inicio fue muchísima admiración, yo a Bielsa lo había visto cuando estuvo en el Espanyol, cuando no le fue bien con la selección Argentina en Corea-Japón 2002. Uno sabía quién era y su forma de jugar y había visto la presión que hacía, muy parecido a la de Mirko Jozic del año 91 en Colo-Colo. Veía cosas en él que llamaban muchísimo la atención.
Entonces, cuando sé que viene a la selección, nosotros estábamos volviendo del Mundial en Canadá, no sabiendo lo que iba a pasar con nosotros. Me llama el profe Bonini a reunión y me piden que inicialmente pueda trabajar con ellos…me iban a someter a un período de prueba más futbolístico y de visión y de entendimiento del fútbol, el cual logré pasar y pude quedarme.
- ¿Habían conceptos o métodos que traían Bielsa y Bonini que fueran muy innovadores?
Desde el inicio de esta evaluación que se me hace, veo que existe un orden, una estructura, una progresión, una planificación… todo lo que tenía que ver también con lo que yo buscaba, con este sentido no tan general sino que más específico del desarrollo de una técnica y esta técnica la encontraba la forma de trabajar del cuerpo técnico de Marcelo Bielsa.
- ¿Y con respecto a Bonini?
Hasta el día de hoy lo recuerdo con mucho cariño. Hablo a veces con su hijo, que es el PF de Matías Almeyda. Uno veía un profe Bonini cercano, típico de familia italiana. Bielsa quizás era más lejano desde lo humano, pero con una cabeza, con una estructura, con una forma de planificación única. Entonces había un equilibrio perfecto entre lo que Bonini hacía y lo que Marcelo Bielsa desarrollaba también desde su área. El profe Bonini estaba a la altura de Marcelo Bielsa en su forma completa. Los jugadores de fútbol se sentían muy respaldados desde él y por eso podía exponer todo este talento que vimos.
- En una entrevista antigua, a pocos meses de lograr el ascenso con Melipilla, dijo que su sueño era llevar a Chile a un Mundial. ¿Sigue siendo ese su gran objetivo?
Pasa que quedé personalmente muy picado con la semifinal que perdimos con Argentina el año 2007 en el Mundial de Canadá. El poder estar en un Mundial es algo demasiado lindo de vivir y que no solamente tiene que ver con tu gusto personal, tiene que ver con el ser partícipe de llevar la bandera de Chile a lo más alto, el poder amar a tu patria y verla en una semifinal en un Campeonato del Mundo. Me gustaría que fuera la parte más importante de mi carrera o el final, pero volver a vivir ese proceso me gustaría. Por eso tengo la sensación de haber vivido un proceso exitoso, pero que no llegó a buen final. El del 2007 es un Mundial que lamentamos aún hoy día lo que nos pasó, porque teníamos selección para haber sido campeones del mundo.
- ¿Lo mueve más la selección que un Colo Colo, Univerisad de Chile o Universidad Católica?
En el fondo, siento que tengo que quemar tantas etapas para poder llegar…no ha sido fácil este crecimiento, no ha sido fácil esta valoración. No sé, quizás hay muchos factores…quizás porque no fui futbolista profesional, quizás porque me cambié de un rol a otro en el desarrollo de mi vida. He tenido que dar una vuelta muy larga. Entonces, el pensar solamente en un equipo grande hoy día es parte del proceso y obviamente que me gustaría poder llegar ahí, pero no sé, hoy mi objetivo sigue siendo el vivir de manera tranquila a través de un proceso exitoso y eso me lo da una selección.