Esta semana se filtró maliciosamente el sueldo de Francisco Meneghini. No sólo el sueldo, sino también las cláusulas de su contrato. No es nuevo, por supuesto. A finales del año pasado hicieron lo mismo en Universidad de Chile con Gustavo Álvarez. Y sucedió muchas veces más en otros clubes, en distintas épocas.
Liberar esa información cuando el entrenador está cuestionado, en la antesala de un clásico y de un partido clasificatorio a copas internacionales tiene un solo propósito: desestabilizarlo. Pero en esta oportunidad hay varias circunstancias especiales. La primera y más evidente es que en Azul Azul ya no hay oposición, por lo que la oscura y repudiable maniobra no tiene afanes de venganza, traición o rencor. Es de pura maldad hacia el técnico del equipo, al que todos dicen querer.
Distinto ha sido, para ejemplificar, en Colo Colo, donde dos bandos se torpedean cada vez que pueden para obtener beneficios. Es esa guerra -de enemigos declarados- los fines están claros y las sospechas son prístinas. Otro ejemplo: los presidentes de Universidad Católica, Coquimbo y Palestino corrieron con colores propios en el lobby para impedir la promulgación de la nueva ley de sociedades anónimas. Lo hicieron públicamente, pero desacreditando a la directiva de la ANFP, a la que dejaron, una vez más, como un ente inútil e ineficiente en defensas de sus intereses. Enemigo conocido, procedimiento transparente. No lo mandaron a decir con nadie.
Lo de Azul Azul es más sibilino, artero y mala leche. Es secreto, por debajo de la mesa y atentando contra los intereses de la propia institución. Ahora veamos: ¿Lo hizo un espontáneo, con ganas de figuración o afanes de perjudicar a Paqui? ¿O es fruto de una maquinación interna para sacudirse de un entrenador que se les hizo incómodo?
En ambos casos, habrá que saber que en momentos en que la directiva de Azul Azul es cuestionada por las entidades de fiscalización financiera, por los tribunales de justicia y otras autoridades, además de las sombras de sus propias promesas incumplidas (“vamos a refundar el club”), es obvio que aún hay dudas de quién ejerce el verdadero poder en la U. Y mientras no esté claro quién toma las decisiones y las explique, todo el resto quedará teñido por la sospecha.
Ahora viene el clásico, donde la apuesta azul para esta temporada es audaz. Quieren ser campeones y para eso hay que sumar puntos rápidamente y reducir la ventaja que hoy les llevan. No fue una buena manera de preparar el duelo en el Monumental.