Durante los últimos días fuimos testigos de las reuniones entre la delegación presidencial de la Región Metropolitana y los equipos de mayor convocatoria del fútbol chileno, con el fin de lograr el retorno de los hinchas visitantes para los clásicos de la segunda rueda.
Obviamente se valora la intención del delegado Germán Codina, pero está claro que ese regreso requiere de la voluntad y coordinación de muchos estamentos, tanto del fútbol como del Estado.
Por lo pronto, hay que tener claridad de que los clásicos no sólo se juegan en los estadios, sino también en diferentes sectores de la ciudad, donde ocurren enfrentamientos de barras en algunos barrios, en el metro con el desplazamiento de las hinchadas y también en el transporte público, donde se secuestran micros antes y después de los partidos. Las imágenes de personas en el techo de los buses eléctricos se han viralizado ampliamente en las redes sociales.
Si a eso le sumamos lo que deben tolerar los vecinos del estadio Monumental, del Nacional y, en menor medida, del Claro Arena, es indispensable la coordinación entre el Estado y el fútbol.
Pero aquí empieza el debate: ¿es lógico que una actividad privada como el fútbol requiera de tanto recurso público para garantizar la seguridad del estadio, su entorno y los llamados hechos conexos? La respuesta es sí, considerando que hace rato el fenómeno de las barras dejó de ser el de hinchas comunes y roza más bien el crimen organizado, que necesitade inteligencia y trabajo policial para ser neutralizado. Y ahí el debate se amplía.
Hoy ya no existe el plan Estadio Seguro, creado bajo el gobierno del presidente Sebastián Piñera y eliminado durante la administración del presidente Gabriel Boric, luego de la muerte de dos seguidores de Colo Colo en el marco de un partido de Conmebol Libertadores entre los albos y Fortaleza. Estos hechos ocurrieron fuera del estadio Monumental y aún siguen en diligencias, pese aque ya pasó más de un año de la trágica jornada de Macul.
La ausencia de un encargado del departamento de orden público y eventos masivos no hace más que añorar el viejo Estadio Seguro, que lideraba, por ejemplo, José Roa.
Principalmente porque no existe un rostro con poder y fuerza suficiente para alinear a todos los órganos de gobierno. Durante el mandato de José Roa y, posteriormente, del hoy subsecretario Andrés Otero, se contaba con interlocutores que tenían llegada directa con La Moneda, sobre todo en el caso de Roa, cuyo “peso político” solucionómás de algún problema para sacar adelante partidos yprogramaciones, en circunstancias en que los entonces intendentes hacían lo que hoy se ha hecho costumbre: tener unlibrito propio en cada región.
Roa le dio visibilidad y jerarquía al puesto, pese a que las atribuciones de Estadio Seguro siempre fueron limitadas, lo que terminó por matar el plan.
Hoy es imperativo tener un “Zar de los Estadios”, porque con la creación del Ministerio de Seguridad, los actores en la mesa crecieron. Por un lado, están los seremis regionales de Seguridad, dependientes de esa cartera; por otro, los delegados presidenciales, que responden a Interior. Entonces ese “hombre o mujer fuerte” debe tener no sólo carácter y fuerza política también un equipo de asesores con conocimiento de fútbol y calle, que entiendan la dinámica actual de la actividad, no sólo en Chile, sino también en el resto de Sudamérica, donde los hechos de violencia se han vuelto cada vez más comunes.
Pero hay otro factor que considerar en esta ecuación: el factor “uniforme”. Hoy muchos asesores de seguridad de los seremis y delegados son ex Carabineros u oficiales retirados de las Fuerzas Armadas. Si sumamos a eso que muchas empresas del rubro seguridad también pertenecen a ex oficiales de las ramas armadas, la relación con Carabineros en cada región se vuelve cercana —y muchas veces para bien—, pero también propicia que los llamados “informes de factibilidad negativos” sean más comunes y tengan mayor aceptación entre las autoridades a la hora de firmar las resoluciones de eventos masivos.
Está claro, por lo mismo, que hoy es fundamental que el Estado —no sólo el Gobierno— se tome en serio el tema de la seguridad en los estadios, y que no se quede en buenas intenciones o en la aventura personal de alguna autoridad. El fútbol necesita ser orientado hacia las buenas prácticas en materia de seguridad. Varios equipos han hecho inversiones, pero esto tiene que permear hacia la mayor cantidad de clubes posibles en las tres categorías y también en el fútbol femenino.
Ojo que ni siquiera nos hemos metido en los problemas del fútbol amateur y el fútbol de menores, porque ahí todo se expande aún más, al no ser profesional, queda en terreno de nadie. Hoy la institucionalidad ha avanzado, pero necesita una luz, un guía, un líder, un zar o zarina que entienda que el fútbol necesita de los buenos hinchas y estadios llenos, y no de tribunas vacías porque así es más fácil controlarlo todo, como en el fútbol de pandemia, que no fue real.
Ex gerente de competiciones de la ANFP y ex competition manager del COL mundial sub 20 Chile 2025